En la calle la gente me grita: ¡bien!”, cuenta Ramón Farías, diputado por La Granja, Macul y San Joaquín, donde fue electo con primera mayoría. “Hasta los funcionarios de La Moneda (tuve que ir hace algunos días) me levantaban el pulgar y me felicitaban para callado, para no tener problemas”, agrega el ex actor aludiendo al criticado actuar del gobierno cuando intervino —a través del ministro Nicolás Eyzaguirre— para que el informe de la Comisión Sename 2 —que él presidió— fuera rechazado transversalmente, con el suyo como único voto a favor. Y el escándalo aún no termina.

“Lo importante es que el tema se instaló”, afirma ahora, cumplido un año y un mes desde que se inició el trabajo que arrojó un total de 540 páginas, con una serie de recomendaciones, entrevistas a directores de instituciones, expertos y un desgarrador registro de quienes hoy viven en organismos del Sename. Y la cifra que estremeció al país: 1.313 niños muertos entre 2005 y 2016  bajo protección de este servicio.

El trabajo fue a parar a la basura tras el lobby del gobierno, nerviosos de que la Presidenta Bachelet recibiera un nuevo golpe a su popularidad cuando comenzaba a repuntar en las encuestas. La mención de la ex ministra de Justicia Javiera Blanco, cercana a la mandataria y hoy —en una decisión no exenta de polémica— integrante del Consejo de Defensa del Estado, llevó a Eyzaguirre a desplegar toda su influencia para convencer a los miembros de la comisión y a cada una de sus bancadas.

Sin embargo, Farías cuenta que los problemas comenzaron meses antes, como lo desclasifica en esta entrevista.

“El mandato original era revisar las proposiciones de la Comisión 1 (presidida por René Saffirio), que estableció que aquí hubo violaciones a los DD.HH. y les pidió a los ministerios de Salud, Educación y otros organismos que pusieran en práctica una serie de recomendaciones que nosotros (en la segunda comisión) partimos revisando. En el transcurso supimos de las muertes y nos dedicamos a investigar y a tratar de precisar el número. La investigación tomó otro cariz”, cuenta el diputado PPD.

Terminado el primer borrador, a mediados de junio pasado, fue aprobado por todos los miembros de la comisión, menos René Saffirio. “El quería que fuera su informe, que redactó en paralelo al nuestro, el que fuera aprobado. Pero de ahí rescatamos lo más relevante y confeccionamos el nuestro. Aquí hay muchas actuaciones que son a título personal, por fines electorales”, cuenta apuntando a Saffirio.

Uno de los puntos propuestos contemplaba un sumario a Solange Huerta (actual titular del Sename) por el manejo de las platas de los Organismos Colaboradores Acreditados (OCAS). “Se trata de fondos que reciben del Estado y que muchas veces son usados para fines diferentes de lo que señala el proyecto”. Y agrega: “Puede que exista malversación —o que se preste para ello—. Personalmente no creo que se queden con la plata pero se hacen bicicletas”.

—¿Con fines electorales?

—No, no creo que haya gente que se quede con la plata. Pero se evidenció la pésima fiscalización del Estado, que sólo se preocupa de ver cuántos niños tiene cada OCA, cuánto recibió, y verificar números en relación a quienes están bajo su cuidado, pero no los programas, los procedimientos, si los funcionarios son idóneos. Entonces los OCAS hacen lo que se les ocurre. Por eso surge el problema de los niños muertos, que ni siquiera se sabía cuántos eran. Porque si uno moría se le daba de baja para que no les siguiera dando subvención, sin explicitar una causa. Y nadie les preguntaba por qué ya no estaba. Había una tremenda confusión: muchos habían sido dados en adopción, pero como figuraban “dados de baja” se pensaba que estaban muertos. Otros estaban muertos pero se pensaba que habían sido adoptados… No había una sola base de datos sobre el historial de cada niño. Además que muchos no eran niños: tenían algunos 50 ó 60 años…

—¿Cómo?

—Al Sename ingresan muchos niños con problemas basales: hidrocefalia, malformaciones, a los que las familias nunca más van a ver y que cuando cumplen 18 años continúan dentro del sistema a falta de un lugar donde ir. Eso es algo que descubrimos y que no se sabe mucho, pero que representa un 30% de los 1.313 muertos. Son hartos. Y surgió entonces el otro problema: ¿qué hacemos con los mayores de 18 que no pueden seguir en el Sename? ¿Quién se hace cargo? ¿Debería el Senadis (Servicio Nacional de la Discapacidad) hacerse cargo? Yo creo que sí.

Entonces —continúa el parlamentario— se buscó en esa versión del informe sumariar a Solange Huerta por esos fondos empozados de los OCAS, “pero como ella fue la única que logró establecer con certeza cuántos niños habían muerto, opté por eliminar el punto. No se justificaba”.

Farías intentó confeccionar un informe de consenso, aunar la visión de la derecha, de la Nueva Mayoría y los independientes. “Primero trabajé con los diputados; nos pusimos de acuerdo en los puntos básicos y luego con los asesores, que daban cuenta a sus parlamentarios, y cuando estos no iban se les mandaba un mail o un whatsapp contándole qué se había bajado o subido, qué se había discutido. Y obteníamos o no respuesta. Teníamos como seis puntos de diferencia y los dejamos afuera para votarlos aparte; tenían que ver con lo de Javiera Blanco, con lo de Marcela Labraña (directora del Sename cuando estalló la crisis), con lo que señalaba Alicia del Basto (jefa del sindicato), de que aquí había una captura política de parte de la DC y del PC dentro de este organismo; y esto último se omitió porque tampoco teníamos pruebas concretas de que el Sename fuera un botín de uno u otro sector”.

El nombre de Javiera Blanco fue lo más complejo. Se llegaron a redactar más de tres versiones: “La primera era brutal; se le acusaba de todo, no sólo negligencia inexcusable, sino dolo. Ahí redacté otra versión donde obtuve un acuerdo casi mayoritario; se nombraba la negligencia que podía ser inexcusable, pero suavizaba el tema y se hablaba, además, de que aquí había un problema histórico. Así no se le estaba achacando toda la responsabilidad sino que más bien se la responsabilizaba por su período, donde no hizo las acciones que debió, como saber, por ejemplo, cuántos niños habían muerto. Eso lo cuantificamos recién con Solange Huerta. O cuando Blanco no sacó en el momento a Marcela Labraña. Además, a mí tampoco la ministra me contó la verdad respecto de lo que efectivamente había pasado con la muerte de Lissette Villa (la niña que perdió la vida en un centro de Estación Central). Supe por otras personas que quien la había atendido era una estudiante en práctica…  Nunca me hablaron con la verdad absoluta. Y es muy difícil que ni ella ni Marcela Labraña no lo hayan sabido”.

—¿Por qué en el informe no se menciona a los predecesores de Blanco?

—Porque nuestro mandato era de 2014 a 2017.

—¿Entonces por qué no se hace referencia a Ximena Rincón o José Antonio Gómez, por ejemplo?

—Está el actual ministro de Defensa (Gómez) con una responsabilidad, yo diría, lateral, cuando prometió mandar la ley de división del Sename y no cumplió. A Blanco se le achacan los niños fallecidos;  y el tema de Lissette Villa explota durante su período.

Y agrega:

“Cuando tú lees el informe, se apunta la responsabilidad histórica que tenemos como Estado. De hecho, la propuesta número uno es el perdón. Que fuera la Presidenta quien lo hiciera en su rol de jefa de Estado. No estamos personalizando… Aquí tenemos al ex Presidente Piñera en cuyo mandato ocurrieron muchas más muertes que en ningún otro. Es el Estado el que ha fallado”. Farías es crítico respecto del actuar del gobierno. “Se equivocaron, primero al pedir que se votara en contra; no calcularon los efectos políticos. Todos los diputados que fallaron en contra ahora están arrepentidos porque claramente afecta sus reelecciones. Son puntos menos para todos”.
Dice que sus colegas del Congreso ya no lo saludan, “me miran feo, ¡mala suerte! Es parte de lo que implica ser consecuente”.

—Por lo que se sabe, Camila Vallejos redactó el último párrafo mencionando la “negligencia inexcusable” de Javiera Blanco y, sin embargo, después votó en contra.

—Aceptó que la derecha agregara la ‘negligencia inexcusable’. Y votamos a favor de ese párrafo pero después argumentó su rechazo al decir que esto se había transformado en un  circo… ¡Por favor!

—Entiendo que tuvo una discusión muy áspera con Eyzaguirre.

—Decía que si aprobábamos este informe estaríamos dejándonos manipular por la derecha. Ahí es cuando lo enfrenté y le dije: “perdóname, pero no me estoy dejando manipular por nadie; estoy dando cuenta de una realidad”. Luego señaló que lo dicho iba más allá de las atribuciones que tienen las comisiones investigadoras porque está asignando responsabilidades a ministros. Otra vez está equivocado porque todos los informes de las comisiones investigadoras, se incluye una responsabilidad política a distintos personeros, pueden ser ministros, directores de servicios, jefes, etc. Eso siempre es así.

“Ahora, si alguien me dice, como lo sostuvo el ministro de Justicia, Jaime Campos, que de aprobarse el informe como venía esto podía traducirse en demandas hacia al Estado por ex niños Senames o familias que se sintieran perjudicadas, estamos bien perdidos. Porque si esa es la consecuencia y si el Estado les causó daño a esos niños, no es problema de la Presidenta Bachelet sino del Estado y ellos están en su derecho”.

—¿Cómo considera que actuaron los distintos candidatos presidenciales respecto de este tema? Alejandro Guillier, por ejemplo, defendió a Blanco en sus primeras declaraciones y luego no habló más del tema.

—Su error fue hablar sin haber leído el informe. Con suerte vio una frase, precisamente la de Blanco. Le soplaron al oído y él se limitó a repetir. Igual que Beatríz Sánchez. Me escandalicé cuando la escuché. Yo pensé que iba a ser un poco más responsable, pero no y además todo su bloque votó en contra.  El ex Presidente Piñera lo que está haciendo es tratar de aprovecharse políticamente cuando debiera hacer un mea culpa y fuerte. Y Carolina Goic pidió una comisión de verdad pese a que todos sus diputados estuvieron en la posición contraria. Es muy raro.

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—Fue especialmente duro con el candidato de su sector. ¿Cómo ha sido su experiencia con Guillier?

—Se han manejado muy mal. Fui primera mayoría e incluso doblé en mi distrito. Tengo experiencia, un peso específico, me conocen no sólo en mi distrito sino también por mi condición anterior de actor. Sin embargo hasta el día de hoy no me llaman de su comando para que los apoye. De hecho, hace algunas semanas Guillier fue a una actividad en mi comuna y nunca me informaron. Falta cariño, comunicación.

El parlamentario considera un error que Alejandro Guillier optara por no tener a un generalísimo para su campaña. “Dice que es independiente y por lo tanto se maneja de manera distinta. Okay. Pero eso no le está funcionando; tiene el despelote dentro de su comando. Puede ser horizontal pero tiene que contar con alguien que estructure. Hay que trabajar con todos los sectores; llegar a todos aquellos que tienen algún tipo de influencia en sus territorios, cosa que Alejandro no está haciendo. Tampoco tiene un discurso claro, prístino, respecto de lo que va a hacer. ¿Vamos a seguir con las transformaciones que la Presidenta Bachelet nos propuso al principio y que votamos?”.

—El se ha planteado como una continuidad.

—Pero no ha dicho de manera clara de cómo vamos a seguir hacia adelante. Y uno no sabe qué responder. A lo mejor piensa que con provenir de la televisión basta. Pero para lo único que sirve ser conocido es para que la gente sepa tu nombre, te pidan autógrafos, no significa que vayan a votar por ti. Hay que mostrar un programa, convencer. No basta con tu nombre y tu linda cara.

—¿Y usted cree que Guillier todavía se basa en su imagen como comunicador?

—Sí. Su equipo descansa mucho en eso. Porque claro, fue producto de las primeras encuestas, pero ya no.

—¿Concuerda con lo que dijo Girardi, que Guillier es un castigo hacia la clase política?

Ríe.
—No creo que represente un castigo, lo que no me gusta es que él, al estilo Lavín, intente desmarcarse de la clase política. Cuando fue nombrado senador por la ciudadanía pasó a ser un político; la diferencia que hay que hacer es que hay buenos y malos. Que la actividad esté desprestigiada no significa que cada uno de nosotros seamos un desprestigio para este país. Guillier no ha entendido que con ese discurso nos puede llevar al fracaso a todos, incluyendo a él mismo. Por eso está estancado.

—¿Usted es también un nostálgico de Ricardo Lagos?

—Sí…. Fue un error que se haya bajado. Habría sido importante que continuara porque despliega ideas y produce una discusión profunda, pero hoy vemos que todos nuestros candidatos no están desplegando ideas sino que están pegados en decir si son o no son políticos, ¡mira el tema!  Eso en vez de estar hablando de su propuesta en el Caso Sename, que no está. Ese es el error y ese es el nivel que Ricardo Lagos podría haber instalado.

—Con esa visión, ¿votará por Guillier?

—No tengo voto hoy. No estoy convencido. Estoy como muchos, incluso cercanos, que están desilusionados porque no sienten que haya una cercanía. Creo que a Guillier le falta empatía.

—Se ve desencantado. ¿Cómo se siente hoy dentro del PPD?

—Cuando toda mi bancada vota en forma distinta un informe que he trabajado como loco, es evidente que uno pasa a sentirse incómodo, a cuestionarse. A mi partido le falta retomar esa gallardía, instalar propuestas distintas, que lo tuvo antes. Era un partido de punta, que puso temas que no se hablaban en el país. Pero hoy es uno más ente los otros, peleando por leseras sin ideas fuertes y ha pasado a llevar sus propias convicciones…