Michelle Bachelet (64) avanza lentamente en medio de un enjambre humano, que el equipo de seguridad presidencial ayuda a ordenar. Todos quieren decirle algo, darle la mano, ¡una selfie por favor!, piden otros. Ella pacientemente sonríe, se detiene cada medio metro, posa y conversa. Muchas veces toma ella misma el celular y dispara. “Ya tiene calculado cuánta gente cabe en cada ángulo”, comenta un integrante de su comitiva. Y aunque cuenta con uno de los apoyos ciudadanos más bajos de su mandato (25%) en el metro cuadrado del poder eso parece no sentirse. “Lo podemos lograr, lo hice”, grita una paramédica del hospital Luis Calvo Mackenna, donde la Presidenta —con delantal de pediatra— lanzó la campaña para incorporar más médicos al sistema público. 

El tropel de estudiantes, dirigentes, doctores, funcionarios y curiosos sigue una loca carrera escaleras arriba. Quieren estar, para la foto, a la salida del ascensor que lleva a Michelle a visitar a los niños hospitalizados en el cuarto piso. Uno de los pequeños la interrumpe y le pide que incluya la bomba de insulina en el Auge, “no quiero más pinchazos”, le ruega. Ella se detiene un momento, se retrata con él y su letrero y sigue posando, abrazando, besando en la mejilla, apretando manos… “A veces formamos filas de personas, tratamos de reducir la cantidad de ‘selfistas’, pero la Presidenta es capaz de estar una hora sacándose fotos”, cuentan en su equipo.

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“Y es que la selfie es un arma poderosa de acercamiento”, aseguran los analistas. Especialmente cuando la desconexión con la ciudadanía parece evidente, según acusan las encuestas. 

 “Creo que no se puede ni gobernar basándose en las encuestas ni dejar de leerlas. Me pasa —y lo digo muy honestamente— que tengo una encuesta de calle distinta, la gente en las actividades me dice: ‘a mí nunca nunca me han encuestado, nunca me han preguntado la opinión”, responde la mandataria convencida de su lectura.

—¿Cree que las encuestas no son correctas, que es mejor no tomarlas en cuenta? 

—No estoy diciendo que no haya que hacerles caso, lo que creo es que una parte de ellas está subrepresentada; especialmente en regiones o en las zonas más alejadas, porque la mayoría son hechas por teléfono. Pero más importante que eso, trato de identificar lo que está debajo de esas cifras. Imagino que muchos de los resultados son porque no hemos logrado instalar con claridad algunos mensajes o porque todavía no se ven los frutos de los cambios. Lo más importante es seguir trabajando, no como los caballos con anteojeras, sino escuchando, dialogando, explicando mejor.

 —¿Entonces cómo analiza que un porcentaje de los que votaron por usted hoy no estén de acuerdo con las reformas?

—Yo no sé, porque fíjese que una vez conversando con un grupo de gente que estaba en contra de la reforma tributaria, les dije: “pero si yo hablé de esto en la campaña y di detalles de las cosas que íbamos a hacer”. Ahí respondieron: “es que pensamos que no lo iba a cumplir”. Creían que era un discurso populista, pero todas las cosas que estamos realizando, las dije desde el primer momento como candidata. Al revés, deben estar tranquilos porque prometo y cumplo.

—¿Cómo recompondrá la conexión con la gente, su principal atributo?

—Trabajando. Salgo mucho, no solo a regiones, también aquí en la Metropolitana, hablo con la gente, bromeo como siempre y ahí la ciudadanía se siente muy cómoda, me da palabras de apoyo.

—Pero eso no se condice con las cifras y la selfie no necesariamente es conexión real.

—La gente es tan cariñosa, me dice: “la apoyamos, siga adelante, fuerza de mujer” y todo eso. Incluso he llegado a pensar, en algún momento, que los alcaldes de la Nueva Mayoría traen puros amigos a los actos, porque yo soy muy autocrítica, no ando comprándome cualquier cosa. Sin embargo, me pasa lo mismo cuando he estado en comunas con alcaldes que son de oposición, y ojo que la gente es invitada por los municipios, la presidencia no tiene nada que ver. Y la verdad es que igual demuestran mucho afecto. En todo caso, insisto que tenemos que hacer mejor las cosas y vamos a seguir trabajando hasta el final del gobierno. 

—¿Por qué cree que hay tanta reticencia a las reformas, no fueron bien explicadas?

—Hay sectores que sienten que sus intereses son tocados, y cuando esos grupos tienen fuerza y espacio comunicacional, lo que han hecho —en algunos casos— es decir cosas que no son efectivas, como que los padres no van a tener derecho a elegir la educación o el colegio de sus hijos, que van a tener que pagar más que antes y una cantidad de cosas de ese tipo. La verdad es que ha sido difícil explicar de manera exhaustiva y precisa. La responsabilidad también es nuestra por no haber sido más efectivos comunicacionalmente, pero creo que, cuando el próximo año esas más de 200 mil familias empiecen a tener gratuidad en las escuelas, cuando los estudiantes de la educación pública vean que sus colegios están mejores, la gente va a sentir que les sirven las reformas. Como dice el dicho: obras son amores y no buenas razones.

—Con la nueva Constitución habrá nuevas críticas. Es más difícil de explicar que la educación. ¿Está preparada?

 —Sí, es más difícil. Ahora todas las encuestas muestran que entre el 60 y 70% de la gente apoya una nueva Constitución. Sin embargo, obviamente hay gente que no quiere cambiar nada, que cree que la carta que tenemos es óptima, nosotros pensamos que es antigua, que no todos se sienten representados por ella y por eso hay que hacer un esfuerzo, pero además fíjese yo soy una convencida de que esta puede ser una oportunidad para que las elites participen en las actividades, que sea una manera de reencuentro. Hay gente que tiene miedo porque piensa que puede generar algún tipo de caos, no veo por qué, si los chilenos son serios, súper razonables, por supuesto siempre habrá alguien que pide el cielo, pero tengo fe y confianza en las personas. Esto nos hará bien como país.

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El día en que conversamos con la Presidenta, su alarma sonó como cada mañana a las 5:15 horas. “A veces despierto sola, pero depende de la hora en que me acueste, si dormí bien o no, pero como soy excesivamente puntual pongo el celular. Sé que un minutito más es fatal, uno puede pasarse de largo. Así que abro los ojos y salto de la cama”. 

Ese martes de octubre llegó antes de las siete a La Moneda. Tuvo reunión de ministros a las 8:30 y luego lanzó el programa Chile-Japón: Kiruna intercambio y resiliencia. A las 11:00 grabó la cadena nacional que esa noche anunció una nueva Constitución. 45 minutos después partió al ex Congreso Nacional para estar en el 16 aniversario de la Fiscalía Nacional. Volvió al palacio de gobierno para un almuerzo de trabajo y a las 15:00 nos recibió para conversar y sacar las fotos para esta portada.

Entonces apareció desde su despacho sonriente. “Hola, cómo están”, dice mientras reparte saludos.

Es cálida e informal. Está más delgada de lo que muestran las imágenes. Lleva chaqueta y vestido negro, aros y un collar de perlas. Hay encargados de elegir su ropa, ella no tiene tiempo ni instancias para ir de compras. Lleva una especie de alarma de auto en la mano derecha que mueve invitando a sentarse junto a una mesita de té.

—¿Qué es eso Presidenta?

—¡Ah! Aquí tengo el poder.

Responde pícaramente. Luego explica que es el timbre de servicio de la presidencia.

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—No ha hablado hace tiempo con la prensa. ¿Ha estado bien de salud? Dicen que sus amigas alguna vez la han llamado alarmadas porque creen que está en la clínica.

—Me río mucho porque hubo un momento en que decían que yo estaba enferma y la verdad es que eran los ministros del comité político los que tenían gripe. Uno estuvo en cama una semana, el otro como cinco días y yo sigo firme. Se dice una cantidad de cosas… Hasta que iba a renunciar, un señor escribió un artículo en que le puso hasta fecha a mi supuesto retiro. Todo eso son falsedades. 

 —Los rumores pueden surgir porque ha sido una época complicada. ¿Imaginó que sería tan duro?

—En el primer gobierno tuvimos dos primeros años con bastantes dificultades. Jamás pensé en tener ocho desastres naturales en 18 meses, además de la situación compleja de la política. Nada de eso lo imaginé, pero sí pensaba que como las expectativas de la gente eran muy altas, iba a ser complejo.

 —¿Cómo lo enfrenta, cómo se arma?

 —Cuando tomé la decisión de volver a Chile para ser candidata, lo pensé muchísimo. Recuerdo que vine para Pascua y Año Nuevo y me encontré con una amiga que me recomendó: “no vuelvas por ningún motivo”. Tenía claro que debía haber alternancia, otros rostros, pero finalmente decidí regresar para avanzar en algunas tareas que antes no se habían podido asumir. Lo hice sabiendo que sería difícil, pero también con la convicción de los cambios que queríamos apoyar. Cualquier dificultad trato de enfrentarla de la manera más realista por un lado, constructiva por el otro, y la verdad es que soy súper resiliente.

—Tendrá que blindarse para sobrevivir.

—No, no me blindo, soy resiliente desde mi vida política también. Desde que mi papá murió en la cárcel y nosotros salimos al exilio. Mientras hubo personas que se quedaron en esa situación, yo logré volver a pararme y reinstalarme en un ánimo positivo, constructivo. En este caso es mi compromiso con mi país lo que me hace estar bien, con ánimo. Hay días en que las cosas se ven mejores que otros, pero eso le pasa a cualquiera. Es una fuerza interna que me impulsa, que he tenido siempre, que tiene mi mamá también.

—Pero habrá días en que quisiera quedarse en la cama.

—No. Salto de la cama siempre. Creo que si logramos hacer una diferencia para mejorar la vida de las personas, vale la pena cada día.

—¿Cuáles son sus redes de apoyo?

—He tratado de infundir la confianza a mi alrededor porque lo que mejor me hace es la verdad, no la mentira. No espero un “yes man” ni “yes woman”, por el contrario me interesa que me digan cómo ven las cosas, puede que tengan razón o no, pero que hagan sugerencias. Delego y confío en los ministros. Ellos saben que pueden llamar, conversamos y los oriento, pero también porque fui ministra de dos áreas distintas sé que hay que dejar trabajar. 

—¿Y sus redes íntimas?

—Tengo amistades, pero no hay tiempo para verlas. Son gente que en los momentos difíciles están ahí. Ahora por whatsapp mandan cariños, abrazos, fuerza, energía. Hay muchas formas de recibir apoyo cuando se requiere. Pero por otro lado, en el trabajo y en lo íntimo valoro el sentido del humor. La mejor manera de mantener la salud mental es reírme de las situaciones que me toca vivir, que de repente son ridículas o divertidas. En general me he rodeado de gente muy trabajadora, seria en lo que hace, pero con gran sentido del humor y eso ayuda mucho.

 —¿En qué se fija para armar equipo?

 —En las condiciones personales, en la capacidad, el talento, pero trato —porque a veces las personas uno las conoce de determinada manera y luego a cargo de algo no siempre son como se pensaba— que tengan agenda propia, pero que esa agenda no vaya por encima de la colectiva. Que la lealtad sea con la sociedad chilena. En ese sentido todos quienes están trabajando en el gobierno, o en este segundo piso pueden tener una ambición, un sueño, pero no deben ponerlo por encima del trabajo general. Son personas que piensan primero en el país.

—Dijo que ha enfrentado ocho desastres naturales, ¿habla de sus propios desastres personales?

—No ha sido fácil lo que me ha tocado vivir, en particular este año. Han pasado cosas que han afectado a personas que quiero y he tenido que tomar decisiones difíciles con respecto a personas que quiero mucho… Ha sido doloroso, hubo momentos muy duros, pero soy una convencida de que si uno está en un cargo de esta naturaleza, hay que tomar las decisiones que corresponden.

Aclara —sin querer personalizar— que la lealtad política no es algo muy abundante hoy. “Me pregunto cómo empezó a perderse en Chile la identidad colectiva. Los chilenos somos desconfiados, mucha gente dice: ‘todo lo que he logrado ha sido por mí mismo, yo solito’. En la política uno ve también esos mismos mecanismos que están en la sociedad. Por eso converso harto, especialmente con la gente que percibo es transparente, abierta, que no tiene otro tipo de intereses de por medio”.

—¿En qué proporción utiliza la intuición y en cuánto el cerebro?

—Como soy doctora pienso que la intuición también viene de señales neurológicas mucho más rápidas. El cerebro manda impulsos diciendo si o no. Tengo cierta capacidad —no siempre, nadie es perfecto— de detectar algunos signos que pueden decirme si es la persona o la situación correcta.

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Michelle Bachelet celebró su cumpleaños 64 en su casa de La Reina a comienzos de octubre. Colaboradores cercanos y amigos llegaron a la reunión, donde un invitado destaca que: “no había mozos de La Moneda, la ayudaban sus hijas Sofía y Francisca, quienes atendían a los invitados. Fiel a su sello todo fue servido en platos y vasos desechables”, cuenta un asistente.

Bachelet hoy tiene la experiencia del primer periodo, pero era más fácil gobernar el statu quo de hace ocho años que el cambio de hoy. Sus colaboradores señalan en que es una jefa presente, que apoya y delega a la vez. Con gran capacidad de trabajo. Su agenda no se detiene. Hasta se ducha y cambia en La Moneda si es necesario —como en su regreso de su reciente visita a Ecuador— para cumplir con los compromisos. Puntual casi obsesiva, está siempre antes en las actividades. En el extranjero es muy respetada luego de su paso por ONU Mujeres. Y allí también funciona la selfie de Bachelet. “Es la única latinoamericana que Obama trata con cercanía y en los actos en que coinciden la espera para hablar con ella. Le dijo que era su segunda Michelle favorita. Hasta Putin ha corrido para salir en la misma foto”, cuentan en Relaciones Exteriores. Justamente desde afuera miran con atención las reformas por las que está pasando Chile.

—Ha dicho que desde marzo tendremos los primeros resultados en la reforma educacional. ¿Cómo garantizar la calidad?

—A través de los proyectos de capacitación de los profesores, de los directivos. Además de fortalecer la educación pública con más equipamiento, mejores laboratorios, con más inglés. Soy hija de la educación pública (Liceo 1 de niñas y Universidad de Chile). Estamos comenzando el 2016 con la gratuidad en 200 mil matriculados. O sea, desde el próximo año una cantidad importante de padres podrá destinar ese dinero a otras cosas. Y el 2018 alcanzará al 93% de los alumnos. Ahora tenemos en curso el proyecto de plan docente que busca por un lado generar mejores condiciones de trabajo a los profesores en el sentido de aumento de horas no electivas, para que puedan corregir pruebas, estudiar, capacitarse, y que sean financiadas porque hoy muchas de esas cosas tienen que cumplirlas cuando llegan a la casa, quitándole tiempo a la familia o al descanso. También mejora salario, eso está en discusión, en el Parlamento ha ido avanzando, pero también lleva una mirada de una carrera docente, con salarios que van creciendo en la medida que las personas van pasando determinadas etapas, se van capacitando.

—¿Por qué tanta reticencia a la gratuidad en la educación universitaria?

 —Es que en realidad no es de gratuidad de la educación, eso es lo que creo que no hemos logrado comunicar bien. Queremos que la educación superior sea un derecho, que nadie que quiera desarrollarse como profesional o técnico de nivel superior quede fuera o se endeude porque la familia no tiene recursos. Pero para mí gratuidad sin calidad no tiene sentido, quiero gratis y bueno porque eso es lo que de verdad nos permite resolver la desigualdad enorme que tenemos hoy en que la gente que tiene recursos puede comprar la educación como un bien.

El anuncio de la nueva Constitución sorprendió a los chilenos con una cadena nacional horas antes del partido de fútbol entre Chile y Perú. El que partirá con un proceso de educación cívica constitucional entre noviembre y marzo.

 —¿Cómo se va a hacer en la práctica?

 —De distintas formas; a través de los colegios, de las juntas de vecinos, las diferentes organizaciones que existen en la sociedad. También de materiales, subiremos algunas cosas a YouTube. Luego de ese proceso educativo vendrá una instancia participativa, deliberativa que partirá desde las comunas, después una instancia provincial, regional y finalmente una nacional. De ese proceso participativo como queremos que sea libre, transparente, republicano, vamos a generar un consejo ciudadano que lo acompañará.

El proceso terminará en octubre del próximo año con un documento llamado: Bases ciudadanas para una nueva Constitución.

—¿La actual Constitución contempla el cambio?

—Ahí tenemos un problema porque la carta actual no dice cómo hacer una nueva. Entonces el próximo año voy a enviar una reforma a la Constitución actual que habilite al Parlamento que entra el 2017 a definir entre cuatro opciones: La primera, un consejo bicameral, conformado por un número determinado de senadores y diputados. Segunda, una comisión mixta Parlamento-ciudadanos, una parte de los parlamentarios y una parte elegida entre los ciudadanos por algún mecanismo que se defina. Tercera, una asamblea constituyente, y la cuarta opción es llamar a plebiscito para definir cuál de las tres opciones anteriores prefiere la ciudadanía. Ese nuevo Parlamento resolverá, a principios de su nuevo mandato, cuál será la forma.

—Usted habla de futuro, pero ¿qué ocurre con los temas que preocupan hoy a la gente, como la seguridad ciudadana?

—Es evidente que hay un problema de percepción de inseguridad importante. Las cifras dicen que hay menos casos de delincuencia, pero algunos son más violentos. Pero más allá de hacer un análisis lo que hemos estado viendo con las policías, los fiscales, la justicia, es que aquí no hay una sola solución. Hemos mandado algunos proyectos de ley como la agenda corta de seguridad, que da más facultades a los fiscales, también algunas a las policías, para que puedan identificar y capturar a una cantidad importante de delincuentes prófugos. Fíjese que el 80% de los delitos son realizados por el 20% de los delincuentes, es decir, hay verdaderas bandas que se especializan y si logramos detener ese 20% y que obviamente después cumplan el castigo que corresponda, vamos a estar resolviendo el 80% de este tipo de problemas de inseguridad y delincuencia. 

—Los especialistas dicen que la solución no es llenar cárceles.

—Rehabilitación y prevención es la clave. Hay programas a los que postulan las comunas, las juntas de vecinos, desde iluminación de lugares oscuros hasta trabajo en prevención de violencia intrafamiliar. Si bien estamos mejor coordinados todos, nadie tiene una varita mágica para decir esto se acabó. Tenemos que darles más oportunidades a los jóvenes para que puedan estudiar, trabajar en algo mejor. Eso es prevenir también. 

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Durante este seguimiento, Bachelet partió de visita oficial a Ecuador. Participó en la IV Reunión del Consejo Interministerial Binacional. Allí se reunió con el presidente Rafael Correa y asistió a un almuerzo en su honor en el palacio Carondelet. Expuso las reformas que está implementando ante el plenario de la Asamblea Nacional. A las 23:00 horas tomó el avión de regreso y aterrizó a las seis de la mañana del viernes, partiendo directamente a La Moneda. A las 8:15 ya estaba tomando desayuno con los presidentes de los partidos políticos para abordar el itinerario del proceso constitucional. Y más tarde firmó el proyecto de ley que regula el derecho a voto de los chilenos en el extranjero. Después de esa ceremonia ministros y políticos se retiraron y los invitados se acercaron a la Presidenta celular en mano, y sin protocolo aparecieron las selfies, los abrazos…

Ese día terminó un poco más temprano porque el sábado tenía la inauguración del Campeonato Mundial de Fútbol Sub 17. Pudo mirar algo de televisión. “Me gustan las películas. Casi nunca veo las noticias porque cuando llego a mi casa ya han terminado. Veo series”, cuenta.

—¿Qué está siguiendo ahora?

—Ultimamente Gran hotel. Vi un poco de The Killing. Y para mi cumpleaños me regalaron Borgen que dicen es estupenda, pero no he tenido tiempo para meterme ahí. También vi The Game of Thrones. Eso cuando puedo porque me llevo material para trabajar y otras me llegan documentos que tengo que leer, completar cosas. En TV me gusta CSI, Criminal Minds. Me gusta mucho la literatura, pero tengo pocos ratos para concentrarme en la lectura, en las vacaciones leo unos seis libros. Este fin de semana, entre medio de unas reuniones que tuve, empecé con la saga después de Millenium. Fue muy gracioso porque en Estados Unidos me lo regalaron en inglés y acá en castellano. Me encanta la literatura negra.

—¿Sabe lo que está pasando en otras áreas del país: deportes, farándula, música…?

—Tengo en mi computador unos programas donde veo noticias. Ahí viene de todo. En deportes estoy al día y cuando hay Olimpiadas trato de ver a nuestros equipos.

—Con tanta actividad, ¿cómo se cuida?

—Por todo lo que le he dicho, poco. Lo primero es que tomo té y agua de hierbas, café nunca porque son tantas las reuniones que terminaría con exceso de café. No le echo azúcar ni nada. Trato de comer lo más equilibradamente posible, más bien hipocalórico. Me tomo el remedio para la presión que es el mismo desde que era ministra de Salud. Hago poco ejercicio físico, o sea me muevo todo el día, pero no hay tiempo para el deporte. Imagínese si uno se levanta a las 5 de la mañana y no se recomienda hacer ejercicio en la noche, tendría que levantarme a las 4 de la mañana, eso ya sería un poquito mucho.

—Y tratamientos de belleza, ¿se preocupa de eso?

—¡Uy no! Me preocupo de estar peinada, arreglada dignamente, pero tratamiento de belleza no. Espero envejecer dignamente. O sea ya estoy mayor, pero me refiero a los próximos años.

—En un balance al final de este periodo ¿cuál sería su mayor fracaso?

Se queda en silencio un momento…

—Yo diría que fracaso sería no cumplirles a las personas los compromisos adoptados con ellas.

—¿Y un gran éxito?

—Cumplir.

—¿Se arrepintió de dejar Nueva York y asumir la candidatura?

—Acabo de ir a Nueva York, pero no estuve porque me lo pasé incesantemente en reuniones, no alcancé a ir ni a la farmacia, ni al supermercado, nada. Me encanta esa ciudad, pero como le dije tomé la decisión de volver a Chile y en ese sentido —aunque ha sido más difícil de lo que imaginaba, ha sido muy complejo— estoy muy contenta de estar en Chile.

 —Estamos en octubre de 2015, ¿dónde quiere estar en octubre de 2018?

Suspira y muy bajito se pregunta: “¿dónde quiero estar?”. Piensa unos segundos, murmura que octubre es un mes complejo… y responde:

—Tomaré unas vacaciones largas, viajaré un poco cuando pueda, porque cuando uno deja de ser Presidente hay como seis meses en que para poder salir del país hay que pedir permiso al Parlamento.

—¿Cómo imagina ese futuro?

—La verdad es que estoy tan imbuida en el presente que no me he detenido a mirar más allá. Lo único que sé es que quiero hacer cosas que no he hecho hace tiempo: desde lo más simple como armar un huerto en mi casa, porque me encanta jardinear, pero más me gusta cocinar, entonces estoy pensando más bien en un huerto con cosas para preparar platos. Por supuesto quiero leer todo lo que no he podido en este tiempo, volver un poco a la música, ver muchas películas… Y estar más tiempo con los nietos. Ser abuela de verdad porque ahora los veo poquito.