Cuando se pensaba que la derrota electoral de la derecha terminaría con una crisis en la UDI, y que la Alianza sacaría los cuchillos largos en contra del gobierno y de Sebastián Piñera, el verdadero terremoto se desató en Renovación Nacional. Un conflicto interno larvado que según la senadora de esa colectividad Lily Pérez, se viene arrastrando por años, y que explotó con las declaraciones de Andrés Allamand, quien responsabilizó al Presidente por la derrota de Evelyn Matthei y la pérdida de un millón y medio de votos. Estas palabras cayeron como bomba en el ala ‘piñerista’: desataron la amenaza de renuncia de ministros-militantes y la partida de los parlamentarios Karla Rubilar, Joaquín Godoy y Pedro Browne (se suman a las de Antonio Horvath, Carlos Cantero, Gaspar Rivas y Roberto Delmastro). A esta fuga se sumó la propia Lily, que dice sentirse “profundamente defraudada” con ese partido al que llegó a los 24, atraída por su ideología comprometida con los derechos humanos, amplitud social e ideas liberales. “Todo eso se perdió con los años”, asegura con un dejo de rabia y dolor.

La senadora por la V Región esperaba que tras la reciente renuncia de tres diputados, la mesa dirigida por Carlos Larraín reaccionaría, haría una autocrítica, reconocería los logros de La Moneda y enmendaría el camino. “¡Pero no!, sólo se han dedicado a patearlos en el suelo. Tampoco han parado de agredir a La Moneda, lo que fue nefasto e influyó en la derrota, al punto que están preparando un documento en su contra para presentarlo en el Consejo General. Por eso no invitaron a ministros. Ahí, señalarán además que ‘los que se quieren ir, ¡que se vayan!’. Ya no van a cambiar… Sólo culpan al resto, ¡cero autocrítica!”.

Reconoce que es difícil partir después de 25 años. “Es una decisión dolorosa… He dado la pelea mucho tiempo, pero por las reacciones que he visto, me da la impresión de que no hay nada más que hacer… RN perdió su estructura ideológica. Se quedó atrás en la manera de enfrentar la política y los cambios de la sociedad, no se dieron cuenta de que Chile cambió”.
Prueba de ello son los dichos de Miguel Otero —que los hijos fuera del matrimonio o de madres solteras tendrían menor coeficiente intelectual— “¡son aberrantes!”, asegura. “Sin embargo, RN no sólo no declaró que no los representaba, sino que ¡lo defendió! Es una ofensa… Imagínate cómo me sentí cuando he impulsado leyes en favor de la mujer: femicidio, hijos ilegítimos, píldora anticonceptiva, beneficio a las deudoras habitacionales”.

—¿Fue la gota que rebasó el vaso?

—Es una sumatoria; lo principal es que RN dejó de ser lo que era, se apartó de su ideología, con una máquina interna donde sólo votan algunos, sin registro de todos sus militantes. Y cometió el gran error de no plantarse como un partido sostén del gobierno, sino más bien como uno crítico, y eso es nefasto. Muchas cosas se pudieron hacer mejor, pero por qué hacerlas públicas. ¿Qué necesidad había de incendiar todos los lunes los comités políticos?, ¿dejar que la directiva golpeara constantemente al Presidente? Al final, se vio que las motivaciones eran por odiosidad a Piñera más que jugárselas por un proyecto colectivo.

—¿Cuánto ha pesado además el factor dinero, que unos pocos financien el partido?
—Que los partidos políticos no tengan financiamiento público hace que los que ponen la plata, ponen la música. En muchos genera dependencia hacia quienes ponen los recursos y los priva de libertad, sobre todo al momento de votar una ley.

—¿Es lo que ocurre con Carlos Larraín y sus dirigidos como Andrés Allamand y Manuel José Ossandón?
—No sé si los financia, solo puedo decir que cuando el poder del dinero desvirtúa la ideología de una colectividad, el dueño de la plata termina manejando la máquina interna, que funciona impidiendo el ingreso de jóvenes, no promueve a sus mujeres y corretean a profesionales exitosos; ¡yo lo he visto! Desgraciadamente a RN se la comió esa máquinaria…

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—¿En qué se convirtió?
—En un partido de individualismos, de egoísmos, de feudos personales; un club de Toby donde los muchachos se pegan codazos y se eligen entre ellos para cargos. En estos últimos ocho años Renovación Nacional se derechizó en lo valórico, en lo económico. Cuando hace dos años voté en contra del lucro con fondos del Estado, fui súper atacada. Hicieron un consejo ampliado defendiendo el negocio en la Educación, ¡con varios de ellos vinculados! Incluso El Mercurio me dedicó dos editoriales muy odiosas, diciendo que yo había vulnerado los principios del sector… RN nunca había dejado sin espacio a los liberales. Cuando presidió Alberto Cardemil o Sergio Diez —muy conservador— había respeto, jamás se atacó un pensamiento ni hubo descalificaciones. Ahora es otra cosa; yo lo he vivido, he sido profundamente maltratada en RN, al igual que varios. Insisto, nos cambiaron la naturaleza del partido, y muchos solidarizan callados por miedo de irse en contra de la maquinaria. Nadie quiere pelear.

—¿El responsable es Larraín?
—Al sistema que se impuso, de representar intereses, donde el valor de tener es más importante que el de ser. Renovación siempre fue de clase media, sin embargo, hoy votan en contra de los proyectos que la benefician. Lo del lucro marcó para mí un antes y un después… Ha sido duro, estos años debí manejarme con fuerza e inteligencia. Lo más fácil sería quedarme, hacer lo mío y dar la pelea desde adentro, pero son años de lucha y el desgaste es infinito. Al final lograron lo que querían: quedarse con el control del partido.

—Dijo que el gran error de RN fue criticar al gobierno, ¿pero cuánta responsabilidad también tiene el Presidente no considerarlos?
—Si los partidos esperaban gobernar desde La Moneda, estaban en un profundo error; es no conocer a Piñera. El siempre fue un senador y candidato autónomo. La Alianza debió tener profesionales y técnicos competentes en caso de que se necesitaran, pero ¡hasta cuándo creer que el gobierno es una bolsa de trabajo!

“Allamand, Ossandón, Larraín y los críticos del gobierno no entienden que éste generó un patrimonio para nuestro sector; hoy tenemos un piso de 38, 40 por ciento. Fue Piñera el que logró el 53 por ciento, por eso es errado el análisis de Andrés (Allamand) de que perdimos un millón y medio de votos. La pregunta es otra: ¿por qué él (Piñera) logró atraerlos? Cuando son votos prestados, hay que trabajar distinto, y la manera no es hablando en contra del gobierno en cada región, plaza y comuna. Los conflictos eran la noticia. Y en la campaña presidencial, lo mismo; Evelyn tenía ideas formidables, pero los titulares eran que Ossandón no se sacaría fotos con ella, que Allamand se fue de vacaciones, que Carlos Larraín no sé qué… ¿Cómo pones en agenda un gobierno o candidatura con tantos flancos abiertos?”.

—La crítica ayuda a generar debate.
—No hay que confundir el debate público con la destrucción, lo que ellos hacían era destructivo. El liderazgo es para construir, y se prueba en los malos momentos. No es una crítica política decir que Piñera se dedicó a enriquecerse durante la dictadura militar; eso es ataque personal.

—Sin embargo, algunas denuncias de Allamand, como el alejamiento de los partidos y el exceso de expectativas, fueron asumidas por el Presidente.
—No, él no reconoció ningún ataque. Escuchar a Allamand me dolió y extrañó porque en la primaria decía que quería ser el continuador de Piñera, y apareció en publicidades con él; no entiendo sus motivaciones. Cuando entré a RN Andrés era secretario general, muchos lo mirábamos como un referente… Y en estos últimos años lo vemos convertido en alguien que no ayuda a construir nuestro proyecto.

—¿Qué pasó con él? Matthei aludió a su carácter y dijo que fue perdiendo a sus amigos. De hecho usted era súper ‘allamancista’.
—Sí, y me la jugué por él en las primarias; en mi región ganamos. Teníamos sintonía en muchos temas. No sé qué le pasó…

—Hinzpeter explicó su reacción como síntoma de “amargura” y Piñera, de la “ofuscación”, ¿por qué podría estar enojado?
—No sé, pero creo que en política nunca hay que anteponer los dolores o cuentas personales por sobre los proyectos, y varios han caído en eso. Lo que une a los críticos de Piñera es su odiosidad hacia él; algo que viene de hace mucho y se fortaleció cuando salió Presidente.

—¿Habla con Allamand hoy?
—No… La última vez que lo vi fue para la segunda vuelta…

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Su partida agudizaría la crisis en RN. La seguiría Alberto Espina, y después del 11 de marzo, cuando Sebastián Piñera entregue el mando, se especula con la renuncia de los ministros Rodrigo Hinzpeter, Bruno Baranda, Cecilia Pérez, Jaime Mañalich, y varios otros. “Rescato a muchos diputados, alcaldes, concejales; ahí hay una base de personas muy valiosas; es lo que me ha retenido en este partido que hoy desconozco. Cómo reaccionaron cuando el Presidente cerró el Penal Cordillera, si los que estaban ahí ¡eran criminales! Con la Ley Antidiscriminación también fue brutal. Pelear años por ella, para que cinco de ocho senadores nuestros ¡votaran en contra!, argumentando que era una puerta de entrada al matrimonio homosexual. ¡¿De qué estamos hablando?!, si la discriminación la sufren los discapacitados, por religión, orientación sexual… No pido que voten a favor, pero ¡¿por qué atacarme si pienso distinto?! Me dijeron que como no soy cristiana, no lo entiendo. Con ese trato y diferencias ideológicas claro que me pregunto ‘¿qué hago aquí?’”.

—¿Y está preparada para partir?
—Tengo esperanza en lo que viene. Esto me apasiona, estoy aquí por servicio público, no heredé lo que soy; ¡me lo gané! Y seguiré en esto. La gente me da ánimo; eso me ayudará a tomar la decisión. “Haga lo que tenga que hacer”, me dicen, lo que me da fuerzas. Algunos dirigentes, incluso, están dispuestos a partir conmigo. Si me voy, no pediré a nadie que me acompañe.

—¿Se sumará a Amplitud?
—Me interesa una centroderecha moderna, justa, en contra del lucro y liberal. Por ese proyecto trabajaré desde donde sea. Quiero ayudar a recuperar el gobierno en cuatro años. Ojalá cambiar el Binominal; permitiría nuevas alianzas.

—Según Manuel José Ossandón, la idea de estos nuevos referentes es debilitar a Renovación y potenciar a Piñera para el 2017.
—¿Viste?, ¡de nuevo Piñera! Todos los ataques lo revisten de críticas por ese odio. Piñera llegó al gobierno, le tenemos cariño, pero ya fue Presidente. Veo tan fuera de lugar que hablen de cuatro años más, lo hicieron durante la presidencial. Si Evelyn fuera hombre no lo habrían hecho.

—Ossandón participó en la campaña de Piñera, hasta que —según cuenta— el Presidente nunca más lo escuchó ni recibió.

—No puedes estar en política porque pescan o no tus ideas, ¡ridículo! Es demasiado autorreferente; o sea, si el mandatario no me escucha o da un cargo, ¿le pego públicamente? Son los egos de RN, nadie quiere estar en tercera fila, todos quieren ser ministros y ahora presidentes. No logro entender esa ambición por serlo en un país como Chile, con conflictos sociales, vaivenes económicos y con estos partidos. Insisto, esta ambición, personalismo y ego destruyeron RN.

—Se hablaba de cinco presidenciables en la bancada de senadores RN, incluida usted.

—Será muy complejo tener personas con egos tan grandes. Yo tengo cero ambición; ni ahí. Soy joven, lo paso genial con mi marido, hijos, padres y amistades; no es tema.

—¿Qué le gustaría que pasara con RN?
—Un remezón fuerte, que se fueran los que están. Han dicho que se van, y ya llevan ocho años. Aseguran que no quieren más reelección de parlamentarios, y se reeligen cada dos años con el argumento de que las bases los escogieron, ¿qué bases?, ¡si tienen la máquina! Me encantaría que abrieran los registros internos, que los que quieren ser militantes, se puedan inscribir. Conozco inscritos hace dos años que aún no aparecen, y la excusa es lo ‘lento del proceso’. Habría que hacer un plebiscito, con un militante un voto, y preguntarles si quieren matrimonio igualitario o AVP, si sacar o no de la declaración de principios la gesta heroica del 11 o si es la mujer que debe cuidar a los hijos. Es la manera de saber en qué partido estamos.

—Carlos Larraín dijo que regresando el Presidente al partido, se detendría la crisis.
—¡Por favor!, si lo han pateado cuatro años, ¿tú querrías volver? Hubo un daño a su imagen… Es cosa de él, pero no creo…

—¿Influyó en la derrota presidencial tanto ataque al mandatario?
—No es lo único, pero fue lo que primó. No hubo unidad. Había que trabajar juntos, apoyar y tragarse lo que no gustaba, pero no entendieron lo que había en juego. También hubo responsabilidades del gobierno, porque estas cuestiones son compartidas…

—¿Qué culpa le cabe a La Moneda?
—Nunca las diré en un medio; las he dicho donde corresponde. Solo sé que si hay algo que socava los gobiernos es el cuoteo de cargos con los partidos.

—De concretarse la seguidilla de renuncias, ¿qué pasará con RN?
—Probablemente se convertirá en un partido de derecha muy conservadora que no quiere heredar ningún legado del gobierno del Presidente Piñera… Me gustaría que Renovación hiciera una autocrítica, ¡se le fueron siete parlamentarios! El consejo del 18 es crucial. Todos los últimos han sido de críticas. Tengo sentimientos encontrados; a veces creo que van a entender que muchos queremos estar ahí, pero nos han hecho imposible quedarnos. Pero también siento que hay indiferencia con lo que pasa, que lo único importante es controlar la máquina. Insisto, mi meta es ganar el gobierno en cuatro años más, con el candidato que tenga mayor sintonía con la ciudadanía…

—Todo apunta a que será Sebastián Piñera.

—Y si fuera Piñera, ¡¿qué?! Siempre seré una persona del proyecto, de la causa. Para tener alguna posibilidad, la derecha debe tener una crisis total, ¡tocar fondo! Si de mí dependiera, pondría en primera línea a las nuevas generaciones, que los otros dieran un paso al costado y se reconociera que el gobierno fue un tremendo activo para lo que se viene.