Hasta ahora Alejandro Guillier había enfrentado –con éxito– una campaña presidencial amateur. Su equipo era un jefe de gabinete y un encargado de prensa, dos empleados de su confianza con poca experiencia política, pero con quienes logró convertirse en el abanderado de la centroizquierda.

Durante estos meses, la directiva del Partido Radical buscó mayor presencia en su campaña, pero el senador mantuvo la distancia.

Este ritmo suave, sin órdenes partidarias, sin disputas por el poder le agradaba mucho al senador. El periodista mantenía un grado de autonomía y de libertad. Él decidía que lugares visitar y entrevistas dar, entre otras cosas.

Pero desde ahora en adelante, las cosas cambiarán radicalmente con el aterrizaje del Partido Socialista y el PR en su campaña y el próximo apoyo del PPD y los comunistas.

Con la decisión de la DC de ir a primera vuelta y con la participación del Frente Amplio en primarias (se enfrentarán Beatriz Sánchez y Alberto Mayol), Guillier no sólo deberá juntar 33 mil firmas para inscribirse como candidato presidencial independiente, sino que deberá profesionalizar su campaña. Esto es, definir equipos políticos, buscar comando, definir una estrategia comunicacional, recorrer el país de Arica a Punta Arenas y abrir su campaña a los partidos, con todo lo bueno y lo malo que ello significa.

Ya no será él quien maneje su agenda, sino que serán los dirigentes del PS, PPD, PR y PC. Deberá dejar a un lado su trabajo como legislador por Antofagasta y abocarse las 24 horas del día y los siete días de la semana a ser candidato presidencial.

¿Podrá Guillier sortear con éxito esta transición?

Quienes lo conocen señalan que él está consiente que ya no hay vuelta atrás, pero igual temen que su personalidad y estilo de vida no pueda adecuarse a esta etapa en que empieza a jugar la política de verdad.

Comentarios

comentarios