Al lado de un poderoso hombre, siempre hay una poderosa mujer. Si bien el refrán no es exactamente así, en el caso de Mao Zedong y Jiang Qing no puede ser explicado de otra manera. Hace 50 años comenzó oficialmente la Revolución Cultural China, donde Mao fue el máximo dirigente. Al finalizar el régimen maoísta, no fue él, sino su mujer, Jiang Qing, la que estuvo al mando.

Qing, mejor conocida como Madame Mao, fue su cuarta esposa. Ejerció como actriz en su juventud —ganando relativa fama— con el seudónimo de Lan Ping, y tras unirse al Partido Comunista y casarse con Mao, fue Ministra de Cultura de la República Popular China (1949). Dos décadas más tarde pasó a liderar el plano artístico de la revolución.

Según la revista TIME, Madame Mao está entre las 25 más poderosas del siglo pasado. Y no hay dudas. Ejerció su rol de mujer fuerte y atemorizó a muchos: proyectó y ejecutó actos masivos de represión política contra artistas e intelectuales contrarios al régimen. Su puño despiadado se extendió también a pleitos personales: habría reprimido a algunos de sus antiguos rivales y competidores del mundo cultural, e incluso, cuentan que mandó a arrestar a una mujer solamente por haberse casado con su primer esposo.

La biografía de Jiang Qing, titulada Becoming Madame Mao (2001, 1st Mariner Book), escrita por Anchee Min, cuenta sobre los inicios de este personaje mostrando el otro lado de la tirana. Nació en 1910 en una familia pobre y su padre la echó de su hogar, igual que a su madre, cuando Jiana era muy pequeña. Para la autora, esta difícil infancia la llevó a querer estar cerca de Mao, buscando autoridad y también ser deseada por él. Cuentan que lo conoció cuando se lo presentaron sus compañeros del Partido Comunista en 1939. Fue atrevida: su biografía también revela que tras ese primer encuentro, se encerró con él en una cueva en las colinas de Yenan.

“Yo era el perro enojado de Mao. A quién él dijese que había que morder, yo lo mordía”, dijo la china en el juicio público que en 1980 se le hizo a “La banda de los cuatro”, como se llamó al grupo formado por los altos dirigentes del partido acusados por crímenes y abusos tras la muerte de Mao. Con estas fuertes palabras, además de afirmar que estaba dispuesta a todo, quiso demostrar que ella siempre cumplía las órdenes de su esposo.

Pero medio siglo después del inicio de la Revolución, las hipótesis son otras. Dicen que el amor entre Mao y su mujer fue reemplazado por una lucha de poder. El líder del partido comenzó a inquietarse por la posibilidad de que su Madame lo traicionara, y ella, a su vez, quería desesperadamente ser nombrada su sucesora, cuando a él le quedaban pocos meses de vida. Pero el desenlace fue muy distinto: ella y La Banda de los cuatro fueron expulsados del Partido Comunista, arrestados, acusados de tramar un golpe de estado.

Sus últimos años fueron en la cárcel, condenada a muerte, aunque finalmente el castigo cambió a cadena perpetua. En 1991 fue liberada porque padecía cáncer de garganta. Unos días después, con 77 años, Jiang Qing se ahorcó, poniendo fin a su vida y a su guerra por el poder.