La cita este año ha sido en el hotel Marriott de Copenhague, del 28 de mayo al uno de junio. Allí se han reunido personajes como Henry Kissinger, los jefazos de diarios como The Washington Post, políticos y hasta reyes. Piense en un mandatario de Occidente o en una gran multinacional. Seguro que alguna vez ha participado en el Club Bilderberg.

Esto debería ser secreto pero gracias a investigadores como Daniel Estulin conocemos hasta sus más velados detalles. Sabemos que lo fundó el abuelo de Guillermo de Holanda en 1954, que está formado por un núcleo duro y un comité de casi cuarenta personas que eligen al resto de invitados. 

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Estulin se ha convertido en una de las máximas autoridades mundiales del tema. Lleva años consiguiendo filtraciones y contándolas. De casta le viene al galgo pues estamos ante un ex agente de la KGB especializado en contraespionaje.

Pero más allá de proporcionarnos un listado de asistentes, el objetivo de Estulin es sacar a la luz los intereses que esconde este grupo y demostrar que, al final, el presidente de EE.UU. —por poner un nombre— no es nadie.

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“Pensamos en política como si los presidentes o primeros ministros tuvieran algo que ver con los acontecimientos del planeta. Pero la verdadera política se desarrolla a nivel global y la llevan a cabo los Amos del Mundo”, es decir, las elites financieras, explica en una entrevista con CARAS.

Estulin también rompe la falsa idea de que el objetivo de los Amos del Mundo es crear un Gobierno Mundial Unico o un Nuevo Orden Mundial. “Más bien se trata de crear una Empresa Mundial S.A.”. Esto es, “una red global de cárteles gigantes, con más poder que cualquier nación de la Tierra y destinados a controlar las necesidades vitales de la humanidad”.

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El Club Bilderberg es, por tanto, un medio para reunir a las instituciones financieras “más poderosas y depredadoras de todo el panorama económico mundial” de cara a crear dicha red. ¿Quiénes lo dirigen hoy? El magnate David Rockefeller, Peter Sutherland (presidente del banco Goldman Sachs), James Wolfensohn (ex director del Banco Mundial) y Étienne Davignon (presidente honorario de la Comisión Europea).

La combinación de intereses financieros, políticos, económicos e industriales que se teje allí dentro “es el peor enemigo de la Humanidad”, sentencia Estulin, pues no dudan en hacer lo que haga falta para lograr sus propósitos.

Deciden los tipos de interés y el precio del petróleo. No predicen las crisis económicas ni las sufren pues ellos son quienes las crean. Los acusan, incluso, de ensuciarse las manos de sangre. Por ejemplo, en Africa. “Es un continente rico en un sinfín de recursos naturales y la elite necesita esos recursos para su crecimiento económico. ¿Solución? Enfrentar a los estados en guerras perpetuas. Sudán, Somalia, el Congo, Ruanda… Todos tienen algo que quiere la oligarquía mundial”. Lo mismo ocurre con el hambre. “Es una guerra para reducir la población en un número más manejable”, afirma sin pestañear. Sabe de lo que habla. Trabajó allí como agente tres años y medio. 

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—¿A qué líderes ha tumbado?

—A Gaddafi, a Milosevic, al expresidente de Ucrania Viktor Yanukovych… Para crear la Empresa Mundial tendrá que derrocar a Putin, pero me temo que es bastante complicado.

Los medios de comunicación de masas trasladan el mensaje del club y al mismo tiempo tapan su existencia. Es por ello que todos los grandes medios son miembros. Un ejemplo, el presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián.

—¿Cómo afecta esto, por ejemplo, a Sudamérica?

—Prisa es un medio muy importante en el mundo hispanoparlante, de modo que actúa como órgano de control y de lavado de cerebro de la izquierda en América Latina, haciendo frente a cualquier fuerza de cambio en el continente.

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Sudamérica, por cierto, no tiene representantes en el Bilderberg dado que el club es una organización de los países de OTAN (Europa Occidental, EEUU y Canadá). Pero sí está en grupos hermanos como la Comisión Trilateral que incluye las Américas, Europa y Asia.

—¿El Club todavía es influyente?

—Quizá no tanto como en sus inicios. Ahora bien, es un grupo muy especial, poderoso y secreto.

—¿Existe algún otro club más secreto y poderoso?

—Las decisiones verdaderamente secretas se toman en sitios como la Sociedad de los Peregrinos. En Estados Unidos, la sociedad más secreta es la Skull & Bones fundada en 1832.

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Estulin ha divulgado todo lo que sabe en sendos libros: la verdadera historia del Club Bilderberg y Los secretos del Club Bilderberg, y en noviembre estrena un documental sobre el tema. Es un investigador prolífico. Ha escrito El instituto Tavistock, “el centro mundial del lavado de cerebros en masa”, ubicado en Sussex (Inglaterra); Shadow Masters, una red internacional de gobiernos y agencias secretas que colaboran con traficantes de drogas y terroristas en beneficio mutuo; y se atreve incluso con novelas, como TransEvolution, centrada en la revolución genética, uno de sus temas preferidos.

Nacido en Lituana pero ciudadano del mundo, presenta un programa en RT, un canal de televisión ruso que emite en español —idioma que Estulin habla a la perfección— y ofrece una información alternativa a la de los medios convencionales. Se llama Desde las sombras y trata de sacar a la luz la verdad sobre temas candentes.

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—¿Es China un peligro para Occidente?

—Obviamente. Rusia tiene más poder militar y China económico, pero con una cultura tan homogénea, su gran población y su poderío en Africa, América Latina y Asia es un enemigo de mucho peso.

—¿China, Rusia y Africa podrían crear un bloque que hiciera frente a Occidente?

—No creo, demasiados intereses divergentes. Es verdad que China está construyendo alianzas en Sudán, el Chad y el cuerno de Africa, pero EE.UU., Francia y el Reino Unido están haciendo todo lo posible para sabotearlo.

—¿Qué papel tiene Sudamérica en el mundo?

—Mucho. Es un continente donde casi todos hablan el mismo idioma. El potencial de esta unión de culturas da mucho miedo a la elite. La oligarquía ha hecho todo lo posible para desmembrar y empobrecerlos a través del FMI y el Banco Mundial.

Según él, la misión original de estos dos órganos —fomentar el desarrollo y aliviar la pobreza en el Tercer Mundo— ya no está vigente. Hoy el dinero que prestan a los países pobres “se emplea inmediatamente en pagar los intereses a las instituciones bancarias occidentales, aumentando la deuda, el estancamiento y la inestabilidad de los países”.

Y qué industria tiene más poder en las sombras: ¿las armas nucleares, el cambio climático, la tecnología? “Tocaste un tema muy interesante: el futuro de la humanidad. La elite tiene grandes planes para el futuro. El inconveniente es que los ciudadanos no estamos invitados a la fiesta”.

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Se refiere al programa elaborado por el Congreso Internacional Global Future 2045 que fija plazos para transferir la personalidad humana a un portador alternativo. “Lo que quieren hacer es trasladar gradualmente la mente humana a vehículos más incorpóreos. Se inicia la época de la inmortalidad cibernética”.

Estulin empezó a investigar el club en 1995, después de que un amigo de los servicios secretos le hablase del grupo. Obviamente al Bilderberg no le gustan personajes como él. ¿Alguna vez ha tenido problemas? “Sí, sobre todo al principio, cuando nadie me conocía”. Pero si alguien lo demanda, que sepan que tiene hasta doce mil documentos como fuente para sus libros. 

En 2010, de gira por Venezuela, “alguien puso una recompensa de un millón de dólares por mi cabeza. Estuve protegido por un fuerte dispositivo de seguridad pero al final resultó un éxito”. Se quedó con las ganas de conocer a Chávez, con quien tenía programado un encuentro que hubo de cancelarse por la muerte de Nestor Kirchner.

—¿Hay algún político que valore?

—Al presidente de Corea, por su integridad, valentía y honradez. En Europa, de los principales… ni uno. Escoria humana, todos. Y al servicio del poder. Igual que en EE.UU. y Canadá.

Daniel Estulin, claro está, no se fía de nada ni de nadie. Habrá quien lo tache de conspiranoico. El lo entiende.

—¿Por qué hay gente reacia a creer que nada es lo que parece?

—Porque si uno se da cuenta de que el mundo real es muy distinto a lo que nos cuentan los medios de comunicación de masa, entonces tendríamos que reconocer que nuestras vidas han sido una mentira flagrante y esto es muy difícil de asimilar para la mayoría de las personas.