Ya no es el indígena respetable al que la prensa mundial adjudicaba una milagrosa recuperación económica. Tampoco el líder intocable que logró cohesionar a un país bajo la promesa de la soberanía marítima y que sumaba apoyos entre los líderes internacionales. Hoy, el dirigente cocalero no es más que otro político latinoamericano salpicado por los tentáculos de la corrupción. Ni siquiera su reconocida homofobia es tolerada ahora entre sus colaboradores del Palacio Quemado. Todo empeoró cuando apareció en escena su ex amante Gabriela Zapata, con quien habría tenido un hijo que el gobierno de La Paz está empeñado en negar.

El problema no es la descendencia del mandamás aimara sino que la mujer en cuestión recibió, como ejecutiva de un importante holding chino, millonarios contratos gubernamentales para construir carreteras y otros proyectos viales por una suma estimada en más de 500 millones de dólares. Eso, más la caída de las materias primas en los mercados internacionales auguran, según los analistas, tiempos más que complejos para la economía local. Algo que el mandatario está decidido a enfrentar con la misma estrategia que tanto éxito le ha dado en los últimos años.

Con toda la artillería dirigida hacia su enemigo favorito: Chile, Evo pretende desviar la atención interna hacia el exterior. Con la misma vehemencia con que instaló en el mundo la idea de que nuestro país estaba obligado a darle una salida soberana al Pacífico pese a todas las concesiones y beneficios económicos que ya tiene en nuestro territorio, a costo cero. Ahora, reclama por el uso que Chile hace de las aguas del río Silala y anuncia una nueva demanda ante la Corte de La Haya. La ofensiva, que divide al oficialismo boliviano, motivó a la Presidenta Bachelet a hacer un llamado a rechazar “demandas artificiales” en su intervención en el American Society of International Law (ASIL), en EE.UU.

Pero, Evo no escucha razones y su carácter mesiánico lo traiciona. Como un ahogado que busca aferrarse a la vida, da manotazos ciegos en busca de una salvación mientras crece la certeza de que las únicas aguas que recibirá son las lluvias anunciadas para el próximo invierno altiplánico.

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