Un sorprendente silencio había mantenido en estos primeros meses de gobierno el senador Manuel José Ossandón. Esto tras el pacto de paz y posterior apoyo a la candidatura de Sebastián Piñera, luego de que el mandatario recogiera algunas de sus banderas sociales —como extender la gratuidad en la educación superior, modificar la Ley de Pesca y expandir el metro hasta La Pintana y Bajos de Mena— y las integrara a su programa.

Ni las críticas en estos días de su propio partido Renovación Nacional, en especial del diputado Gonzalo Fuenzalida, que apuntan al segundo piso, a un supuesto “frenesí legislativo” y a la “falta de estrategia del Ejecutivo” lo han motivado a sacar la voz fuerte en contra de Palacio, aunque esta vez advierte a La Moneda que hay gente que no es escuchada y que “un gobierno debe ser capaz de recibir críticas de sus propias filas”.

Por lo visto el senador RN por Santiago Oriente intenta ser cauto, remar junto a La Moneda y darle tiempo al Presidente para que cumpla sus compromisos tanto con él como con la gente…, aunque las salidas de libreto del ministro de Educación Gerardo Varela y del titular de Economía José Ramón Valente lo llevaron a romper la tregua —aunque solo un rato—, al bautizar a Varela nada menos que de ‘catrasca’ (cagada tras cagada), para ahora señalar a CARAS: “Parecía un infiltrado de la oposición”.

Quedó conforme con el cambio de gabinete porque, a su juicio, “el Presidente no solo se demostró que sabe corregir el rumbo. También entendió que algunos ministros no estaban funcionando bien y que algunos atornillaban en contra de la derecha social”, dice apuntando a Varela y otros… Ese es su gran caballo de batalla y pretende sea también el sello de este gobierno. Es su objetivo y se la está jugando, al punto que con los diputados RN Gonzalo Fuenzalida, Paulina Núñez, Diego Schalper y Sofía Cid elaboraron un texto sobre derechos sociales, Estado solidario y un sistema económico más humano, el cual repartieron a los militantes del partido en una gira por el país durante agosto. Una iniciativa que tiene a la UDI con los pelos de punta, ya que más que una actividad oficialista, lo miran como una campaña presidencial encubierta del senador.

“El león cree que todos son de su condición. La UDI está pensando en la campaña presidencial, yo no… ‘Cada día tiene su afán’, dice la Biblia. Parece que algunos diputados de la UDI hablan más de la Biblia de lo que la leen o practican”, se defiende.

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—¿Veía venir el fin de la luna de miel del gobierno?

—Las lunas de miel nunca duran mucho, así es que no me preocupa. Lo importante es que la relación del gobierno con los chilenos sea de respeto y confianza a partir de resultados y logros concretos. Nadie quiere luna de miel, solo que estos hagan bien su pega.

—Todo apunta a que, igual que en su primer período, se sobregiraron en las expectativas.

—Me gusta que el gobierno sea ambicioso en sus metas. Es más, ¡es urgente mejores resultados económicos! Después de cuatro años de estancamiento con Bachelet, de una economía debilucha, la ciudadanía votó por Piñera por un cambio; no fue el gobierno el que alimentó expectativas. La gente le exigió poner la economía en el centro de sus prioridades.

—Fue el foco de su discurso en el cambio de gabinete, ¿no arriesgó el mandatario su capital político al centrar todo en lo económico?

—El capital es para jugársela. Si un presidente no lo invierte en sus proyectos y mandato, no le sirve de nada. Esa es la única forma de generar más capital, aunque no siempre se gane.

—Lo que ocurrió con Mauricio Rojas en Cultura se habría evitado si se hubiesen chequeado sus datos, ¿por qué La Moneda tiende a caer en errores de principiantes?

—El Presidente sabrá por qué lo nombró y qué se chequeó. Lo claro es que él siempre ha tenido un compromiso con la defensa de los derechos humanos. No se le puede permitir a la izquierda que caricaturice a Chile Vamos como que no los valora ni respeta, en circunstancia que son ellos los que callan atropellos que se cometen en América Latina.

—Sus pares de RN apuntan al segundo piso y a la falta de estrategia política de La Moneda, ¿concuerda con ellos?

—El gobierno está partiendo, hay que tener paciencia. Todas las cosas necesitan un rodaje que implica ajustes que ya se están realizando, como fue el cambio de gabinete. Aun así, debe escuchar a todas las voces, incluso las que no gustan. RN es un motor importante en esta administración, el partido con más parlamentarios, siempre tendrá algo que decir.

—¿Pero hay o no error en la estrategia?

—Colaboro desde el parlamento, respondo por mi trabajo.

—¿O será que efectivamente la derecha no cuenta con gente para gobernar?

—Hay muchas personas y La Moneda ha demostrado que puede gobernar con gente de su sector y con quienes no se identifican con la derecha. Somos amplios y tolerantes, estamos creciendo en diversidad y en número, a diferencia de la izquierda que aparece cada vez más purista.

—La organización ciudadana para sacar a Rojas del gabinete reflejó que impera una cultura más de izquierda.

—Para nada. Lo de Mauricio Rojas no fue una cuestión de derecha versus izquierda; eso quisieran ellos. La defensa de los derechos humanos es tarea de todos. Insisto, a la gente lo que le importa es que los gobiernos construyan puentes y no que lleguen con retroexcavadoras.

—Aun así, un sector de Chile Vamos teme que comience una cruzada de la oposición para botar ministros y que el Presidente sea pauteado.

—¿Quién lo dice? ¿Las redes? Las redes sociales creen que pueden hacerle un golpe al presidente. Y si la izquierda pudiera, sacaría a Piñera por la fuerza. Muchos de ese sector admiran a los gobiernos de Cuba y Venezuela porque en esos países no hay espacio para la oposición. Felizmente, la gente apoyó masivamente al gobierno. Estoy seguro de que si hoy hubiera una elección entre Piñera y Bachelet, ¡arrasa el Presidente!

—¿Teme que no lo dejen gobernar?

—Hay un sector de la izquierda que es antidemocrático. Eso no es bueno para Chile, aunque terminará haciéndole más daño a la propia izquierda. Los chilenos rechazan el autoritarismo. Y hoy, hay más autoritarismo en la izquierda que en la derecha.

—¿Cuál debiera ser el límite del Presidente?

—Él es un demócrata, sabe escuchar y no se confunde con los gritos de una izquierda polarizada incapaz de aceptar que perdieron la elección.

—Hay quienes aseguran que al instalarse el tema de los derechos humanos, se reveló la verdadera derecha.

—La verdadera derecha siempre ha sido la de tipo social. Pasa que la izquierda quiere una derecha pinochetista como rival, porque así gana siempre. Pero cuando se enfrentan la derecha social con la izquierda nostálgica, nosotros vencemos.

—¿Y qué derecha se está imponiendo hoy en el gobierno: la económica o la social?

—Esa tensión siempre existirá. Me alegra que el Presidente, entre la primera y segunda vuelta, haya tomado varias banderas de la derecha social y las mantenga como prioridad en su gobierno. Seguiremos vigilantes para que siga así. Lo importante no es solo repartir bien la riqueza, sino seguir generándola. Me gusta la expansión de la gratuidad a los institutos profesionales y CFT, la extensión del metro a sectores populares, la nueva ley de pesca y las iniciativas que mejoran la calidad de vida de los chilenos de menos ingreso y de clase media.

—No nombra las viviendas sociales de Lavín.

—La realidad de Las Condes no es la del país. Allí hasta los más pobres tienen acceso a mejores servicios y recursos en comparación a mucha gente de clase media o baja de otras comunas. Felicito a Lavín por sumarse a la derecha social, pero si todo Chile tuviera los problemas de Las Condes, seríamos un país desarrollado. El verdadero desafío es dotar a todas las comunas de oportunidades y recursos que hoy existen solo en las de más ingresos.

“NO CREO EN EL FUEGO AMIGO”

—Carlos Larraín se desmarcó de la derecha liberal que representa Evópoli en la coalición, dijo que se trató de flor de un día…

—Son importantes las distintas vertientes. No creo que Evópoli sea una amenaza para RN, sino que enriquece al sector.

—¿Estuvo bien que ellos se desmarcaran del gobierno en el caso del ministro Mauricio Rojas?

—Están aprendiendo a ser partido de coalición.

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—¿Qué tan revuelta está la cosa en Chile Vamos, que hasta el Presidente los llamó a terreno?

—Somos una coalición de fuerzas políticas distintas, tenemos un denominador común y también divergencias. Nos une el bien de Chile. Lo de Evópoli me parece bien y el Presidente sabrá ponderar cuáles son los apoyos más útiles. Por lo pronto, veo a ese partido ocupando un espacio bastante grande en el gobierno.

—¿Qué daños puede provocar el fuego amigo?

—No creo en el fuego amigo, somos todos maduros y hay derecho a expresarse. Pasa que en lo interno muchas veces hay gente que no es escuchada y después mandan el mensaje por los medios. Un gobierno también debe tener la capacidad de recibir críticas de las propias filas. Lo importante son los cambios que surgen de esas críticas.

—¿Se repite lo que ocurrió con usted la vez anterior?

—Ahora es distinto, al menos yo me he sentido escuchado y he logrado que nuestros temas estén en la agenda.

—Muchos están expectantes con usted sobre cuándo golpeará la mesa.

—Eso no se avisa, la mesa se golpea cuando es necesario.

—¿Qué cambios debería hacer el Ejecutivo para marcar agenda y recuperar la confianza?

—Debemos retomar los temas de la derecha social. Los chilenos están preocupados del empleo, seguridad, mayor acceso a la educación gratuita de calidad y a la salud. Esas debieran ser las prioridades de La Moneda. Hay que poner el foco en el crecimiento económico y en la ampliación de oportunidades, aunque la reforma a las pensiones es la más importante.

—¿Se cayó en un frenesí legislativo para repuntar?

—Prefiero mirar el bosque, no las ramas. Chile va en la dirección correcta y el ejecutivo ha demostrado valentía de hacer cambios cuando alguien rema en la dirección contraria.

—¿Y qué hacer con las expectativas?

—Aspiro a un gobierno que sueña en grande a uno que no aspira a nada. Prefiero que la gente se decepcione de que no alcanzamos todo lo que prometimos a que nos acusen de no invitar a los chilenos a soñar con un mejor país.