La que sigue es la historia de una mujer que se refiere a su suegra como ‘la jefa’.

Dicen que la Natalia Compagnon que se ve por los diarios y la televisión, seria y demasiado adulta para sus 32 años, en la intimidad parece bastante menor. Probablemente a esta imagen ayudan los nueve kilos que ha perdido desde que el pasado 6 de febrero explotó el Caso Caval, pero también se trata de un asunto de actitud. La nuera de la Presidenta Michelle Bachelet, la mujer de los Lexus y de la reunión con Andrónico Luksic, sigue siendo la treinteañera despabilada con habilidades para los negocios que, sin embargo, tiene poco sentido de la política y sus complejidades. De acuerdo a quienes la han visto en las últimas semanas, defiende con convencimiento la legitimidad de la compra y venta de terrenos en Machalí y no se explica la indignación que despertó la transacción en una inmensa parte de la ciudadanía.

Han sido tres meses complejos para Compagnon, que fuma mucho y come poco. En su casa de La Reina no se ve televisión abierta, sobre todo para que los niños —Damián, de siete años, y Lucas, de cuatro— sigan sin darse cuenta de las malas noticias. Conectada casi siempre a su celular y sin poder responder sus emails —su casilla está interceptada por la Fiscalía—, Compagnon dedica buena parte del día a preparar su defensa en una oficina que acondicionó en Providencia. Junto a su marido Sebastián Dávalos, sin trabajo y en la casa desde febrero, intentan salir a la calle lo menos posible para no exponerse. Aunque hace apenas dos años les parecía imposible irse al extranjero —“mi vida está acá”, comentaba ella—, la pareja no descarta pasar una temporada en otro país como Estados Unidos una vez que el proceso termine: están conscientes de que en Chile no será fácil encontrar alguna ocupación.

La vida de los Dávalos Compagnon efectivamente ha cambiado mucho en poco tiempo, pero ahora la nuera de Bachelet no está derrumbada ni especialmente doliente. Sigue juntándose a tomar café con las amigas de siempre, con las que conversa de la vida y se divierte. Su casa de La Reina todavía es el lugar favorito para los asados del grupo de amigos inseparables que tiene en común la pareja.

Natalia Compagnon —que en ocasiones toma con cierta gracia lo de ser la nuera mala de Chile— mantiene su humor habitual. Aunque no ha visto completas las rutinas de Yerko Puchento —en las que se ha mofado insistentemente de su marido y de ella misma—  algunos amigos le han hecho llegar links con trozos escogidos de las performances. El capítulo donde el humorista se burlaba de Rodrigo Peñailillo le provocó especial jolgorio. “Si te preguntan si facturaste para SQM, aplicamos la gran Peñailillo”, comenzaba el humorista del programa Vértigo. “Cara seria, un poco de sonrisa, leve movimiento de cabeza, una mirada al cielo, jajaja, jajaja. Esa es la gran Peñailillo. Se entiende. No falla nunca”.

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La habilidad de Natalia Compagnon para la compra y venta comenzó en la infancia. Apenas aprendía a leer y escribir cuando su tía Ely, que administraba un local de regalos en la plaza de Maipú, le llevó una bolsa con muchas pantys Last. Como Compagnon vivía en La Cisterna junto a su madre y varias de las 13 tías que tiene por el lado materno, la niña las revendía en su misma casa para quedarse con 100 pesos de ganancia.

La leyenda dice que fue una muchacha pobre que gracias a su marido pudo cambiar en pocas horas su destino. Pero la historia tiene, al menos, algunos matices.

Nacida el 29 de marzo de 1983, proviene más bien de una familia de clase media baja. Su abuelo materno, Hernán Soto Soto, era un campesino de la zona de Cocalán, en la VI Región, que con su señora Hilda tuvo 15 hijos: 14 mujeres y un hombre. Algunos de los mayores se habían venido a estudiar a Santiago cuando, a comienzos de la década de los ’70, la pareja decidió mudarse a la capital junto al resto de la prole y se instaló en un terreno en el paradero 32 y medio de Gran Avenida. Pero en esta ciudad no hubo suerte: el 22 de diciembre de 1973, don Hernán desapareció en circunstancias que, para la familia, nunca se esclarecieron del todo. Los Soto cuentan que jamás había participado de política y que cometió el error de salir sin carné en medio de un toque de queda. El caso fue denunciado ante la Comisión Rettig, la que lo investigó y lo declaró “sin convicción”: en su desaparición no intervinieron agentes del Estado.

Sea como fuere, con la muerte de Hernán Soto comenzó un período de desgracias: su mujer murió al poco tiempo y las hijas mayores tuvieron que salir a trabajar para educar a los menores.

Esa vivienda de La Cisterna fue el hogar de Compagnon hasta que tuvo unos ocho años, donde creció junto a madre y estas tías que la adoraban y la transformaron en el centro de la casa. Una de ellas, sin embargo, ha sido especialmente importante para la nuera de Bachelet: Lide, la mayor de las Soto, que la crió mientras su madre, Margarita, salía a trabajar todo el día. Esta mujer, que ahora se encarga también de cuidar a los nietos de la Presidenta, se tomaba hasta tres horas en darle de comer a su sobrina.

Compagnon era el centro de esta familia de mujeres, pero nunca tuvo un padre presente. Margarita, la novena de los 15 hermanos Soto, había tenido una relación con Jorge Compagnon, que llegado el momento de las definiciones no asumió su responsabilidad. El hombre alguna vez apareció cuando Natalia tenía unos 10 u 11 años, pero su falta de constancia hizo que, por el bienestar de la niña, le prohibieran para siempre las visitas. La nuera de la Presidenta, hasta el día de hoy, apenas guarda un leve recuerdo de ese hombre que nunca le hizo demasiada falta: con las tías, sus maridos y los primos conformaron una familia unida, de esas que se hablan varias veces por día, se visitan mucho, almuerzan los fines de semana y llegan en masa a los cumpleaños. Sebastián Dávalos, en los trece años que lleva junto a su señora, se ha unido a este sistema y, en alguna medida, ha hecho que su madre, su abuela y sus hermanas participen de esta dinámica. Luego de que nació el primer hijo de los Dávalos Compagnon, por ejemplo, Natalia decidió que la Navidad se festejaría en su propia casa, con las puertas abiertas para quien quiera estar con los niños, incluida su suegra.

Nunca fue especialmente buena para los estudios, ni en el colegio Santa Clara de La Cisterna ni en el Santa María de la Cordillera, donde comenzó a estudiar desde tercero básico cuando junto a su madre se trasladaron a vivir solas a Puente Alto, cerca de avenida Gabriela. Pero siempre fue despierta y busquilla. Cuando todavía estaba en enseñanza media y necesitaba ganar algo de dinero, se conseguía empleos temporales. En alguna oportunidad incluso llegó a disfrazarse de oso. Con el tiempo, sin embargo, Compagnon se dio cuenta de que lo que hacía bien era gestionar equipos de gente y coordinarlos. En la primera época de la universidad, por ejemplo, en vez de realizar ella misma los trabajos, reunía a grupos de compañeros para que repartieran volantes de alguna empresa o para que tomaran la PSU.

A Compagnon le gustaba manejar su propia plata porque el sueldo de asistente dental de su madre no alcanzaba y porque, siendo niña y adolescente, conoció de cerca los beneficios de quienes tienen una buena situación económica. Aunque la mayoría de su familia era bastante sencilla, la menor de sus tías Soto, Gricela, gozaba de un buen pasar. Había logrado estudiar ingeniería comercial en la Usach y, junto a su marido, se transformaron en los padrinos de Natalia. Si a sus propios hijos los llevaban a Disney, viajaban también con la sobrina. Cuando en esa casa compraron los primeros computadores, también hubo uno para Compagnon. Esta pareja de tíos también fue clave en que la muchacha, a los 15 años, se fuera de intercambio por tres meses a Michigan, Estados Unidos, a lo que no podría haber tenido acceso solo con el sueldo de su madre.

Para comprender la ruta de Compagnon —una titulada en ciencias políticas que, sin especiales condiciones para las matemáticas, terminó siendo hábil para los negocios— resulta crucial conocer esta influencia que ha ejercido la familia de su tía ingeniera.

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En 2001 regresó a vivir a la casa materna de La Cisterna y entró a estudiar Derecho en la Universidad Centralcon crédito universitario. Compagnon, como en el colegio, tampoco en esta época era una alumna estudiosa. Junto a sus compañeros le encantaba ir a los conciertos del Parque Almagro, ubicado al lado de la universidad, donde disfrutaba de las tocatas de Tommy Rey. Dicen que tenía grandes condiciones para el pool.

Cursaba el segundo año de esta carrera que no le gustaba cuando, en uno de los patios a la hora del recreo, conoció a Sebastián Dávalos, un estudiante de quinto de Ciencias Políticas. Ocurrió en octubre de 2002: él tenía 24 años, ella 19 y Michelle Bachelet era la ministra de Defensa que poco antes había encabezado su primera parada militar. Cuentan que los estudiantes se pusieron a pololear el día siguiente y que, desde entonces, no se separaron más. A fines de ese año, Compagnon dejó Derecho para matricularse en la misma carrera que Dávalos, de la que egresó en 2008 con un trabajo sobre el fenómeno de su suegra y la influencia de Bachelet en la participación de la mujer en política.

La nuera de la Presidenta, sin embargo, no tiene una historia marcada por el compromiso político. Aunque su familia votó por el No en el Plebiscito de 1988, cuando recién ingresó a la Universidad Central era identificada como una persona de derecha. Cercanos a la nuera de Bachelet, sin embargo, explican que esta conexión se debe a la amistad fuerte que tenía con un grupo de estudiantes que militaban en RN y la UDI. Sea como fuere, cuando conoció a Dávalos se inscribió en el PS y no por un asunto de convicciones: el trámite era necesario para una elección estudiantil. A esta militancia fue a la que Compagnon renunció en marzo, luego de la explosión del Caso Caval, pero realmente nunca pisó la sede del partido.

Con Dávalos hicieron una buena dupla: en privado ella tiene un carácter más dócil que él, que es más explosivo, y una actitud maternal con su marido. Cuando el cientista político trabajaba en la Cancillería y en La Moneda, ella acostumbraba a mandarle colación de mediamañana y almuerzos.

Conformaron además el mismo grupo de amigos: en el quincho de su casa de La Reina suelen hacerse los asados con esta gente que no proviene del mundo político. En la primera etapa del pololeo compartían aficiones como el paintball, el deporte en que los participantes disparan bolas de pintura a sus contrincantes y que los hizo viajar a campeonatos en el extranjero. Juntos iban también a un departamento de la tía ingeniera de Natalia, en San Alfonso del Mar, donde acostumbraban a andar en kayak. Llevaban poco más de tres años de relación cuando Bachelet ganó la elección presidencial en enero de 2006 y Compagnon subió al escenario del hotel San Francisco junto a la familia de la Presidenta electa para celebrar. Ese 15 de enero fue la primera aparición pública de la estudiante.

Pero en 2007 fue cuando la pareja dio un paso clave: después de cinco años de pololeo, pasar una temporada en Ginebra y recorrer Europa, decidieron comenzar a vivir juntos. Se  instalaron en el departamento que la familia Bachelet tiene en Américo Vespucio con Apoquindo, frente al de la madre de la Presidenta, Angela Jeria. En los tres o cuatro años que residieron en ese lugar —donde él había vivido antes junto a su mamá y sus hermanas—, Natalia estrechó un fuerte vínculo con la abuela de su pareja. Cuentan que las mujeres acostumbraban a pasar tardes enteras conversando y fumando cigarrillos y que, justamente por esta cercanía, la viuda del general Bachelet ha asumido en privado una férrea defensa de su nieto y de Compagnon en el marco del Caso Caval. Para la esposa de Dávalos, Jeria es la abuela que nunca tuvo. Jeria a su vez adora a ‘Natita’, como llama a la esposa de Sebastián, al que ella crió.

 El primer hijo de la pareja nació en medio del primer gobierno de Bachelet, en 2008. En esos cuatro años, Compagnon se ocupó de llevar al niño a ver a su abuela en la residencia de calle Burgos y la Presidenta, en sus ratos libres, disfrutaba paseándolo en coche por el jardín. Había dejado hace poco La Moneda cuando en mayo de 2010 llegó el segundo nieto, pero la socialista no tuvo demasiado tiempo para disfrutar de él: en septiembre de ese año se radicó en Nueva York como directora ejecutiva de ONU Mujeres. Cuando la familia la despidió antes del viaje, Compagnon mostró un Power Point con fotografías familiares antiguas que había fabricado para su suegra. 

En los dos años y medio en que Bachelet estuvo fuera de Chile —entre septiembre de 2010 y marzo de 2013—, Dávalos y Compagnon se compraron la casa de La Reina donde viven hasta la actualidad, ubicada en el mismo condominio donde la médico socialista tenía su vivienda en Santiago. En ese período, la nuera de Bachelet comenzó a dar pasos relevantes en el mundo de los negocios y en los contactos con empresarios: en febrero de 2012 inscribió Caval junto a su socio Mauricio Valero, al que había conocido a través de familiares. El nombre surgió por una anécdota: en una misma semana, unos clientes a ella la llamaron CAtalia Nastagnon y se refirieron a él como Mauricio VALerio. Cuentan que el hecho de que él fuera de derecha no fue un impedimento para que la nuera de la Presidenta estableciera pronto un vínculo de amistad con su socio, invitado habitual de los asados en la casa de los Dávalos. El primer contrato grande de la sociedad fue gracias a Gonzalo Vial Concha, hijo del dueño de Agrosuper, con quien Compagnon entabló luego una amistad.  

Con el regreso definitivo de Bachelet a Chile para llevar adelante su segunda campaña en marzo de 2013, la familia retomó poco a poco sus rutinas. En el círculo de Compagnon señalan que, pese al poco tiempo de su suegra, la nuera comenzó a organizar almuerzos los domingos en la casa de la Presidenta. Intentando replicar el modelo que observó desde su infancia con la familia Soto, quería generar espacios de convivencia similares. Sabía que a diferencia de su propia madre que vive con ellos y está gran parte de la semana con sus nietos Damián y Lucas, la jefa de Estado tenía pocos momentos para compartir con los niños. Desde su círculo, niegan que Compagnon haya restringido o prohibido los encuentros entre la Presidenta y los pequeños luego de la explosión del Caso Caval.

Dicen que la relación entre ambas está basada en el cariño y el respeto. En estos encuentros de fin de semana acostumbraban cocinar juntas, conversar, pero Bachelet y su nuera no mantienen una relación sumamente estrecha. Fundamentalmente, explican quienes las conocen, porque son demasiado distintas. Mientras Bachelet es reservada y siempre ha llevado un estilo de vida austero, Compagnon no tiene complejos con el dinero y ha comentado que no se considera ni más ni menos ambiciosa que el resto de los chilenos. Hace algunos años comenzó a adquirir obras de arte y desde adolescente le han fascinado los autos. Cuando en 2012 compró los Lexus, se decidió por esa marca y por esos modelos después de consultar ranking internacionales, porque eran los mejores a los que podía acceder considerando la relación precio-seguridad. Cada uno de los cuatro que compraron por medio de la sociedad Caval —dos para los Dávalos y dos para Valero—, costaban unos 30 millones de pesos.

En las últimas semanas, en medio de la crisis política del gobierno, la Presidenta y su nuera se han vuelto a ver en varias ocasiones. Dicen que el domingo 12 de abril, la familia se reunió en la casa de la mandataria. Cuatro días antes, Compagnon había sido golpeada por un grupo de manifestantes después de declarar nueve horas ante la Fiscalía. Apenas vio llegar a la esposa de su hijo, Bachelet se acercó y la abrazó cariñosamente. Hasta ahora, las dos mujeres no han tenido una conversación profunda a solas.

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La tarde del miércoles 8 de abril, Compagnon miraba hacia la calle desde el cuarto piso de la Fiscalía Regional de Rancagua donde había declarado como imputada durante todo el día. Eran las cinco de la tarde y la gente que protestaba en su contra en la mañana seguía apostada fuera del edificio a la espera de que saliera. Pasaba el tiempo y, como el ambiente no se calmaba, sus representantes solicitaron que autorizaran el ingreso de un vehículo hasta el patio del Ministerio Público y, de esa forma, se evitara algún incidente. Pero la respuesta que recibieron una y otra vez era que no se le podía dar protección especial. Se hicieron consultas a alto nivel y por distintos caminos y, sin embargo, le reiteraron la negativa. En ese momento, Compagnon pensó que alguien quería que ella saliera a la calle y, como no había otra alternativa, abrió la puerta y caminó entre los manifestantes. En medio de los gritos y un descontrol total, integrantes del sindicato de Siteco le pegaron con unos tubos de PVC que sujetaban unas banderas y, cuando el auto había andado algunas cuadras, la mujer sintió que tenía la mandíbula dormida.

—¿Cómo estás?, le escribió un familiar en un mensaje de celular.

 Compagnon, que llegó directo a tirarse a la cama, le contestó: “Estoy viva”.

La explosión del Caso Caval puso en evidencia la pugna entre el hijo de la Presidenta y Rodrigo Peñailillo, apuntado por el círculo de los Dávalos-Compagnon como el principal responsable del mal manejo político del caso en las primeras horas y del desangramiento público del primogénito y su mujer. La disputa de poder entre el hijo biológico y el hijo político de la Presidenta comenzó a hacerse patente apenas la revista Qué Pasa destapó la trama, pero con el correr de los meses el rencor se ha profundizado. 

En el entorno de los Dávalos-Compagnon se señala que Peñailillo no sólo trabaja para la Presidenta sino para él mismo y que, consciente de la incondicionalidad de Dávalos hacia su madre, quiso sacarlo del camino. La propia nuera de la jefa de Estado alguna vez le habría comentado a su suegra: nadie como Sebastián va a defenderla sin condiciones hasta el último suspiro.

Con la Presidenta y su familia en Caburgua, cercanos a la pareja consideran que Peñailillo no supo dimensionar la verdadera complejidad que el caso había tomado en Santiago. Grafican lo sucedido con la siguiente escena: pusieron a Dávalos con la cabeza debajo del agua y, cuando pretendían salvarlo, era demasiado tarde. 

De acuerdo al relato del entorno del matrimonio, el viernes 6 de febrero, el día de la publicación, Dávalos y su señora viajaron todo el día en auto hacia el lago junto a los dos niños. Llegaron por la noche y, como dicen que los celulares no funcionaban en la zona donde Bachelet tiene su cabaña, el fin de semana la información llegaba de forma parcelada. La única que tenía buena señal era Compagnon, a quienes sus amigos le enviaban links sobre las reacciones de la trama. Como muestra de la inexplicable calma que se vivía en esos días alrededor del lago y de la poca conciencia que existía a esas alturas del problema, la familia en pleno —Bachelet incluida—, el sábado 7 estuvo en la playa. 

Dicen que en Caburgua comenzó a conocerse la verdadera dimensión del asunto recién el lunes 9 de febrero, cuando Peñailillo empezó a enviar mensajes por el celular. Entre ese lunes y el martes 10 por la noche, los diálogos con Santiago estaban centrados en la declaración de intereses y patrimonio que Dávalos preparaba a contrarreloj desde la Araucanía. El miércoles 11, sin embargo, la situación sufrió un cambio drástico cuando el ministro del Interior se desmarcó por la mañana del hijo de Bachelet y lo instó a aclarar el negocio de su mujer: “El (Dávalos) tiene que responder”. La Presidenta habría hablado con el ingeniero PPD a la hora de almuerzo y a eso de las 15:00 horas, el primogénito viajaba de regreso a Santiago junto a su esposa y sus niños, después de ofrecerle la renuncia a su madre a la Dirección sociocultural de la Presidencia. 

Pero las tensiones se agudizaron en la capital. En el círculo de los Dávalos-Compagnon se sostiene que desde Palacio, con Bachelet de vacaciones, se habría filtrado información que no era verídica sobre supuestas declaraciones de la pareja acerca del negocio de Caval. El jueves 12, de acuerdo a estas mismas versiones, el ministro habría dilatado el encuentro con Dávalos, que esa noche redactó en solitario su renuncia. La mañana del viernes 13, el hijo de la mandataria se negó a anunciar su retiro ante la prensa que aguardaba fuera de su casa, como habría querido Peñailillo, y quiso hacerlo por la tarde desde La Moneda.

El primogénito y su mujer, señalan los que han tenido contacto con ellos, hubiesen esperado una defensa de la Presidenta y no la omisión de las primeras semanas, aunque comprenden que no tenía otro camino. Pero la pareja no se siente especialmente responsable de la situación que ha enfrentado el gobierno este 2015, porque piensan  que las balas vienen desde diferentes frentes.

La disputa entre los Dávalos-Compagnon con el ingeniero PPD llegó a un nivel insospechado y todo indica que es una herida todavía abierta. Dicen que cuando se supo que Peñailillo estaba vinculado a sociedades relacionadas con Soquimich, en la casa de La Reina se siguió la noticia con atención. La nuera de la Presidenta  —que llama ‘la jefa’ a su suegra— recordó una frase que hizo popular Eduardo Bonvallet: “Dios te castigó, porque Dios castiga a los vacas”.