La batería argumental de sus detractores parece inagotable. Así y todo, en la escena oficialista no existe un solo nombre que pueda hacerle el peso en una carrera presidencial que ya está en curso aunque nadie quiera reconocerlo. En el peor momento de la clase política desde el retorno a la democracia, el ex ministro de Obras Públicas es visto por algunos como una garantía de gobernabilidad que podría asegurar cuatro años más en el sillón de O’Higgins para la Nueva Mayoría.

Si el ex mandatario Sebastián Piñera, quien nunca ha ocultado su deseo de volver a La Moneda, catalogó una eventual contienda electoral con Lagos como un superclásico, es precisamente porque no existe en la nueva generación de dirigentes nadie capaz de enfrentarlo en las urnas. No es falta de presidenciables el problema. Desde Giorgio Jackson a Andrés Velasco hay una maquinaria en rodaje con miras a las futuras presidenciales que se enfrenta a una gran e incuestionable verdad. Quienes votan, lo hacen por los mismos tres tercios de siempre. En otras palabras, por más empoderamiento y rabia que genere en la ciudadanía el modus operandi de parlamentarios y ministros a la hora de financiar la actividad, los sufragantes, cuyas edades fluctúan entre 40 y 65 años, responden a una lógica anclada en el pasado. Eso lo saben bien los operadores que están detrás de la candidatura del hombre que se hizo famoso tras enfrentar con su dedo a Pinochet.

Ahora, el problema es otro. En diciembre último, cuando la encuesta CEP le dio un 36 por ciento de adhesión, que consideraba una caída de cinco puntos en relación a la anterior medición, sus asesores se movilizaron rápidamente en busca de las razones. Así fue como tras improvisados focus group lograron determinar que fueron sus declaraciones en distintos medios las que precipitaron la caída. Ese estilo frontal, cuando no arrogante, que otrora le valió puntos a favor, es hoy su gran debilidad. La antipatía que despierta tampoco es algo que quite el sueño a sus cercanos. Total, dicen, para eso están los publicistas.

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