Emmanuel Macron, en sus 36 años de vida, ha sido un filósofo prometedor, inspector de finanzas, banquero millonario, asesor de extrema confianza del Presidente socialista François Hollande y, desde agosto, ministro de Economía de Francia.  En 2007, a los 30, se casó con su profesora de francés del liceo de la ciudad de Amiens, donde nació y creció. La mujer que se ha mantenido en un cuidado segundo plano pese a la inmensa exposición de su marido, Brigitte Trogneux, era madre de familia cuando conoció a su alumno y tiene 20 años más que él. La prensa no ha logrado captar ninguna imagen suya: su marido Manu —como se le conoce al ministro— la cuida mucho.

El español Pedro Sánchez, de 42, hasta hace poco era un desconocido para el gran público en España. Pero la carrera por alcanzar la secretaría general del PSOE —que ganó con éxito en julio pasado— lo ha llevado a posicionarse en la primera línea de la política española como líder del socialismo, que hace más de dos años no gana una elección. Lo llaman Pedro, el guapo y no le molesta. Y aunque ha reconocido su máximo interés en convertirse en Presidente del gobierno —“Quiero liderar el cambio que España merece”, dijo a El País— ha debutado rompiendo cánones con la visita a programas de televisión de entretenimiento, algo impensable para los antiguos líderes de su partido.

Los hombres son economistas exitosos, jóvenes, estupendos, con atractivas historias de vida profesional y personal y, cada uno en su estilo, parecen querer inyectarle nuevos aires al socialismo de Europa, que enfrenta complejos desafíos modernizadores en un continente que se está repensando. Los dos se definen como dirigentes de izquierda y los dos —curiosamente— han sido catalogados por parte de sus compañeros como miembros de las fracciones más liberales. De Macron dicen que es “el hemisferio derecho del cerebro de Hollande”, por llevar adelante profundas reformas y ajustes resistidos por los dirigentes más rebeldes. A Sánchez se le instala en la derecha de su colectividad, pero en el congreso que selló su elección como líder del PSOE ha intentado aclarar las dudas: “Somos la izquierda que cambiará España”. Y aunque no alzó el puño zurdo como lo hizo durante toda la campaña, cantó a todo pulmón La Internacional

El francés Macron nació en 1977 en Amiens, una apacible y bella ciudad del norte de Francia, a orillas del río Somme, donde conoció a la enigmática mujer que se convirtió luego en su esposa. Hijo de dos médicos de buena situación económica, estudió en un colegio jesuita y durante gran parte de su infancia cursó estudios de piano, un instrumento que le encanta. La enseñanza secundaria, sin embargo, la terminó en el liceo Henri VI de París, donde siempre se destacó por ser un alumno brillante. Lo corrobora su trayectoria académica. Primero se tituló en Filosofía en la Universidad de París-Nanterre —se especializó en Hegel y Maquiavelo—, donde fue asistente del reconocido Paul Ricoeur. Luego se transformó en cientista político y en 2004 egresó de la prestigiosa Escuela Nacional de Administración (ENA). Tenía 24 años cuando comenzó a militar en el Partido Socialista francés.

Wp-450-sc2

Dicen que Macron es un hombre rico y que lo consiguió en poco tiempo. Luego de dedicarse tres años a la filosofía y egresar de la ENA, se dedicó a ser inspector de finanzas. Pero en 2008 cambió la historia y se hizo millonario: lo fichó el gigante Rothschild como banquero de inversión y como director llevó adelante operaciones exitosas, como la compra de Nestlé de una filial de Pfizer por 9 mil millones de euros. La transacción le permitió lograr un gran anhelo: “La idea era protegerme financieramente. No tengo gusto por el lujo ni grandes necesidades, pero le otorgo gran importancia a mi independencia”, indicó a Liberation en 2012. Pero, ¿por qué pasar de la filosofía a un banco?: “Me encantaba la filosofía y fui profundamente feliz durante este período, pero pronto sentí la necesidad de la acción, de estar en contacto con lo cotidiano”, señaló Macron.

En esa época no sólo logró acumular dinero sino, sobre todo, contactos influyentes que le permitieron consolidar vínculos políticos estratégicos. De acuerdo a Liberation, “todo el mundo alaba sus cualidades de la juventud: una inteligencia maligna, enorme capacidad de trabajar y un tremendo talento para hacer circular tarjetas de visita más rápido que su sombra”. Después de dejar el banco y participar activamente en la candidatura de Hollande en 2011 —estaba en los equipos a cargo de los discursos y programas— el Presidente lo llevó como su principal asesor económico a su gabinete en el Elíseo. Dicen que ganaba una décima parte de su sueldo en Rothschild y que no era raro que enviara correos electrónicos de trabajo a altas horas de la madrugada. En agosto pasado se transformó en ministro.

Manu Macron ha concedido pocas entrevistas. Pero en sus escasas intervenciones públicas también ha dejado claras las razones por las que cuenta con la confianza de los empresarios de Francia, lo que es mirado con recelo por una parte del socialismo y sus críticos. Poco antes de tomar las riendas de la economía francesa, en una entrevista al semanario Le Point indicó que estaba dispuesto a autorizar que las empresas derogaran la norma que impide que sus empleados tengan jornadas semanales superiores a las 35 horas. “Permitiría salir de esa trampa donde la acumulación de derechos dados a los trabajadores se transforma en el mismo número de obstáculos para los que no laboran”, indicó el hombre que por su juventud es conocido en el gobierno francés como petit Macron.

El español Pedro Sánchez nació en 1972 en el barrio madrileño de Tetuán, una zona tradicional y, en ese entonces, de clase media. Hijo de un empleado del sector financiero y de una funcionaria de la Seguridad Social, realizó sus estudios secundarios en el Instituto Ramiro de Maeztu de Madrid, donde también estuvo Letizia Ortiz. El líder del PSOE, sin embargo, ha descartado haber conocido a la reina en aquella época. Seguramente ella lo recuerda, porque no pasa inadvertido: Pedro, el guapo mide 1,90 metro, por lo que practicó básquetbol en el Club de Baloncesto Estudiantes hasta los 21 años. Obtuvo la licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad Complutense y tras doctorarse combinó sus actividades políticas con la academia. 

Pero aunque comenzó a militar a los 21 años y había sido diputado en dos ocasiones, hasta hace poco no era un tipo conocido en España. En el programa El Hormiguero, de Antena 3, los tradicionales muñecos del espacio que tienen forma de hormiga, Trancas y Barrancas, le preguntaron si en estos meses le había tocado saludar a alguna autoridad que luego le preguntara: “Perdón, pero… ¿quién es usted?”. Visiblemente relajado y risueño, Sánchez le contestó que le había sucedido en Italia, con la ministra de Asuntos Exteriores europea. Y que las dos pequeñas hijas, Ainhoa (9) y Carlota (7), últimamente le reclaman por su explosiva y reciente popularidad.

Wp-450-soc

Casado con la discreta y estupenda Begoña Fernández, de la que poco se sabe salvo que nació en Bilbao, Sánchez habla inglés y francés, es fanático del Atlético de Madrid y es un hábil usuario de las redes sociales. Contesta personalmente los mensajes en su cuenta de Facebook y poco después del atentado en el metro Escuela Militar, escribió en Twitter: “¡Condeno el atentado terrorista de Santiago de Chile! Toda mi solidaridad con las familias, amigos de las víctimas y gobierno de Bachelet”. Porque si algo tiene Sánchez —lo que le ha valido respaldos y reproches— es un inédito despliegue comunicacional. 

Suele repetir que alguna vez fue víctima de la cesantía y que tiene a sus hijas en una escuela pública. Se deja hacer selfies con sus admiradores y durante su campaña, donde se trasladó en un Peugeot 407, se alojó en las casas de los militantes de los pueblos que visitó. Ha insistido en la necesidad de salir de Ferraz —la calle de la sede del PSOE— para estar con los pies bien puestos en el día a día. Pero al margen de puesta en escena, Pedro, el guapo tiene importantes desafíos políticos: propone liderar un nuevo impulso modernizador del socialismo español, similar al que encabezó Felipe González en 1982, con la ayuda de las clases medias y trabajadoras. Y considera que el primer problema de España es la desigualdad, por lo que defiende a rajatabla el Estado de bienestar que desarrolló en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Su primera prueba serán las próximas elecciones municipales y autonómicas de 2015. Y la segunda, su camino a La Moncloa: “Nunca he tenido miedo a competir, aunque me complique la vida”. Una ambición similar a la de su compañero de ideología y generación, el francés Emmanuel Macron. No lo ha dicho, pero resulta evidente: quiere llegar a liderar el Elíseo. Un amigo suyo lo señaló hace dos años a Liberation: “Estoy seguro de que, en el fondo, él sueña con ser presidente de la República”. Como ministro de Economía a los 36 años y millonario, seguramente la ambición se ha fortalecido.