Un día en una de esas divagaciones de otoño, se me ocurrió pensar como sonaría la música en el Paraíso, en el más allá, en el túnel de la muerte…..como sería el tránsito sonoro en ese mundo etéreo del que sólo tenemos referencias por alguna regresión hipnótica o alguna experiencia extrema.

Después de años de escuchar música de diferentes estilos y orígenes, llegué a la conclusión que si hay música en el Paraíso sonaría como Sigur Ros. Pocas bandas sintetizan de manera tan certera esa comunión sonora entre sensaciones, emociones e imágenes como estos islandeses.

Por ello no resulta extraño que Jonsi, su líder y cerebro diga ´Somos instrumentos de Dios`. ´Si no crees en la vida después de la muerte, eres muy aburrido, y muy negativo. La gente que no cree en la otra vida, tampoco cree en esta. Yo no sé lo que habrá después, pero es bueno estar abierto a lo que venga, porque así se abre también tu mente, tu vida`.

Hasta finales de los noventa, la música de Islandia se limitaba a los sonidos de Bjork y su banda anterior Sugarcubes como estandartes de la sonoridad isleña. Hoy Sigur Ros con seis discos a su haber, sigue marcando pautas en la música europea, en un estilo que cuesta categorizar, porque resulta imposible encasillar un grupo donde su líder toca la guitarra con un arco , donde las letras se intepretan en un idioma creado por la propia banda o donde su vocalista canta con un falsete imposible de confundir.

Hoy las legiones de fanáticos de Sigur Ros crecen por todo el mundo, conocidas figuras idolatran su música, Bowie, Coldplay, Rage Against the Machine, Red Hot Chili Peppers y Metallica han hecho pública su admiración por la banda, al punto que Lars Ulrich les escribió una carta para agradecerles la inspiración.

Hoy Sigur Ros, vuelve al mercado con Valtari, (en español Aplanadora), un trabajo especial porque reúne material realizado por la banda hace algunos años, el cual se publicó oficialmente este año para regocijo de sus fanáticos.

Luego del alegre ´Með suð í eyrum við spilum endalaust` del 2008 y de la experiencia solista de Jonsi con Go. Sigur Ros vuelve a su esencia minimalista, donde las canciones pasan por diferentes estadios capaces de llevarnos a paisajes secretos de una tierra sufrida y gélida.

Desde la preciosa Eg Anda que da el vamos al disco pasando por Ekki Mukk que pareciera salida del mejor vinilo experimental hasta la extraordinaria Fjogur Piano, que emociona hasta las lágrimas al igual que Valtari. Cuesta encontrar puntos bajos en el disco.  Es cierto que no es una revolución sonora en el estilo Sigur Ros, no podemos hablar de un paso adelante. Sólo podemos decir que es lo mejor de ellos mismos…..lo mejor de un estilo del que se adueñaron en estos 18 años de carrera. La Victoria de la Rosa, que florece fuerte y segura en medio del hielo del ártico.

>En Twitter: @RodAstorga

>Les dejo el video de Ég anda