Un verdadero remezón político provocó la repentina alianza entre Lily Pérez (Amplitud) y Andrés Velasco (Fuerza Pública) hace unos días, cuando entre besos y abrazos ambos presentaron —junto a Red Liberal— en el ex Congreso Nacional, una propuesta conjunta para transparentar y financiar la política. Y es
que no sólo se trataba del regreso del ex ministro de Hacienda tras su momento más duro; de- mandado por el SII por recibir supuestos pagos irregulares de parte del Grupo Penta. Su vuelta fue nada menos que de la mano de un movimiento de centroderecha y ‘piñerista’, que dio cuenta —además— del alejamiento de Amplitud de las filas de la Alianza, y del posible nacimiento de un nuevo referente. Esta inesperada sociedad revolvió el escenario político, y obligará a un reordenamiento de ‘piezas’ y a que ciertos personajes tengan que definirse. Partiendo por el ex Presidente Sebastián Piñera quien, con el aterrizaje de Velasco en su sector, deberá decidir antes de lo esperado si será candidato presidencial. La Alianza, por su parte —y en especial RN— se verá forzada a considerar a Amplitud como socios, si no quiere terminar arrinconada en la extrema derecha. Y es la oportunidad también para que militantes DC desencantados con el gobierno y aquellos que hoy colaboran con Fuerza Pública —como Mariana Aylwin, Sebastián Sichel y otros— se cambien definitivamente de domicilio.




 

El ‘coqueteo’ político entre Lily y Velasco comenzó a fines de julio. Según cuentan desde Fuerza Pública, fue el empresario y ex RN Daniel Platovsky quien un día le preguntó a la parlamentaria si le interesaba ir a comer a su casa junto con Andrés Velasco. La senadora dijo: “¡feliz!”, mientras que el ex ministro de Hacienda respondió con un “me encantaría”. La velada —cuentan— fue distendida. Ella, acompañada del diputado Joaquín Godoy; y él, de su brazo derecho Sebastián Sichel, no pararon de conversar sobre temas que atañen al país. La pareja se conoce bastante, hace unos años fueron parte del Think Tank Expansiva —que reunía liberales como Karen Poniachik,Marcelo Tokman, Cristóbal Bellolio, entre otros— y estuvieron juntos en Harvard en un taller de políticas públicas.




 

A los pocos días de ese primer encuentro, el presidente de Red Liberal (RL) Sacha Razmilic —que hace un rato venía trabajando con el movimiento de Lily—, le propuso a Sebastián Sichel (director ejecutivo de FP) y al diputado Pedro Browne (Amplitud) ver si era viable redactar una propuesta común sobre financiamiento político. La afinidad de principios fue tal, que comenzaron a reunirse todas las semanas, y echaron a correr sus equipos técnicos para dar vida al documento. Hasta que la propuesta estuvo lista, Lily y Andrés y sus respectivos equipos mantuvieron la costumbre de comer juntos. La idea era presentarla los primeros días de octubre, sin embargo, a fines de septiembre estalló el Caso Penta que involucraba a Velasco —y a otras figuras de RN y la UDI— con pagos irregulares, por lo que debieron postergar el plan hasta que el conflicto se enfriara. El 6 de noviembre fue la fecha, en pleno ex Congreso, y con una puesta en escena que pocos olvidarán.




 

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Muchos apuestan a que este ‘romance’ de primavera entre Amplitud, Fuerza Pública y Red Liberal terminará en un nuevo partido político de centro y liberal. “No lo sé, me gustaría que tuvieramos proyección”, afirma Lily Pérez. “No descarto pactar con ellos en futuras elecciones. Frente a una izquierda estatista y una derecha defensora de intereses, nuestro camino con Amplitud será el de las ideas en torno a la libertad, y desde ahí ser oposición. Y si es con FP, RL con gente de RN o la UDI, ¡fantástico! Nos propusimos romper prejuicios y los tabúes de que sólo tienes que juntarte con los de tu lado. La rabia que demostró la ultraizquierda y algunos de derecha cuando aparecimos con Andrés, y la postura de la DC de exigir a algunos de Fuerza Pública que se definan, demostró que logramos un rebaraje del naipe”.




 

—¿Y cómo se reordenará ahora el puzzle político?


 

—El ordenamiento ya no va con las derechas e izquierdas, sino en torno a las ideas de la libertad. Y hemos sido consecuentes. Apoyamos el AVP, y estamos dispuestos a discutir sobre matrimonio igualitario. Votaremos a favor la ley de identidad de género, y lo hicimos en contra de la reforma tributaria, pese a las tentaciones, porque estamos convencidos de que va en contra el emprendimiento y la libertad económica, ya que al final duplica el impuesto a los créditos hipotecarios, comerciales, ¡si los bancos están felices! En educación, no nos enrolla el lucro, sí que se termine con la libertad de los proyectos educativos. ¡Eso es estatismo! Aunque pocos lo vislumbren, la disyuntiva, el debate de aquí al final del gobierno de Michelle Bachelet será en torno a estatistas versus liberales… Y nuestros amigos de la Alianza tienen que entender que estamos cumpliendo con el rol que definimos desde el primer día. Mientras ellos siguen en su sueño continuo, sin modernizarse ni sintonizar con la gente, culpando a Piñera de la derrota y pensando que los chilenos son malagradecidos, con Amplitud hemos logrado construir un relato. Por eso somos tan atractivos para la ciudadanía. Nuestro crecimiento ha sido explosivo.




 

—Por lo mismo, ¿no fue un riesgo asociarse con Andrés Velasco aún investigado por supuestos pagos irregulares?


 

—Separamos las cosas. Más que con Andrés, nos relacionamos con Fuerza Pública, que es mucho más que él. Velasco dio sus explicaciones, y a nosotros nos parece una persona decente; nadie puede afirmar lo contrario. La lógica de los políticos actuales es decir: “No te conviene… para qué salir en la foto con un gallo que está siendo investigado”. Nosotros vemos esta actividad distinto, más relacionada con la construcción de afectos, de sintonía. No solo es cálculo, que es lo que ellos hacen con el Binominal. RN solía señalar que llegarían a un acuerdo con el gobierno; claro, siempre y cuando les dieran cuatro senadores en O’Higgins, seis en Valparaíso, cinco por aquí, otros tanto, por allá. Si es a la carta, ¡fantástico!




 

—A Cristián Monckeberg le sorprendió que el ex ministro reapareciera con una propuesta sobre transparencia y financiamiento político, sin antes dar una respuesta clara con respecto a Penta.


 

—Sus explicaciones (que las boletas emitidas por Penta hacia él tienen relación con asesorías y charlas realizadas) nos pareció razonable; de lo contrario no nos habríamos juntado con él…




 

—¿Y cree como él que se trató de una persecución orquestada desde La Moneda?


 

—Confío en las instituciones y tribunales, no veo que los fiscales persigan a la UDI o a Andrés en especial. Sí me llamó la atención que entraran a su casa y no lo fueran a esperar al aeropuerto para quitarle el computador; que era lo más obvio. Pero más allá de lo curioso, me parece excelente lo que está haciendo el fiscal; confío que la investigación resuelva el tema.




 

—Van apareciendo cada vez más nombres…


 

—Esto es una caja de pandora, puede que haya muchas personas metidas, de distintos colores, transversales. Está bien que se sepa, era un secreto a voces estos tipos de financiamientos en política, pero no se podía andar apuntando con el dedo. Al fin podremos avanzar hacia lo que muchos no querían: transparencia y recursos fiscales para el funcionamiento de los partidos.




 

—El aterrizaje de Velasco a su sector, ¿cuánto presiona a Sebastián Piñera a definir su candidatura?


 

—Me encantaría que el sector liberal tuviera sus propias primarias con Velasco-Piñera, Velasco-Amplitud, Fuerza Pública-Amplitud… ¡Hay que mover Chile con ideas!




 

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—¿Y usted podría figurar en esas primarias?


 

—¡¿Por qué no?! Si fuera una decisión de Amplitud, ¡por supuesto!




 

—Siempre se ha pensado que Amplitud es el brazo político de Piñera desde donde él lanzaría su candidatura.


 

—Nuestra relación con él es de cariño, de respeto. Nos sentimos herederos de esta centroderecha democrática que él intentó sacar adelante, pero aclaro, somos súper autónomos de Piñera. Y hemos dado muestra de ello.




 

—Asociarse con Velasco fue ponerle un contrincante fuerte. Muchos se preguntan si se le fue a usted ese detalle… Cecilia Pérez se apuró en decir que el ex ministro no es rival para Piñera y que además odiaba a la centroderecha.


 

—No es lo que he visto, tal vez ella maneja antecedentes que desconozco, pero tengo una impresión distinta. Lo que logramos con él fue romper con “ellos de allá y nosotros de acá”. En la medida que alimentemos el centro político, podremos defender mejor nuestras ideas de libertad. Y el que las represente a cabalidad, será nuestro candidato. Si es Piñera, ¡fantástico!, él sabe que es mi preferido: fue un gran presidente y comparte mis ideas, pero nada lo apura a definirse. Andrés tampoco ha hablado con nosotros de candidaturas. En eso hemos sido muy respetuosos.




 

—El no tiene espacio en la Nueva Mayoría, ustedes resultan hoy la plataforma ideal para lanzarse.


 

—La Nueva Mayoría se farreó a Velasco, como la Alianza se farreó a Amplitud. Agotamos todos los esfuerzos para trabajar juntos, pero recibimos puras patadas de vuelta. La UDI ha sido respetuosa; los problemas son con la directiva de RN. Pese al cariño y amistad con Cristián Monckeberg, le tocó pagar el peaje golpeándonos siempre. No nos perdonan habernos ido, y nosotros, que nos hayan cambiado el partido.




 

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—Y aún componiéndose la relación, y de ganar Piñera o Velasco unas eventuales primarias, ¿terminaría la UDI o RN votando por alguno de ellos?


 

—No creo, tendría que haber un proceso, comunión de ideas. Renovación ya dijo que Piñera no es su candidato, que tienen otros; desconocen su tremendo liderazgo. Y por Andrés tampoco, aunque me imagino que a él no le gustaría… El no es de derecha.




 

—Reapareció con una propuesta común con dirigentes de centroderecha declarados piñeristas, ¿eso no es cambiarse de domicilio político?


 

—Quienes lo afirman, miran aún la política con etiqueta. Andrés es un liberal que viene de la centroizquierda… No se corrió para el otro lado, como nosotros tampoco lo hicimos hacia la izquierda. Puede que ahora se ubique en la oposición, considerando su postura y la de su gente con respecto al gobierno.




 

—¿Qué costos puede traerle a él esta aparente indefinición de identidad?


 

—No sé qué efectos pudiera tener para él, lo desconozco.




 

Hoy Lily busca crecer hacia el centro que —según ella— se encuentra vacante. Y responsabiliza de ello a la DC por irse con el Partido Comunista, y al Binominal que ha dividido a Chile en dos polos. “La Democracia Cristiana en todas partes del mundo es un partido de centro, que hace alianzas con la derecha, ¡jamás con el PC! En nuestro país es la única excepción”.




 

—¿Cuál sería el pecado original de la derecha chilena que crea tanta resistencia hasta de su propia gente?


 

—Ser de derecha es una opción súper legítima, yo no me avergüenzo ser de centroderecha; sin embargo, bajo el mismo paragua conviven muchos que se han dedicado a la defensa de intereses, no de ideas; eso nos ha dañado. Y resulta que hoy estamos frente a una izquierda que ‘defiende’ al Estado y espera lo controle todo —y lo engordan
y engordan finalmente no para la gente, sino para los que viven de éste— y una derecha que pretende dirigir la vida a través de las instituciones… Las personas están en otra, buscan vivir con seguridad, orden, trabajo y ¡libertad!




 

—Ignacio Walker despejó cualquier duda sobre el domicilio de la DC al reafirmar que se ubica en la centroizquierda.


 

—Sin embargo, Sebastián Sichel también DC declaró que se sentía más cómodo con Amplitud que con los comunistas. Hay dos vertientes distintas dentro de la DC, que va a generar una pugna interna fuerte. Walker ha hecho un buen trabajo para evitar la división, pero no será suficiente de aquí a fines del mandato de Bachelet. Se agudizarán las diferencias, sobre todo si hay reforma a la Constitución, con un sector de la izquierda muy comprometido con la Asamblea Constituyente. Llegará el minuto en que deberán tomar decisiones más duras y radicales, porque una Democracia Cristiana no puede callar o ser contemplativa frente a una izquierda arrolladora y coartadora de las libertades; va en contra de sus principios… Con el PC no tienen nada en común, sin embargo, cada cierto tiempo deben hacer el rito del ‘abuenamiento público’ para demostrar que no hay problemas, que los comunistas los respetan… Al final ni la Nueva Mayoría ni la Alianza están unidas por las ideas, sino por el poder. Y cuando se trata de calculadora, intereses, estas cosas empiezan a desfondarse solas. El fin del binominal ayudará a terminar con esto.




 

—¿Podría repetirse la historia de los ’70, pre Unidad Popular que terminó con una DC en crisis y dividida?


 

—Podría pasar si el próximo candidato de su coalición fuera de una izquierda muy dura; no la veo supeditándose una vez más. Creo que si este gobierno sigue igual, estancándonos como país, tendrán que analizar cómo seguirán hacia adelante. ¿Llevarán candidato propio a primarias? ¿Apoyarán a Velasco?… Ahora, si pierden las presidenciales —y creo que la Nueva Mayoría perderá el gobierno—, le puede ocurrir lo mismo que a RN y sufrir una especie de diáspora. Mientras unos se quedaron ensi- mismados, otros decidimos tomar las riendas y partir… Y te confieso, me encantaría que a fines de este período presidencial lográramos una oposición compuesta por una UDI y RN renovados, más Fuerza Pública, Amplitud, Red Liberal y parte de la DC…




 

—¿Ha tenido conversaciones con algunos DC al respecto?


 

—Sí, conversaciones informales; nada institucional. Hay un cariño muy grande con muchos de ellos.