Cuando los portugueses llegaron por primera vez a la isla de Taiwán quedaron maravillados por su belleza, sus imponentes montañas y variedad de climas y recursos naturales. Es por este motivo que la bautizaron como Formosa (hermosa), nombre que hasta el día de hoy reciben sus tés, en especial sus mundialmente reconocidos oolongs.

La planta de té no es autóctona de esta isla, pero cuando los chinos de la provincia de Fujian cruzaron el estrecho de Taiwán y llegaron a Formosa a comienzos del siglo XVIII, trajeron consigo sus plantas de té y sus técnicas de manufacturación, siendo en ese entonces los oolongs su principal producción. Fue así como este tipo de té se convirtió rápidamente en el emblema de los tés taiwaneses.

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Los tipos de tés se clasifican en base a sus procesos de manufacturación, siendo la oxidación uno de los más importantes. La oxidación en el té es la misma que le ocurre a la manzana cuando se vuelve café después de un mordisco, o la de la palta que también se oscurece al poco tiempo de molerla. Es así como tenemos tés que no tienen absolutamente nada de oxidación –como los verdes– y otros que están completamente oxidados como los negros. Justo entre estas dos categorías encontramos los oolongs, que se conocen como semi oxidados.

Los oolongs o también llamados tés azules –por el color negro azulado que tenían las hebras producidas en la región china de Wuyishan –tienden a ser muy enrollados, algunos incluso en forma de pequeñas bolitas. Además, poseen distintos grados de oxidación dependiendo de lo que el productor tenga en mente, sorprendiéndonos con matices muy amplios de colores, aromas y sabores. Por lo general estas hojas enrolladas de la planta de té nos permiten realizar múltiples infusiones, hasta que las hojas se hayan abierto completamente.

Athena Minami, maestra de ceremonia de té taiwanesa quien nos visitó durante esta semana en Chile, nos mostró un poco de la cultura del té de este país a través de sus sesiones de Tea Art. Algunos #TeaLovers tuvieron la oportunidad de maravillarse con las historias de esta pequeña isla, un país en donde el té tiene una importancia cultural gigantesca, siendo una forma para ofrecer respeto, compartir y disfrutar.

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Athena nos cuenta que Taiwán es una isla pequeña –por lo que su producción está orientada a la calidad y no a la cantidad– cuyo 90% de su superficie comprende montañas, algunas de las cuales pueden llegar a alturas sobre los 2.000 metros de altura ofreciendo condiciones espectaculares para la producción de tés de alta gama. Estas montañas algunas veces pueden ser de muy difícil acceso y de empinadas colinas cubiertas de bruma que requieren de la destreza y tecnología para poder cultivar, cosechar y producir algunos de los tés más espectaculares que podríamos llegar a imaginar.

Tieguanyin, Dong ding, Oriental Beauty, Alishan, son algunos de los oolongs de Formosa más conocidos y que en total equivalen al 20% de los producidos en todo el mundo. Cada uno de ellos proveniene de distintas montañas y con distintas características, produciendo tés únicos, imposibles de replicar en algún otro lugar del mundo.

Después de esta maravillosa visita, sólo nos queda en la nariz y en la memoria, el aroma floral, dulce, ligeramente amielado y cremoso de algunos de los tés azules más finos del mundo, los tés de Formosa.

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