Si las acusaciones de fraude o de estar relacionado con la mafia, tampoco los escándalos de las ‘velinas’, ni las declaraciones de una prostituta de lujo han logrado que Berlusconi deje la política. A pocos días del inicio del juicio por corrupción, CARAS conversó con el autor del libro más íntimo sobre el premier.

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La agresión de un hombre, hace algunas semanas, en Milán al terminar un mitin político llevó a Silvio Berlusconi al hospital. Contusiones en la cara, 20 días de reposo y la explosión de su popularidad más allá del 55 por ciento de aprobación ciudadana polarizaron aún más a la sociedad italiana.

En medio de este panorama, se acaba de publicar Guzzanti vs Berlusconi, una biografía del cavaliere escrita por el periodista y senador Paolo Guzzanti, quien fue uno de sus más cercanos colaboradores, hoy uno de sus más feroces críticos. El 2000 Berlusconi le pidió a Guzzanti, entonces subdirector del periódico de su propiedad Il Giornale, que hiciera una biografía al estilo de la de Jacocca, el famoso presidente de Chrysler. El periodista aceptó y durante dos días, en la casa del premier en Cerdeña, grabó horas de monólogos, del primer ministro y de su madre Rosa Bossi Berlusconi sobre su infancia, juventud, inicios en el mundo empresarial y su llegada a la política. Después de aquellos encuentros, Guzzanti se dio cuenta de que lo que podría redactar no sería del agrado del primer ministro. Porque cuanto más lo escuchaba, más se convencía de lo egocéntrico que era.

Pasaron nueve años y varios desencuentros entre los protagonistas para que Guzzanti decidiera publicar la biografía-ensayo. Diferencias respecto de las alianzas estratégicas del gobierno italiano con socios como Vladimir Putin, llevaron al senador electo por el partido Pueblo de la Libertad y ahora inscrito en el Grupo Mixto, a abandonar el conglomerado. “Entonces decidí escuchar las viejas grabaciones y escribir un libro, revelando algunas perlas de su carácter y del fenómeno Berlusconi. Tuve el placer de ayudar a Silvio en sus días más difíciles y de irme después de la victoria electoral en 2008”, asegura Guzzanti. Los últimos escándalos que han rodeado al premier decepcionaron al periodista, quien hace unos meses definió el gobierno italiano como una mignottocrazia (algo así como putanocracia). “No es el gobierno de las prostitutas, como se podría pensar. Sino la selección de los representantes políticos siguiendo criterios de sex appeal en lugar de sus dotes específicas. Así, generaciones de jóvenes italianas han sido invitadas de la misma forma a ser estrellas de televisión, ministras, diputadas o concursantes de Gran Hermano. El único criterio es tener a disposición un personal político incompetente y sumiso”, denuncia.

—Usted dice haber dejado el gobierno, entre otras razones, por el desprecio del premier hacia las mujeres, y lo define como “un gran cerdo que ha corrompido a las italianas”. ¿El lo decepcionó más como hombre que como político?
—El comportamiento de Berlusconi es el de un macho prepotente que quiere tener todas las compañeras que desee a su disposición. El mismo ha dicho que se considera ‘un gran puttaniere’. Las mujeres del mundo berlusconiano son invitadas a prostituirse, no en el sentido físico del término, pero muchas aprenden que ‘concederse’ a la persona justa en el momento preciso es un excelente método para ascender en su carrera. Esto ha pasado en todas las épocas y lugares, pero nunca antes en Italia esta actitud se había convertido en una regla no escrita de comportamiento político. Vengo de una tradición y una generación que vivió el feminismo de los ’70 como una importante etapa de la evolución política. Ver que no queda nada de aquel movimiento me entristece.

berlusconi200En la entrevista inédita que contiene el libro, Berlusconi cuenta su dura infancia en los años de posguerra, con un padre expatriado en Suiza y una madre con dos hijos que sacar adelante. “Jugué poco de pequeño, creo que todo el tiempo que tenía lo dedicaba a estudiar o trabajar. Había mucha miseria en la Italia de aquella época, pero era un país lleno de orgullo. Yo tenía muchas ganas de salir adelante y pensaba que algún día llegaría a hacer algo importante”, recuerda el premier. En el liceo y la universidad, Silvio se reveló como un gran estudiante con éxito entre las mujeres. Más tarde, en París, donde cursaba Derecho comparado en La Sorbonne, se ganaba la vida cantando en locales nocturnos. Allí conoció a Josianne, una streaper que se convirtió en su novia. “Cantaba canciones italianas bajo el nombre de Pier Paolo Rizzoli”, cuenta el libro. Cuando su padre descubrió que vivía con una ‘mujer de la noche’, lo obligó a volver a Italia. Sin embargo, el primer ministro italiano nunca abandonaría su pasión por la música, y años más tarde, trabajaría como cantante en cruceros por el Mediterráneo.

Al terminar la universidad el joven Silvio empezó a trabajar como responsable de ventas en una empresa de construcción, cuyo director era amigo de la familia. Poco a poco se convirtió en un empresario de éxito. Construyó Milano 2, una urbanización privada dentro de Milán. “Fue una innovación para la época. Allí mismo comencé una televisión por circuito cerrado (Telemilano) para que las madres vieran desde su casa a sus hijos. Era un modelo de ciudad avanzado”, afirma el premier.

Así creó la televisión de la comunidad, después del barrio, de la ciudad, hasta conseguir el monopolio de la TV privada. Luego fundó una concesionaria de publicidad, Publitalia, “pieza clave para su nuevo juego: la política”, asegura Guzzanti.

En 1979 Telemilano pasó a ser oficialmente Canale 5, una emisora nacional. En el libro, Berlusconi asegura que si la ley sobre el conflicto de intereses saliese adelante en el Parlamento, en Italia gobernarían los incapaces.

En los próximos días el primer ministro se sentará frente a la fiscalía de Milán para responder a las acusaciones de fraude y corrupción. Es por eso que todo su equipo de abogados —la mayoría diputados— está preparando hace meses una ley que garantice su inmunidad y que establece un máximo de seis años para resolver los procesos judiciales, con lo que muchos de los casos contra el cavaliere, quedarían prescritos.

También declarará ante los jueces de familia, para acordar los términos del divorcio de su segunda mujer, Verónica Lario, quien en su demanda le pidió 43 millones de euros como pensión, mientras que Berlusconi sólo estaría dispuesto a pagarle entre 200 y 300 mil euros al mes. Rosa Bossi Berlusconi, la ya desaparecida madre del primer ministro italiano, sólo tenía buenas palabras para Carla dell’Oglio, su primera nuera, no así para Verónica. “Carla era buenísima y estaba enamoradísima de mi hijo. La cosa terminó mal porque ella y los dos hijos mayores, Marina y Piersilvio, tuvieron que refugiarse fuera de Italia, cuando fuimos amenazados por la mafia. Verónica apareció en la vida de Silvio cuando ya estaba separado. Ella ha tenido y tiene todo lo que quiere. Es una mujer muy bella… y se comporta bien, es una verdadera señora, aunque debo reconocer que al principio yo no estaba muy contenta, y ella lo sabe”, confesaba la mamma.