“Este escándalo es como si la serie House of Cards fuesen Los Teletubies”, comenta el periodista Nicholas Rushworth en su programa de la cadena de televisión France 24. Poder, corrupción  y mentiras, son –quizás- algunas semejanzas entre la dramática serie estadounidense y la actual escena política francesa. Aunque Frank Underwood sea un personaje ficticio, pareciera ser que hay un imitador galo que  da vueltas por alguno de los edificios políticos ubicados en París y  ‘da de comer’ constantemente a los medios. El primer ‘pez gordo’ en caer: Jérôme Cahuzac, entonces ministro del Presupuesto del gobierno de François Hollande, quien dimitió a su cargo sólo diez meses después de haber asumido al filtrarse unas cuentas bancarias en Suiza. Pero, a medida que pasa el tiempo, las historias parecen ser más sabrosas. La más reciente: detención e interrogatorio de Nicolás Sarkozy el martes 1 de julio ante un supuesto tráfico de influencias, corrupción activa y encubrimiento de la violación del secreto profesional. A primera vista, parece ser el comienzo de un terremoto que derrumbaría su carrera al Palacio del Elíseo.

“Lo que hacen es una instrumentalización política de parte de la justicia. Proyectan una imagen de mí que no es conforme a la verdad”, asegura Sarkozy en la única entrevista televisiva que ha dado hasta ahora al abandonar el cuartel policial. Esta es también su primera aparición mediática tras dejar la presidencia a manos de François Hollande en 2012. Vestido con traje negro y corbata, respondió a cada una de las preguntas con gestos serios y mirada desafiante a los dos periodistas que lo interrogaron. Sarkozy no dudó en ningún minuto y negó todas las acusaciones que se le imputan actualmente. También apuntó en contra del actual gobierno a quienes responsabiliza por estar detrás de su detención. Según Le Monde, existen siete hechos que podrían hacer que Sarkozy pasara cinco años –o quizá más- en prisión: la sospecha de que Muamar Gadafi financió su campaña presidencial de 2007, por aprovechamiento o “abuso de debilidad” de la millonaria Liliane Bettencourt, la heredera del imperio L’Oréal y la creación de una red para información secreta de procesos judiciales en que él se ve perjudicado, entre ellos, los ‘affaires’ Tapie y Karachi y Bigmalion. La gran parte de éstas fueron reveladas por escuchas telefónicas que la prensa publicaría hace unos meses.  Pero, ¿de dónde salió toda esta información?

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Las opiniones de que si es inocente o culpable son variadas. Carla Bruni y su suegra están de su lado, los defensores dicen que fue una maniobra de parte de los socialistas por miedo al auge del Frente Nacional de Marine Le Pen, actualmente el partido político con más votos en Francia al ganar recientemente las elecciones municipales y parlamentarias europeas. La líder del conglomerado de ultraderecha aún no dice si lo encuentra culpable o no,  pero sí  que “es un hombre que ha perdido el descrédito de la población”. 

Expertos y periodistas están divididos; Alvaro Vargas Llosa expresa en su columna titulada “El affaire” que la UMP debe pensar si es que quiere traspasar el liderazgo de su partido al ex mandatario galo, ya que esa decisión “puede acabar por propiciar la consolidación definitiva de la extrema derecha y su hábil líder, Le Pen”. No existe la certeza si es que es culpable de lo que se le imputa y la investigación pudiese demorar un par de meses. Vargas Llosa sostiene que no cabe duda de que “existen elementos de maltrato político” y que “no eran necesarias las 15 horas de detención preventiva para alguien tan fácilmente localizable, ni menos un interrogatorio adicional a las dos de la madrugada por parte de jueces que pertenecen al sindicato de la Magistratura, rama de izquierda de la judicatura francesa”.  Antoine Maillet, doctor en Ciencia Política de Sciences Po, dice que no cree que haya un complot en contra de Nicolas Sarkozy: “Es claramente algo de él y que hay que manejar con cuidado”.

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Al otro lado de la vereda las cosas parecen ser similares. En 2011 Dominique Strauss Kahn, era el candidato ideal del Partido Socialista. Sin embargo, tras el escándalo sexual en un hotel de Nueva York, el ex director del FMI, dio un paso al costado. El 24 de mayo de ese mismo año, el diario Le Monde reveló que Sarkozy conocía las “tentaciones” y “costumbres sexuales” de Strauss Kahn y que medios próximos al esposo de Carla Bruni estaban dispuestos a filtrar información confidencial, una vez que la campaña presidencial estuviese en etapa de avance. El hecho quedó –al parecer- bajo siete llaves. 

Pero en las elecciones por el Elíseo en 2011, François Hollande derrotó a Sarkozy durante balotaje con un discurso heroico ante la crisis económica que –en ese entonces- amenazaba con fuerzas a Francia. Durante los primeros meses de gobierno la tranquilidad fue la protagonista de la cúpula socialista, lo que cambiaría con el escándalo de  Jérôme Cahuzac y de ahí un terremoto político que sacudió al Partido Socialista: crisis económica europea, inmigrantes y  abstención de votantes que llevarían al Frente Nacional a primera fila. El ‘broche de oro’ vendría con la infidelidad del actual Presidente y  la actriz Julie Gayet, lo que causaría el quiebre de su relación con quien fue primera dama, Valérie Trierweiler.  Resultado: la popularidad de Hollande se sepultó y llegó a un 16% de aprobación, convirtiéndose en uno de los mandatarios con menor aprobación de la República Francesa.

Para apagar el fuego al interior del gobierno y Partido Socialista, Hollande instaló a su popular ministro del Interior, Manuel Valls en las oficinas del Primer Ministro en el Hôtel Matignon. Un político joven con aspiraciones, al igual a las que tuvo Peter Russo en la serie estadounidense. Dominique Moisi, profesor del Institut d’études politiques de París (Sciences Po) afirma en su columna Francia y el Cuarteto disidente publicada el 4 de mayo en El País que esto podría ser un grave problema para el mandatario,  ya que si a Valls le va bien, el triunfo es de él, no del Presidente: “Este quizá refuerce su evidente ambición de ir por el Elíseo en 2017 y dejar atrás en el camino a su jefe”.

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“Sarkozy abrió la presidencia francesa a los voyeurs de todo el país y se encontró con que las miradas penetraban mucho más allá de lo que él tenía previsto. En tiempos de internet, teléfonos móviles y escuchas masivas, el poder es cada vez más poderoso y vulnerable”, sostiene Josep Ramoneda en su columna Sarkozy y la casta.

Hoy está por empezar la segunda temporada de La Maison de cards: El camino definitivo al Elíseo. Eso sí, aún falta por conocer más en profundo a los personajes que podrían entrar en los próximos meses, algunos de ellos los identifica Moisi: “El escenario político que hoy nos muestra Francia está bajo el dominio de un cuarteto de figuras: dos a la izquierda, François Hollande y Manuel Valls, y dos a la derecha, Nicolás Sarkozy y Alain Juppé (alcalde de Bordeaux). No es exageración decir que, contra los requisitos de la música de cámara, estos cuatro no tocan juntos, sino, más o menos, tocan contra todos”.