Austeridad. Esa es la palabra que gobierna la vida de la infanta Cristina desde que volvió a Barcelona en agosto, después de tres años en Washington, donde su marido ocupaba un alto cargo en Telefónica. Pero no quedaba otra: ahora Iñaki Urdangarin tiene que preparar su defensa del juicio que enfrentará en los próximos meses por fraude fiscal y malversación de caudales públicos.
¿Cómo se traduce todo esto en el día a día de esta familia apartada hace un año de la Zarzuela?
Lo primero fue poner a la venta su palacete barcelonés en la exclusiva zona de Pedralbes. La mansión —valorada en más de seis millones de euros— representa para los españoles un símbolo del proceso judicial en el que está inmerso Urdangarin y la prueba palpable del ostentoso estilo de vida que llevaban la infanta y su marido.

Con piscina, zona deportiva, sala de cine, pista de baile y cinco dormitorios con baño, más sala de estar independiente para cada uno, esta residencia acogió a invitados ilustres. Entre ellos, la princesa Máxima de Holanda y su marido, Guillermo de Orange. Y fue escenario de fiestas legendarias como aquella en que 120 celebrities gritaron “¡sorpresa!” a Iñaki Urdangarin por su 40 cumpleaños. Eran buenos tiempos y ahí estaban los reyes Juan Carlos y Sofía, el príncipe Felipe y Letizia, la infanta Elena, los príncipes Kyril y Kubrat de Bulgaria con sus esposas, Alexia e Irene de Grecia, Alia de Jordania… Una lista que difícilmente visite el departamento arrendado en el que vivirá la familia muy pronto. Ya empezó el traslado de cajas.

¿REALIDAD O ESTRATEGIA MEDIÁTICA? La columnista de temas de sociedad Paloma Barrientos se inclina por lo segundo. Habla de un plan diseñado por asesores de imagen de la Casa Real. Es lo único que explicaría que el matrimonio se deje ver manejando un viejo Volkswagen Golf GTI, regalo del rey a la infanta por su 30 cumpleaños y que últimamente sólo usaba el personal de servicio. En otras épocas, la pareja estrenaba marcas de lujo haciendo valer el privilegio de su condición para tenerlos durante un tiempo indefinido de forma gratuita. “Eran devotos de los Audi aunque tampoco le hacían ascos a BWM, Passat y Opel, a cuyo volante siempre iba un miembro del equipo de seguridad”, explica uno de los antiguos vecinos del matrimonio en Pedralbes.
Ahora, la infanta Cristina camina para buscar a sus cuatro hijos al colegio, usa ropa de cadenas low cost tipo Mango o Zara, y no es raro verla despeinada o con los reflejos sin retocar. Con este look pasa gran parte del día ejerciendo como coordinadora de proyectos internacionales de la Fundación La Caixa —trabajo que tiene desde que era soltera—, mientras su marido tiene largas sesiones con el abogado preparando su defensa.
Mientras se espera el juicio, que será probablemente en 2013, la familia Urdangarin Borbón vive con el sueldo que recibe la infanta en la fundación, unos 250 mil euros al año. A esto suman una asignación por gastos de representación en torno a los 70 mil euros anuales, que depende de la discrecionalidad del rey. Es decir, poco más de un millón 600 mil pesos al mes.

URDANGARIN IRÁ A LA CÁRCEL. Así lo creen no sólo los medios de comunicación sino también la Casa Real. En mayo, el Fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce, señaló a El Mundo que por los delitos cometidos era imposible pedir menos de dos años de encierro (y sólo una pena por debajo de eso evitaría que ingresara efectivamente en prisión).
El yerno del rey está imputado por los delitos de malversación de caudales públicos, falsedad documental y fraude al Fisco. La investigación abierta hace un año, intenta determinar si Iñaki y su socio, Diego Torres, defraudaron las arcas fiscales desviando dinero al exterior y sin pagar los correspondientes impuestos valiéndose de Nóos, una fundación sin fin de lucro que recibió cerca de 7 millones de euros entre 2004 y 2006— para organizar eventos que se justificaron con facturas que no correspondían a los servicios contratados o con precios muy por encima de los reales.
Urdangarin no puede ocultar que lo está pasando pésimo. Perdió varios kilos y, a sus 44 años, se ve canoso y demacrado. Desde que regresó a Barcelona ha tenido que soportar varias veces que le griten en la calle “ladrón”, “sinvergüenza”. Y en los círculos sociales donde antes se movía como un pez tampoco lo miran con buenos ojos. En el Real Club de Tenis, donde va todavía con su hijo Juan Valentín, le niegan el saludo.
Sólo permanece fiel a la pareja el círculo más cercano. “Son excelentes personas, los considero muy amigos míos”, dice la empresaria Cristina Cañeter. Algo parecido declaró hace poco a la revista Marta Mas: “¿Que lo declaran culpable? Para mí, Iñaki seguirá siendo un amigo fantástico, lo ha sido siempre”.

Un informe del grupo militar encargado de transportar a las autoridades españolas reveló que en los vuelos que aborde la infanta Cristina debe haber caviar y chocolate negro… Sin embargo, para el 12 de octubre, un portavoz de la Zarzuela anunció que a partir de ahora en los actos de relevancia institucional, la Familia Real se limitaría a su núcleo central, es decir, los reyes y príncipes.

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