La Negra, como la conocían en la UDI, siempre tuvo que armarse de coraje para sobrevivir en pleno epicentro político de la UDI. Morena, de figura menuda y la piel marcada por algunos estratégicos tatuajes, llegó a la emblemática casona de Suecia 286 tras haber trabajado con dos gigantes del partido: Pablo Zalaquett —a quien define como su padrino político— como periodista de la alcaldía de La Florida, y con Pablo Longueira, de quien fue su jefa de prensa en la senatorial por Santiago Oriente en 2005. Ese mismo año arribó a la sede de la UDI recién finalizado su prenatal y cuando no cumplía un año de casada.

Así comenzó lo que ella reconoce como la experiencia laboral más compleja de su vida, donde, asegura, vivió puertas adentro el elitismo, el machismo, la discriminación y el doble estándar e incluso irregularidades dentro del partido fundado por Jaime Guzmán. Eso sin contar con un fisurado ambiente interno, donde siempre vio fuerzas en disputa. “En cuanto llegué me di cuenta de que el clima era muy malo, que nadie tenía relación con nadie, que tampoco existía una orgánica sino que cada cual se movía para satisfacer a los directivos”.

Por entonces la presidencia de la UDI estaba en manos de Hernán Larraín, con Darío Paya en la secretaría general. “Pero entre ellos no tenían comunicación. Era evidente que existía un quiebre y el ambiente era bastante desagradable. Dos personajes de mundos muy distintos: Hernán Larraín, un caballero, dócil, educado; le decían Lord Larraín. Y Darío Paya, un personaje bastante raro, por decir lo menos… El era parte de las tropas de Jovino, quien en el fondo siempre fue y ha sido el verdadero líder de la UDI, el mandamás en las sombras. Y a Hernán Larraín lo tenían muy solo; nunca lo consideraron un UDI, no era parte de los Coroneles ni estaba en la cúpula que manejaba al partido”, dice sobre el hombre que hoy, precisamente, ha vuelto a encabezar la tienda de Suecia en uno de sus momentos más duros, cuando varias de sus figuras —entre ellas el propio Jovino Novoa— han sido formalizadas por la Fiscalía en el marco del Caso Penta.

“La UDI siempre estuvo dividida entre dos poderes: Pablo Longueira y Jovino Novoa”, asegura Lily. Y describe a cada cual como el “corazón y la cabeza”, como “alma y mente”, las dos fuerzas que pugnan y priman dentro del Partido y que, despectivamente, a nivel interno se dividen entre Pungueiras y Jovinistas. “Para mí nunca fue una ofensa ser una pungueira; éramos los que partíamos de abajo, los que no veníamos de la Católica, los que no éramos rubios ni de ojos azules”, dice esta mujer quien hasta hoy se declara militante de la UDI. Y explica: “Porque Pablo movilizaba a las bases. En cambio Jovino es pura frialdad, estrategia, cálculo… Pablo se relacionaba con el mundo popular, con los sindicatos, las poblaciones; Jovino con la elite; traía a los jóvenes de la Fundación Jaime Guzmán o de la Universidad Católica para sumarse al partido. Y finalmente era él quien designaba a los candidatos”.

—¿Cómo dos personajes tan distintos podían coexistir?

—No había convivencia. Te doy un ejemplo: desde que llegué al partido, Jovino siempre tuvo su escritorio en el segundo piso, e incluso como senador mantuvo a su equipo trabajando ahí. Pablo Longueira, en cambio, nunca tuvo oficina. Los presidentes de partido una vez que terminaban su período se instalaban en una segunda casa que hay en el mismo terreno, más hacia Lota. Pablo ahí tampoco contaba con un espacio. Porque Novoa designaba, incluso los autos que podían ingresar al estacionamiento.

Wp-Jovino-3
—¿En qué radica el poder de Novoa?

—Es uno de los recaudadores de lucas más importantes y el que paga las cuentas. Eso más todo el poder que él logró a través del tiempo. Por lo mismo es que muchos le temen… Los que quieren ser candidatos y no han sido tocados por la varita de Jovino, le tienen miedo. El único que lo enfrentó, entre comillas, fue Iván Moreira, durante las pasadas senatoriales; Iván competía por Santiago Oriente contra Ena von Baer, una de las regalonas de Novoa, y ya había gastado toda la plata haciendo campaña, pero Jovino lo cambió de circunscripción y lo mandó al sur. Moreira estaba indignado. ‘Estoy cansado, chato de que este gallo crea que puede hacer lo que quiere y ponerle la pata encima a quien quiera. Voy a dar la pelea’, decía. Igual tuvo que irse y sin un peso, más encima. Ahí Ernesto Silva le ofreció apoyar su campaña y conseguirle recursos a través de Penta.

—El raspado de olla famoso.

—Exacto. Y Jovino, que es muy cercano a los señores de Penta, se indignó. Cómo era posible que tuvieran que financiar a este pelotudo, porque usaba esa clase de términos para referirse a Moreira… Pero la estrategia de Silva consistía en callarlo y cuadrarlo con el partido, porque Iván siempre fue visto como un vociferante, un personaje muy ruidoso.

Eso mientras que José Antonio Kast, María José Hoffmann, Ena von Baer, Arturo Squella, Jaime Bellolio, Javier Macaya y el propio Ernesto Silva constituían el grupo de los favoritos de Novoa, según pudo ver Lily Zúñiga a lo largo de esos años.

—¿Qué relación mantenía con Evelyn Matthei? Ella siempre dijo que se sentía el negrito de Harvard dentro de la UDI, que no la tomaban en cuenta. Pero en 2013 fue candidata presidencial.
—Ella es la mujer odiada de la UDI. Los comentarios son del tipo: “esta mujer está loca, no hay que pescarla, cómo la callamos”. Hay un constante control sobre su imagen. La odian, pero al mismo le temen porque es visceral. Es que ella tiene una inteligencia intelectual increíble, pero una inteligencia emocional bastante cuestionable.

—¿Cómo se explica entonces que los únicos candidatos presidenciales de la UDI hayan sido precisamente Longueira y Matthei?

—Pablo reventó las encuestas. Ganó la primaria ante Allamand y luego cayó en desgracia (dice sobre la depresión que lo dejó fuera de combate). Y cuando eso pasó en la UDI lo primero que pensaron fue que no podían darle la oportunidad a RN. Y Evelyn fue una carta rápida. No pesó que fuera mujer o hija de un general, para equiparar a Bachelet. Lo que movió y siempre ha movido a la UDI es su rivalidad con RN, les dicen los ranas…

—¿Efectivamente la bajada de Longueira se debió a una depresión?

—Sí, creo que sí. Trabajé con él en la senatorial y luego en las primarias presidenciales contra RN. Pero en esta última me encontré con un hombre cansado. El es súper intenso y me llamó la atención verlo a veces con la vista perdida, totalmente ido. Creo que se conjugaron muchas cosas: estaba agotado, tenía un hijo muy enfermo, había que viajar mucho y por la demanda física y emocional, de pronto hizo cortocircuito.

Lily se enteró a través de la prensa que Longueira bajaría su candidatura. “Fue súper desagradable. Pablo había ganado las primarias y nos tomamos cuatro días libres, para descansar. El quinto día me llamó Joaquín Lavín, su jefe de campaña, para decirme que convocara a una conferencia de prensa, pero no me podía decir por qué… Se escuchaba pésimo a través del teléfono. Insistí, pero no quiso contarme. Cuando estábamos en el partido esperando a que se diera inicio a la conferencia, una periodista que venía de La Moneda, me dijo alarmada: “Dime que no es verdad que se baja Longueira”. A los diez minutos llegó Joaquín con Gonzalo Cordero y los hijos de Pablo. Ahí contaron que el candidato estaba con depresión y leyeron una carta. Fue heavy para la UDI. Y a Pablo su mujer le puso un ultimatum: la política o la familia.

—Sin embargo, él ha tenido algunas apariciones en lo que va del año. Da la impresión de que quisiera volver.
—Tiene una contradicción. Cuando estalló el conflicto de Penta, él volvió al ruedo interno y empezó a tomar un rol activo. Estaba preocupado. Incluso se especuló que iba a asumir la presidencia. Pero seguramente la Chichi le apretó el freno y claramente le exigió no volver.

wp-Lil-2

Tras nueve años en la UDI, para Zúñiga la visión es clara: el gremialismo es una bestia de dos cabezas, que pugnan entre sí y que se está destruyendo. “Dicen que su sello es el servicio público pero sólo se dedican a hacer política y a defender intereses particulares, no a la sociedad. Cuando armaba una pauta sobre las AFP, me decían: acuérdate que no nos podemos meter ahí. Tampoco se podían tocar las isapres ni nada porque según ellos les podía traer problemas. Eso limitaba mi trabajo porque no se podía entrar en los temas que a la gente le importaban y que, se supone, ellos debían resolver”.
Un doble estándar que, según esta periodista, se aplicaba también en el trato cotidiano: “Las mujeres que cumplían con el perfil UDI eran tratadas de una forma y, las que trabajámos ahí, de otra. José Luis Uriarte (ex presidente de la juventud UDI), de repente me decía: ‘Tan seria, parece que te falta…’. Pero se transformaba en un caballero que no decía ni un garabato cuando según él ‘había señoritas presentes’… Cuando ibas por el pasillo y ellos estaban en reunión te decían: ‘oye, tráeme un café’. Ninguno se podía parar…”.

Cuando en 2014 Ernesto Silva asumió la directiva, Lily decidió que era momento de partir. “Fui súper honesta. No estaba de acuerdo con lo que él representaba y se lo dije… Un grupo a los que internamente llaman los Illuminati, personajes de apellido rimbombante y que creen que todavía hay esclavos y que los demás no existen o no tienen opinión. El representa el profundo elitismo que hay dentro de la UDI”.
Lily no se olvida cuando hace unos años recurrió a él como un contacto para matricular a su hijo en el Verbo Divino. “El colegio me quedaba cerca de la casa, pero mi marido es protestante, yo no soy católica y no estamos casados por la Iglesia, es decir, cero perfil. Cuando recurrí a él, me contestó: ‘Necesito que me entregues una carta con tus antecedentes familiares, quiénes son tus abuelos, de dónde vienen, dónde estudiaron, tus papás quiénes son…’. Mi marido estaba indignado”.

En sociedad con Gonzalo Cornejo —experto en comunicaciones y reconocido hombre de Longueira— Lily formó una empresa de asesorías políticas. “Pero la sociedad duró sólo unos meses, al final él tiene las mismas mañas que todos en la UDI…”. En enero de 2015 comenzó un nuevo emprendimiento, esta vez con otros clientes, entre ellos los parlamentarios UDI Issa Kort y Felipe De Mussy. “Empecé a funcionar en marzo y la escoba se desató en abril cuando mi nombre se filtró entre una lista de figuras que el fiscal llamaría a declarar en calidad de imputados en el marco de la investigación por el Caso Penta. En el partido nadie me llamó para preguntarme si necesitaba algo… Luego me contactó Patricio Melero, quien era presidente de la UDI cuando entregué las boletas; me recomendó que no declarara, que me quedara callada, que siguiera la misma estrategia de Jovino… Ahí dije plop, o sea que me estaban diciendo: usted calladita y seguimos siendo una gran familia”.

—¿Cómo llegó a involucrarse en este caso?

—Un día me llamó Marisol Cavieres, la secretaria de Jovino Novoa, y me dijo que el senador necesitaba que hiciera una boleta. Internamente era muy bien visto que te lo solicitaran, era como un voto de confianza, que estabas dentro del círculo. Ni siquiera me lo cuestioné.

“¿Así que te vas a echar encima al viejo…?”
le dijo una amiga abogada cuando Lily le contó que declararía ante el fiscal por consejo de su abogado, Jaime Silva (reconocido profesional quien llevó el Caso Zamudio y opositor a la UDI). “Ahí me di cuenta en lo que me estaba metiendo”. Y empezó lo peor: “Presionaron a mis clientes; les decían que no podían estar conmigo, que yo era una traidora. Buscaron la manera de quitarme piso en las declaraciones que había hecho ante el fiscal. Nunca fui amenazada directamente, pero sí la gente que estaba relacionada conmigo. A un amigo que trabaja en la casona de Suecia, a quien vieron conmigo cuando me lo encontré casualmente a la salida del gimnasio, lo llamaron a los minutos del partido para retarlo… Mis ex compañeros de trabajo se contactaban conmigo a través de mensajes que después se borraban… ¡Basta, si yo no maté a nadie! Simplemente he actuado según mis convicciones”.

Wp-Lanegra-2

Muy pronto Lily publicará un libro con su experiencia. Imputada se llamará, y promete desclasificar el revés y derecho de la UDI tras nueve años trabajando con ellos. “Lo hice a sugerencia del sicólogo, porque me deprimí. He trabajado toda mi vida y de un minuto a otro me encontré con todas las puertas cerradas. Además mi marido estaba trabajando en Penta y quedó sin pega. Llegó un minuto en que los dos estábamos en la casa, mirándonos las caras”.

Para Lily el libro representa el cierre de un ciclo, transparentar lo vivido luego de meses en que, presa del miedo y la inseguridad, en que no se atrevía a salir de su casa. “Estuve escondida aquí mucho tiempo. Hasta que conversando con unos amigos, mucho más reposada después de la ira, la rabia y la pena, decidí que era sano decir lo que pienso, ¿qué más me van a quitar?”.
Con una estructura de seis capítulos, la periodista promete contarlo todo: “Las irregularidades que vi, la forma de vida que tienen algunos de los personajes, sus dobles estándares, el rol de la mujer, y algunas denuncias sobre malas prácticas que probablemente lleguen a la Justicia, como maletines, algunos sobres con plata que entran libremente a los bolsillos. Quiero generar conciencia; éste es el minuto. Tenemos que abrir los ojos porque nuestros políticos no nos están representando. Empoderarnos no solamente en las calles sino que también con el voto. Llegó la hora de decir basta”.

“Sabía que emitir boletas era habitual, todos manejaban sus talonarios. Me involucré en el tema cuando encontré el talonario de boletas de Claudia Vera, parte del equipo del departamento de prensa, en un cajón y pregunté por qué había un talonario allí. La respuesta fue: “Hay parlamentarios que piden boletas y es mejor tenerlas a mano que no tenerlas o te pierdes el 10 por ciento”.
“Cuando Marisol Cavieres, secretaria histórica de la UDI, me llamó para pedirme una boleta, con genuina curiosidad pregunté para qué. Ella me contestó que la había pedido ‘don Jovino’, aludiendo a Jovino Novoa, ex presidente y senador de la UDI. En definitiva, Jovino Novoa es el bigboss de la UDI y yo no era nadie para decirle que no”.

“Marisol era muy complicada y arribista. Manejaba el dinero de los jefes máximos. Ella elegía desde quién emitía boletas hasta qué habitación usabas en el hotel en un consejo. Cuando me pidió las boletas éramos muy amigas. Luego, tuvimos una ruptura muy fuerte y nunca más emití un documento. Entré a un círculo de confianza y luego fui sacada por ella”.
“Cuando explotó el Caso Penta, Marisol andaba con un maletín que tenía todos los documentos. La idea era no dejar registros si la justicia incautaba los computadores”.

“Siempre hubo pequeños detalles que capturaron mi atención y que con el tiempo, fui observando con mayor altura de miras y vi una gran similitud con esas películas donde el protagonista es un espía ruso o un agente encubierto. Por ejemplo, secretarias portando documentación en un maletín que nunca soltaban y del cual jamás se alejaban. Un maletín desgastado, de cuero ya rasgado por los años de guardar secretos. Documentos y parte de una historia que no cualquier mortal conocía.

También están los miles de sobres que manejan las oficinas. Existían tres tipos: los que portaban el logo del partido, el del Congreso y los que venían en blanco. Estos últimos no eran enviados por correo, sino por mano, directamente al destinatario. Siempre a mal traer, arrugado y presionado por la cantidad de billetes que portaban. Si alcanzaba, se doblaba para tratar de que la mano cubriera su contenido y en ocasiones, esa misma mano ingresaba al bolsillo del receptor quien, con una mirada y una pequeña sonrisa, confirmaba que el mensaje había sido muy bien recibido”.

“Cuando se escucha el nombre de Jovino Novoa muchas sensaciones se vienen a la cabeza… Para los que lo conocimos, era un tierno señor con hermosos ojos azules, de tono tenue y voz cálida. Siempre un caballero, de impecables trajes, pero ¿por qué generaba tanto rechazo? No fue necesario mucho tiempo para saber quien era”.

Jovino Novoa Vásquez, denominado por los medios como el “hombre fuerte de la UDI”, internamente era conocido como “El Padrino”; este icónico personaje del cine que manejaba todos los hilos de su negocio sin moverse de su lugar y sin despeinar un solo cabello de su perfecta cabellera blanca. En resumen este es el señor Novoa. Un hombre frío, calculador, inteligente, ambicioso y amante de su poder.
Una hermosa, pero clásica oficina guarda sus rabias, penas, desilusiones, planes y estrategias y secretos. Muchos han desfilado por allí buscando ser ungidos, pero solo “los elegidos” no han sido rechazados.

Siempre acompañado de bellas mujeres que hacían de él la imagen perfecta del poder encarnado en un hombre.
Claramente un líder, pero uno sin corazón, sin emoción; si alguien se cruza en su camino, busca eliminarlo a toda costa. ¿Ejemplos? Gonzalo Cornejo, Iván Moreira y Pablo Longueira.

Las celebraciones tomaban otro peso cuando el “jefe” se hacía presente. El decidía si se hacía o no una fiesta, aun cuando el presidente de turno tuviera otra opinión. El era y es la última palabra. Claramente todo cubierto por ese manto de imagen cándida y dulce voz, que esconde a un verdadero lobo vestido de oveja”.