La diputada Marcela Sabat (32) es una entrevistada entretenida y “cuñera”, pero más de la mitad de lo que dice es off the record, tal como se apresura a dejar en claro en cuanto cree que lo que acaba de decir mejor no lo hubiera dicho, aunque no se trate de nada grave o especialmente revelador.

Apenas algún dato curioso que la retrata como la mujer inquieta que es, metida en las lides políticas por propia decisión, antes que por ser hija de un señor feudal, como más de alguno pensó cuando irrumpiera desconcertando a medio mundo y como muchos siguen pensando. Yo mismo, de hecho, reconozco que me llevé una interesante sorpresa con ella. Así de indesmentible parecía la caricatura dibujada por el prejuicio.

“Si pus, al principio nadie daba un peso por mi y después además me hicieron bullying como enfermos de la cabeza”, afirma en referencia a su primera aparición mediática como diputada, cuando apenas instalada en la Cámara, reveló que algunos colegas enseñaron las triquiñuelas que se usan para desviar dinero de los gastos de representación a la cuenta personal. “Todos dijeron que era una ingenua y todo el mundo me criticó, pero fue cuando más mails de apoyo recibí y saludos en la calle de gente que me decía que hacían falta políticos que dijeran la verdad. Me impresionó la reacción de un país cuando alguien dice algo que para nadie es un secreto”, confiesa.

De eso han pasado ya cuatro años y ahora Marcela se ve enfrentada a su primera campaña por la reelección en el distrito de Ñuñoa y Providencia. Cree que ha hecho una labor dedicada que le alcanza para merecer continuar ocupando su escaño.  Y hablando de eso es cuando se explaya con entusiasmo y uno se va enterado de que parte importante de la energía la ha invertido en adaptarse a un sistema que bien podía haberla fagocitado,  antes de que alcanzara a convertirse en algo así como una díscola dentro de su sector.
-He logrado una validez por parte de mis pares muy agradable. Ya tengo partners en distintos temas, ya tengo mi foco de en qué temas legislar, como los temas del adulto mayor y la seguridad ciudadana, porque ya he presidido dos años la comisión de Seguridad Ciudadana.

-Será que al principio parecía que tu elección era algo instrumental, como la clásica..
-…la galleta

-Claro, “el rostro” que hacen elegir para que sume un voto al bloque cuando se necesita. Es la sensación que da cuando aparecen personajes que no tienen ninguna experiencia política y menos mérito para estar ahí, claro que con el mismo derecho que cualquier ciudadano, pero que por algo lo quisieron llevar, algo muy típico de la derecha.
-En mi caso nadie contaba con que estudié derecho y que llevaba 20 años en política. Yo nací en la política. No solo por mi papá, mi mamá siempre trabajó en fundaciones y desde muy chica salí de ese círculo que te puede entregar un colegio privado, esa burbuja… Me tocó convivir con niños abusados, con gente de las poblaciones, o sea, una experiencia de vida que no se logra en ninguna sala de clases, que no la obtienes junto ningún cartón de Harvard o lo que sea. Yo creo que tengo algo que tiene que ver con la sensibilidad, que tienen muchos políticos, pero que no todos lo tienen.

-¿Y en la derecha? ¿te sientes representada por la Alianza?
-Yo estoy abriendo un espacio que todavía es pequeño con otros parlamentarios…

-¿De la Alianza?
-De la centro derecha… de Renovación… Nacional…

(Le hago notar que la forma de decirlo, con un toque de ironía, y sobre todo la manera en que arquea las cejas, son interesantes, porque denotan que hay otro bando que no le gusta).

-Por supuesto que sí. Por supuesto… (recalca con un dejo de suspicacia, como si fuera obvio). No sé si llega al plano de los valores, pero si desde donde uno quiere legislar. Estar en la cámara es una responsabilidad tan grande que no puedes legislar según como tú piensas, o bajo tu realidad. Como por ejemplo votar contra el aborto porque nunca has tenido que sufrir algo parecido o nunca has estado cerca de una persona con un embarazo no viable, por ejemplo. O estar a favor de la marihuana porque eres un médico que obviamente no va a caer en la pasta base y no necesitará rehabilitación. Cuando se dieron cuenta de que yo tenía mis puntos de vista y los iba a hacer valer cada vez que fuera necesario porque lo sentía en la “guata”, lo valoraron. ¿Soy díscola? Está bien, pero creo que hay que avanzar hacia el centro.

-¿Estás conciente de que la derecha parece dedicada básicamente a cautelar sus privilegios y los de la clase social que representa, postergando a la enorme mayoría de los chilenos?
-Es que ahí hay diferencias. Yo no tengo ningún pudor en decir que creo en la economía de mercado, en que hay que tener mejor Estado y no más Estado, pero a la vez en que hay que subirle los impuestos a las empresas y disminuir los de las personas. Ahi quizás con la UDI tenemos una gran diferencia.

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