“Es difícil definir La Cámpora cuando alguien no es argentino. Es tan difícil como definir el peronismo. Laura Di Marco, autora de uno de los libros sobre la polémica agrupación kirchnerista, no encuentra una respuesta concreta ante la simple pregunta que da inicio a nuestra charla. 

En el turbulento torbellino de la política trasandina, La Cámpora posee las más amplias y contrapuestas definiciones. Los grises no existen. En un país donde el gobierno y los medios de mayor alcance están en veredas opuestas, todo queda supeditado al diario que cada argentino decide leer.

Es difícil explicar algo que para algunos es tan bueno, para otros es tan malo y para nadie simplemente es.

La agrupación debe su nombre a Héctor José Campora, ex mandatario argentino que en 1973 gobernó durante 49 días. El “Tío”, como lo llamaban, puso fin a la prescripción que existía en ese tiempo del peronismo y le permitió a su líder regresar al país tras 18 años de exilio. El retorno le posibilitó a Juan Domingo Perón ser electo presidente por tercera vez.

“El ejemplo de aquel hombre leal fue recogido por un joven que aquel 11 de marzo del ’73 estaría munido, ya, de las convicciones que jamás iba a abandonar, mancomunado en el aporte anónimo de una generación que trajo a Perón. Ese era Néstor Kirchner, quien ya presidente, el 28 de diciembre de 2006, recibió de la familia Cámpora los atributos presidenciales del inolvidable ‘Tío’”, reza el sitio oficial de la agrupación que establece aquella fecha como el día de su propio nacimiento.

Años antes, en 2001, cuando Argentina estaba sumida en una profunda crisis social y económica que obligó al ex Presidente Fernando de la Rúa a abandonar el poder, La Cámpora comenzaba a tomar forma inconscientemente: miles de enardecidos jóvenes se daban cita en Plaza de Mayo en medio de violentos enfrentamientos con la policía. En su mayoría formaban parte de aquella generación excluida por el neoliberalismo de los noventa menemistas. Sin saberlo, ahí estaban quienes poco tiempo después obtendrían puestos protagónicos en la naciente agrupación.

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En este hecho cuasi fundacional concuerdan Di Marco y Sandra Russo. Esta última, reconocida periodista K, panelista del programa oficialista 678 y autora de Fuerza Propia, segundo libro dedicado a la controversial agrupación. En su editorial nos señalaron que la escritora no quiso ser entrevistada para este artículo. Del lanzamiento de su publicación se desprenden ciertas luces de lo que es La Cámpora para sectores más allegados a quienes hoy gobiernan desde la Casa Rosada.

“La Cámpora sale a la luz apoyando a un gobierno que estaba en el poder cuando la costumbre indica que las agrupaciones juveniles están en la oposición. Jóvenes que venían hace más de diez años militando, sin embargo no encontraban una conducción que peleara contra el neoliberalismo de forma atomizada. Está bueno saber que no salieron de la nada. Se sintieron en un determinado momento representados por la acción de gobierno de Néstor Kirchner”, comenta.

De esta manera, forman parte de la denominada “militancia kirchnerista” que apoya a rajatabla las decisiones del actual gobierno. Es una agrupación juvenil que busca penetrar en los barrios más necesitados, difundir y defender la palabra de su líder —ayer Néstor, hoy Cristina— y mantener en pie un armado político de ayuda social y presencia cultural. Sus estamentos son claros: “Debemos considerarnos privilegiados por la historia. Hoy tenemos que dar la batalla ideológica de todos los tiempos: un país para pocos o un país para todos”.

“A mí me encanta ese discurso pero hay mucho de relato. Entran seducidos por una arenga de justicia social, antagónicos a las grandes corporaciones que siempre han buscado un país para pocos y que han generado la pobreza y el estallido de 2001”, dispara Di Marco, quien tilda a los integrantes de La Cámpora como “los hijos políticos de Cristina” y “revolucionarios de Puerto Madero”, haciendo referencia a la pomposidad en la que viven algunos de sus integrantes.

En su última visita a Argentina, la primera de su nuevo mandato, Michelle Bachelet recibió de regalo un ejemplar de Fuerza Propia. Orgullosa, su homónima, Cristina Fernández, le entregaba la versión más “oficialista” de todas las publicaciones que hasta el momento se exhiben en las librerías. 

La entrega se dio minutos después de la conferencia de prensa en la que le preguntaron a la viuda de Néstor Kirchner si su par chilena intentó intervenir en el conflicto entre La Cámpora y Lan.

La interrogante apuntaba al impasse en el que organismos aeroportuarios argentinos liderados por integrantes de la organización kirchnerista pretendieron ponerle fin al contrato que establecía el uso de hangares para la aerolínea nacional en la céntrica terminal de Aeroparque.

De haber ocurrido el desalojo, Aerolíneas Argentinas, empresa del Estado presidida por Mariano Recalde, uno de los máximos referentes de La Cámpora, habría sido la mayor beneficiaria al quedarse con el uso casi exclusivo de dicho aeropuerto y con su principal competidor abandonando el país. La misma Cristina Fernández llegó a decir que a Recalde lo nombró ella y “no el Espíritu Santo”. 

Finalmente, Lan se quedó en Aeroparque, no exenta de problemas.

Esta es una de las tantas polémicas en las que miembros de la organización kirchnerista se han visto envueltos. Lejos de la militancia barrial, han accedido a importantes puestos en empresas públicas o a altos cargos gubernamentales. Distintos medios indican que sólo en 2013 las reparticiones públicas controladas por sus integrantes manejaron más de US$ 5 mil millones.

Así, las carteras de Justicia, Turismo y la misma Cancillería han dado lugar a esta nueva generación kirchnerista. Jóvenes provenientes de grupos de la izquierda extraparlamentaria, movimientos estudiantiles y piqueteros, hijos de desaparecidos y unos pocos del peronismo más oficial.

“Los ’70 fue una época de idealismos, mientras los noventa de Menem significaron la unión de política y negocios; en La Cámpora tenés una mezcla entre ambas décadas. Néstor Kirchner fue creciendo gracias a la unión de política y negocios. Lo hizo creyendo que él tenía un fin superior: plasmar un proyecto nacional y popular. Sus simpatizantes compran ese modo de hacer política. Lo importante es el fin, no los medios”, señala Di Marco.

Diarios opositores o el popular periodista Jorge Lanata, entre otros, han dado a conocer bullados casos de corrupción que envuelven a integrantes de la agrupación. Desde sus filas el lema es unívoco: “Clarín miente”.

“Ellos creen que las denuncias de corrupción están infladas o no existen”, acusa la autora de La Cámpora, historia secreta de los herederos de Néstor y Cristina Kirchner.

Por su parte, quien escribiera el libro que Cristina le regaló a Bachelet cree que esta constante campaña de desprestigio orquestada desde la oposición se debe a que “esos jóvenes le garantizan al kirchnerismo seguir vivo en el poder o fuera de él”. Hoy muchos coinciden en que la era K está llegando a su fin. El próximo año habrá elecciones y se ve lejana la opción de un recambio proveniente de las facciones más duras del kirchnerismo. Cristina no podrá ir a la reelección y en el horizonte electoral surge Daniel Scioli como el candidato del oficialismo. De un tono más conciliador, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires aparece como el mejor perfilado en las encuestas aunque no cuente con el  total agrado de los La Cámpora y compañía. Lo ven más cercano al stablishment.

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A Máximo Kirchner, hijo mayor de Néstor y Cristina, no se le conoce la voz. Sus apariciones públicas son prácticamente nulas, evita los flashes y no da entrevistas. El secreto a voces cuenta que él es el líder de La Cámpora. Desde las sombras maneja los hilos de la fuerza más acérrima al kirchnerismo.

Su escasa visibilidad lo ha hecho acreedor de críticas y rumores que ponen en tela de juicio su liderazgo y la influencia que ejerce en decisiones de gobierno.

Tras la muerte de Néstor, varios pensaron que Máximo aprovecharía la ocasión para dar su gran salto a la escena pública, sin embargo nada de eso pasó.

Para Di Marco, “Máximo es el sostén emocional de Cristina. Le importa su opinión. Cuando él señala a alguien dentro del gobierno, la Presidenta lo pone en observación”.

Quien sí tuvo acceso al primogénito de los Kirchner fue Sandra Russo. La entrevista forma parte de Fuerza Propia. Fue una de las pocas instancias en la que dio su visión sobre controversiales temas como la re-reelección, la muerte de su padre, el kirchnerismo y por supuesto La Cámpora.

“Se mezclaron todos los relatos sobre La Cámpora. Si íbamos por los contratos, si éramos los hijos del poder. Nos dicen soberbios. ¿Por qué soberbios? ¿Uno defiende su posición y es un soberbio, y se tiene que bancar que vengan y te insulten y te digan que todo anda para la mierda y, de esa manera, callado, uno estaría demostrando que es democrático? ¿Y qué sería lo democrático? ¿Que el que sacó el 16 por ciento le diga lo que tiene que hacer al que sacó el 54? Que digan lo que quieran, nosotros seguimos. La Cámpora no es ni dogmática ni pragmática en exceso. Esa permeabilidad nos permite seguir ampliando bases”, dice Máximo en un pasaje del libro.

Hace referencia a la mayoría absoluta que le permitió a su madre ser reelecta en primera vuelta. Una votación histórica que difícilmente el oficialismo podrá repetir poniendo así a prueba la sobrevivencia del gran bastión kirchnerista: La Cámpora.