En este artículo hay lectores de los dos tipos, cada uno cuenta cuál ha sido el texto que los marcó a fuego. Un  puñado de historias que funciona también como una suerte de guía para este verano.

Felipe Ríos:  Una miniatura de Tennessee Williams

No recuerda con exactitud si primero fue el libro, con sus hojas de bond ahuesado o la voz de Fernando González quebrándose en algún pasaje, en el transcurso de una palabra a otra, en una sala pequeña de la escuela que el maestro dirigía en la calle Mallinckrodt, a principios de la década del ’90. Felipe Ríos ahora flamante director de la Escuela de Teatro Musical de Projazz venía llegando de Puerto Natales cuando supo de esa obra que lo conmovió hasta el alma: Háblame como la lluvia y déjame escuchar. Incluida en las obras completas de Tennessee Williams, “es un texto breve que cuenta el rencuentro de una pareja joven, no deben tener más de 35 años, en una habitación decrépita. Están consumidos por la vida. Ya no tienen fuerzas. Es una historia de abandono contada desde el corazón”, dice. Ríos ya conocía Un tranvía llamado deseo, pero Háblame… lo impactó con mayor fuerza. “Yo era súper pajarito y descubrir este texto que no es bonito ni tan feliz, que muestra una forma de vida tan común, me cambió la forma de ver el teatro”.

Libros-de-mi-vida02Juan Carlos Fau: El infierno de Houellebecq

Hay una novela que Juan Carlos Fau —fundador de las librerías Qué Leo— no tiene miedo de mencionar como un libro capital en su vida: Las partículas elementales, de Michelle Houellebecq. “Lo leí hace unos diez años, en circunstancias bien especiales de mi vida. Llevaba poco tiempo casado, había nacido mi segundo hijo y llegar a fin de mes era una hazaña. Las tarjetas de crédito estaban al límite. Sólo pagaba los intereses. Y la gente te decía puras frases de mierda, en la línea de ya vendrán tiempos mejores. Entonces apareció Houellebecq”. Las partículas elementales es una parodia sobre la vida moderna, una mirada oscura e irónica que a Fau lo sedujo por completo. “Leerlo fue balsámico, un verdadero alivio. Houellebecq te decía que la vida era jodida, pero que podías reírte de ella. Que podías bancártela. El sistema siempre te va a estar tratando de cagar, pero la vida de una rata es sortear el laberinto y llegar hasta el final. Eso te decía”, cuenta Fau, quien luego de eso y de llevar toda una vida de dependiente cortó amarras y fundó sus librerías.

Libros-de-mi-vida03Jacqueline van Rysselberghe: El hombre en busca del sentido

Es una buena lectora. Por encima de todo, le gustan los libros de historia. También los bestsellers. Pero cuando la ex alcaldesa de Concepción era una aplicada estudiante de siquiatría hubo un libro que la marcó. “Cuando debí escoger mi especialidad y opté por una sicoterapia gestáltica, leí El hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl. El libro cuenta la historia de un prisionero de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y de cómo aprende a darle un sentido al dolor. “Me llamó la atención esa idea de buscar lo positivo de la vida, lo beneficioso de no enrollarse más de la cuenta, la certeza de que los problemas son fabricados por uno mismo. Tuve la convicción de que esa filosofía era una estupenda manera de ayudar a la gente”.

Libros-de-mi-vida04Susana Roccatagliata: Lectora del dolor

Es una lectora voraz de libros que tratan sobre el dolor. Desde que escribiera Un hijo no puede morir, donde cuenta su experiencia tras la muerte de uno de sus niños, se ha convertido en una experta en el tema. Invitada a un congreso en México, conoció a Yohana García. “Una mujer luminosa”, dice. La argentina escribió Francesco una vida entre el cielo y la tierra, que ha vendido más de 150 mil copias. “Es la historia de un hombre que muere de cáncer y se va a un lugar difuso, entre el cielo y la tierra, y desde ahí revisa su vida. Es muy entretenido y tiene un mensaje de fondo que comparto: la muerte no termina con el vínculo. Al ser querido siempre lo llevas en el corazón. Mientras yo viva, él vive”. Pero no se queda sólo en ese y enumera: Muchas vidas, muchos maestros, de Brian Weiss; Vida después de la muerte, de Mary T. Browne; El hombre en busca del sentido, de Viktor Frankl; Desde mi cielo, de Alice Sebold; Déjalos ir con amor, de Nancy O’Connor. “No hay que tenerle miedo al dolor”, agrega.

Libros-de-mi-vida05Nicolás López: Elogio a Robert Rodríguez

Tenía poco más de 12 años y era un mocoso que quería hacer cine. Ya se había estrenado con unos cortos que hacía con la cámara de sus padres, pero no sabía muy bien qué le deparaba el destino. Entonces llegó a su mano un libro que lo iba  a poner de cabeza: Rebelde sin pasta, de Robert Rodríguez. “Ese libro enseñaba que lo único que uno necesita para ser director era simplemente creer que lo era”.  Ahí, Rodríguez contaba en una suerte de diario personal cómo realizó El Mariachi con menos de 23 años y cómo lo termino vendiendo a un estudio en Hollywood. Todo esto con poco dinero, mucho humor y bastantes cojones. “Ese libro fue mi biblia y el que me obligó (para desgracia de muchos) a creerme director de cine y a tomarme en serio que no hay que tomarse en serio”, cuenta el director de Qué pena tu familia.

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