No es amigo de dar entrevistas. No lo fue en estos cuatro años al mando del Ejército, aun cuando la institución debió sortear varios temas mediáticos que lo golpearon directo como los 40 años del Golpe, el cierre del penal Cordillera, el fallo de La Haya y acusaciones de discriminación, entre otros.

Quienes conocen a Juan Miguel Fuente-Alba (60), lo describen como un hombre de bajo perfil y de gran vocación de servicio público, que es precisamente el sello que marca su gestión, lo que no quita que saque la voz en momentos claves como cuando pidió una mirada humanitaria para sus pares condenados por violaciones a los Derechos Humanos; repudió públicamente a los militares involucrados en la muerte del general Prats y defendió sin tapujos al general Juan Emilio Cheyre, respecto del cuestionamiento moral que se le estaba haciendo en relación a su puesto en el Servel, tras “el Caso Lejderman”, argumentando que sus esfuerzos en llamar a los militares a entregar información y el asumir la responsabilidad institucional fueron clave para la reconciliación. “No me parece justo el tratamiento que le dieron; asumió la responsabilidad institucional para la reconciliación, y no verlo como un acto público de gran coraje es mezquindad”, dice en tono suave, pero firme.
También dio disculpas por un instructivo interno que recomendaba no reclutar pobres, homosexuales y testigos de Jehová para el servicio militar, sancionando a los responsables y eliminando la normativa, para dar certezas de que en el Ejército no se discrimina arbitrariamente. Hoy asegura que hay mayor inclusión. “Ninguna condición humana se cuestiona, sólo la violación de normas o códigos disciplinarios, independiente de la orientación sexual de quien la cometa”.

Hijo de militar, está casado con Anita María Pinochet Ribbeck, es padre de tres hijos (Juan Miguel, 37, oficial; Rodolfo, 35, ingeniero comercial y Fernando, 35, abogado del Ejército), y un feliz abuelo de cinco nietos. A días de partir, aún no sabe qué hará tras su retiro. “Primero descansar, vivir el retiro”, dice entre risas. En un tono más pausado comenta que le gustaría cualquier cosa que signifique un aporte o contribución al orden social, ya sea ayudando a grupos vulnerables o sectores en movilidad social.

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Se va satisfecho, con la sensación de misión cumplida, aun cuando el terremoto modificó los planes y copó la agenda del Ejército en su primer año de gestión. “Sin embargo, esa tragedia tan triste y difícil para muchos, reflotó el espíritu social del militar, y acercó incluso más a nuestra gente a la ciudadanía. Se rompió esa barrera que se generó en el ´73, y hubo un reencuentro”, asegura. A través de la División Fraternidad —nombre inédito en este tipo de instituciones— movilizaron ese primer año a miles de efectivos a las zonas afectadas exclusivamente para la reconstrucción, creando de paso cerca de 20 mil empleos que resultaron cruciales para la reactivación de la economía de esos lugares. Mientras, el grueso del Ejército continuaba cumpliendo con su misión de Seguridad y Defensa.

Para muchos, es un vanguardista. Como jefe comunicacional, entre los años 1994 y marzo del 98, aplicó la política de puertas abiertas y de transparencia acorde a los nuevos tiempos, luego de conocer el resultado que arrojó el estudio de una reconocida empresa de encuestas, que señalaba que la gente veía al Ejército muy encerrado en sí mismo y con escasa interacción con otros grupos sociales. Partió por abrir los canales de comunicación; cualquier experto en un tema podía ser vocero y se descentralizó la gestión de comunicaciones que, según estudios de opinión, han incrementado los índices de cercanía, credibilidad y afecto ciudadano por la institución castrense. Como comandante, fue en forma voluntaria al Congreso a dar una rendición de cuentas de cómo opera el servicio militar.

En su cargo actual siempre fue un poco más allá, partiendo por cambiar la tecnología análoga por un sistema digital; ha llevado la presencia de sus uniformados hasta los lugares más recónditos y extremos del país, haciendo soberanía efectiva en zonas tan aisladas como Cochrane, Yendegaia, en la Isla Grande de Tierra del Fuego, y este 28 de febrero en Villa O´Higgins. Además, en su periodo de mando, contribuyó al cambio cultural al interior de la institución, haciendo que el hombre, la dignidad de la persona y el respeto a los DD.HH. sean más importantes en la malla curricular como a la hora de impartirse una orden.

“Hoy se aplica un método distinto, en el caso de una destinación de un oficial o suboficial, tomando en consideración sus aspiraciones profesionales, familiares y personales, se le consulta sobre la región geográfica del país en la cual quisiera ser destinado. O en el caso de que un clase o cabo primero que esté destinado a Baquedano por ejemplo, y tiene a su madre enferma en Los Angeles y él es el único sustento de su familia, basta que él lo manifieste a sus superiores para ser considerado su traslado a esa unidad”.

—Habla de un reencuentro entre el Ejército y la ciudadanía, sin embargo da la impresión que los 40 años del Golpe volvieron a dividir el país.
—Si las personas analizan, el Ejército no fue aludido expresamente por los medios de comunicación, producto de su actuar en los últimos 15, 16 años. En su momento el mando en jefe señaló la responsabilidad institucional, llamó al nunca más, se separó del gobierno militar y dijo que no somos herederos ni representativos de éste ni de ninguno en particular.

—¿Siente que el Presidente Piñera al hablar de cómplices pasivos los dejó a ustedes al otro lado de la línea?
—Es una mirada política de lo que ocurrió y no profundizaré en ello… A nadie le resulta grato revivir momentos tremendamente dolorosos de la historia cercana, donde todavía existen generaciones que la vivieron. Y se vuelve a la polarización porque se regresa a esos factores o circunstancias que la propiciaron, donde el Ejército fue uno de los tantos actores, no el único que generó esas lamentables consecuencias. Siento que nadie nos hizo un ataque directo respecto de lo ocurrido hace 40 años. En esta materia, dijimos e hicimos todo lo que se debía; algo muy difícil y con alto costo para los mandos en jefe respectivos. Y seguimos en lo nuestro…Wp-General-450-2

—¿Se cerró el tema para ustedes?

—No. Hemos tenido una particular sensibilidad y comprensión de las realidades difíciles y de los sufrimientos de mucha gente que perdió seres queridos el 11 de septiembre del 73 y años siguientes, y me refiero a todos los sectores. Hemos hecho todo lo que ha estado a nuestro alcance para mitigar el dolor y sufrimiento de las personas, pero lamentablemente, esta temática aún se mantiene abierta para ambos sectores. En mi mando hemos enviado cerca de dos mil documentos en respuestas a tribunales para que las investigaciones tengan un resultado que contribuya al esclarecimiento de la verdad. Hemos hecho mucho silenciosa y reservadamente, y esto es primera vez que lo digo… El contexto y realidad de la época, y el ser parte de una institución jerarquizada, donde se cumplen órdenes, instrucciones, disposiciones, merece una mirada más bien política para avanzar, que permita mirar con mayor grado de cohesión el futuro.

Espera que no se eternicen los juicios a uniformados por causas de derechos humanos. “¿Hasta cuándo se prolongarán?, esa pregunta se la hacen muchas personas, por ejemplo, un militar en retiro, detenido, que tiene 90 años, con las consecuencias propias de esa avanzada edad…”.

—Señaló que en una sociedad madura como la nuestra, esperaba una mirada humanitaria, ¿de verdad cree que estamos preparados para ese paso?
—En mi impresión, sí. La sociedad chilena tiene una madurez suficiente como para mirar los difíciles asuntos del pasado en el contexto vivido, con racionalidad y con cierto criterio humanitario. Es lógico que personas de edad avanzada, que están muy enfermas y privadas de libertad, merezcan una mirada humanitaria, y eso implica sensibilidad, comprensión, entendimiento de su realidad y un esfuerzo personal importante…

—¿Esperaba del gobierno de Sebastián Piñera un tratamiento distinto? Generales en retiro lo acusan de no cumplir el compromiso que le hizo a la familia militar de aplicar una justicia igualitaria a condenados por DD.HH.

—Fue un compromiso —según entiendo, ya que no estaba en la reunión— que él tuvo con personal en retiro de las instituciones. Pero deberá entender que no me corresponde opinar sobre la forma en que el Presidente de la república conduce los asuntos de gobierno.
Fuente-Alba asegura que este es un tema muy sensible para los militares en retiro. “Hay muchos que están procesados hace mucho tiempo, vinculados o han declarado en investigaciones que se encuentran en curso desde hace varios años. Esa situación de incertidumbre para muchas familias sobre lo que va a pasar a los 78, 80, 84 años de edad es una realidad emocional muy potente”.

—¿Cómo se manejan hoy con los generales en retiro, algunos de los cuales no ven con buenos ojos que como institución se hayan desligado del gobierno militar?
—Muchos quisieran que el Ejército fuera su ente amparador y protector, sin embargo, éste debe seguir en su función pública y su propio quehacer. Cuando un mando en jefe habla de responsabilidad institucional, afirma que esas personas actuaron desde una institución del Estado y bajo determinado contexto, pero las responsabilidades penales son individuales, y por ello son dirimidas por los Tribunales de Justicia. La institución como ente estatal debe seguir en su dinámica y realidad, no puede quedarse atrapada en este sensible tema, cautiva del pasado, aun cuando quienes estén privados de libertad siguen siendo una preocupación del comandante en jefe, porque en esa época formaron parte del Ejército y sufren a consecuencia de los hechos que ocurrieron estando en sus filas.

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—Manuel Contreras lo trató de desleal por su airada reacción frente a los militares asesinos del general Prats.

—Para el Ejército resulta inaceptable que personas que integraban sus escalafones activos —aun actuando en la Dina, que no pertenecía al Ejército— atentaran contra la vida de un ex comandante, que un año atrás era su jefe; y lo que es peor, con su señora en el auto. Eso no lo hacen ni en las peores mafias del mundo.

—Extraña la nominación del general Humberto Oviedo como su sucesor, teniendo un hermano sometido a proceso por el asesinato de siete militantes del PC, ¿no cree que eso empañará su debut?

—En nada. El general Oviedo es un excelente profesional, tendrá mucho éxito en el mando del Ejército. Cuenta con muchas condiciones, vasta experiencia profesional, así es que no debiera tener relación. Así como los hijos no pueden responder —en materia de DD.HH.— por las conductas punibles de sus padres, lo mismo aplica a los hermanos. Sostener lo contrario es antijurídico y no contribuye a avanzar en la reconciliación.

—¿Estuvo en desacuerdo con el cierre del penal Cordillera?

—En mi cargo no me corresponde dar una opinión pública respecto de la decisión del Presidente.

—¿Qué representa hoy Augusto Pinochet para la institución?

—Un ex comandante en jefe del Ejército, que además ejerció la primera magistratura del país…

—¿Tiene algún contacto con la familia Pinochet en la actualidad?

—Por supuesto, mantengo contacto con la señora Lucía con cierta frecuencia, para saber de ella…

—¿Cuál es la versión que les entregan a las nuevas generaciones sobre lo ocurrido el 11 de septiembre del 73?

—Se les enseña con objetividad histórica, que el quiebre institucional chileno no fue intempestivo, sino la consecuencia de un prolongado proceso social, político y económico que colapsó en 1973 por circunstancias extremas. Y que lo ideal en una sociedad democrática es que tanto los entes sociales involucrados y las instituciones del Estado actúen para que no ocurra.

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—¿Cómo lo harán para ser una institución atractiva para los jóvenes y mantener la dotación, frente a un mercado laboral cada vez más competitivo y que ofrece mejores remuneraciones?
—La vocación de servicio de un militar no mira tanto el resultado económico. Sin duda, las mejores expectativas de Chile en el último tiempo han reducido el interés por incorporarse a la carrera militar, aunque especialmente el último año ha sido muy bueno el ingreso a la Escuela Militar. Y es porque el Ejército ha tenido una creciente valoración en su imagen, función y rol social; con múltiples responsabilidades dentro de las tareas del Estado. La formación profesional de un militar es muy compleja, pero hoy es bastante más atractiva al desarrollar programas con universidades civiles chilenas y extranjeras. En el caso de los suboficiales y la escuela de servicios, con institutos profesionales y centros de formación técnica. El Ejército es parte de una estrategia de disuasión, es un actor importante en ella, por lo tanto el militar hoy debe formarse entendiendo la función del Estado dentro de esta estrategia, y eso implica una formación mucho más amplia y profunda que va más allá del conocimiento táctico-técnico de los instrumentos militares.

—Tras el fallo de La Haya, ¿cree que Chile debiera salirse del pacto de Bogotá?

—Chile, al ser parte del pacto, adhiere a una forma de entender las relaciones internacionales. El Presidente ha dicho que no tiene ningún efecto salirse pero que a las autoridades competentes les corresponderá dimensionar si es adecuado o no mantenerse.

—¿Tiene algún tipo de expectativas con el regreso de Michelle Bachelet?

—Tengo un particular reconocimiento y gratitud con la ex Presidenta Bachelet por haber depositado su confianza en mí al designarme comandante en jefe del Ejército hace cuatro años. Lo curioso es que el 9 de marzo, cuando asuma el general Oviedo, se encontrarán las mismas autoridades en puestos invertidos cuando me invistieron el 2010. Esto se escribirá por primera vez en la historia del Ejército.