Sobre por qué Alejandro Guillier pasó del mundo de las comunicaciones al político hasta convertirse en la carta presidencial más competitiva de la centro-izquierda hay una razón clara: sobrevivencia pura. Después de años como el hombre más creíble de la televisión tras su exitosa década en CHV —donde fue director de prensa, rostro del noticiero central y miembro de Tolerancia Cero—, el periodista vio diluida su imagen una vez que llegó a TVN, tentado por un irresistible contrato como figura del nuevo canal Noticias 24 Horas.

Pero nada fue como esperaba; de la propuesta de hombre ancla, cabeza de tres noticieros, con una entrevista diaria y un programa en la señal abierta, tras casi dos años perdió protagonismo. Según él, su estilo demasiado político y opinante incomodó a sus jefes quienes le ofrecieron conducir la señal internacional sólo visible en la web… Guillier entendió el mensaje.

“La tele lo empujó un poco a la política… No tenía proyecto y en TVN no estaban interesados en renovarle el contrato. Estaba muy triste”, dice un amigo y testigo de la decisión tomada por el entonces director del área de prensa, Enrique Mujica (hoy subdirector de prensa de Canal 13) y el editor general, Francisco Poblete (actualmente a la cabeza de la Secretaría de Comunicaciones del Gobierno, Secom). Acostumbrado a olfatear los finales y planificar dignamente la salida, Guillier venía negociando su partida con La Red, una estación más pequeña.

Ahí se reencontró con la periodista y hoy candidata presidencial por el Frente Amplio, Beatriz Sánchez a quien, dice, conoció “de lolita”, pero el programa diario que protagonizaban (Hora 20) sólo marcaba entre 2 y 3 puntos… Ahí decidió su siguiente carta: el PS lo venía tentando del 2000.

En 2009 —cuando ya planeaba dejar TVN— las conversaciones se volvieron serias. Guillier ya tenía claro que quería ir por Antofagasta; había vivido y estudiado allí desde segundo medio hasta completar la educación superior en la Universidad Católica del Norte (donde cursó primero sociología y luego periodismo) y tenía algunos familiares, pero los avances se cayeron por falta de cupos. Tuvo que esperar hasta 2013, cuando el radical —y frustrada carta presidencial del partido— José Antonio Gómez optó por no repostular por la región y dejarle el camino abierto en Antofagasta, sin imaginar que éste sería el trampolín que le permitiría al comunicador aproximarse —y con mayor éxito— a La Moneda.

Guillier vivió en Antofagasta de adolescente, cuando a su padre lo trasladaron a la ciudad. Ahí inició sus vínculos con la izquierda política. En el libro De cara al país (Debate) donde conversa con su gran amigo Raúl Sohr, cuenta que desde temprano se involucró con grupos socialistas.

Presidió el centro de alumnos del liceo de hombres de Antofagasta y creó junto a otros compañeros un comité Pro Unidad Popular para apoyar la campaña presidencial de Allende. “¿Usted es muy amigo de Alejandro Guillier? Dígale que se calme y ojalá que se vaya”, le mandó a decir el jefe de inteligencia de Carabineros de esa ciudad a través de un cercano.

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Era principios de los ’80 y las actividades en las que participaba el periodista despertaron sospechas. Al día siguiente Guillier partió a Santiago. Luego emigró a Ecuador a un magister en la Flacso. Ahí conoció a su mujer, la antropóloga María Cristina Farga, quien venía saliendo de una dura separación y cargaba con dos niños pequeños. El regreso a Chile, a fines de 1983, no fue fácil; la crisis económica ya estaba declarada. A los dos hijos que criaban con Farga —y que el periodista siempre asumió como propios— se sumó un tercero.

Vivían con lo justo. Guillier estuvo un año buscando trabajo como periodista hasta que llegó a Radio Chilena por recomendación de unas amigas que conoció en su práctica en la revista Hoy. Sólo tenía un abrigo y el mismo chaleco que lo había acompañado en Ecuador; pasó frío y los zapatos delgados que usaba desde que vivió en Antofagasta se pasaban con la lluvia. Cuenta como anécdota que en la radio se los sacaba para que se secaran.

La enfermedad de su mujer lo llevó a asumir tareas domésticas impensadas. Hace casi dos décadas que ella sufre de fatiga crónica; su cuerpo no genera energía suficiente para una vida normal. Desde entonces él se encarga de las compras del supermercado y de organizar las tareas del hogar y también de sus hijos cuando eran más pequeños. No fue fácil; al periodista —que siempre se repartió entre la TV, la radio y la universidad— le costó entender que ella estuviera siempre cansada, que muchas veces tuviera ganas de hacer panoramas y pasara recostada para reunir energías. En el 2009 compraron un terreno en la comunidad ecológica de Peñalolén, un lugar que ella escogió porque es amante de la naturaleza y porque varias de sus amigas viven ahí y la cuidan —hasta alojan con ella— cuando su marido debe pasar varios días seguidos fuera de Santiago, lo que se ha vuelto frecuente desde que es senador y ahora candidato.

Dicen que su mujer le entrega total libertad aunque él reconoció hace algunos años en CARAS que “como buena española Cristina es celosa” y en algún momento creyó que andaba en malos pasos. “Cuando la conocí ella venía saliendo de una separación muy dura, no podía hacer la del bandido”, dijo.

A Farga no le causa gracia que su marido participe de la carrera presidencial; le molesta el fuego amigo del que ha sido blanco y teme que lo traicionen, pero lo apoya y cuando él fue proclamado candidato del PR en la cúpula del parque O’Higgins ambos se vinieron juntos desde Algarrobo —donde tienen casa— para participar del evento. Guillier estuvo todo el tiempo preocupado de ella al punto que a mitad de la ceremonia la vio tan cansada que pidió que la llevaran a su casa. Así, ha adaptado su trabajo y hasta sus panoramas; la protege.

Por eso, se irritó cuando corrió el rumor de que ella sufría una enfermedad terminal y hasta se especuló con que se trataba de un mal degenerativo. “Ella tiene un problema metabólico que le genera poca energía y, por tanto, se agota fácil… No la puedo estresar ni llevar a campañas, no la puedo andar exponiendo”, dijo molesto en una entrevista con radio ADN.

Por eso, a diferencia de otros candidatos como Sebastián Piñera, que ha hecho de Cecilia Morel su arma estratégica, él ha dicho que no le exigirá nada a su mujer ni a sus hijos (“Yo no toco su libertad”). Sólo su hijo menor, Alejandro, quien integra la banda Conpazz, que fusiona flamenco y jazz— y también el más político, lo acompaña en sus actividades. “Tengo las piernas moradas, sobre todo del fuego amigo”, ha dicho por los ataques de los que ha sido blanco y donde los que más le han dolido son los provenientes de su propio sector.

El, un hombre querendón y para muchos, bonachón, se ha mostrado sensible a las deslealtades y las críticas. Desde que empezó a ser bien evaluado en las encuestas percibió la envidia de los parlamentarios de la Nueva Mayoría, a tal punto que dejó de almorzar con la bancada del PPD y empezó a frecuentar a los radicales quienes, aparte de su proverbial camaradería tienen otra característica que el senador aprecia: su gusto por la buena mesa.

Guillier suele juntarse con sus amigos al menos una vez al mes a cocinar y también comparte con su hijo menor, Alejandro, la afición por salir juntos y conversar de la vida en algún restorán. Su debilidad gastronómica es recordada por sus ex compañeros de Chilevisión, quienes precisan que cuando era rostro del noticiero matinal a eso de las 6:30 am no podía partir el informativo sin su marraqueta con mantequilla y que escondía estratégicamente bajo los diarios. Otros lo recuerdan como un hombre distraído, “volado”, que olvidaba los nombres de los periodistas que trabajaban con él y que en las reuniones incluso los confundía… Otros lo destacan como un gran conversador, bueno para las historias, siempre con un café y unas galletas; un tipo abierto, amable, buen jefe aunque con un nivel de dispersión tal que olvidaba peticiones importantes y había que explicarle las situaciones una y otra vez, lo que a veces resultaba irritante.

“Es buena persona pero no para ser jefe y menos presidente —cuenta alguien que lo conoció bien—; es un buen rostro pero no un buen administrador ni alguien que pueda manejar un equipo con instrucciones, nociones…”. Algunos suponen que es precisamente su carácter bonachón, confiado e incluso ingenuo su principal debilidad política. Preocupa a su entorno que no haya criado el cuero duro que se requiere para sobrevivir al mundo político. Otros, en cambio, dudan de este perfil un tanto naive y dudan si en realidad no será una máscara; para ello sacan a relucir el comercial que hizo para la Asociación de Isapres —algo de lo que el senador hasta hoy se arrepiente— y su rol en el caso del juez Calvo. Según uno de los protagonistas de esta historia, la información de que el magistrado —que investigaba el Caso Spiniak— asistía a un sauna gay llegó hasta parte del equipo periodístico de CHV.

“Pero evitamos contarle de inmediato a Guillier (jefe de prensa) porque es un tipo muy transparente y se le podía salir…”. Cuando finalmente lo informaron, Guillier decidió decírselo al juez; “en el fondo para hacer un juego limpio; él es muy político y optó por ese camino cuando lo lógico era no advertirlo hasta sacarlo al aire; opinaba que la situación era tan delicada que quería hacer las cosas de manera más protocolar”.

Periodistas y denunciado se juntaron en la Corte con Calvo. “Guillier siempre apoyó la investigación porque entendió que no se trataba de una crítica a la condición sexual del juez y sus gustos, sino porque al sauna asistían los mismos proxenetas y jóvenes que iban a las fiestas de Spiniak, aunque no había imágenes que lo comprometieran”, lo que de hecho se consideró como una de las principales debilidades de la investigación.

Cuentan que Calvo fue muy cordial; el juez dijo que iba a anunciar su renuncia al caso en una conferencia de prensa. Sin embargo, luego jugó sus cartas de otro modo y denunció que todo se trataba de una extorsión, que el principal denunciante del caso —Sebastián, administrador del sauna— quería dinero y que como se negó a dárselo, lo llevó a los medios. En prensa de CHV recuerdan que el joven nunca les pidió un peso “aunque era obvio que quería hacerse famoso…”. La jueza designada por la Corte Suprema fue Gabriela Pérez quien, se comentaba, era muy cercana a Calvo. “En las audiencias le preguntaba varias veces quién era él, su profesión, cómo se escribía su apellido, cuando era el hombre más creíble de la TV, imposible que no lo conociera”.

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En 2007 Guillier fue absuelto por la Corte Suprema, pero los periodistas Patricio Caldichoury, Fernando Reyes y Raúl Poblete mantuvieron una condena de 61 días de reclusión con pena remitida. Entrevistada por El Mercurio, la ex jueza Gabriela Pérez declaró en febrero que Guillier fue el único absuelto “porque era masón”, aunque fue desmentida por el actual presidente de la Corte Suprema, Hugo Dolmech. Hoy el candidato está en el medio de las tensiones de campaña. Por un lado con la demanda de salir de la “jaula radical”, como se lo dijo Pepe Auth y, por otro, someterse a los designios de un partido más grande, el PS que, arriesgando un capital histórico como Ricardo Lagos, proclamó al senador como su candidato presidencial.

El PR no quiere soltarlo tan fácilmente, aspiran a imponer sus propios puntos de vista y creen más conveniente un discurso moderado, muy diferente al que expresó hace pocos días en el aniversario 84° del PS, cuando criticó a las “fuerzas voraces de las transnacionales que dilapidan nuestros recursos y explotan a nuestra gente”, lo que generó incomodidad entre los radicales y fue criticado desde distintos frentes debido a la clara “izquierdización” del personaje.

Expertos ven que el candidato deberá cambiar de piel para posicionarse, mostrar artillería, capacidad de equipo. Al cierre de esta edición presentaba a su nuevo comando, compuesto por figuras del PR, PS y PPD, lo que fue visto como un intento de tender puentes hacia la centro-izquierda y capturar el voto de ese sector, hasta ahora demasiado volátil. En esta intervención, el movimiento más estratégico fue la salida de su jefe de gabinete, Juan Carlos Soto. La decisión afectó profundamente al periodista, quien lo consideraba un amigo y a quien conoció desde sus tiempos en TVN.

“Como serán de íntimos que Soto se casó en casa de Guillier, con el periodista Claudio Fariña como testigo”, cuenta un cercano. Pero el creciente poder que Soto manejaba —y hacía sentir— irritaba a las cúpulas del PR y el PS, que lo veían como una barrera necesaria de extirpar. Soto era visto como un operador político de tomo y lomo; trabajó en el MOP, con Sergio Bitar (PPD) como ministro; luego estuvo en la Coordinación de Concesiones, la Dirección General de OO.PP. y la Subsecretaría del ramo. Sabida es su cercanía con Harold Correa, miembro del G-90, grupo que se instaló en el primer año de gobierno de Bachelet con Rodrigo Peñailillo como su líder y cuya forma de operar dejó costos políticos que pesan hasta hoy en La Moneda.

Tan íntima era la relación de Soto con este grupo que tuvo como abogado a Alex Matute Johns quien lo defendió ante una denuncia en La Araucanía por difundir en internet fotos íntimas con una ex pareja. En fin, su historia —que podría dar para otro reportaje, tal vez de ahí la decisión de removerlo— y las presiones hacia Guillier para que se deshiciera de quien consideraba su hombre de confianza, es la primera muestra de la intervención hacia su núcleo. Y Guillier, hombre bonachón y querendón, entendió que a veces hay que sacrificar a los amigos si es necesario. Porque así —le guste o no— es la política.