1. Aumento de la desigualdad. La concentración de la riqueza ha alcanzado niveles sin precedente en Estados Unidos. Eso pone en entredicho el sueño americano de la movilidad social a través del esfuerzo y aumenta la inseguridad de sectores sociales bajos y medios-bajos frente a la inmigración y el libre comercio. La desigualdad contribuye, además, a un desencanto con el sistema político y a cuestionar la capacidad del régimen democrático de defender los intereses de los más pobres. Trump apuntó a ese electorado durante su campaña, usando el temor y la inseguridad económica como herramienta para criticar la inmigración y al sistema político tradicional.

2. Rechazo al establishment político. El apoyo a Trump expresa rechazo a las políticas de Barack Obama y el partido demócrata durante sus dos presidencias y también un rechazo más general a la clase política. Trump ha insistido en presentarse como ajeno a los intereses de Washington,  distanciándose de la política tradicional tanto demócrata como republicana. Eso le permitió capitalizar la voluntad de cambio por parte del electorado.

3. Abstención de afro-americanos. Las encuestas y el voto anticipado venían alertado hace días de una posible reducción en la participación electoral de los afroamericanos, en comparación con las presidenciales de 2012. El abstencionismo de este grupo está fuertemente correlacionado con la decepción ante la falta de políticas específicas. La administración Obama generó altas expectativas en torno a políticas contra la discriminación racial y la violencia policial contra esta minoría, sin embargo la tensión racial sólo aumentó durante su gobierno. En 2013 nació desde la sociedad civil y las redes sociales el movimiento Black Lives Matter para denunciar la violencia contra personas negras, especialmente de parte de la policía. Mientras el precandidato demócrata Bernie Sanders era cercano a este grupo, Hillary Clinton desestimó su importancia y se enfrentó abiertamente a ellos al señalar que “todas las vidas” importan.

4. Apoyo de blancos pobres. Es probable que Trump haya logrado movilizar a un voto blanco de bajos ingresos y poca educación que no participaba tradicionalmente en las elecciones. Se trata de trabajadores industriales y pobres blancos molestos con el sistema político en su conjunto. Este segmento habría sido decisivo en estados como Pensilvania, Florida y Michigan.