Dicen que uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Por estos días ese proverbio le hace más sentido que nunca al presidente electo del Perú Pedro Pablo Kuczynski. Y es que a partir del momento en que la Oficina Nacional de Procesos Electorales confirmó su triunfo sobre Keiko Fujimori, por apenas 0.22 por ciento de los votos, el llamado a la reconciliación ha sido unánime desde todos los sectores, incluida la poderosa curia limeña. Si bien el fuego cruzado de la contienda electoral fue virulento de principio a fin, es el hecho de que el economista acusara a la líder de Fuerza Natural de “ratera” y ella le respondiera con un “cobarde”, la clave para entender la resistencia de la candidata de 41 años a reunirse con el nuevo mandatario. Con un 73 por ciento del Congreso, la candidata puede darse ese lujo y muchos más.

Así los han hecho sentir sus colaboradores quienes advierten que cualquier acercamiento pasa, inevitablemente, por unas disculpas públicas. Empeñado en llegar a la Casa de Pizarro con un gobierno de coalisión, el empresario está consciente de que debe idear la manera de tender puentes si no quiere sufrir la obstrucción del bloque fujimorista a su programa de gobierno. Sin embargo, no está dispuesto a desdecirse. Para él que llegó al poder denunciando la existencia de un narcoestado, recordando el saqueo de las arcas fiscales por parte de las autoridades fujimoristas y augurando años de mediocridad en el caso de que ganara su contrincante, eso sería imperdonable. Total, no es ningún secreto que su mínimo triunfo en parte se debe al descubrimiento de que el secretario general y millonario financista de la agrupación fujimorista, Joaquín Ramírez, estaba siendo investigado por la DEA por lavado de activos. Eso, más el apoyo de la timonel del Frente Amplio Verónika Mendoza fue lo que en definitiva catapultó al ex ministro al poder. No hay por qué echar pie atrás, aseguran algunos analistas, al tiempo que otros exigen gestos de grandeza y hablan de saber perder.

En lo que sí hay consenso es que los atributos de hombre flexible y negociador que exhibió en el pasado como ministro, serán fundamentales para sortear la ofensiva fujimorista que se desatará a partir del próximo 28 de julio cuando reciba la banda presidencial. Mientras en el mundo financiero sacan cuenta alegres y auguran aumento de las inversiones que ya tienen a la economía peruana situada como una de las de mayor crecimiento en la región.