Por Franco Fasola y Laura Lucchini

El paciente de Berlín, atacado cruelmente por el VIH y la leucemia, es la clave para una respuesta definitiva al virus. Un transplante de médula ósea y células madres con una mutación inmune, son parte del golpe que un grupo de médicos alemanes dio a la enfermedad. CARAS habló con ellos.

“Una vez que has llegado a la luna tienes que decidir qué hacer desde allí”. Eckhard Thiel, hematólogo de la Clínica Universitaria de la Charité en Berlín echa mano a esta metáfora para referirse a su paciente, Timothy Ray Brown, quien logró curarse tanto de leucemia como de VIH a través de un transplante de médula. Un hito que hoy por hoy es la sensación en la ciencia internacional. Sin embargo, algunos especialistas aseguran que se trata de una situación única y que no tiene significado para los otros 33 millones de enfermos de Sida en el mundo. Pero el profesor Thiel es optimista: “estoy seguro de que no se trata de un caso aislado, sino de una nueva posibilidad”.

Lo cierto es que la noticia de que en Alemania existe un hombre que tuvo el virus dando vueltas por su cuerpo desde 1995 y que hoy no presenta rastros de la enfermedad, no deja miradas indiferentes. La prensa sigue el hallazgo desde 2008, cuando el equipo de médicos coordinado por Thiel anunció que el ‘paciente de Berlín’ estaba curado y no había vuelto a presentar el virus VIH.

Desde entonces, Brown ha concedido dos entrevistas. La primera al prestigioso Die Zeit, bajo el nombre de Nil. La segunda y que provocó el estallido mediático del caso, fue publicada el pasado 8 de diciembre en el semanario alemán Stern donde se conoció su nombre verdadero, además de su retrato. Paralelamente, otro artículo en la revista científica de hematología estadounidense Blood, hablaba de la investigación, asegurando que después de tres años, se podía decir, con seguridad, que el hombre estaba curado del Sida.

HASTA AHORA BROWN ERA UN FANTASMA. Por años, el ciudadano americano de 44 años, residente en Alemania desde 1992 y licenciado en Ciencias Políticas, vivió escondido en un sanatorio en las afueras de Berlín. Su lucha, que hoy remece corazones y microscopios partió en 2006. Hasta ese momento era uno más de los millones de VIH positivos medicados. Vivía con su pareja y trabajaba en el sector comercial. Siguiendo su costumbre, viajó a Seattle, Estados Unidos, a visitar a su familia y amigos. Comenzó a sentirse mal y tras los exámenes se comprobó que tenía leucemia. En Alemania partió la quimioterapia, a la que su débil sistema inmune no resistió y tuvo que ser inducido en coma.

sidaSus médicos decidieron realizarle un trasplante de médula para curarlo del cáncer a la sangre. Pero no se limitaron a esto: gracias a la idea del hematólogo Gero Hütter, colaborador de Thiel, buscaron un donante que tuviera una mutación genética conocida como Delta 32. Los investigadores habían constatado, hace años, que las personas que heredan esta mutación —solamente entre el 1 y el 3 por ciento de la población europea— son casi inmunes a la enfermedad.

Los virus son partículas que no tienen vida propia. Necesitan de una célula para desarrollarse. Por ejemplo, el virus de la hepatitis busca las células del hígado. El del resfrío, las respiratorias y el del Sida, una célula especial, la CD4, que le permite entrar y luego desarrollarse. En ese proceso existe una en mil personas que tiene la mutación en la cual el receptor es diferente y no acepta el virus, esa gente es inmune al VIH.

“Entonces me acordé de algo que había leído hace años sobre el caso de una prostituta africana —explica Hütter—. Ella era inmune al VIH y todos los indicios llevaban a que esta mujer tenía una protección genética, que fue justamente el gen Delta 32”. En ese momento la suerte empezó a hacer su trabajo. Se encontró un donante compatible y que además, tenía la mutación. La operación tuvo éxito, la leucemia desapareció y el VIH también.

Luego del transplante de médula, los médicos le aconsejaron a Brown que suspendiera el tratamiento con antirretrovirales porque temían que éstos dañaran las células de la médula recién implantada. Durante ese tiempo, Timothy estuvo bajo celosa observación para reanudar el tratamiento farmacológico en caso de que el virus reapareciera. Normalmente, el retiro de la medicación lleva a que el VIH se multiplique y se propague en un par de semanas. Esto no ha sucedido hasta ahora. El paciente de Berlín está sano. “Me sorprendí muchísimo —dice Hütter—. Fue fundamental después del procedimiento suspender momentáneamente los medicamentos que durante diez años habían mantenido bajo control el Sida. Esto implicaba muchos riesgos y Timothy podía morir. Ahora tenemos que evaluar si también sirve para sujetos que no tienen leucemia. Esta experiencia puede ser una puerta hacia una terapia”, explica a CARAS el profesor.

Lo cierto es que, la cura de Brown no convence a todos. Hay muchos médicos que la consideran demasiado agresiva para ser aplicada masivamente. “Creo que este procedimiento no es el camino para la cura de la enfermedad. Es una intervención absolutamente extraordinaria que tiene una mortalidad alta en pacientes sin VIH, con tumores hematológicos y que se usa como terapia de rescate cuando el pronóstico es muy malo. Además, tiene un costo muy alto. En Chile se podría hacer lo que pasó en Alemania, si ‘los astros confluyen’, pero no lo consideramos parte de la terapia para VIH. No vamos a mandar a una persona a un transplante de médula ósea para curar el Sida. Lo que sí estamos haciendo es enviarlos a transplante de riñón. Dado que el pronóstico de VIH es tan bueno, el enfermo no debe morir de insuficiencia renal o hepática. La gente debe entender que el problema no está resuelto. El Sida no se cura, se controla. Lo que pasó aquí fue un milagro”, sostiene el infectólogo de la Clínica Las Condes, Guillermo Acuña.

sida300Y agrega: “El asunto es que esto no es la curación para la población infectada de VIH en general, este fue un caso excepcional. Lo importante es que existe la infección, hay que tratar de prevenirla y darle énfasis al examen. Nuestra legislación hizo que éste sea restringido, con consentimiento informado. Acá se consulta muy tardíamente, de manera que hay mortalidad en gente que se podía tratar”.

En Chile existen unos 40 mil portadores y el Estado gasta unos 50 millones de dólares anuales en tratamientos, según cifras entregadas por la subsecretaria de Salud, Liliana Jadué.

Manuel Jorquera, coordinador ejecutivo de Vivo Positivo pide cautela. El no tiene el virus, pero entró en la organización que reúne a los chilenos que tienen Sida luego de la muerte de su pareja, hace 12 años. “Como hecho científico es algo maravilloso, porque es tener esperanzas en una solución definitiva a un flagelo tan grande. Sin embargo, consideramos que esa terapia es muy incipiente y de alto costo. Hay que ser prudente, porque las personas pueden creer que es una cura masiva y bajen las medidas de autocuidado. Sabemos que esta investigación es a muy largo plazo. En Chile vamos muy atrás. Acá todavía hay gente que no recibe los tratamientos antirretrovirales garantizados por ley”, dice el dirigente.

Para Thiel, sin embargo, se trata de “una puerta abierta a la investigación. Quizá no para los muchos millones de pacientes VIH positivos que hay en el mundo, pero sí para casos especiales que podrían ser niños contagiados que tienen toda una vida por delante, o para pacientes que no soportan la terapia inhibitoria”.

Los médicos de la Charité de Berlín trabajan ahora para que se pueda realizar la mutación inmune al VIH en laboratorio. “Esto se puede hacer ya. Con tecnología genética, sin riesgos, será posible modificar las células madres de un donante compatible y hacerlas viables. Por este camino de investigación, podríamos llegar un día a obtener células madres del paciente, convertirlas en inmunes, y volver a implantarlas. Si mejoramos los procedimientos, bajarán los costos y la terapia se podría masificar. De todas maneras puede llegar a ser menos caro que muchos años de medicamentos”, asegura Thiel.

El próximo paso es verificar si se puede realizar un transplante a otro paciente que tenga las mismas condiciones que Timothy Ray Brown. “Es una posibilidad muy realista”, sostiene el líder de los investigadores alemanes.

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