Su buen discurso político, lleno de promesas, varias de ellas díficiles de cumplir en los nueve meses que le restan, recordó sus mejores tiempos en 2013 y al inicio de este gobierno, cuando se decía que la mandataria era de teflón, incombustible, invencible…

El jueves 1 de junio fue quizás el último momento en que Bachelet fue la verdadera —y única— protagonista, la más importante de la fiesta. Pero rápidamente, al mismo tiempo que salió por las grandes puertas del Congreso en Valparaíso, volvió a la realidad.

La encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) arrojó un 18% de aprobación y un 57% de desaprobación a la forma en que ella está gobernando. “La CEP mostró a los ciudadanos viendo un país que aumenta su estancamiento en los últimos tres años y que no comparte la idea que buscó instalar en su discurso, eso que en los últimos años había surgido un nuevo Chile, con las banderas de Pedro Aguirre Cerda y desde las cenizas del neoliberalismo”, comentó el columnista Carlos Correa.
Tras la CEP vino el Indice Mensual de Actividad Económica, que registró un crecimiento del 0.1% en abril.

Aunque hoy resulta un lugar común hablar del manoseado síndrome del pato cojo, el concepto calza a la perfección con la situación actual del gobierno.

Esta semana, Bachelet partió a Canadá y Estados Unidos con muy poca cobertura periodística. Los reporteros ya no asisten a La Moneda con la misma periodicidad y el entusiasmo que antes. Los editores de diarios, radios y televisión saben que la noticia —y la tensión— ya no está en el Palacio de gobierno, sino que en los comandos y campañas presidenciales.
El miércoles 14 de junio parte en horario peak la franja electoral de los candidatos de Chile Vamos y el Frente Amplio. Durante 16 días, los cinco postulantes a las primarias (Sebastián Piñera, Manuel José Ossandón, Felipe Kast, Beatriz Sánchez y Alberto Mayol) podrán exponer libremente sus ideas, entre las 20:45 y las 21:00 horas, es decir después de las teleseries de la tarde y antes que empiecen los noticiarios.

La Nueva Mayoría deberá observar desde sus casas y no tendrá espacio para responder las más probables críticas a un gobierno que, poco a poco, comienza a despedirse anticipadamente.