Después de la salida de Rodrigo Peñailillo, Alberto Arenas y Alvaro Elizalde del círculo cercano a la Presidenta, la secretaria de Estado se transformó en la solitaria sobreviviente privilegiada que seguía manteniendo la confianza de Michelle Bachelet. Los trabajadores de la repartición pública, sin embargo, le trastocaron su gestión en Justicia que comenzó el pasado 11 de mayo, y el principal dolor de cabeza fue precisamente otra mujer: la dirigente de los funcionarios, Nelly Díaz, rostro de un movimiento que se mantuvo firme en su gallito ante el gobierno. Las dos con fama de duras, han sido las protagonistas de la protesta que, probablemente, ha tenido el mayor impacto ciudadano de todo el 2015.

Abogada de la Universidad Católica, Blanco es una de siete mujeres que componen el gabinete de Bachelet, de un total de 23 carteras. Se ganó la confianza de la mandataria durante su primer período (2006-2010) cuando se desempeñó por cuatro años como la primera mujer al mando de la Subsecretaría de Carabineros. Luego de dos años como directora ejecutiva de la Fundación Paz Ciudadana (2010-2013), con el regreso de Bachelet a Chile asumió la vocería de su segunda campaña a La Moneda y luego del triunfo, la socialista la nombró en Trabajo y Previsión Social. En esa cartera estaba cuando vino el terremoto en el Ejecutivo y pasó a reemplazar al radical José Antonio Gómez en Justicia, que le heredó el problema con el Registro Civil que ha hecho que la oposición evalúe interpelarla en el Congreso.

Pero ha sido el único contratiempo de Blanco, la ministra bacheletista. El problema de la delincuencia ha marcado una buena parte de 2015 y la propia familia de la secretaria de Estado ha sido víctima. En septiembre pasado, su hija Antonia sufrió el robo de su vehículo a la entrada del domicilio de la titular de Justicia. A fines de octubre, delincuentes quisieron quitarle la camioneta a su sobrino, en la comuna de Las Condes, pero un guardia nocturno del edificio lo impidió: amenazó a los ladrones con un palo, en una acción temeraria de la llamada justicia ciudadana.

No ha sido una temporada calmada para la ministra superada y su futuro, más que de la cercanía con Bachelet, que siempre es tan relativa, dependerá en buena parte de su fuerza y habilidades políticas.