Lo que se vio, al menos, en la campaña parlamentaria norteamericana fue gente que lo miraba casi en éxtasis. Como si estuvieran frente a John F. Kennedy, medio siglo atrás. No hay otra forma de definir a esos votantes seniors de Massachusetts frente a Joe III (32). No ocultaban la sensación de flashback al ver pasar y estrechar la mano del candidato pelirrojo. En segundos revivían en él los mitos de Jack, Bobby y Ted. Y no fueron los únicos en realizar comparaciones con los íconos del Clan K, porque los medios se sumaron a esta fiebre por el hombre que tomaba la antorcha política de la familia más emblemática de la sociedad norteamericana.

Así, lo que podría haber sido un voladero de luces, terminó en éxito rotundo. El abogado de Harvard —nieto del malogrado Bobby Kennedy—, se impuso con holgura en las urnas y terminó con el año de ausencia de un ‘representante Kennedy’ en el Congreso. Hoy, ya instalado en Washington para tomar su puesto en la Cámara de Representantes, muchos especulan si su camino político tiene dirección hacia el sillón presidencial en el mediano plazo.
¿Sueños desmedidos? ¿Sólo presunciones periodísticas? No. Hay más realidad que aspiraciones románticas del Partido Demócrata. El joven profesional es dueño de la semblanza Kennedy para el afiche, pero también del arrojo que no se manifestaba en su generación de primos.

“TIENE EL BACKGROUND, LA AMBICIÓN Y EL APELLIDO”, señaló la televisión cuando él buscaba los votos. Observación que compartió el diario The Boston Globe al definirlo como “un proyecto que está en rodaje, pero que muestra dones naturales”. En ese contexto aparecen constantemente los paralelos con su tío abuelo JFK quien al igual que Joe III llegó al Parlamento por Massachusetts siendo un treintañero. Esa herencia, acompañada del parecido físico y un discurso por la clase media, hizo que el apoyo ciudadano —no sólo con banderines y mítines— se hiciera notar. En tiempo récord logró recaudar más de cuatro millones de dólares para su campaña, lo que le permitió desplegar publicidad en TV y contar con un amplio staff de asesores, además de marketing.
Con una familia que va a elecciones sólo cuando sabe que saldrá ganadora, el abogado tuvo un batallón detrás. Entre las muestras de que era “la gran esperanza”, sus mujeres se unieron como nunca: una gala por fondos juntó a su madre Sheila Brewster Rauch, su tía Vicki Reggie Kennedy y madrina Kathleen Kennedy Townsend. También aparecieron para brindar por él la nueva senadora demócrata Elizabeth Warren, la ex gobernadora Evelyn Murphy, su prima Kerry Townsend y madrastra Beth Kennedy.
No por nada el matutino Boston Herald hablaba del retorno de “esa vieja magia Kennedy”. La K estaba allí con una mística excepcional este 2012. Daba lo mismo que Joe reiterara una y otra vez “Soy yo el que compite. No es mi abuelo, padre ni mis tíos abuelos u otro integrante de la familia”.
Ese discurso no convencía a su adversario republicano Sean Bielat, quien veía todo esto como  marketing. En todas las entrevistas declaró que el aspirante demócrata tenía muy poca experiencia, “apenas un par de años en el servicio público”, y que conocía superficialmente el distrito por el que se presentaba. “Si no fuera por su apellido, ni siquiera estaría en la carrera, no lo habrían tomado en serio, menos gastarían un millón de dólares en su campaña”, enfatizaba.

Más allá de las naturales odiosidades, el derrotado político tenía algo de razón: Joe III era nuevo en el juego. Y aprender la dinámica del poder es su desafío ahora. Según las primeras pistas, tendrá mucho que negociar dado su carácter: “Es una persona muy aterrizada”, de acuerdo con Scott Ferson, asesor de prensa del desaparecido Ted Kennedy. Por años el joven prefirió tomar distancia de la política, aunque no del servicio público. Sólo en 2010, cuando todavía era asistente de la fiscalía en el condado Barnstable, empezó el coqueteo con el mundo partidista. Tuvo varias apariciones en eventos demócratas y allí dejó ver sus intenciones de ir por los votos. Un interés que no sólo estaba en su sangre, sino que en la rutina que vivió desde niño, cuando participaba junto a su mellizo Matt en los actos políticos de su padre Joe II, congresista desde 1987 a 1999. Mientras muchos apelan a su estirpe Kennedy en este camino, los más cercanos dicen que se debe dar el crédito de su personalidad decidida a su madre Sheila, quien mostró un coraje particular al dejar a su marido —y divorciarse— cuando éste trabajaba en Washington.

Esa ruptura fue uno de los tantos escándalos del clan. Especialmente cuando Joe II pidió a la Iglesia Católica la anulación del matrimonio para casarse con su secretaria. Se la otorgaron, Sheila apeló para que se revirtiera el fallo… y ganó. De esa pelea, la madre de Joe III escribió un polémico libro.
Tanta distancia entre los padres hizo que los mellizos Joe y Matt, que vivieron moviéndose entre las dos casas, se hicieran inseparables. Jugaban los mismos deportes —lacrosse y fútbol americano—, entraron juntos a la Universidad de Stanford, luego Harvard (el pelirrojo a Leyes y su hermano a la escuela de Negocios) y, más tarde, se unieron para hacer campaña por su tío abuelo Ted. Sólo estuvieron separados entre 2004 y 2006, cuando Joe partió a República Dominicana a trabajar por el Cuerpo de Paz, institución que creó JFK, su tío abuelo Presidente. El año pasado, los dos hermanos se comprometieron con sus novias.

LOS LLAMAN LOS NUEVOS JACK & BOBBY. Mientras el congresista es descrito como encantador, amable y hecho para atraer al electorado con su voz suave, su mellizo se mueve más en el campo operacional: fue su mano derecha en la campaña.
Pero los ocho minutos entre el nacimiento de uno y el otro (Matt fue el primero) no es el único elemento que marca diferencias. Familia, amigos, compañeros de colegio y universidad afirmaron a The Boston Globe que Joe fue el que siempre dio señales de que terminaría por la senda política.
Era la voz de la razón entre compañeros. Hasta ahora no toma —son recurrentes las menciones a que en la universidad cuando sus amigos del lacrosse se lanzaban a la cerveza, él prefería leche—, y se llevaba a Matt de las fiestas.
Perfeccionista y cerebral, Joe III mostró especial interés en temas civiles y de derechos humanos. En este último punto coincidió con su novia Lauren Anne Birchfield, a quien conoció cuando trabajaban en el diario de Harvard. Pronto se hicieron inseparables. Fue su aliada en campaña y realizan proyectos sociales juntos. Runners apasionados y atractivos, ya se presentan en la sociedad como una de las parejas que atrae miradas.
Política, belleza y estilo. Sí, los Kennedy están de vuelta.

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