Menos de un año tardó en redactar su último libro que, a medida que se recorren las páginas, indigna. Sorpresa seguida de estupor y una profunda molestia es lo que le sucedió también a María Olivia Mönckeberg, quien desarrolló su carrera como periodista económica en tiempos de dictadura en revistas Hoy y Análisis, y que en lo que va de la última década ha publicado trabajos que han causado escozor entre el mundo del poder (léase: El saqueo de los grupos económicos, El negocio de las universidades privadas, Los magnates de la prensa, entre una larga lista) y que sin embargo, a medida que investigaba, también percibió que una pesada venda caía desde sus ojos. “Me sentí ingenua al ver hasta dónde los grupos económicos son capaces de hacer trampa; en Penta sus dueños le pedían boletas a todo el mundo, hasta al cuidador de autos. De ahí el título de este libro, tomado de lo dicho por el fiscal Carlos Gajardo el día que formalizó a Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano: ‘Penta era una máquina para defraudar’. Y yo lo hago extensivo a SQM y a muchos de los otros casos que ahora están saliendo, donde el segundo golpe más fuerte fue descubrir que Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet, contaminó a políticos de todos los sectores y que la Concertación también fue parte de esta máquina. Eso es algo que nunca imaginé”.

La máquina para defraudar es la historia del sistema económico-político instalado en los ’70, el que aborda con una tesis clara: que escándalos que hoy vemos, como los casos de colusión (pollos, farmacias, confort), la desigualdad social e incluso la delincuencia, tienen una causa original: el modelo neoliberal diseñado por los Chicago boys.

“Orlando Letelier (ex canciller chileno asesinado en Washington por la Dina), creía que no habría sido posible instaurar el modelo de este tipo si no fuera por la dictadura; que el atropello a los DD.HH. de quienes abogaban por el otro sistema —las muertes, los torturados, el exilio, los desaparecidos— permitieron un sistema inviable en democracia. Se sabe que los Chicago boys lo intentaron con Alessandri y con los empresarios de aquella época, pero los rechazaron”.

—¿Entonces vieron en la represión su gran oportunidad?

—No digo que se hayan planteado matar, pero se dieron las condiciones. Pinochet no sabía de economía pero necesitaba un programa. Y entre los partidarios del golpe hubo muchos que no querían que se volviera a amenazar la propiedad, por el trauma de la UP. Una vez dije esto mismo delante de Rolf Lüders y fíjate que no me rebatió mucho. Algunos, frente a este mismo punto, se desentienden y dicen que no sabían. Y otros se arriesgan con algo peor: que esos fueron los costos…

La periodista va uniendo las hebras entre los principales ideólogos del modelo con sus vínculos empresariales y políticos; su posterior trayectoria dentro del aparato estatal para más tarde devenir en empresarios o altos ejecutivos de grupos económicos. Así, menciona por ejemplo a Sergio de Castro, quien tras su doctorado en Chicago llegó a trabajar en la recién estrenada sede de la Fundación de Ciencias Económicas de la Universidad Católica, en Charles Hamilton, una casona donada nada menos que por el Banco Edwards, del dueño de El Mercurio, Agustín Edwards —de quien fue un estrecho colaborador— y la CMPC, controlada por Eliodoro Matte, quien precisamente hoy se encuentra investigado por el caso de colusión.Wp-olivia-5

Y las conexiones siguen: los ideólogos del denominado ‘ladrillo’ —aunque de pesado no tenía nada; sólo contemplaba 163 páginas— se reunían además en la casa de avenida Suecia 286, la misma que después sería sede de la UDI… Días antes del Golpe, el documento llegó a manos del almirante y entonces segundo hombre de la Armada, José Toribio Merino, a través de Hernán Cubillos y Roberto Kelly, ambos destacados ejecutivos del banco de Agustín Edwards. El resto es historia conocida: De Castro fue nombrado ministro de Economía y luego de Hacienda y tras dejar el gobierno ingresó a la empresa privada donde entre otros, se involucró en la compra de Copesa junto a su ex alumno, Juan Carlos Latorre Díaz, Alvaro Saieh y los hermanos Abumohor. Con el actual dueño del consorcio periodístico entraron al negocio bancario y de las AFP.
Mientras que otros Chicago, como Alvaro Bardón y Pablo Baraona ingresaron al rubro de las universidades privadas a través de la Finis Terrae. Baraona también se vinculó a SQMcomo miembro de su directorio, donde ya Sergio de Castro fue entre 1988 y 1992 parte del holding presidido por Ponce Lerou.

Pero es con las oscuras privatizaciones realizadas en dictadura y que ocurrieron de forma aún más acelerada durante los primeros años de democracia a instancias y amparo de relevantes figuras de la Concertación, donde María Olivia Mönckeberg continúa urdiendo una trama en que, como ella misma describe, “los ideales se transformaron en pragmatismo y los principios éticos quedaron en el olvido”.

“Hoy Julio Ponce es considerado uno de los seis hombres más ricos de Chile, según el ranking de Forbes, y su fortuna, que se extiende también a sus cuatro hijos (y nietos de Augusto Pinochet), ha convertido a este clan en uno de los más poderosos del país”, asegura la periodista. “Según lo declaró el propio Ponce a la Fiscalía, el complejo entramado de las sociedades Cascada se creó, entre otros, precisamente para proteger el patrimonio familiar a través de fideicomisos en paraísos fiscales”.

—Usted trabajó en dictadura, ¿qué siente al ver todos estos casos?
—Imagínate, en el mismo equipo de la revista Análisis estaba el dirigente del Colegio de Periodista, Pepe Carrasco, quien fue asesinado después del atentado a Pinochet. No vengo del mundo de la izquierda, pero esa fue mi época y por lo mismo me sorprende que gente de la Nueva Mayoría haya recibido plata de SQM. Si me lo hubieran dicho antes, me habría costado creerlo. Sin embargo, ya no sólo se trata de algo bastante generalizado, sino que además involucra a abogados y lobbistas, como Enrique Correa, a quien conocí bastante; un hombre inteligente, que se la jugó en contra de la dictadura… Y ahora figura recibiendo de parte de Ponce Lerou pagos en torno a los 800 millones de pesos en sólo cuatro años, montos que además se entregaron por debajo y que no constan en las memorias de SQM… Lo mismo Enrique Krauss, ex ministro del Interior de Patricio Aylwin, que ahora trabaja en el estudio de Darío Calderón, asesor estratégico del yerno de Pinochet. Son cosas que uno no esperaría. Dos personas tan importantes, que estuvieron en el gabinete político de Aylwin, en un rol decisivo…

—¿A qué otros miembros de ese gabinete político menciona?
—A Edgardo Boeninger y Alejandro Foxley que, según Carlos Huneeus en su libro La democracia semisoberana, preferían no innovar en el tema de las privatizaciones y seguir adelante nomás. Y René Abeliuk, que fue el primer presidente de Corfo de Aylwin, que reconoció —poco antes de morir— en una entrevista en CNN que la prioridad no estaba puesta en la economía… Sus palabras distan de lo que el propio Aylwin había anunciado como candidato: que las privatizaciones debían ser revisadas, que era “escandaloso” que aquellos estuvieron a cargo de administrar empresas estatales, se hubiesen convertido en sus principales accionistas… ¿Qué pasó? Se cree que fue parte de los acuerdos de la transición; que además había miedo a los militares que amenazaban con los ejercicios de enlace; a lo que se sumaba la advertencia de que cualquier gestión en ese sentido ahuyentaría la inversión extranjera. Y nos fuimos acostumbrando a la idea hasta llegar a esta suerte de transmutación, donde Ponce comenzó a ser visto como un empresario ‘ejemplar’ y le dedican portadas y premios, al igual que a Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín…

—¿Un lavado de cerebro generalizado?
—Claro, donde tienen que ver los medios de comunicación. En Los Magnates de la prensa se evidencia la participación que aquí tuvieron los Chicago boys a través de su línea editorial del propio El Mercurio y la defensa y promoción a ultranza del modelo neoliberal. Y luego está Saieh, otro Chicago, que adquiere Copesa.

—Y se quiso mostrar a estos empresarios como una suerte de gurús.
—Bien patético lo que ha pasado con estos gurús; el caso de Sergio de Castro o Manuel Cruzat, ambos quebrados, pero con esas caídas elegantes, porque igual quedan con plata.

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—Hoy además todos los grandes grupos económicos se han visto involucrados en algún escándalo: Luksic con Caval, Angelini en Corpesca y Matte con la colusión del confort.
—De Matte no he hecho un libro, pero aparece en varios de mis otros trabajos: hizo un máster en Chicago y fue uno de los artífices de la privatización de Laboratorios Chile; él también es parte de ese pasado. En Los magnates de la prensa figura por su relación de amistad con Agustín Edwards. Fue financista de la campaña del Sí, y probablemente de tantas otras que ahora no se saben, con platas legales o no tanto y de las que seguramente nos iremos enterando a medida que avance la investigación. Y también se benefició en dictadura al recibir de parte de Julio Ponce, de Pinochet y Fernando Léniz —ministro de Economía en dictadura y ex presidente de la Papelera—, el famoso bono 701, un subsidio que favoreció a la industria forestal y que, si bien se le han hecho modificaciones, sigue vigente. Matte está considerado como un histórico dentro de estos pocos que controlan al país. Y también está muy presente en mi libro sobre Karadima, cuando fue a ver al fiscal nacional, Sabas Chahuán, para que no se investigara a este “santo”. Tan amigos eran con el sacerdote que le cambiaba el auto todos los años.

Para esta periodista el modelo instalado en dictadura dejó profundas huellas sociales que continúan hasta hoy. “Un miedo generalizado a impulsar cualquier tipo de transformación, miedo a hablar libremente, a recibir algún tipo de represalia, entre una serie de temores. Y desde luego están también los otros efectos, como el consumismo, el individualismo, el exceso de competencia. Nos convertimos en un país de consumidores y, para colmo, endeudados. Y al no haber ciudadanos sino consumidores, al no haber personas sino que individuos, se han ido creando esas condiciones para corromper al país”.

—Y ahora que las malas prácticas están tan ramificadas, ¿tenemos vuelta?
—Esta es una crisis de desarrollo y continuarán pasando cosas; queda por destapar una gran cantidad de casos, como negocios con bancos y las AFP. Aquí es fundamental el rol del Ministerio Público, de los fiscales, sumado al de los periodistas y de los ciudadanos empoderados, para terminar con la impunidad. Porque además todos estos personajes apostaron porque esto nunca se iba a saber. Es tan fuerte que cuando todo esto se destapa lo primero que hicieron fue culpar a quienes durante años fueron sus brazos derechos: Délano y Lavín deslindan en Hugo Bravo; Ponce Lerou en Patricio Contesse; Eliodoro Matte a Jorge Morel; Marco Enríquez en Cristián Wagner y Sebastián Piñera en Santiago Valdés, hijo de Fabio, su íntimo amigo. Detrás de todo esto hay una cuestión bastante fuerte que es no poner la cara.

—¿Podremos recuperar lo que éramos?
—Para que las cosas cambien lo primero es conocer la verdad y que se haga justicia a través de los fiscales. Eso hará que muchos a partir de ahora modifiquen su comportamiento. Y luego el rol de la prensa. Así como en este tiempo hubo una experiencia negativa, ahora hay un cierto despertar, con límites y falencias, pero positivo. Incluso en los grandes grupos, como La Tercera.

—¿Y El Mercurio?
—Partió de atrás, con notas económicas y poca información, pero agarraron vuelo cuando vieron que en SQM había involucrada gente de la Nueva Mayoría. Destaco también a La Segunda, The clinic online, El mostrador y Ciper.

—¿Se deben revisar las privatizaciones?
—Más que revisar, en este minuto me parece que el litio debiera ser del Estado de Chile, de frentón. Eso para empezar. No entiendo que las riquezas básicas sigan en manos de Ponce Lerou. Si tuviera que hacerle una sugerencia a la Presidenta de la República, sería que considere la reestatización. Pero aquí hay mucho susto al Estado y no se entiende que el Estado somos todos, por lo que debiera haber una actitud más firme, léase gobierno y Parlamento, ahora, si éste estaba ‘mojado’, si tienes que los think tanks como Chile 21 también lo estaban. Para qué hablar de Libertad y Desarrollo, porque no es sólo la Nueva Mayoría. Aquí hay una democracia hipotecada, de país hipotecado a estos grandes intereses y grupos económicos. Están todos nerviosos y no quieren mover nada. Pero estamos a tiempo.

—¿Está por una nueva Constitución?

—Es necesaria. La carta actual se redactó precisamente para darle estabilidad al modelo privatista. Entre ese texto y las leyes orgánicas constitucionales que se fueron dictando después en dictadura se garantizó la prevalencia del modelo, con la existencia de un Estado subsidiario y menoscabado. Si esto es como estar con una camisa de fuerza. El problema es que la gente no se da cuenta lo importante que puede ser para el país.

Es cierto que nunca volveremos a ser los de antes; este modelo generó desigualdad, segregación, delincuencia. Hay barrios enteros enrejados… ¿qué es lo que estamos viviendo? Es el resultado de una sociedad muy desigual, con la tentación constante del consumismo y la frustración permanente. Ese es el alto precio que todos estamos pagando.

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