Si algo no le falta a Juan Pablo Swett Amenábar (41, casado, dos hijos), el líder de los emprendedores, es energía. No para. Además de su rol como fundador y socio de Trabajando.com, es también presidente de la Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) y junto a una decena de gremios acaba de crear la Asociación Nacional de Emprendedores y Empresarios Pymes, con más de 280 mil socios. Un camino impensado para este ingeniero con mención en Economía de la Finis Terrae, fanático del fútbol, ex notero deportivo de Mega, que alguna vez fue cadete de la UC y que sueña con formar algún día la directiva de los cruzados, tal como ya es tradición en el poderoso clan Swett. 

“Siempre me gustó el fútbol. Jugué en los cadetes de la Universidad Católica cuando mi tío, Alfonso (empresario, presidente de Forus), comandaba el directorio. Eso me insegurizó, pensaba que estaba ahí por ser sobrino de… Así que postulé a la U y, para mi sorpresa, quedé. Ahí recién asumí que era bueno”, reconoce.

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Ya lejos de las canchas, el actual presidente de la UC, el economista Luis Larraín, cree que Swett podría desempeñar una buena función dentro en la directiva cruzada. “El ha demostrado un gran liderazgo, también tiene un amor especial por la UC, lo que está en varios de su familia; no me cabe duda de que va a jugar un rol”.

Ex alumno del Verbo Divino, egresado de una universidad privada, llama la atención que este hombre se haya convertido en un referente para los pequeños y medianos empresarios, como también para la clase media, luego de los videos con los que puso las alertas sobre los errores de diseño y los efectos que la reforma tributaria tendría para las pymes y la clase media. Ese fue el punto de inflexión. A partir de ahí Swett tomó un rumbo inesperado.

“Nos lanzamos porque creímos que la reforma era muy injusta; los bancos harían un tremendo negocio. Nos sentimos como en la película Corazón Valiente, cuando William Wallace arenga a los suyos antes de dar la batalla, claro que aquí no había nadie en el frente, nos tiramos solos. —Y apunta—. ¿Quién se iba a atrever a desafiar a una Presidenta con un 80 por ciento de aprobación y una reforma que contaba con un respaldo del 70 por ciento? Había que estar loco para cuestionarla. Luego de nosotros empezaron a salir ex autoridades del Banco Central, de Hacienda e Impuestos Internos a cuestionar el paquete de medidas”.

 

Inmediatamente lo llamaron diarios de Estados Unidos, México, Colombia y Perú, alertados por el revuelo que sus críticas estaban causando en el país. Y Swett confirmó su diagnóstico: la clase media y los emprendedores no tenían representatividad ni gremial y mucho menos política, a pesar de que las pymes hoy dan empleo al 70 por ciento del país. Y siguen soportando condiciones que ellos acusan de injustas, como facturas que sólo se pagan luego de 130 o 150 días; tasas de interés cercanas al 40 por ciento para obtener financiamiento a sus proyectos (siendo que las grandes empresas pagan sólo un 10 por ciento), entre otras situaciones que indignan cada vez más al sector. 

“Había un vacío de liderazgo, no existía nadie que los representara de forma clara y sin compromisos políticos, mientras que nosotros ya habíamos dado algunas peleas importantes”, dice sobre sus conocidos encontrones con la Asociación de Notarios, a la que acusó de hacer lobby para impedir que se tramitara una nueva ley del Ministerio de Economía para permitir la creación de empresas en un día. O sus rounds con la Asociación de Bancos por los intereses que se aplican al crédito de las pymes, e incluso contra el SII.

“La gente enganchó con nosotros. Pero nos dijeron que éramos monigotes de la derecha y que estábamos financiados por ese sector”. 

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La idea comenzó a expandirse, sobre todo después de que Swett anunció el nacimiento de un movimiento social con más de 280 mil socios y que El Mercurio calificó como “la asociación más grande del último tiempo”, con cerca de diez multigremiales de carácter regional. Los lidera la Confederación Nacional del Transporte de Carga de Chile (CNTC), el máximo gremio de los camioneros, algo que llamó la atención, considerando el rol histórico que este sector jugó —junto con otros grupos productivos— en los días previos al Golpe Militar, cuando liderados por Rafael Cumsille (actual presidente de la Conapyme), pararon al país. “Por supuesto que ellos saben el poder que tienen”, dice Swett. Mientras que Sergio Pérez, presidente de la CNTC, declara: “Este movimiento tiene mucho que decir. Ojalá nunca lleguemos a esas circunstancias, cuando se produjo un desencuentro tan grande. El mundo ha evolucionado”.

Rafael Cumsille recuerda aquel episodio. Sabe que el poder de las pequeñas y medianas empresas sigue tan fuerte como antes, pero no confía en la representatividad que dice tener la nueva asociación y su capacidad para movilizarse. Según él, detrás del rol que hoy juega Juan Pablo Swett hay una estrategia política. “Es un golpe publicitario. Es imposible que tengan 280 mil socios, a lo más serán unos 5 mil. En el fondo está la intención de apoderarse de la representación de los pymes de parte de un grupo, tal vez para demostrar algún peso político. Me llama la atención la publicidad que han logrado en un sector de la prensa, como el grupo de El Mercurio… Están inflando a ciertos personajes, candidatos de qué querrán ser más adelante”. 

Juan Pablo Swett no duda en contestar. Si algo lo ha caracterizado es que no se achica para defender los intereses de su sector. “Desde que salió nuestro video que la Conapyme ha tratado de decir que estamos financiados por la derecha, que somos un brazo político y que, claramente, no representamos a nadie. Pero le respondo —dice muy serio, mientras le habla directamente a la grabadora—: primero, la Asech tiene veinte mil socios y le puedo pasar los RUT de cada uno; segundo, le puedo mandar las doscientas cartas de adhesión de todos los gremios que se han sumado a nuestro nuevo movimiento y que suman a más de cien mil productores, agricultores y lecheros asociados. Si empezamos a sumar verá que llegamos exactamente a las doscientas cincuenta mil pymes que son hoy día, más emprendedores, porque no solamente el movimiento es de empresas, sino de personas. Este es un movimiento social. Queremos influir en otros temas que vayan mucho más allá de la reforma tributaria”. 

—¿Y con respecto a sus supuestas motivaciones políticas?

—Me han ofrecido cargos y siempre he dicho que no. Lo mío no es la política, no está entre mis objetivos. No me interesa ni por si acaso llegar a diputado ni senador. Creo que uno puede hacer mucho más desde afuera que con un voto adentro del Congreso o estando en un partido. 

—Pero tendrá su pensamiento.

—No me siento interpretado por la derecha ni de los descolgados como Evópolis. Tampoco me representa ningún partido de la Nueva Mayoría. 

—¿Y Andrés Velasco, le gusta?

—Sin ser miembro de Fuerza Pública, soy mucho más afín a sus posturas. Chile está cambiando, lo vemos en los estudiantes, la clase media, las pymes; los emprendedores están llamando a un nuevo empresariado, a una nueva forma de hacer empresa, una que sea bien vista por sus trabajadores y por la sociedad. También la política tiene que cambiar. Me acomoda más una tendencia liberal. No me gustan las políticas restrictivas, como sucede tanto dentro de la extrema derecha como de la extrema izquierda.

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Lo dice pese a que tiene muy claros sus orígenes, como parte de un clan desde siempre ligado a la centro-derecha: su tío Alfonso Swett es dueño del grupo Forus y una figura emblemática dentro de la directiva cruzada. Mientras que su tío abuelo Jorge Alfonso Swett Madge fue rector delegado  de la UC en tiempos de Pinochet. “Es cierto, mi familia está más ligada a un sector político, pero yo hablo de dictadura con todas sus letras y no de gobierno militar; no voté para el Plebiscito porque aún no cumplía los 18 años, pero a la luz de los hechos sin duda habría marcado que No”, declara.

—¿Votó por Piñera?

—No lo voy a decir, sólo puedo contar que en mi vida he votado Concertación, por la Alianza e incluso independiente. Jamás he votado en bloque. Creo en las personas; en Chile se tiene que acabar esto de encasillar a la gente.

Quienes lo conocen no dudan de sus palabras, pero están convencidos de que tiene futuro como parlamentario o en algún partido. Así lo cree Eugenio Tuma (PPD), presidente de la comisión de Pequeña y Mediana Empresa del Senado, con quien Swett trabajó en los puntos críticos de la reforma tributaria y en el protocolo de acuerdo con el gobierno. “Tengo una muy buena impresión. Tiene liderazgo, capacidad de síntesis y para simplificar ideas complejas, sabe cómo seducir a su interlocutor con argumentos. Su rol ha sido muy importante. Personas con ese empuje, persistencia y personalidad son difíciles de encontrar en los gremios, donde están todos dedicados a sus actividades. Además, todos empiezan diciendo que no les interesa la política pero después la gran mayoría termina en el Congreso”.

Quiéralo o no, tal vez incluso sin buscarlo, Juan Pablo Swett hoy encarna un momento clave, al representar los intereses de un sector que entre pymes, gremios, emprendedores —en suma, la clase media— se ha convertido en lo que él mismo reconoce como un “poderoso movimiento social”. Uno que como nunca valora la libertad de elegir, de armar su propio destino y que ya no quiere imposiciones políticas. “Lo que nosotros planteamos es que nadie en Chile, y cuando digo nadie me refiero a que ningún diputado del Partido Comunista, de Revolución Democrática, ningún socialista, ni PPD, ni de la Alianza, te puede negar el derecho a emprender y a tratar de hacerte rico”. 

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De hecho Swett está seguro de que su poder convocante puede ser mucho más amplio, si se suma otra fuerza social que hoy también se está tomando las calles y comienza a hacer valer cada vez más su opinión: los padres y apoderados de los colegios municipales y subvencionados, donde estudia la mayoría de los alumnos del país. “Los emprendedores serán a la reforma tributaria lo que los apoderados a la reforma educacional”, escribió en su Twitter, donde lo leen casi 30 mil seguidores. “La clase media aspira a más; quiere entregarle la mejor educación a sus hijos, que ojalá lleguen a un puesto altísimo en alguna empresa o puedan emprender su propio negocio, y eso no tiene que ver con una ideología o con un cierto pensamiento político. Lo que les interesa es surgir. Es un derecho legítimo, independiente del partido político o de la clase social. Y son precisamente el emprendimiento y la educación, aquellos que producen movilidad social”.

Lo declara un hombre que está con la clase media aunque nunca ha pertenecido a ella, que estudió en el Verbo Divino y que lleva un apellido ligado a un gran grupo empresarial. “A lo mejor no soy de clase media —admite— pero sé lo que es vivir al tres y al cuatro, endeudado, lo que es no tener plata para comprarte un auto, echarle bencina o poder viajar. Estoy lejos de ser un hijito de papá. Todo lo que me he ganado lo he hecho yo”, declara.

Su padre, Juan Pablo Swett Amenábar, tenía 51 años cuando su empresa fracasó y tuvo que reinventarse. Se dedicó a cultivar arándanos en su campo de Osorno, donde la familia tenía doscientas hectáreas. Murió al poco tiempo, tras chocar contra un tractor en plena carretera al sur. “Nos dejó una muy buena educación, esa fue su gran herencia”.

Con un pie en cada mundo, este ingeniero pudo dedicarse a ser empleado en una gran empresa. Luego de salir de la universidad fue reclutado en Corp Group (del grupo Saieh), donde evaluaba bancos en El Salvador, Argentina, Venezuela. Ahí estuvo cinco años “y podría haber seguido porque me iba bien, pero siempre tuve el gen del emprendimiento y decidí crear Trabajando.com (1999)”.

No fue fácil. “Durante los primeros años mi sueldo promedio eran cien mil pesos; con mi socio (Felipe Hurtado) nos tuvimos que salir de la isapre. En esa época estaba soltero y no me daba ni para invitar a una niña a salir”. Y mirando fijo, declara: “Así que la gente puede decir: ‘Claro, Swett, de clase media, de a dónde, pero mi padre me dejó una vocación, un ejemplo increíble de emprendimiento y también he pasado pellejerías”.

Hoy, Trabajando.com es la principal plataforma de empleo online. Cuenta con más de 13 millones de usuarios y presencia en 11 países, con una facturación esperada para este año de 12 millones de dólares. Con todo, Swett incluso llamó la atención del canal History Chanel, que lo escogió como uno de los jurados para el programa “Una idea para cambiar la historia, donde emprendedores de distintos países de Latinoamérica competirán con ideas revolucionarias. “Escogimos a Juan Pablo porque es un profesional joven, quien a través de su empresa representa el espíritu del emprendimiento y la innovación en Chile”, dice César Coletti, VP Marketing de los canales History y H2 Latinoamérica.

Hoy Swett está convencido de que el sector emprendedor es el único con credibilidad y capital social para negociar reformas fundamentales, como la tributaria. Así se lo dijo a fines del año pasado al propio Sebastián Piñera, en pleno avión presidencial, bajo los incrédulos oídos de los titulares de la CPC y la Sofofa. “Presidente, lo que va a pasar con la reforma tributaria es que hoy los empresarios son vistos como abusadores, que se coluden, evaden pagar impuestos. Por lo tanto, los únicos con capital social para pelearla seremos los emprendedores”. 

Con su estilo directo y claro, Swett logró instalarse en la discusión por el reciente protocolo de acuerdo que el ministro de Hacienda, Alberto Arenas, firmó con distintos sectores políticos y empresariales. Ahí el líder de los emprendedores logró revertir una serie de aspectos que perjudicaban al sector. De no haber sido considerados y mucho menos escuchados durante la anterior tramitación en la Cámara de Diputados, la Asech se anotó su primer triunfo concreto al ser parte de la redacción final del acuerdo. “Estuvimos en la cocina”, dice orgulloso.

—Entonces, ¿cómo le cayeron las palabras de Jorge Awad, calificándose como el “padre de la guagua”?

—No entiendo cómo Jorge Awad sigue siendo el presidente de la Asociación de Bancos —dispara—. No puedo creer que realmente represente a los bancos de Chile hoy. Yo, que estuve dentro de la “cocina”, no vi nunca al señor Awad. Hubo mucha gente trabajando en ella pero los bancos no estuvieron ahí. Chile cambió y muchos dirigentes de gremio, incluyendo al señor Awad, se quedaron en los años setenta, cuando las cosas se hacían entre cuatro paredes. 

Swett cree que el escenario se transformó tras casos como Cascadas, La Polar o la colusión de las farmacias, lo que influyó en el descontento social que se ha ido acumulando. “Por eso hay que cambiar la legislación y aplicar penas más altas; en Estados Unidos los empresarios pagan con cárcel por sus abusos. No podemos seguir generando la sensación de frustración y de que todos los empresarios son iguales”.