Las famosas ‘posadas’ en Formentera, esa tradición que instalaron los Borbón para dejarse fotografiar por la prensa real durante los días de descanso, pasaron a segundo plano. Ese momento, donde las infantas Leonor y Sofía, sonríen con sus mascotas y vestidos de verano, fue un destello fugaz de la aparente calma que significa agosto en la agenda de la familia real. Nada tuvo más cobertura ni concitó más atención que la visita relámpago de Felipe VI y Letizia a Cataluña luego de los atentados de Las Ramblas, una acción que fue vista por el mundo como una señal de unión y defensa.

Los actos terroristas, reivindicados por el grupo islamista radical Estado Islámico (EI), dejaron quince muertos y un centenar de heridos luego de que una camioneta arrasara con todo lo que se cruzaba en su camino en el punto urbano más céntrico de Barcelona. Ese mismo día y con una diferencia mínima de horas, otro vehículo mató a una mujer e hirió a seis personas en la localidad turística de Cambrils, situada a unos 100 kilómetros al sur de la Ciudad Condal. Para nadie es un secreto que Cataluña es un lugar histórico en la resistencia de las comunidades ibéricas frente a la monarquía, un ejemplo de autonomía con poder económico que ha sido vista con atención por otras comunidades potentes, como el País Vasco o Galicia.

Desde que la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín se casaron en 1997 en la catedral de Santa María del Mar, rodeados de los antiguos muros medievales de la ciudad de Barcelona y a pocas cuadras del lugar de los atentados, no se había visto otro gesto igual en tierras catalanas. Ese momento del pasado, que levantó simpatías y odiosidades, finalmente quedó como un acto desesperado de la monarquía para mantener una España unida de cara al futuro.

Pero esta vez las cosas estuvieron del lado de la Corona. Como nunca los reyes Felipe y Letizia eran recibidos con ovación por un pueblo que, lejos de las diferencias históricas, veía a una pareja soberana que expresaba solidaridad y sobre todo encarnaba la unión en una España frágil frente al terrorismo mundial.

Participaron de los actos de homenaje a las víctimas en Barcelona junto al presidente del gobierno español, Mariano Rajoy. Luego visitaron los hospitales de Barcelona y Cambrils. “Este atentado no podrá contra nosotros. No tenemos miedo ni lo tendremos nunca”, dijo Felipe mientras su mujer le tomaba la mano con valentía. Ella, hablando con los heridos, él reuniéndose con los servicios policiales para recabar más información. Era todo lo que necesitaban para que su imagen de Estado alcanzara por fin ese rol unificador que los Borbón han perseguido por siglos.