Terminal del aeropuerto de Los Angeles, principios de diciembre. Una mujer de estatura media, castaña, peinado pixie, cuarenta y tantos, sin maquillaje, con un sombrero de ala corta, bufanda extra larga, cazadora y botas de caña alta, cruza la puerta de embarque. Al mostrar su pasaporte, el funcionario debió quedarse boquiabierto: Pamela Denise Anderson.

O se trataba de otra mujer con el mismo nombre o era ella, la socorrista más célebre de todos los tiempos, la conejita con más portadas en Playboy, diosa de toda una generación masculina, ícono de la televisión de los ´90 y, en definitiva, y como dicen en su lengua, poseedora de una fama bigger than life.

Y como la mujer del aeropuerto estaba siendo seguida por paparazzi, sí, era ella. La misma que hace unos días se presentó en una gala benéfica con un vestido rosa hasta los pies –ajustado y muy escotado, eso sí– con el pelo otra vez rubio platino y una alianza de matrimonio, junto con un enorme diamante de compromiso, en el dedo anular de su mano izquierda.

Así están las cosas. Pam se ha cortado la melena y se ha vuelto a casar. Y además, repite marido porque el cuarto –ya lleva cuatro bodas– es en realidad el tercero: Rick Salomon, con quien ya contrajo matrimonio en 2007, anulándolo un par de semanas después.

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¿Estamos, pues, ante una nueva Pamela Anderson? Sí, obviamente, en lo referente a su físico y estatus civil. Pero no mucho en su vida personal, donde mantiene su espíritu alocado y perdidamente romántico. ¿O será la cuarta la definitiva?

Lo que sí es cierto es que a sus 46 años ha decidido colgar el mito y redescubrirse a ella misma. Y para ello tenía que dar tijeretazo a su icónica melena rubia. “Simplemente pensé que mi pelo había tenido vida propia y quería dejar esa etapa detrás y empezar de nuevo”, explicó a Ellen DeGeneres en su programa televisivo a principios de noviembre pasado, el lugar donde oficialmente estrenó su nuevo look. “Mi pelo era parte de mi personalidad y siempre me escondía en él en todas las sesiones de fotos (…) Tener el cabello corto y mostrar realmente mi cara ha sido más revelador que cualquier cosa. Es una declaración, no para los demás, sino para mí sobre todo”, añadió.

El color castaño duró poco –estos días vuelve a ser rubia– pero está feliz con el resultado. “Me siento más sexy”, dijo. Aunque reconoce que le preocupaba perder su sex appeal si dejaba los mechones en el suelo. Y es que estamos hablando de una mujer que adora el glamour, y para ella eso significa llevar pestañas postizas hasta en la playa, tal y como hacía en Baywatch. “Me encantaba, ¡me encantaba! Si vas a salir en la televisión y quieres ser glamorosa, el look natural debe quedarse en casa”, opinaba hace menos de un año.

¿Qué la ha hecho cambiar de opinión? Pamela Anderson es sinónimo de provocación. Le gusta agitar las olas a su paso. Y a lo largo de dos décadas ha hecho, literalmente, de todo para que así fuera. Pero quizá llega el día en que una debe elegir entre envejecer con gracia –manteniendo el espíritu rebelde, por supuesto– o caer en el ridículo (no citaremos nombres). Y ese podría ser su caso. “Me siento diferente a como me sentía en mis días en Playboy. Ahora, creo, tengo que elegir entre suavizar mi aspecto o no”, compartió en el portal Buzzfeed en abril del año pasado.

Pero quizá fue el fotógrafo Mario Testino –tan aficionado a cambiar la imagen de las protagonistas de su objetivo– quien le puso la idea en la cabeza. Justo antes de la entrevista con Buzzfeed colaboraron juntos para un editorial del Vogue Brasil de junio y el peruano pidió la cara (casi) lavada y una simple coleta. Pamela dudó pero “es Mario Testino, ¡nadie discute con él!”.

El pelo no ha sido el único cambio en su imagen. Cierto es que en su día a día siempre ha vestido de manera muy casual, para lo público ha mantenido el mismo estilo que en los 90. Esto es: vestidos megacortos y escotados, tacos eternos, melena leonina y ojos muy maquillados. Una mezcla entre la C.J. Parker de sus últimas temporadas en Baywatch –participó en la serie entre 1992 y 1998– y el personaje de Barb Wire, una película que protagonizó a mediados de esa década. Como ha dicho estos días un diario inglés: “Clase y elegancia no serían las palabras para describir a Pamela Anderson”. Ahora, en cambio, acude a los eventos con calzas y balerinas, y ha adoptado un cierto toque de estrella de los años 60 con grandes anteojos de sol y fulares en la cabeza. Muy Raquel Welch, Brigitte Bardot o Ursula Andress, de quienes se declara fan, al igual que de pin ups coetáneas como Dita von Teese.

Ah, e insiste, a excepción del pecho –del cual siempre ha sido la primera en admitir que está operado– todo lo demás es natural. Nada de botox, o al menos eso dijo en 2010. La celulitis de sus pantorrillas es una muestra de que Pammie es de carne y hueso.

Es cierto que su imagen ha cambiado, pero ¿y su vida? Cruzar los 40 no supuso un giro. Ese fue el año en el que se casó con Rick Salomon (el partenaire de Paris Hilton en su video sexual), anulando el matrimonio un par de semanas después. Y en el último lustro ha sido frecuente fotografiarla a la salida de los clubes a altas horas de la madrugada, sostenida por sus compañeros de fiesta y el maquillaje corrido. Y sí, ha continuado posando para Playboy y fomentando su imagen de chica mala ya fuera haciendo un streptease en el Crazy Horse de París o mostrando su busto –en teoría por accidente– en un desfile de Vivienne Westwood (fue musa de la diseñadora punk en 2009).

Su vida sentimental tampoco parece más calmada. Sí que ha dicho adiós (por ahora) a sus días de sexo y rock & roll, porque con este nuevo matrimonio se aleja (por ahora, repetimos) de su apasionante/tormentosa relación con el baterista Tommy Lee. Se casaron en 1995 y se divorciaron tres años después. El estuvo en prisión por malos tratos y le contagió la hepatitis C con una aguja de tatuaje, pero eso no impidió que se reconciliasen, y volvieran a romper, infinidad de veces. La última, que se sepa, en 2008.

Pero lo que no parece abandonar es su patrón de idas y venidas. Lo aplicó con otro músico, Kid Rock, con el que llegó a casarse en 2006, divorciándose cuatro meses después. Y ahora con Salomon, de profesión celebrity. “Somos muy felices”, fue lo único que dijo Pamela en la gala cuando las cámaras se fijaron en los anillos, sin revelar la fecha del enlace. “Nuestras familias también están muy contentas y eso es lo único que importa”.

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En otras ocasiones volver a empezar ha sido obligado. En 2008 dejó a medio terminar la casa de sus sueños por falta de dinero. Se sospecha que fue también el motivo por el que puso a la venta su residencia habitual y se mudó a un tráiler, lugar donde, por cierto, dice era muy feliz. Y para dar carpetazo a una mala etapa, ¿qué mejor que deshacerse de los recuerdos? Lo vendió todo en un mercado doméstico: muebles, libros, un flotador firmado por ella y prendas de su (corta) fase como diseñadora de lencería (a saber: sujetadores de malla, saltos de cama y boas de plumas). Eso sí, el dinero recaudado lo entregó a una ONG.

Los días de correr en la playa a cámara lenta y V.I.P. (una serie que protagonizó durante cuatro temporadas) quedan lejos pero ha logrado mantener la fama y hoy la mayoría de sus ingresos provienen de explotar su imagen en toda clase de realities. Bailando con las estrellas, Bailando sobre hielo… y allá donde la quieran: Argentina, Australia, Alemania… hasta en la versión india de Gran Hermano. Así que, a falta de melena, habrá que ver cómo se reinventa en el trabajo.

Le queda la interpretación. Nunca la abandonó. Ha aparecido de manera regular en algunas series estadounidenses, actuó dos años en una función teatral navideña en Londres y ha hecho de sí misma en películas como Scary Movie 3 o Borat. También podría volcarse, aún más, en su activismo por los derechos de los animales (es una de las caras de PETA y, por supuesto, es vegetariana). De hecho, su participación en la maratón era para recaudar dinero para un proyecto solidario en Haití.

Quizá la nueva Pam, por fin, le muestre al mundo su otra cara. Divismos puntuales aparte, esta canadiense que saltó a la fama a los veinte años cuando la cámara de un estadio la enfocó en las gradas, está considerada por quienes la conocen como una mujer muy inteligente e interesante, siempre pegada a un libro y con un buen gusto musical que comparte en Twitter.

Otra faceta desconocida es la de madre amantísima. Si uno es hijo de Pamela Anderson y Tommy Lee, se espera que herede las mismas excentricidades que sus padres, pero Brandon y Dylan, los herederos de la ex pareja, se han convertido en dos adolescentes de aspecto desapercibido y con una vida muy corriente entre Malibú y Canadá. Que sus padres protagonizaran el probablemente video sexual más famoso de la historia de internet no es un trauma para ellos. “Papi y mami estaban locamente enamorados y lo grabaron todo”, les explicó en su día. Aunque reconoce que hubiera hecho cosas “más estúpidas si no fuera por los niños”, se sinceró a The Guardian en 2010.

Ella se ve en el futuro “usando un vestido de algodón barato, el pelo gris y llevando un sombrero de paja”, pero dicen los rumores que ya se ha dejado fotografiar con su nuevo peinado y… desnuda. Así que, tranquilos, las playas de Santa Mónica ya no son lo que eran, pero todavía hay Pamela Anderson para rato. Además, teniendo en cuenta que ha aparecido en Playboy a lo largo de cuatro décadas, ¿quién no dice que habrá una quinta?