La hija del Presidente Salvador Allende, la embajadora en el extranjero de esta familia ícono de la izquierda latinoamericana, nunca fue muy querida por los barones del socialismo. Desde el retorno de la democracia en 1990 estuvo en la primera línea del poder tanto en su colectividad como en el Congreso, pero sus compañeros siempre la miraron con la distancia de los que desconfían de la ecuación de apellido y talento.

Históricamente, tampoco tuvo una relación de cercanía con Michelle Bachelet. Cuando la pediatra empezaba a militar en la JS en 1970, como una alumna de la Facultad de Medicina, Allende era la hija del jefe de Estado que pertenecía al principal anillo de poder de la izquierda chilena. 

El exilio y el retorno a la democracia tampoco juntó sus caminos, ni cuando la Presidenta comenzó su ascendente carrera política en 2002, como ministra de Defensa del gobierno de Lagos.

Pero desde marzo de 2014, el viento ha jugado a favor de Isabel Allende. Mientras la suerte se ha escapado de dirigentes como Camilo Escalona, que fue el principal artífice del fenómeno Bachelet a mediados de los 2000, la senadora ha vivido sus mejores 14 meses desde que se convirtió en la primera mujer en liderar el Senado, el mismo cargo que ocupó en alguna ocasión su propio padre. Las circunstancias históricas produjeron luego que, sin ser una especial incondicional a la jefa de Estado, levantando las banderas de la lealtad hacia el gobierno haya alcanzado una votación sorpresiva en las internas socialistas que la llevaron, hace una semana, a alcanzar otro récord: asumir la presidencia del PS, un cargo que jamás había tenido una mujer.

En el mundo del poder, como en la vida misma, las oportunidades llegan y en parte el destino se construye si se sabe aprovecharlas. Isabel Allende, la senadora, ha sabido utilizar las suyas y no por nada la última encuesta CEP la instaló como el personaje mejor evaluado tanto de la Nueva Mayoría como de la oposición. Alguna vez no descartó su ambición de llegar a La Moneda, aunque ahora se ha cuidado de no cometer errores que han hecho caer a tantos otros. Pero resultaría especialmente llamativo que una Allende, nacida y criada en una familia con vocación política, deje pasar esta coyuntura histórica y, al menos, dé la batalla. Muchos elementos se han conjugado para esta nueva etapa de la hija del presidente y ella, el personaje de la quincena para CARAS, con sentido de la oportunidad no parece dispuesta a hacerse la desconcentrada.