Amante de la cirugía estética, a sus 47 años, Marina es una empresaria de éxito y madre de familia. Una mujer moderna, elegante, casada con Maurizio Vanadia, ex primer bailarín del Teatro de la Scala de Milán, con quien tiene dos hijos, Gabriele y Silvio, de 10 y 8 años respectivamente. Es la mayor de los dos hijos que tuvo Il Cavaliere con su primera mujer, Carla Dell’Oglio.

Presidenta de la editorial Mondadori y de Fininvest —el grupo empresarial propiedad de la familia—, es además miembro del Consejo de Administración de la compañía audiovisual Mediaset y consejera del banco Mediobanca. Empezó a estudiar Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Milán, pero nunca terminó.

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Quienes la conocen aseguran que Marina es una mezcla entre el carisma de su padre y la timidez de su madre. A los 25 asistió a las primeras reuniones de accionistas en las empresas de Berlusconi. Siempre en silencio, elegante, sentada al final de la sala de reuniones, escuchaba atentamente. En 1994 —el mismo año en el que Silvio se lanza definitivamente a la arena política— ella entra a formar parte de Fininvest. Y parte su auge empresarial. A su lado, como ‘maestro’, Berlusconi pone a Marcello Dell’Utri, fiel colaborador con quien fundó su primer partido político, Forza Italia. Precisamente Dell’Utri fue condenado en marzo pasado a siete años de cárcel por haber sido intermediario en esos años entre la mafia y el ex Primer Ministro.

Reacia a la política, ha intentado mantenerse al margen en los últimos años, aunque siempre se ha mostrado cercana a su padre, a quien defendió con dientes y muelas cuando fue condenado a cuatro años por fraude al fisco en el Caso Mediaset.

Según los medios italianos, su posible elección como heredera política no sería un movimiento improvisado, sino algo que está preparándose hace tiempo en el seno de la familia. Incluso algunos aseguran que lleva meses estudiando con Paolo Del Debbio, responsable del primer programa político del partido de Berlusconi.
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Pero el aterrizaje en política de la primogénita del Cavaliere provoca apoyos y rechazos. Los primeros la ven no sólo la digna sucesora de su padre por su exitosa carrera empresarial —ocupa la posición 33 en la lista de mujeres más influyentes del mundo de la revista Forbes—, sino también como la única capaz de enfrentarse a Matteo Renzi, alcalde de Florencia, y a quienes muchos consideran el futuro de la centroizquierda italiana. Sin embargo, hay quienes dentro del partido consideran que con la elección de Marina se perpetuaría el conflicto de intereses, uno de los principales problemas a los que se ha enfrentado Il Cavaliere en los últimos años. Y puede que incluso Bárbara, la primera de los tres hijos que Berlusconi tuvo con su segunda mujer, Verónica Lario, no estuviera muy a favor de esta elección, ya que según los medios italianos, la relación entre las hermanastras no es precisamente cordial.

El semanario italiano L’Espresso afirmó que sondeos internos del partido demostrarían que el debut de Marina no contaría con el favor de la mayoría del electorado de centroderecha. Por eso, Berlusconi estaría pensando usar el nombre de la empresaria sólo como ‘cabeza electoral’, para más tarde centrar toda la campaña en el verdadero líder, que participaría puntualmente a través de video-mensajes y declaraciones en los medios de su propiedad. Sería un modo de seguir estando en la primera línea política, desde la retaguardia.

Después de que el Tribunal Supremo italiano confirmara la condena a cuatro años de cárcel por fraude fiscal y que el Senado recomendara la expulsión acogiéndose a la ley Anticorrupción de 2012, que prohíbe ser candidato o asumir cargo parlamentario a todos quienes hayan sido condenados a más de dos años de cárcel (asunto que se ratificaría en un par de semanas), el futuro político del Cavaliere es cada vez más complicado.

Berlusconi, que por sus 77 años no pisará la prisión, pagaría su condena por fraude fiscal con trabajos sociales, anticipó su abogado Franco Coppi, y para eso presentará la solicitud en estos días. Versiones anteriores decían que iba a cumplir la sentencia recluido en su casa de Roma.

Como sea, lo que viene se atisba incierto. Y desde el Pueblo de la Libertad se hace cada vez más necesario buscar un sustituto que acompañe el renacimiento de Forza Italia, el partido fundado por Berlusconi con el que llegó al poder en 1994 y que Il Cavaliere relanzó en septiembre. ¿Quién mejor que otra Berlusconi?

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“Reafirmo categóricamente que no he tomado en consideración la hipótesis de participar en la vida política”, decía Marina Berlusconi hace poco. Sin embargo, no son pocos dentro y fuera del partido que lidera su padre los que ven con buenos ojos una entrada en política de la empresaria. En las próximas semanas sabremos si la dinastía tendrá nuevo rostro para seguir en la política italiana.