“La historia no se repite, pero rima”, escribió Mark Twain hace más de cien años. La frase del escritor estadounidense cobra actualidad este domingo 11, cuando en el Salón Pleno del Congreso en Valparaíso Michelle Bachelet le entregue la banda presidencial —símbolo de la autoridad desde José Joaquín Prieto en 1831— y la piocha de O’Higgins —estrella que simboliza el Poder Ejecutivo— a Sebastián Piñera, quien llega con el objetivo de que la centroderecha gobierne por lo menos ocho años seguidos.

La misma escena, pero con distintos actores sentados en las firmes sillas de cuero, se produjo hace ocho años, cuando Bachelet le entregó la banda tricolor a Piñera en una tensa ceremonia antecedida por tres sismos en 20 minutos. Habían pasado 12 días del terremoto del 27 de febrero de 2010 y las réplicas no daban tregua.

Cuatro años después, con otro fuerte temblor días antes en la zona central, el 11 de marzo de 2014, fue Piñera quien devolvió la banda a Bachelet con el Himno Nacional de fondo y una Nueva Mayoría aplaudiendo a rabiar.

Según el analista Ascanio Cavallo (La historia oculta de la transición) esta escena, calcada, se podría repetir en 2022. “Bachelet está preparando un escenario para una tercera postulación”, advirtió el destacado periodista, argumentando que sólo así se entiende la excesiva preocupación por su legado, plan que este verano fue prioridad de sus ministros y asesores y que se vio truncado por el fracaso de la Operación Huracán.

“A los presidentes les gusta quedarse”, remató Cavallo en T13 Radio aludiendo a ese gusto por el poder que a los gobernantes les cuesta tanto dejar.

Si Cavallo estuviera en lo cierto —y Bachelet volviera en gloria y majestad dentro de cuatro años— Chile sería gobernado por sólo dos personas en 20 años.

Qué diría el autor de Las aventuras de Tom Sawyer.