Juan Carlos Ramos sueña con irse de Cuba. A sus 28 años, nunca ha tenido que pagar por la educación ni por los servicios de salud. Sin embargo, lo que gana como ingeniero informático no le alcanza para comer todo el mes y siente que enfrenta un futuro incierto, por lo que está decidido a partir “a como dé lugar”, nos dice Ramos, mientras se queja de lo complicado que resulta marcharse a pesar de que una reforma migratoria acabó el 14 de enero con las restricciones para viajar al exterior, vigentes durante medio siglo.

Igual que él, otros cubanos alegan que poco ha cambiado. De hecho, no ha habido una estampida de viajeros. A pesar de que la reforma era largamente esperada, hoy uno puede ver que la mayoría de los pasajeros que circulan por el aeropuerto internacional José Martí son extranjeros. Son pocos los isleños que pueden darse el lujo de armar maletas y encaramarse por los cielos. Desde que el gobierno anunció la reforma en octubre de 2012, comenzaron a aflorar planes de reunificación familiar guardados por años… Pero, hasta ahora, esta ley no tiene los efectos esperados. ¿Por qué? Sencillamente porque no se ha coordinado con otros países que hoy no quieren recibir una avalancha de inmigrantes que, además, pueden quedarse hasta dos años.

LA MEDIÁTICA BLOGUERA YOANI SÁNCHEZ VA A BRASIL este 18 de febrero. Y eso sí que marca un hito: le dieron permiso. Ni ella misma se lo creía, como admitió en su Twitter. A pesar de este caso, entre los isleños el sentimiento más fuerte parece ser el que revela Pedro Pablo Ramírez, mientras espera, igual que otros cientos, ser atendido en el consulado de Estados Unidos, frente al emblemático Malecón habanero. “Podrán viajar los que siempre han podido”, dice refiriéndose a que antes del 14 de enero “debíamos mostrar las cartas de invitación en las oficinas cubanas de inmigración y extranjería, pero eso hoy se hace ante las distintas embajadas”. Ramírez se lanzó hace algún tiempo al mar en una balsa pretendiendo alcanzar las costas de Florida, pero lo capturó en altamar la Guardia Costera de EE.UU. y fue devuelto a la isla. A pesar de ese fracaso, sigue adelante con su proyecto de partir, aunque se declara escéptico de la reforma migratoria. “En Cuba podrán viajar los que siempre pudieron. Los que no, continuarán haciendo lo posible e imposible para cubrir los gastos que implica pagar un sitio en lanchas (de traficantes de personas) con rumbo a las costas estadounidenses o comprando cartas de invitación”, dice con desazón.

Ana Cisneros también está empeñada en conseguir una visa y sabe que no será fácil. “En la medida que se ha ido conociendo en qué consiste esta reforma, uno se percata que al fin y al cabo tienes que solicitar una visa, sortear las restricciones de la ambigua ley y, lo más importante, conseguir el dinero. En eso estamos bastante limitados… Los que tenemos timbales (cojones) para subirnos a una barca, en muchos casos improvisada, lo hacemos pensando en mejorar las condiciones de vida de la familia. Nos arriesgamos porque al final de la jornada, cuando uno llega a los Estados Unidos comienza a ser una persona, tiene el respaldo del gobierno y recibe ayuda para empezar”, agrega.
El embullo (entusiasmo) inicial se disipó rápidamente porque apenas entró en vigor el cambio, Estados Unidos —que por décadas alentó a los isleños a emigrar— anunció que mantendría su política hacia la isla. Es decir, que no concederá más visas que las 20 mil que otorga cada año. Un balde de agua fría sobre miles de cubanos. Se sumó que Ecuador —el único país americano que no les pedía visa— desde el 14 de enero exige una carta de invitación para otorgarla.

“Todo fue parte de un montaje para virar la tortilla”, asegura ofuscada María Ríos, 48, quien por años sueña con dejar su tierra y ahora siente que la reforma “en esencia era un engaño. El gobierno se quitó la papa caliente de encima y las embajadas, en línea recta, copiaron la receta cubana: el que quiera visa será con carta de invitación mediante. Dime tú, ¿qué nación quiere abarrotarse de emigrados muertos de hambre? ¿Qué van a declarar los que pretenden visa cuando los citen a una entrevista (consular) ? ¿Los aceptarán cuando señalen ‘tengo el pan de la bodega, una libreta de abastecimiento y un salario de 250 pesos, equivalentes a 20 dólares?’”.

En cambio, la economista Mónica del Valle, 43, opina que la reforma es “inteligente, humana y oportuna, pues facilita el contacto familiar y elimina trabas para la contratación en el extranjero”.  Distinto piensa la arquitecta Ana Cisneros, 25 años, porque considera que era “una vergüenza” tener que pedir permiso al gobierno para salir del país. “El derecho y la autonomía al libre movimiento es algo que siempre debió haber existido y nos habían arrebatado. No creo que una persona deba pedirle autorización a nadie para viajar ni para salir de su país. Nunca lo he creído”.

Las visas son un calvario. Los cubanos han tomado conciencia de que ahora las restricciones para viajar provienen de los demás países, ya no de su gobierno. Saben que conseguir permiso de entrada será más complicado que antes de la reforma. Por ejemplo, lograr una cita para iniciar el trámite puede tomar varios meses o años en el Consulado de Estados Unidos. Y todo esto para que, al final, se otorgue a la mitad de los 40 mil cubanos que planean emigrar cada año. Por lo complicado del trámite, hay cubanos que se involucran en actividades políticas opositoras, que son ilegales, únicamente con el fin de ser admitidos como “refugiados” en otros países. Los propios líderes opositores reconocen en privado que reciben con suma cautela a todo nuevo adepto, no sólo por la sospecha de que pueda ser un agente encubierto del régimen, sino por temor a que su único propósito sea conseguir una visa.

Sólo once de los casi 200 países del mundo eximen de visa a los cubanos: Malasia, tres ex repúblicas soviéticas (Rusia, Belarús, Armenia), y siete pequeñas naciones caribeñas (Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Grenada, Saint Kitts y Nevis, San Vicente y las Granadinas y Santa Lucía). Pero los isleños no quieren irse a ellos, sino principalmente a EE.UU. o España, donde residen las mayores comunidades de emigrados cubanos. A algunos les atrae México, especie de trampolín para llegar a Estados Unidos. También ha crecido la cifra que se dirige a Canadá. El interés por Chile y otros latinoamericanos es comparativamente bajo.

Aparte de las visas, sigue siendo muy difícil financiar el viaje. Al destino más cercano y codiciado, Miami, en vuelo directo vale más de 500 dólares, monto imposible de cubrir con un salario mensual de 20 dólares. Así, pocos pueden viajar por sus medios y muchísimos necesitan financiamiento externo, de familiares, parejas o amigos. Ellos pueden acogerlos y pagar el traslado.