Paciencia, tranquilidad. Eso es lo que Jaime Mañalich—dice— ha ganado en estos tres años y medio a cargo de la cartera de Salud, aunque varios piensen que poco se le nota. Como ex director de Clínica Las Condes, su poder de decisión era gigantesco, “por lo que llegar a este mundo de transacciones, donde la orden no sirve; sino los acuerdos, las negociaciones, ¡ha sido brutalmente difícil! Pero se aprende a escuchar, a ser cauto”, reflexiona el ministro, quien reconoce que, a pesar de lo lento del sistema, no ha perdido el afán de alcanzar objetivos.

Por lo que llegar a este mundo de transacciones, donde la orden no sirve; sino los acuerdos, las negociaciones, ¡ha sido brutalmente difícil!

Por eso se frustra si las cosas no le resultan, y es ahí cuando —admite— incurre en sus ya famosas ‘salidas de madre’. Como esa vez en medio de la tramitación de la ley de fármacos, acusó a los diputados Juan Luis Castro (PS) y Marco Antonio Núñez (PPD) de ser pauteados por la industria farmacéutica al rechazar ambos los artículos sobre la venta de remedios en supermercados y la obligación de prescribir los genéricos en la receta. Sus dichos le valieron querella de vuelta. En otra ocasión se enfrascó en una disputa con un reportero de El Mercurio, acusando al diario y a su columnista Hernán Felipe Errázuriz de boicotear su iniciativa legal antitabaco y de querer sacarlo del cargo, terminando la discusión con la polémica frasecita “te digo al tiro que tengo protección”. Debió pedir disculpas. Ahora sus entrevistas las da acompañado de una periodista-chaperona y mide cada palabra, aunque lo francote no se le quita.

En 2011 su mujer María Cristina Raffo estuvo al límite cuando fue trasplantada de un pulmón y tuvo complicaciones. Sin embargo, Mañalich (nefrólogo) dice que desde 2002, en momentos en que por una septicemia por neumococo estuvo a punto de morir, siente que todo ha sido un regalo. Por eso le pone tanta pasión a lo que hace. Y, asegura, como no tiene intereses parlamentarios, se la juega incondicionalmente por lo que cree, sin empacho a meterse con gigantes como las tabacaleras, farmacéuticas y las mismas isapres. Todo, según declara, siempre en pro de su partido: el de los enfermos.

—Es de los pocos que no le ha tomado el gustito a la política, ¿muy deslenguado para estar en ella?
—Me muerdo poco la lengua, hay períodos en que me porto mejor. ¿Sabes qué? Estoy siempre intentando lograr los objetivos, y cuando se frustran, me amargo. Hace poco los diputados —como están enojados conmigo— para castigarme rechazaron todos los artículos de la ley de hospitales clínicos…

—Argumento poco serio para legislar.
—El Parlamento es un poder autónomo. Esa ley buscaba replicar la estructura de funcionamiento del hospital Padre Hurtado, en los de Maipú y La Florida, donde, mientras más eficiente, más ganan sus trabajadores. Nuestra gran deuda es que no hemos podido implementar un mecanismo de gestión moderna en una industria tan compleja como los hospitales. Los diputados no entendían que votaban por eso y, después de postergar el tema dos semanas rechazan los artículos, con argumentos sin sentido. Con esas cosas me frustro. Ahí me tienen que ayudar mis periodistas…
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—¿Y qué le pasó con el reportero de El Mercurio, sobre quien descargó su ira y, de paso, acusó de boicot?
—El tabaquismo es el determinante fundamental de las enfermedades crónicas en Chile, y los intereses de las tabacaleras son enormes. No estoy dispuesto a aflojar esta lucha; y cuando empiezan con que los agricultores se están arruinando, que a los cafés con piernas ya nadie entra, ¡mentira! Los de calle Estado hicieron una terraza y venden más que nunca. No me harán aflojar. En ese contexto se dio la conversación.

—¿De verdad cree que el diario y Errázuriz están en campaña para sacarlo?
—En el pasado, él ha tenido argumentos muy fuertes en pos de la libertad, combatiendo la ley de tabaco. Tiene que cortarla, de hecho, ¡la cortó!

—Llamó la atención eso de que usted contaba con “protección”. Hasta Errázuriz dijo que tenía actitudes matonescas.
—¿Qué ministro puede ser matón?, ¿con qué fuerza? Fue una expresión de batalla nomás.

Su otra guerra

Hace rato se enfrenta con las isapres. “Funcionan en un marco legal inadecuado. Hoy todo avanza hacia una concepción más solidaria de salud, no de capitalización individual. Además, incurren en discriminaciones inaceptables en contra de la mujer, de los mayores…”.

—Y ahora vino el reajuste de la prima Auge, en circunstancias de que la Superintendencia calculó que con el excedente que les queda a las isapres, alcanzaba para cubrir las once nuevas patologías.
—Cuando entregamos el IPC de la salud a principios de año, calculamos que la prima Auge requería un reajuste máximo del 2 por ciento, y terminamos sobre ¡30 por ciento! Es el peor de los mundos porque la Corte de Apelaciones ya acumula más de 100 mil causas, y la de Rancagua falló a favor de los beneficiarios, sentando un precedente. Hace dos años enviamos el proyecto de ley que crea un plan garantizado de salud, que incluye el Auge, más todos los beneficios complementarios independientes del sexo, edad, preexistencia y con libertad de cambiarse. Pero la oposición nos tira una reforma más radical: pretenden que toda la cotización obligatoria vaya a un asegurador público como Fonasa, y las isapres dejen de percibir el 7 por ciento, que implicaría su muerte.

—¿Qué porcentaje de usuarios de Fonasa e isapres hacen uso del Auge?
—En Fonasa, un 92 por ciento; y en el sistema privado, poco menos del 50 por ciento. Lo frecuente es que en este último, las personas busquen el doctor y la clínica de su preferencia —no los que impone la red Auge—, y recurran sólo a la cobertura de fármacos, que significa un ahorro importante en enfermedades como Sida o hipotiroidismo.

Hay un incentivo por parte de éstas y de los médicos para que no se use el beneficio y recurran al plan de libre elección.

—La mayoría de las isapres suelen no informar sobre las coberturas Auge.
—Hay un incentivo por parte de éstas y de los médicos para que no se use el beneficio y recurran al plan de libre elección. Los doctores son los que deben informar al paciente, pero no lo hacen por falta de capacitación, ausencia de fiscalización externa y porque él deja de percibir por una operación y consulta. La gente debe preguntar.

—¿Debiera terminarse con la “integración vertical”, donde las isapres son también dueñas de clínicas y laboratorios?
—Hoy la mitad de las clínicas privadas pertenecen a isapres, sin embargo, según nuestros estudios, no muestran alzas de precios significativas. Lo que sí ocurre en Chile, es la “integración horizontal”: en todas las ciudades —excepto Santiago y la V Región—, los cirujanos y anestesistas no operan por menos de tanto, y las dos clínicas que tienen el monopolio en el valor por día cama.

—Da la impresión de que ad portas de una nueva ley, las isapres están estrujando al máximo el sistema.
—Se enfrentan a una incertidumbre. El escenario menos probable es que las cosas se mantengan como están, ya sea porque el Tribunal Constitucional va a pronunciarse, porque la Corte de Apelaciones fallará sistemáticamente o porque la opinión pública seguirá presionando. Frente a este escenario, es posible que hayan aprovechado de pegar un reajuste más fuerte por la prima Auge, que lo sugerido por la Superintendencia.

—¿De qué sirve la Súper, entonces?
—Fiscaliza la certificación Auge, a los prestadores, arbitra en problemas de contratos y de preexistencia, pero tiene menos potestad que la Súper de Bancos e Instituciones Financieras. La idea es que con la reforma a la ley de salud garantizada, tenga más atribuciones regulatorias para definir precios, fiscalizar planes y coberturas.

—¿Y alcanza a salir la ley en este gobierno? A la Concertación le convendría postergarla por un tema electoral.
—Poco probable. Hace más de un año que está dando vueltas y al momento de votarla aprobaron la idea de legislar, pero rechazaron los artículos matrices que son la generación del plan garantizado y el IPC de la salud. Ahora pasó al Senado; después debe ir a la comisión de Hacienda, volver a la Cámara de Diputados, pasar a comisión de salud, de hacienda… No hay posibilidad física de que salga. Estoy apenado, frustrado. Perdimos una tremenda oportunidad de dar un salto en el aseguramiento de salud en Chile, con una reforma al sistema. Ahora entraremos a un terreno incierto, porque de aquí a que se elabore un nuevo proyecto, consensuado, pueden pasar tres o cuatro años.

—¿No se equivocan, entonces, quienes dicen que los parlamentarios se apuran en legislar sobre materias que les benefician a ellos como ocurrió con la franja electoral?
—No he tenido buena experiencia. Me pidieron quitarle la urgencia a la ley de fármacos, y tres meses después se votó de mala manera. El clima político está enrarecido, un Parlamento que no logra acuerdos hace mal al país. Hoy están preocupados de dejar leyes para campañas políticas, para sacar al pizarrón al gobierno y a la oposición. En agosto el Congreso deja de funcionar; la mayoría de los parlamentarios están en campaña.
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Los enfermos perderán siempre

—¿No midió las consecuencias de acusar públicamente a los diputados Castro y Núñez de ceder al lobby?
—Nunca las mido, en eso no soy bueno. Es un tema que debe resolverse en tribunales. Ellos presentaron una querella, y es allí donde hablaremos del lobby, de pruebas. Lo bueno es que con o sin metida de patas, esto reactivó la ley; aplaudo a Larroulet por empujarla. Es obvio que el lobby actúa, lo dicen los mismos parlamentarios, entonces pongámonos de acuerdo en transparentarlo.

—Bueno, Fulvio Rossi le prestó ropa al reconocer que las farmacéuticas lo han contactado con el único fin de que los chilenos paguen más por los remedios.
— No fue un préstamo. Desde un principio escribió en el acta su preocupación por las gestiones que se hacían para influir en que la receta no llevara el nombre del genérico. René Alinco manifestó también su preocupación por el lobby… Confío que el Senado lo resuelva en Comisión Mixta.

—Cristina Bitar lo acusó de dañar la democracia por mezclar lobby con corrupción.
—Entiendo que ella tenga una industria muy importante dedicada al lobby, y que se sienta tocada, pero jamás lo he vinculado a corrupción. Esta práctica es legítima, pero debe estar sobre la mesa, no fuera de la oficina, en un cafecito o en un viaje. Hoy ningún médico podría publicar un artículo científico en una revista de prestigio sin decir mi conflicto de interés es tal, fui al Caribe pagado por…

—¿Tienen muchos conflictos de interés nuestros médicos-parlamentarios?
—La industria ha sido extraordinariamente astuta, porque a los dos años que te gradúas, ya no sabes nada. Se han hecho cargo de la educación continua; entonces, si me invitan en un trasatlántico al Caribe, donde asiste el mejor profesor de Harvard para explicar que el remedio tal es lo máximo, terminas prescribiéndolo, y los pacientes pagando el trasatlántico. Si en Chile un tratamiento de diabetes con un medicamento genérico cuesta anual 6 mil pesos, versus otro de marca que vale 300 mil, ¡¿quién en su sano juicio puede decir que es 50 veces superior a otro?!

La gente debe enterarse: existen 177 productos bioequivalentes aprobados por el Estado, para que le pidan al doctor que escriba en la receta el nombre del genérico.

—¿No le ve explicación?
—Los diputados argumentaron que la receta es sagrada, ‘intocable’, y que existe un bloqueo de precios, que no saben cuánto vale cada uno. La gente debe enterarse: existen 177 productos bioequivalentes aprobados por el Estado, para que le pidan al doctor que escriba en la receta el nombre del genérico, ¡está en su derecho de saber qué le recetan! Los diputados cuando tienen que votar una ley de hospital, piensan en los funcionarios, no en los pacientes; cuando nos niegan modificar la norma para comprar —directo a través de Cenabast— el alimento para los alérgicos a la proteína de la leche a un tercio de su precio, te preguntas ¿qué valores perseguimos como sociedad?

—¿Cuál cree usted?
—Hay conflictos de intereses, en el cual mi partido, el de los enfermos, perderá siempre. Porque aunque existan algunas organizaciones que marchan, el enfermo no, nadie los representa.