Pero mientras los casos de impacto rebasan la agenda y los espectadores seguimos los capítulos de las tramas Penta, Soquimich, Caval y Basura con distintos niveles de indignación, otros hombres y mujeres continúan trabajando discretamente para que Chile pueda mirar su pasado reciente sin dolor y, de una buena vez, pueda observar el futuro sin cuentas pendientes.

En ese grupo de personas se encuentra el magistrado Mario Carroza. Ministro de la Corte de Apelaciones con dedicación exclusiva en causas de derechos humanos, ha tenido en sus manos casos complejos, como la investigación de las razones de muerte de Salvador Allende, Alberto Bachelet y Pablo Neruda. De modo sencillo y gestos pausados, como si de su trabajo no dependiera el destino de tanta gente, el magistrado sigue trabajando en su oficina del último piso de un edificio de calle San Antonio cuando sus causas menos mediáticas dejan de interesar. Entre papeles y una docena de colaboradores, con la constancia de una hormiga, intenta desatar los nudos que permitan la verdad. Y los resultados llegan, aunque se tarden 29 años. Estas últimas semanas ocurrió con el Caso Quemados: el ministro Carroza logró reabrir la investigación después de tres décadas con solo un condenado y procesó a siete ex militares en retiro del Ejército por la muerte de Rodrigo Rojas y las heridas graves a Carmen Gloria Quintana. Demostró que, al margen de los presuntos pactos de silencio, el único camino viable para conocer la verdad es el trabajo serio y constante de los Tribunales de Justicia, con mayúscula, que alguna vez en Chile los propios jueces olvidaron.

Carroza ha tenido momentos personales duros, como la muerte de su esposa y su hijita de seis años en un accidente de carretera. Desde entonces, en 1992, tuvo que hacerse cargo de su niño de nueve y con mucho esfuerzo combinar la paternidad con su trabajo en los juzgados civiles. Probablemente esos dolores lo hayan hecho empatizar con los sufrimientos ajenos, tanto de víctimas como de victimarios, y no descansar en el propósito de llegar a condenas justas para unos y otros. Por su trabajo silencioso, por lo que significa su labor para Chile, Carroza es el personaje de la quincena de CARAS