Carlos Alberto Délano y Carlos Eugenio Lavín saben de Darwin y de la supervivencia del más apto. Lo intuían cuando forjaron su imperio y lo viven ahora que —al cierre de esta edición— cumplían 20 días en el anexo cárcel Capitán Yáber.

Luego que el juez Juan Manuel Escobar tomó la medida cautelar de privarlos de libertad, cundió la desorientación y el desánimo entre ‘los Carlos’, el ex subsecretario Pablo Wagner y el ex gerente de Contabilidad de Penta, Marcos Castro.

“Estaban confundidos, no sabían por dónde empezar”, cuenta un cercano a los procesados por delitos tributarios, soborno y cohecho, que fueron trasladados por gendarmes por los pasillos que conectan el Centro de Justicia con el apartado ubicado al interior de la Cárcel de Alta Seguridad. 

No era para menos. Los esperaban dos piezas de cuatro por tres metros sin ventanas; cada una equipada con un camarote y una cama. En total, el lugar cuenta con cuatro habitaciones y un baño común, pero tiene la ventaja de estar aislado de los reos de mayor peligrosidad. 

wp-450-yaber

Hasta la llegada de los Pentaboys’, era habitada por apenas ocho presos, la mayoría por delitos económicos, que tenían piezas exclusivas y una vida organizada que incluía miércoles de baby fútbol en la multicancha de cemento y una mesa de pool. Sin embargo, estas actividades las perdieron debido al aumento de la población penal. Los otros detenidos, entre ellos un médico cirujano acusado de apuñalar 19 veces a su mujer, estaban irritados.

El único interno que se portó “a la altura de las circunstancias”, según relata un amigo que visitó a ‘los Carlos’, fue el ex ejecutivo Jorge Tocornal, quien se encuentra recluido desde 2007 por abusos reiterados contra su hijo mayor, en otro caso que remeció a los sectores más acomodados de la sociedad chilena. Tocornal fue una especie de anfitrión que les enseñó el lugar y les explicó cómo funcionaba el régimen penitenciario.

wp-450-yaber2

Pero Délano, Lavín, Wagner y Castro estaban en shock. Cundió el caos, la desorientación. ‘Los Carlos’ y el gerente de contabilidad compartían una pieza, mientras que el ex subsecretario de Piñera fue acomodado en los aposentos de Tocornal. Wagner, quien enfrenta una difícil situación personal y económica, además de depresión, se quebró y comenzó una rutina de oraciones. 

Hasta que, igual que en el libro El señor de las moscas aparecieron los liderazgos naturales: Carlos Alberto Délano es conocido por su entusiasmo, espíritu de grupo y afición por la sicología positiva y fue así como al cuarto día ya estaban organizados con la comida y la limpieza del baño común. El ‘Choclo’  incluso se las ingenió para hacer un circuito de deporte, entre el pasillo y las dos salas de estar, una equipada con máquinas para hacer ejercicios y otra para recibir a sus abogados y a las visitas.

Los primeros días nadie hablaba demasiado, pero después de esta ‘reingeniería organizacional’, abunda la conversación y la lectura, sobre todo la literatura de superación personal.

wp-450-yaber3

 A las 8 AM los reclusos deben estar formados a la salida de sus celdas y decir “presente” al oficial de Gendarmería que pasa lista, como si fuera un déjà vu de los años del Verbo Divino. Luego ordenan sus piezas, hacen las camas y toman desayuno, para a las 9 AM reunirse, si el caso lo amerita, con sus abogados.

También leen la prensa. Hay un suplementero que por años lleva los diarios a Gendarmería y que, desde que aterrizaron los ‘Pentaboys’, ofrece a quienes hacen la fila de visitas y a los periodistas plantados en el lugar “¡The Economist, Financial Times, La Cuarta;  para todos los gustos!”

“¡Qué ingenioso!”, dice no muy convencida una mujer mientras espera que abran la puerta de la Capitán Yáber un día de visitas cualquiera.

wp-450-yaber4

Claro que la situación puede ser todavía más surrealista. De pronto, y en medio de la consternación de algunos de los presentes, aparece un señor ya mayor acompañado de un par de burras. Ofrece la leche de sus animales, muy valorada en el sector, mientras desde un carro policial los detenidos del fin de semana gritan, “¡Llegó el Viagra pa’ los cabros!”. Una de las visitas se sonroja.

Es domingo y los internos se preparan para “recibir”. Pero como no se trata de convertir ese lugar de penitencia e introspección en un club de vida social, los cercanos a ‘los Carlos’ advirtieron que se trata de un día para estar con la familia y, como mucho, con algún amigo muy, pero muy de confianza. Por eso no faltaron quienes se retiraron algo humillados y ofendidos porque ni en la cárcel pudieron hacerse ‘amiguis’ de los internos.

Algunos  llegaron antes de la 9 de la mañana, hora en que se abren las puertas para las visitas. Juran que no son ni familia ni conocidos de los ‘Pentaboys’ y se les cree, por los comentarios que hacen mientras matan el tiempo leyendo la lista de alimentos que no se pueden ingresar a la Yáber. Por ejemplo, las cebollas en escabeche y los pikles están prohibidos. “Demasiado ordinario para esta gente que está a ‘otro nivel’”, dice un señor en medio de un bostezo. Tampoco están permitidos —vaya ironía— los choclos enteros porque las corontas, al igual que el hueso de pernil, pueden ser usados como armas en caso de amotinamiento. “Pero esta gente es diferente’ no van a hacer algo así”, insiste el sujeto quien se niega a contar a quien visita.

wp-450-yaber5

Temprano también llega María de la Luz Chadwick, mujer de Lavín, y Verónica Méndez, mujer de Délano, acompañadas de algunos de sus hijos. Llevan una maleta con ropa, se supone, y también comida como filete, pavo, galletas y chocolates premium. Los mozos de la familia transportan bolsas con papel higiénico porque el de la cárcel es casi peor que estar privado de libertad. 

De pronto se les une un enviado por Marcos Castro. El ex gerente del grupo Penta había abandonado la cárcel el día anterior luego que la Corte de Apelaciones le conmutara la medida cautelar por arresto domiciliario. Por eso su presencia provocó sorpresa. ¿Qué ocurrió?  Marcos Castro, gentleman, se comprometió con sus ex compañeros de celda a llevarles empanadas y cumplió. La organización a la que apostó el ‘Choclo’ comenzaba a rendir sus frutos solidarios.

En la fila de espera el malo de la película es Hugo Bravo, ex director de varias empresas Penta, también conocido como ‘el hombre que sabía demasiado’. Quien reveló los detalles de cómo operaba el grupo económico, estuvo todo el tiempo de reclusión en el Hospital Penitenciario, pero el día anterior, igual que Castro, también había sido trasladado a su casa para cumplir arresto domiciliario. Entre los cercanos a ‘los Carlos’ cundía la indignación: “La enfermedad de Bravo es puro teatro”; “cómo salió caminando del hospital si estaba tan descompensado”; “es un desagradable”, etc…

wp-450-yaber6

“¡Ladrones de cuello y corbata!”, grita alguien al voleo. Por si acaso…

Después de las visitas, ‘los Carlos’ y sus nuevos amigos vuelven a su rutina. En la salita ven las noticias, juegan ajedrez —el Metrópolis no es bien visto en la Yáber— y usan su frigobar, calentador de agua y tostador de pan. Tipo 9 ó 10 PM están obligados a regresar a sus celdas y a guardar silencio. Eso sí, para esas horas de insomnio tienen permitido escuchar radio a pilas de manera discreta.

wp-450-yaber7

En una entrevista en The Clinic el siempre sofisticado arquitecto Cristián Boza se mostró muy afectado porque: “mis íntimos amigos están in door” que, en buen chileno, significa  ‘en cana’.

Bueno, así son los mundos opuestos de ‘los Carlos’.