Se dice que sería uno de los nombres que se repetiría el plato en un próximo gabinete de Sebastián Piñera. Sin embargo, el académico de la Facultad de Economía y Negocios de la UDD Cristián Larroulet, no acusa recibo, aun cuando admite que se visualiza a futuro en el campo de las ideas, desechando, de paso, un eventual cargo de embajador o algo por el estilo.

En la actualidad tiene un rol clave en la campaña del ex mandatario: colabora en la elaboración del programa de gobierno en materia institucional y en las reformas de modernización del Estado. Y aunque está convencido de que las reformas implementadas por Michelle Bachelet, el bajo crecimiento y el desorden en La Moneda aumentan las posibilidades de Piñera —en desmedro de Alejandro Guillier— de convertirse en el próximo presidente, sí visualiza un gran obstáculo para el líder de Chile Vamos: “Existe el riesgo de que el gobierno intente afectar el resultado electoral, acentuando, por ejemplo, el populismo”.

Para el ex ministro, el clímax del desorden de Palacio quedó en evidencia con la reciente renuncia de las máximas autoridades de Hacienda, el ex ministro Rodrigo Valdés y el ex subsecretario Alejandro Micco, y el ex titular de Economía, Luis Felipe Céspedes —por su apoyo al proyecto minero portuario Dominga— y apunta como única responsable a la Presidenta. “El ministro Valdés, consciente de la importancia del progreso, impulsó Dominga que cumplía con la normativa medioambiental y era simbólico para el crecimiento. Un proyecto de miles de millones de dólares que aumentaba la inversión. Además, emblemático desde el punto de vista de la equidad, porque mejoraba las condiciones de vida de la población más vulnerable de la región donde se emplazaba. Sin embargo, la mirada de progreso de ambos ministros y del subsecretario chocó con una visión política equivocada y tuvieron que irse”.

Larroulet advierte que la partida del equipo económico tendrá un costo internacional grave en cuanto a imagen. “Ya tres agencias evaluadoras de riesgos nos han calificado mal; remontarlo no será de la noche a la mañana. Son décadas de construcción de prestigio y estas renuncias vienen a validarlo. Es dramático por la señal de populismo, falta de cumplimiento de reglas y de compromisos con el progreso. En el largo plazo significará, además, un aumento de las tasas de interés para el país. Esto no es sólo Dominga, sino todos los proyectos de inversiones futuras. Chile pierde la confianza política, financiera y económica”, dice Larroulet, quien agrega que esta crisis en el gabinete golpeará también el clima interno. “Es malo para el país que un gobierno tenga tres ministros de Hacienda, tres de Interior y tres Segpres. La inestabilidad y la incertidumbre nos hacen mal, daña la política, aumenta  la desafección y la desconfianza”.

Qué se “largue” la billetera fiscal en tiempo de elecciones, dice, sería la mayor dificultad para un triunfo
de Sebastián Piñera, y es uno de los grandes temores del ex ministro. “Este gobierno ha impulsado políticas populistas, que en lo económico se reflejan en el deterioro de las cuentas fiscales, en el aumento del déficit, que ha afectado nuestra calificación de riesgo. Por tanto, el mayor peligro sería acentuar ese populismo, lo que veremos en los próximos días cuando el gobierno envíe el proyecto de ley de Presupuesto y comiencen los debates en torno a éste”.

—¿Será la prueba de fuego sobre cuál Nicolás Eyzaguirre regresa; si el ministro de Hacienda de Lagos o el de Bachelet?

—Es el desafío más importante que tiene Eyzaguirre, ya que en el mandato de Lagos fue el autor y gestor de la regla del Balance Estructural (tener un presupuesto muy austero para el año siguiente); cosa que este gobierno dejó de cumplir y que Rodrigo Valdés se comprometió a retomar. Sería muy grave que el padre de la regla no la cumpliera.

—¿Qué interpretaría usted como populismo en la próxima ley de presupuesto?

—Un aumento del gasto fiscal en general —que para el 2018 debiera fluctuar entre un 2% a 3%— o en ciertas partidas presupuestarias, como el reajuste de remuneraciones a funcionarios públicos que no calce con la situación económica del país.

—¿Qué le dice su olfato sobre cómo actuará Eyzaguirre?

—Este gobierno se equivocó en tres cosas: en el diagnóstico inicial, en las reformas y en la implementación de ellas. En esos tres elementos siempre ha estado presente Nicolás Eyzaguirre. La consecuencia de esos errores se traduce hoy en el deseo de cambio de los chilenos, que quieren progreso y equidad; porque cuando no hay crecimiento, no hay progreso. El peor favor que le han hecho a Guillier es no lograr que la economía crezca. Trabajo y educación son dos pilares para la equidad, pero no se ha generado empleo ni se ha priorizado la educación de los más pobres al enfocarse en la particular subvencionada y al destinar la reforma tributaria al 20% de los estudiantes más ricos de la educación superior.

—¿No le “compra” entonces al ministro que su prioridad será el crecimiento?

—Hay espacio para corregir, insisto, con la discusión presupuestaria, pero no es un problema de discurso, sino de acción. Si en las próximas semanas vemos que la Presidenta detiene y modifica aquellas reformas que afectan el crecimiento —como la de Educación Superior y la de pensiones, que no beneficia a los más vulnerables al cobrar un impuesto a los trabajadores, como pretenden—, con envíos de proyectos específicos que ayuden a recuperar el balance estructural y la inversión, serían acciones concretas. Necesitamos hechos, no palabras.

—Apunta a la baja inversión, sin embargo, la Presidenta dijo que su gobierno será el que más concesiones se habrá adjudicado, con 4.500 millones de dólares; un 105% más que en el de Piñera.

—En el gobierno de Sebastián, la inversión llegó a ser el 25% del PIB y con Bachelet cayó al 22% que no ha podido recuperarse. Todos sabemos que, por razones políticas y presiones de grupos de interés, detuvo las concesiones de hospitales, cuando hoy la principal prioridad de la ciudadanía es la salud pública. Estos antecedentes rechazan que esta administración sea ejemplo en materia de inversión y concesiones.

—¿Cómo entiende que el actual ministro de Economía afirme ahora que si Dominga es rentable, no ve problemas en que se haga?

—Valoro su declaración, porque ese proyecto no está muerto. Hay que seguir la institucionalidad y ahora le toca al Tribunal Ambiental de Antofagasta decidir si cumple y respeta la normativa medioambiental.

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—¿No
 hay
 una
 contradicción
 ahí,
 al
i gual
 que 
su 
nombramiento,
 considerando 
que
 presidió
 el
d irectorio
 de 
Alto
 Maipo
 y
 es
r esistido 
por
 grupos
 ambientalistas?

—Es confuso, no lo que dijo el ministro, sino la actitud de La Moneda que terminó con la salida del equipo económico. Hay grupos de interés en todos lados, y tanto Jorge como Nicolás Eyzaguirre fueron ministros destacados, con grandes aciertos. Rodríguez Grossi cambió la legislación energética en una situación de crisis que resolvió el problema. Ellos, insisto, deben adoptar políticas que, al igual que en el pasado, recuperen la economía. En política pública no basta el nombramiento, sino lo que la Presidenta les permita hacer.

—Se instaló el tema del crecimiento con sustentabilidad y la mandataria dijo que no se puede crecer a espaldas de la gente, apuntando al ex Presidente Piñera.

—Como decía don Patricio Aylwin, el crecimiento es compatible con el respeto ambiental. Y Piñera sigue esa regla. El ha hecho contribuciones significativas, como el Parque Tantauco; un ejemplo de cuidado medioambiental. Recordemos que como gobierno expandió los parques naturales y llegó incluso a un acuerdo con Douglas Tompkins para que traspasara sus tierras al Estado. Tratar de golpearlo por ese lado choca con la opinión de la mayoría. En la última CEP sigue liderando en confianza.

—¿A 
quién 
ve
 en
 su
 equipo 
económico?

—Mi regla es no especular sobre el gabinete hasta que el presidente sea elegido. Eso sí éste desde el primer día debe reactivar la economía, generando confianza y certidumbre en el área de inversión, empleo y productividad.

—Algunos hablan de ganar en primera vuelta, ¿cómo se combate ese exitismo?

—Demostrando con números que no es así, que ninguna elección se gana mientras no se deposite el último voto. No hay exitismo que valga; insisto, esta elección no está ganada.

—Piñera anticipó su intención de modificar la ley de despenalización del aborto y se teme que frene el matrimonio igualitario.

—Sebastián ha tenido una posición transparente en estos temas y se debe respetar su decisión. Al final, toda ley depende del Ejecutivo y del Congreso. Como él bien dice, debemos recuperar el sentido de la unidad nacional y habrá que buscar acuerdos.

—Su director de comunicaciones Gonzalo Cordero, piensa lo contrario, anticipó el fin de la política de los consensos.

—El se refiere a que se terminaron los acuerdos por unanimidad. En 2018 habrá que buscarlos, pero sabiendo que hay un sector político que no quiere y otro mayoritario que sí; me refiero al mundo de la antigua Concertación, que está orgulloso de lo que se hizo y que no apoya la retroexcavadora de la Nueva Mayoría que, a mi juicio, se acabó. Con ellos está la gran oportunidad de Sebastián.

—De
 llegar 
Piñera
 a 
La
Moneda, 
¿tendrá 
problemas
 de 
gobernabilidad?

—Los cambios tecnológicos y la globalización hacen más difícil gobernar en la actualidad. Es una tendencia mundial, pero no será grave en Chile ni en el gobierno de Piñera como algunos intentan instalar con campañas de terror. Hoy se ven dificultades, grupo de presión en las calles, en las redes sociales y todos los mandatarios deben estar preparados para esta nueva realidad.