¿Un montaje para catapultar a un político con ansias de figuración o una pelea entre gatos (denominación local para escorts)?, la opinología trasandina se deshace en teorías para explicar una historia que tiene en vilo al país como un tango hipnótico del que nadie quiere perderse ni un solo paso. La noticia más seguida y comentada del último tiempo es el escándalo amoroso entre el ex presidente del Banco Central de Argentina Martín Redrado y las vedettes Luciana Salazar y Amalia Granata, dos viejas conocidas de nuestra agonizante farándula. Y es que la mezcla de política, farándula, sexo y traición nunca fue más entretenida que en la era del whatsapp cuando la filtración de chats y mensajes privados está a la orden del día. Basta con revisar las cuentas de las mujeres que hoy se pelean el corazón del economista más popular de Argentina y que durante cuatro años enfrentó la furia de la señora K cuando se negó —siendo titular del Banco Central— a usar parte de las reservas de las ya disminuidas arcas fiscales para financiar un bono que tildó de populista. El conflicto que derivó en su destitución, llegó hasta la Corte Suprema, la que en un momento lo restituyó en sus funciones al mando del Banco, provocando una crisis institucional que sólo pudo ser solucionada con un acuerdo de todos los sectores políticos y que terminó con Redrado fuera de escena.


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Su salto de la economía a la prensa del corazón ocurrió hace cuatro años, cuando abandonó a su mujer tras 15 años de matrimonio, la muy compuesta Ivana Pagés, madre de sus hijos Tomás y Martina; para ir tras los pasos de la sexy Luciana Salazar. Una historia que fue definida en su momento por la prensa como una mezcla entre operación política y calentura. Desde ese momento, quien fuera bautizado como The Golden Boy por The Washington Post, en reconocimiento a su exitosa gestión al mando de la Comisión Nacional de Valores entre 1991 y 1994; se convirtió en uno de los políticos con mayor presencia en los medios vecinos. Hoy, es parte del Tribunal de Solución de Controversias de la Organización Mundial del Comercio y no deja de sonar como potencial ministro de Economía pese a que no son pocos los que afirman que su verdadera aspiración es llegar a la Casa Rosada. ¿Un nuevo Domingo Cavallo? Argentina da para todo.


Desde que terminó su relación con Salazar (en agosto pasado), está al centro de una polémica que tuvo su peak precisamente en nuestro país a finales de octubre, cuando el economista que apareció con su nueva pareja Amalia Granata, enemiga declarada de Salazar. Meses antes, la ex chica farandulera, hoy estudiante de periodismo lo había entrevistado para un trabajo académico. Dicen que la atracción fue instantánea. Aunque Redrado seguía ligado a Salazar, comenzó a verse con la mujer que aterrizó en Chile en el verano del 2006 para trabajar de promotora de una conocida marca de cervezas tras saltar a la fama por su affaire con el cantante inglés Robbie Williams. La misma que mucho tiempo después, en el calor de una noche de juerga interminable, le robó a Marcelo Chino Ríos la cédula de identidad para luego exhibirla en los medios como prueba de su relación con el ex número uno del tenis.


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Con la publicación de la imagen de la nueva pareja en un hotel cercano al río Mapocho, la sangre llegó… a las redes sociales, donde Salazar vomitó toda la rabia acumulada desde los días del último Campeonato Mundial de Fútbol, cuando Redrado decidió dejarla abajo del viaje que organizó para ir a ver a la selección albiceleste a tierras cariocas.


De la mano del ex alumno de Harvard, Amalia Granata regresó a la figuración pública, directo a los turbulentos ríos del poder, laberintos por los que navegó por primera vez en Chile y de la mano, ni más ni menos, que del actual embajador chileno en Argentina, Marcelo Díaz. Cuando estalló aquel romance que ocupó varias portadas, el entonces díscolo diputado PS no tuvo problemas en mostrarse públicamente con la argentina, mientras sus colegas parlamentarios lo vitoreaban en los pasillos del Congreso. Pero la historia terminó mal, con el diplomático prohibiendo que le pasaran sus llamadas.


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El triángulo entre el economista y dos de las figuras más polémicas de Argentina, lleva semanas liderando la parrilla informativa, gracias a la filtración de chats privados que siembran más dudas que certezas. Redrado sigue en contacto con su ex y le dedica románticos mensajes, del tipo “te extraño” o “éstás hermosa”, pero es la ex amiga del embajador socialista quien lo acompaña en la intimidad. “Yo no estoy entendiendo algunas cosas. Por ejemplo, cuando estoy con él me pide que le haga masajes en las manos, en los dedos, de tanto que escribe. Se ve que se le acalambran las manos de tanto mandar mensajes. A mí me encanta que se lleven bien, que se den consejos”, declaró Granata a un programa de televisión. Una buena manera de apagar el incendio con bencina.