Es el lado divertido y hasta ahora desconocido de la ministra secretaria general de Gobierno, que debió abandonar los jeans y su lado hippie, contratar una asesora de imagen, vestir traje, tacos y usar un tono duro y firme para imponerse en el cargo.

Estos quince meses en La Moneda no han sido fáciles: ha tenido que poner la cara por descoordinaciones de palacio y algunos chascarros del Presidente, además de enfrentar duras críticas de la oposición (la trataron hasta de nazi) y de personas de su coalición que acusan falta de firmeza y claridad en la vocería. Pero Von Baer defiende su estilo.

Tiene carácter la ministra. También una faceta rebelde e impetuosa que pocos imaginan. Iba en primero básico cuando esta hija de agricultor alemán, criada en un campo cerca de Temuco, un día informó que no iría más al colegio porque ya había aprendido a leer. A los 9 quiso abordar el Huáscar; a los 12 movió a toda su familia hasta el volcán Villarrica; después se fue a mochilear a pesar del grito en el cielo de sus padres. A los 15 se le ocurrió partir a Estonia —en plena caída del muro de Berlín— para conocer sus raíces, motivada por la Muti, su abuela paterna quien le enseñó que la vida no tiene límites. Su otra abuela, la Omi, despertó su pasión por el teatro cuando muy chica la llevó a ver La Negra Ester. También le inculcó el gusto por la música: Ena ha cantado en coros, es amante del jazz y bailarina imparable. “Siempre quise libertad, ¡vivir a concho! Buscaba romper esquemas y se me ocurrían cada vez más locuras”.

¡Otro dolor de cabeza! A los 18 llegó a Santiago para estudiar Periodismo en la UC. “Era tan independiente que pasaban los días ¡y nadie sabía de mí! De repente llamaba de la playa, de cualquier parte”, recuerda. A los 19 conoció a su marido en una fiesta, el ingeniero comercial Eduardo Frohlich, con quien cumplió once años de matrimonio y tiene dos hijos, Clara (6) e Ian (3). “A la primera salida me pidió pololeo (¡me va a retar por contarlo!) y lo encontré ¡atroz!, le dije que estaba loco… Era bien polola, quería pasarlo bien, ser ¡libre-libre! Y él me respondió: no importa, yo sé que nos vamos a casar”. Cuenta que él cambió uno de sus ramos de ingeniería al Campus Oriente sólo para toparse con ella. “Me iba en bicicleta, y ciertos días Eduardo me esperaba en una esquina, ¡obviamente no llegaba a clases!”.

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Recién casada partió a Alemania a hacer un doctorado en Ciencias Políticas. De regreso trabajó en el Instituto Libertad y Desarrollo, en las universidades Adolfo Ibáñez y UDD; fue panelista de Estado Nacional en TVN y miembro del grupo Tantauco. En esos tiempos se relacionó con Juan Antonio Coloma, Hernán Büchi y Pablo Longueira, quienes en 2009 la convencieron de postularse a senadora por la IX región sur. Perdió por apenas 600 votos, y Piñera la reclutó de inmediato para el gabinete.

—Su papá dijo que debía estar loca para meterse en política, ¿lo estuvo, ministra?
—No. Depende de las nuevas generaciones abrir espacios y construir un nuevo Chile. Estoy aquí por valores y convicciones, para aportar a un proyecto donde todos, ya sean de Curarrehue o de Cajón, puedan lograr sus sueños.

—Pero ha tenido sus costos. Como vocera le ha tocado duro.
—En este cargo siempre te dan, más aún si eres joven y mujer… La política es un mundo muy masculino y como mujer tienes otros códigos, otras conversaciones ¡y menos tiempo! Nuestra tarea principal es ser mamá, luego esposa, que la casa funcione…

—Partió muy confrontacional…
—Sí, tuve que imponerme, sobre todo al comienzo. Debí marcar la cancha, hablar claro, duro y frontal para hacerme un espacio. Sin embargo, creo en una política más conciliadora, los chilenos no quieren más la pelea chica ni que se discuta por tonteras. Tenemos que reencantar a los jóvenes.

—Un momento complicado debió ser cuando el senador Andrés Zaldívar dijo que usted le recordaba a las juventudes hitlerianas.
—Los ataques personales no los comparto. Duelen mucho, más si vienen de un senador que respetas. Pero lejos lo más duro fue asumir el gobierno con un terremoto. Las primeras semanas no sabíamos si íbamos a construir las 80 mil viviendas de emergencia. Recuerdo un día que llegué a mi casa temprano, con mi marido nos tendimos en la cama a ver una película, relajados, y se larga a llover. Me paro, abro la ventana y le digo: ¡Eduardo, está lloviendo! Faltan casas por construir… El me respondió: Ena, no puedes hacer nada… Esa angustia supera todo, lo mismo cuando no sabíamos si los mineros estaban vivos o muertos.

“Mi marido me contiene. Somos un súper equipo. Siempre ha dicho que sabe con quien se casó, aunque nunca imaginó que sería tanto. ¡Me acusa de incumplimiento de contrato por entrar en política! (ríe)… El compromiso lo asumimos ambos, él también quiere ser parte de este nuevo Chile. Y sabe cómo funciona esto, no así mis papás y hermanas, para quienes ha sido más complicado”.

—No debió ser fácil para él que su mujer se convirtiera en la vocera de gobierno.
—Más le ha costado mi corte de pelo y que me vista de ministra. Soy de jeans, más hippie, así me conoció. Pero este trabajo tiene que ser inclusivo; es decir, el cargo no es una parte de mi vida que guardo en un cajón cuando llego a la casa. Aquí participa toda mi familia. A Eduardo le cuento lo que pasa, quiero que vibre con lo que hacemos. A veces me acompaña de lejos, es súper bajo perfil.

—Su gran miedo era no lograr un equilibrio…
—He cambiado, me he ido relajando. Hoy, por ejemplo, asumí que llegaré tarde y que a mis niños no les contaré un cuento; lo haré mañana. Ya no me complico. Las mujeres siempre queremos que todo funcione perfecto y es un error.

—La ministra del SERNAM, Carolina Schmidt, reconoció que a cierta hora apaga el celular.
—No, yo no puedo. Insisto, mi pega es de 24 horas. Claro que cuando estoy ‘fuera del horario’ me permito contestar el teléfono mientras camino por el parque a pata pelá. Crecí en el campo, me crié entre caballos, con lluvia, pasto, ¡esa soy yo! Por ahí busco el equilibrio.

—Pero el cuerpo debe pasarle la cuenta con esto de vivir exigida día y noche.
—Hay cosas que te hacen decir ¡vale la pena! Cuando ves flamear la bandera en el Patio de los Naranjos, o que alguien te diga muchas gracias, lo están haciendo bien. Ese abrazo hay que darlo bien apretado, te traspasa energía.

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—¿Tiene vicios ministra?
—¡Soy re buena para la cerveza! A veces, cuando llego a mi casa, me tomo una bien helada. Me gusta más la rubia, aunque las artesanales son exquisitas… También me encanta cocinar postres: kuchenes y strudels.

—¡¿Y cómo no engorda?!
—Moviéndome. Soy algo hiperkinética. Aunque también puedo quedarme tranquila; de hecho, mis mejores panoramas son sentarme debajo de un árbol a leer o meter las manos en la tierra.

—¿Y los fines de semana es de juntarse con amigos, salir a comer?
—Tenemos hartos amigos, y con Eduardo somos estupendos bailarines de todos los ritmos. Oye, si me dicen hay que bailar arriba de la mesa, ¡bailamos! También nos encanta caminar, hacer trekking… Ahora tratamos de hacer más panoramas con los niños: vamos a la plaza, a la playa o salimos en bicicleta.

—¿Es cierto que tiene una asesora que le deja lista la ropa para cada día de la semana?
—Estoy consciente de que soy rostro del gobierno, eso implica estar bien vestida y dar una imagen. Como tengo muy claras mis limitaciones, cuando me enfrenté al drama de buscar una tenida para cada comida busqué ayuda en Francisca Torres. He ido aprendiendo y me gusta.

—Igual hay gente que le critica el look.
—Es parte del juego, no me lo tomo en serio. Me reí demasiado un día que hacía bastante frío, me puse varias cosas encima y salí a hablar con la prensa. Al día siguiente un diario tituló: El día que Ena von Baer se puso de todo, ¡imagínate!

—A propósito, ¿cómo se lleva con los periodistas? Algunos reclaman que no los pesca mucho.
—Hemos ido construyendo una relación, he tratado de hacerlo cada vez mejor. Quizás al principio existía esa sensación, pero estamos avanzando. Todos los voceros son distintos. A Ricardo Lagos Weber también lo criticaron cuando partió. Yo soy Ena: una mujer joven, conciliadora y abierta. A veces los periodistas buscan la pelea. Yo voy por hablar firme, pero no ir siempre al choque. Es mi estilo y lo defenderé. Lo peor que puedes hacer en política es transformarte en lo que no eres.

—También dicen que da temas por cerrados cuando no debe, como el caso de la ex intendenta Van Rysselberghe. Mientras usted decía “es asunto del pasado”, estaba todo pasando.
—Ella ya había renunciado y seguían haciendo acusaciones sin pruebas. Es una fórmula que han utilizado varios actores de la Concertación, ¡y nadie pide esas pruebas! No podíamos detenernos en eso.

—La gran crítica al gobierno es que hace noticia por cualquier cosa, menos por sus logros, ¿cuál es su mea culpa?
—No han sido meses fáciles. Cuando hay disputas internas en la coalición, es difícil posicionar un mensaje, separar la paja del trigo.

—El Presidente también ha aportado algunos chascarros, ¿no le da lata dar la cara en esos casos?
—Es parte de la pega, lo hago con cariño y convicción. Tenemos un gran Presidente y está haciendo un gran gobierno. Sacamos adelante una reforma educacional, con un crecimiento económico que ha generado más de 400 mil empleos, la mitad de ellos para mujeres. Hay oportunidades para los emprendedores, mucha gente que perdió todo con el terremoto montó su negocio gracias al crédito Corfo. Estamos reconstruyendo ciudades en zonas hoy preparadas para tsunamis. Con un Estado que ayuda a los mayores con la eliminación gradual del 7 por ciento o el bono de las bodas de oro.

—Pero la gente no lo percibe. En la última encuesta Adimark el Presidente Piñera mantuvo el bajo apoyo del 41 por ciento.
—Hay un proceso de acostumbrarse a ser gobierno, a ser coalición; de aprender, escuchar y transmitir de la mejor manera lo que estamos haciendo. Nos dimos cuenta de que tenemos que ser más equipo, apoyarnos más.

—¿Y Pablo Longueira ayuda con sus dichos?
—En estos meses salieron bastantes declaraciones que al final no ayudan a sacar adelante nuestro proyecto. Pero estas semanas ha habido un cambio.

—¿Ha pensado renunciar alguna vez?
—Jamás. Muchas veces llego a mi casa agotada, choreada por ataques o porque algo no resultó, pero es superficial. Estoy en política por servicio público. Creo en la alternancia, en la renovación y en cambiarle la vida a los chilenos.

—No debió ser fácil entrar al círculo de hierro Piñera-Hinzpeter-María Luisa Brahm…
—A todos los conocía antes, por el Instituto Libertad y Desarrollo, menos a Hinzpeter con quien trabajé cuando fui vocera del comando. Hicimos una buena dupla.

—¿Y quién la pautea: Sebastián Piñera o María Luisa Brahm?
—El Presidente define para dónde va la micro.

—¿Y usted opina?
—El escucha harto. Eso sí, hay que hablarle claro y rápido. Se dan discusiones de cómo hacer mejor las cosas, pero al final él decide.

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“Obvio que hay gente con más experiencia política que yo. Y es importante, pero también lo es tener una mirada fresca, dispuesta a escuchar y conversar. Cada uno aporta lo suyo, así se arman los grandes equipos… Llevo más de 10 años trabajando desde la academia, en asesorías parlamentarias. Al Presidente, diputados y senadores aliancistas los conozco hace mucho. He participado en varias leyes y proyectos, como la inscripción automática y el voto voluntario que se discute en el Congreso”.

—Llama la atención que a veces no se anticipen a las crisis: ocurrió con la ex intendenta del Bío Bío y el nombramiento del ex fiscal Peña…
—Son cosas diferentes. Con la intendenta se tomaron decisiones bajo una lógica y sustento. Claro, mirando atrás se pudo haber actuado distinto. Pero estamos aprendiendo, el gobierno está dispuesto a escuchar y a cambiar la forma de hacer las cosas. En cuanto al ex fiscal Peña, es de las personas con mayor experiencia en el combate a la delincuencia y la droga. ¿Qué quieren?, que perdamos ese conocimiento o que lo pongamos al servicio de uno de los problemas más grandes del país…

—El caballito de batalla del gobierno es el combate a la delincuencia; pero los asaltos han subido un 14 por ciento en el país.
—La última encuesta de seguridad ciudadana ENUSC mostró una caída de un 15 por ciento en la victimización y el miedo. Esa es una muy buena noticia; por primera vez la curva cayó.

—La oposición se manifestó en contra del voto voluntario, el posnatal de seis meses, la eliminación del 7 por ciento a los jubilados…
—La Concertación nos notificó estar dispuesta a sacrificar beneficios sociales sólo por obstruir la acción del gobierno. Esperamos que algunos se acuerden de que fueron elegidos para servir a los chilenos, y se conecten con la ciudadanía.

—El argumento es que existe letra chica que no beneficia a todos por igual, y que al gobierno sólo le apura el discurso del 21 de mayo.
—Podría ser correcto si estuvieran dispuestos a legislar, pero ellos ni siquiera quieren discutir los proyectos en el Congreso. La señal es clara: quieren un posnatal de tres meses y no reducir el 7 por ciento de salud para los jubilados, ¡punto!

—Muchos coinciden en que Sebastián Piñera debe dar explicaciones por el Caso Kodama.
—Se ha actuado con total transparencia, entregado todos los antecedentes a la fiscalía y a la Contraloría para que se investigue. La ministra Magdalena Matte asumió su responsabilidad política dejando el cargo. Nunca se había visto en Chile la ausencia de defensas corporativas, que se entreguen todos los datos, se asuman responsabilidades y se reconozcan los errores.

—Se cree que lo ocurrido en Vivienda de ‘inflar’ cifras se repetirá en otros ministerios.
—Hay que esperar el resultado de la investigación. Existen dos informes con cifras muy distintas. Las instituciones están operando para saber qué pasó. Lo claro es que se paró el pago, se actuó con transparencia y se ha defendido cada peso.

—¿Qué hará cuando deje su cargo?
—Ah, ¡no tengo idea! Tenemos mucho por hacer; a la coalición le queda rato. Y por más duro que sea, me gusta, estamos generando cambios y eso lo confirma la gente… Lo estoy pasando bien: hoy empecé el día con una charla, después en La Moneda y terminé jugando a ser modelo.