Fue justo el día de su cumpleaños número 39 cuando Lizette Roullett tomó por primera vez conciencia de que sus posibilidades de ser madre se estaban acortando estrepitosamente.  “Hasta entonces había estado dedicada exclusivamente a mi carrera profesional, a viajar y a estudiar. Si bien siempre quise tener una familia, nunca encontré a la persona adecuada para embarcarme en el proyecto de un hijo. Por más de 15 años transité de pastel en pastel, con un largo registro de fracasos emocionales o en algunos casos simplemente privilegié estudiar afuera y terminar las relaciones que tenía en Chile”, confiesa esta ingeniera comercial.

La primera persona que le advirtió sobre el ineludible paso del tiempo fue su ginecólogo. “En un abrir y cerrar de ojos pasé de los 25 a los 37, y en ese momento el doctor me recomendó congelar óvulos. Hasta entonces nunca había escuchado el concepto, así que me limité sólo a ponerle atención porque realmente no sentía la necesidad de hacerlo. Sin embargo, cuando me acerqué a la barrera de los 40 entré en pánico y recién ahí me hizo sentido lo que me había dicho mi doctor dos años antes”.

Wp-ninos-del-frio-450

Sin una pareja estable, Lizette criopreservó sus óvulos a los 39 años. “La idea era detener el reloj biológico y bajar con ello la ansiedad por ser madre. De esta manera sentí que cualquier relación que llegara en el futuro se iba a desarrollar de manera normal, sin ningún tipo de presión”.

Sin esa ansiedad del ‘hijo en la cartera’, a los 41 años conoció al inglés Richard Allan. “Decidí que esta relación iba a ir paso a paso, quería conocerlo bien, con calma y fue lo mejor que pude haber hecho”.

Luego de un año de pololeo decidieron vivir juntos y en forma natural salió el tema de tener un hijo. Producto de sus óvulos congelados Lizette tuvo a Sebastián, que hoy ya tiene un año. Sin embargo —agrega— si no hubiera aparecido este ‘príncipe azul’, pensaba acudir a un banco de espermios. “Yo me había puesto el plazo límite a los 44, pero como tuve la suerte de encontrar al hombre correcto no lo necesité”.

Cada vez son más las chilenas que optan por congelar sus óvulos. Según Ricardo Pommer, jefe de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Monteblanco, hace una década las pocas mujeres que criopreservaban para postergar la maternidad tenían en promedio 40 años, hoy lo están haciendo a los 37 y a partir de los 32 a 34 años están empezando a consultar.

“Cuanto antes se congele, es mejor”, indica Juan Enrique Schwarze, Past President de la Sociedad Chilena de Medicina Reproductiva (Socmer). Esto porque si bien la calidad del óvulo comienza a decaer a los 20 años, desde los 35 esta caída se acentúa de manera vertiginosa. 

Wp-ninos-del-frio-450-2

Asimismo, a partir de los 35 años las pérdidas reproductivas aumentan en un 20 por ciento y a los 40 este porcentaje se eleva a un 55 por ciento. En el caso de las trisomías 21, a los 30 años la posibilidad de tener un bebé con Síndrome de Down es de 1 en 800, a los 35 1 en 280 y a los 40 de 1 en 97. 

El proceso consiste en estimular los ovarios para que en vez de producir un huevo en el ciclo, sean varios. Tras la ovulación se extraen los óvulos maduros en pabellón y se congelan. Estos quedan estacionados en la edad y día en que la paciente se hizo el procedimiento. 

“Por lo tanto al vitrificar óvulos se puede parar el tiempo en tres factores claves de la reproducción humana: opción de embarazo, abortos espontáneos y defectos cromosómicos”, sostiene Pommer.

Los óvulos se pueden congelar por siempre. La gran mayoría de las mujeres que realiza este procedimiento los ocupa para concretar en el futuro su maternidad. Aquellas que no lo hacen los donan para ser usados por otra persona (ovodonación) o para investigación científica.

En Chile no existe una ley que obligue a los centros de fertilidad a realizar los procedimientos hasta determinada edad. En el caso de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Monteblanco los tratamientos se hacen hasta los 49 años. “En nuestro centro una mujer que congela a los 35 años tiene una ventana bien larga de tiempo para usar sus huevitos. Sin embargo, siempre les advertimos que traten de usarlos lo antes posible por una razón netamente social. No obstante, es finalmente la paciente la que decide cuándo los ocupa”, comenta Pommer.

A la hora de descongelar gran parte de las personas llega en pareja y las que no, recurren a un banco de espermios. Son estas últimas las que más requieren de una consulta sicológica antes de concretar el proceso de Fertilización In Vitro que les permitirá ser madres.

“El objetivo es evaluar el estado de la mujer, el porqué quiere ser madre sin un padre. Nosotros no les decimos qué hacer, sino que les damos las herramientas sicológicas y conductuales que les permitan armar una historia que sea congruente con lo que ellas son, piensan, sienten y el medio social donde se desenvuelven. Lo más importante es ayudarlas en el relato o historia familiar que le entregarán a su futuro hijo”, sostiene Daniela Solari, sicóloga especialista en medicina reproductiva. 

Si bien la criopreservación de óvulos se ocupa principalmente para postergar la maternidad, también es una opción para aquellas mujeres jóvenes con cáncer que pueden ver afectado su aparato reproductor por los tratamientos oncológicos.

Entre el 2013 y 2014 Paulina Belmar vivió el periodo más intenso de su vida. Le diagnosticaron cáncer, quedó embarazada y dio a luz a un hijo. “Tenía 38 años, llevábamos tres años de matrimonio y estábamos en campaña para tener una guagua cuando en una mamografía de control me detectaron un tumor maligno en una mama. Fue una noticia muy fuerte, por decirlo simple, sin embargo traté de concentrarme rápidamente en la solución”.

Sin saber aún el pronóstico de su enfermedad, los ginecólogos que consultó le recomendaron no embarazarse hasta que pasaran cinco años. Para ella fue una pesadilla, más allá del cáncer en el mejor de los casos tendría a su primer hijo a los 43.

Su médico jamás le mencionó la posibilidad de congelar sus óvulos, sin embargo fue su oncóloga quien le habló por primera vez de esta alternativa. “Fue un alivio porque cuando pasas por un cáncer es bien estresante y si además piensas en la fertilidad ese estrés aumenta aún más. Con esta tecnología tenía a lo menos un frente controlado”.

Paulina actuó rápido. A un mes de haber recibido su diagnóstico y antes de partir con el tratamiento oncológico, congeló sus óvulos. Luego vinieron las grandes noticias: el pronóstico de su tumor era muy bueno y contaba con la autorización para embarazarse.

“La idea era ganar tiempo, así que recurrí a los óvulos congelados. Felizmente quedé embarazada en el primer intento de Fertilización In Vitro y mi bebé nació en octubre de 2014. Justo a tiempo, porque a partir de este año debo partir con tamoxifeno, que es un medicamento que ayuda a prevenir la recidiva del cáncer de mama”.

Su lección es clara: “Hay que atreverse, tener un cáncer de mama no es algo lapidario cuando se detecta a tiempo y no hay razón para renunciar al sueño de ser madre”. 

A juicio del Dr. Juan Enrique Schwarze la mayor parte de los oncólogos no les recomiendan a sus pacientes criopreservar ovocitos. “En general estos especialistas están enfocados exclusivamente en salvar la vida de la paciente, lo cual es muy loable. Pero se les olvida que gracias a ellos mismos la sobrevida de estas mujeres es buenísima, por lo tanto tienen toda una vida reproductiva por delante”.

Schwarze advierte que esta falta de información también ocurre en el cuerpo médico de gineco-obstetras. “Así como el ginecólogo le advierte a una mujer la importancia de realizarse el Pap para prevenir un cáncer cervicouterino, de la misma forma debería aconsejarles activamente resguardar su fertilidad a través de la criopreservación de óvulos. Hoy eso no ocurre. Al contrario, muchos de ellos les dicen a sus pacientes que no se preocupen porque no tendrán problemas para ser madres a los 40 años”.

“En Chile todos se sienten con el derecho de opinar en temas de reproducción”,sentencia el ginecólogo Ricardo Pommer. “Aquí es común que te pregunten cuándo tendrás hijos, cuántos hijos tienes y si sólo es uno, más encima hay que dar explicaciones. Por lo tanto muchas veces ocurre que si las personas que van a criopreservar óvulos lo socializan, son torpedeadas por sus propios pares, amigas o familia”. 

En general las mujeres que postergan su maternidad a través de este procedimiento son exitosas profesionalmente, muy instruidas y tienen amigas que ya congelaron sus óvulos. “Es una mujer estructurada y planificada que se anticipa a ciertos riesgos”, comenta la sicóloga Daniela Solari. 

Las principales razones para postergar la maternidad son darle prioridad al desarrollo laboral y/o académico, no tener pareja o aquellas que si están emparejadas, tienen un compañero que no se compromete o simplemente no quiere tener hijos. 

En estos últimos casos Lizette Roulett responsabiliza en gran parte a los chilenos. “La mayoría de los hombres de este país se aterra cuando la mujer es exitosa profesionalmente, independiente o gana igual o más plata que él. Son muy anuladores y a la larga terminan limitando y ahí está el tema: ¿te sometes a una persona así que te corta las alas porque estás desesperada por tener hijos o te das el tiempo de encontrar a alguien con quien puedas volar juntos y cumplir el anhelo de ser mamá?”.

Para Pommer el hecho de congelar el reloj biológico le da un cierto descanso al alma y —a partir de lo que ha observado en su propia consulta— se produce un efecto virtuoso : a las pacientes les va mejor en el amor. “En muchas mujeres es evidente que se les acaba el tiempo. Pero al tener parcialmente resuelto este tema las hace plantearse de manera diferente ante el grupo social o frente a ellas mismas y sin querer encuentran una pareja”. 

Lizette confiesa que si tuviera que volver el tiempo atrás hubiese tomado la decisión de congelar mucho antes. “Por más que el médico te advierte que tus huevitos están envejeciendo uno nunca presta la suficiente atención. Por eso creo que esto debería ser más masivo e independiente de la edad, uno nunca debe perder la esperanza de ser mamá”.