En su reciente visita a La Moneda, el segundo hombre de la Casa Blanca, el republicano Mike Pence, no escatimó en elogios al modelo chileno, poniéndolo como ejemplo en la región. El embajador Juan Gabriel Valdés (70) recoge sus palabras y se apura en decir que, pese a este “mundo de insultos” con que uno se encuentra al llegar a Pudahuel —y que recoge la prensa nacional—, Chile mantiene intacto su prestigio en Estados Unidos y a nivel internacional.

“Derecha e izquierda sostienen en Washington que nuestro país, a diferencia del resto de la región, tiene instituciones sólidas y la capacidad para dirimir conflictos internos”, señala Valdés, desde el living del departamento de su madre, Sylvia Soublette.

“Cuando conversamos con el equipo del vicepresidente Pence para preparar su visita, los asesores dijeron: ‘a pesar de que sabemos que hay elecciones en noviembre incluimos a Chile por necesidad en esta gira, ya que su proceso institucional es un ejemplo… Por ello, siento frustración con el tipo de debate y discusión que veo en Chile. No puedo decir otra cosa”, señala el diplomático que, a diferencia de su padre, el histórico dirigente DC, Gabriel Valdés, milita en el Partido Socialista.

—Usted era laguista, ¿cómo ve el actual escenario presidencial?

—Soy laguista, me gusta una política que mira el futuro y es capaz de entender las dinámicas generales que orientan a una sociedad y que es capaz de plantearse objetivos nacionales. No me gusta la política procedimental en la cual las discusiones son por dónde competirá el diputado Pérez o el candidato López. Creo que cuando los partidos dedican todas sus energías a eso se autodestruyen.

—¿Por quién votará en noviembre?

—No diré eso, ya que se nos ha pedido desde el gobierno que mantengamos una actitud de prescindencia respecto de los candidatos que conforman nuestro sector (Alejandro Guillier y Carolina Goic). Subrayo que son dos, por lo tanto para mí las opciones están abiertas.

—¿Que diría su padre frente a esta crisis de la DC?

—Habría reaccionado como lo hemos hecho todos, con una sensación de dolor respecto de cómo se debate y de cómo se llegan a acuerdos adentro del partido. Pero, más que eso, a mi padre le habría dolido mucho el quiebre del centro con la izquierda. El dedicó parte importante de su carrera política —afuera y dentro de Chile— a armar una unidad entre la DC y el PS. Ese fue su sueño y su política en un momento en que los otros dirigentes de la DC consideraban que eso era una locura. En ese cuadro, pienso que le dolería más la pérdida de visión de esos partidos para buscar una fórmula que los lleve a ser el eje de una alianza transformadora social democrática de Chile. Creo también que mi padre apreciaría el liderazgo de Carolina Goic, se sentiría muy representado por ella.

—¿Qué opina del Frente Amplio?

—Creo que concita en sí mismo elementos de enorme virtud y que puede llegar a ser una fuerza transformadora, pero también concita factores caóticos y absolutamente irresponsables, que pueden conducir a un desastre. Mi predicción es que sus grados de unidad van a verse seriamente amenazados en el corto plazo, tal como está ocurriendo hoy.

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—¿Qué quedará al final de todos los intentos reformistas de este gobierno?

—La mayoría son irreversibles. En las campañas electorales se podrán decir muchas cosas, pero no me imagino a Sebastián Piñera, si llegara a ganar la elección, retrocediendo de manera brutal, en la gratuidad universitaria. Tampoco lo imagino rebajando impuestos de manera dramática ni generando situaciones que puedan producir enormes movilizaciones sociales. Lo que sí me parece insólito es leer como en nuestro país se siguen reproduciendo ideas neoliberales y alimentando una suerte de fundamentalismo de mercado, en un mundo exterior donde lo único que se hace es arrancar de eso y buscar colaboración entre el Estado y los empresarios para resolver un problema que cada vez es más grave y que se puede transformar en insostenible que es la desigualdad.

—¿Cree que el bajo crecimiento económico de este gobierno será la mejor arma de Piñera para ganar las elecciones?

—Cualquier persona honesta sabe que el bajo crecimiento tiene que ver con dos cosas: el precio del cobre ha sido bajo en todo este periodo y, todas las veces que se han intentado reformas que buscan una mayor distribución, ha habido una reacción de los sectores conservadores y empresariales de irse de Chile, de sacar la plata, buscar países que se transforman en mitológicos, especialmente en el vecindario, y de generar un cuadro de menor crecimiento. Esa es la realidad.

La vida de Juan Gabriel Valdés ha estado muy ligada a EE.UU. “Estudié en Nueva Jersey (Universidad de Princeton), me tocó vivir el Watergate (1972), el ataque a las Torres Gemelas (2001), estar sentado en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas durante la Guerra de Irak (2003)… Y nunca he visto a EE.UU. como hoy. Sus niveles de polarización y el tipo de relación que existe entre el presidente y el sistema político. Hay un cuadro de incertidumbre que espero se despeje en un futuro próximo por el bien de ese país y de la paz mundial”.

—Usted era de los que no creía que Trump iba a ser presidente…

—Sí, yo era del 90 y tanto por ciento de los residentes que no creía que iba a ganar Trump, pero nunca descarté la posibilidad. No voy a decir nada nuevo al señalar de que en el mundo entero hay opiniones fuertes acerca de las formas y discursos de Trump. No cabe la menor duda que esta es una profunda transformación en la presidencia de EE.UU. y en la forma en como el presidente se vincula con la sociedad y el resto de los poderes del Estado.

—¿Qué balance hace de la gestión de Donald Trump?

—No corresponde referirme al gobierno de Trump. Sí puedo decir lo que hoy está sucediendo en Estados Unidos y que para los amigos y los países que tenemos, con ellos, una relación de tanta calidad, nos preocupa. EE.UU. está pasando por una crisis que lleva a una situación de polarización política profunda que está generando una especie de retorno nacionalista y un retroceso del proceso de globalización que sorprende. Estados Unidos no se está viendo como líder, sino como víctima en tratados, acuerdos y organismos internacionales e instituciones que el propio país creó después de la Segunda Guerra. Naturalmente que este escenario genera una incertidumbre.

—¿Es un análisis un poco alarmista?

—No puedo dejar de decir que miro con alarma lo que está sucediendo en el mundo exterior. La mala relación de EE.UU. con Rusia; complicaciones con China por controlar el comercio; la situación con Irán en la cual Trump ha propuesto revaluar el cumplimiento del acuerdo nuclear que Irán estableció con Obama; una situación gravísima con Corea del Norte donde hay amenazas abiertas que no pueden sino involucrar, de una manera u otra, a los países del Asia y del Pacífico… El cuadro de Occidente está complicado. No quiero entrar en temas filosóficos, pero cuando vengo a Chile y veo los debates que existen aquí, es como si la cordillera impidiera que los chilenos vean lo que está pasando en el resto del planeta que es de enorme gravedad. Es un escenario francamente muy riesgoso que tendría consecuencias económicas imposibles de predecir y consecuencias enormes para los procesos democráticos.

—¿A qué se refiere con amenazas para los procesos democráticos?

—No veo diferencias entre los líderes autoritarios de Hungría, Turquía o de Venezuela, que responden al mismo fenómeno, que es la introducción del autoritarismo mediante el uso y abuso de mecanismos democráticos. Hay que preocuparse de esta situación que estamos viviendo y aquí de pronto me da la impresión de que esto estuviera pasando en otro planeta.

—¿Cómo ha visto el actuar de la Cancillería chilena frente a Venezuela?

—Soy parte de la Cancillería chilena y me siento plenamente identificado con todo lo que ha realizado la presidenta y el canciller. Seguir insistiendo en una solución pacífica en la cual los venezolanos tengan la posibilidad de reencontrarse y buscar fórmulas de solución es algo imprescindible. Un país democrático como el nuestro tiene que esforzarse por buscar un camino de paz y no de confrontación ni de golpes militares ni de amenazas foráneas militares.

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—Camilo Escalona dijo que el actuar de Nicolás Maduro le hará daño a toda la izquierda latinoamericana.

—No creo que Maduro sea de izquierda, él es una persona que abandonó cualquier concepto de izquierda y es el clásico populista que recurre a la utilización del pueblo y de los pobres, que hoy están más contra él que con él. Ha dilapidado todas las posibilidades de avanzar en un terreno de solución de los problemas sociales reales que hoy tiene Venezuela.

—Existe preocupación internacional por la escalada verbal entre Trump y Kim Jong-un.

—Sí, esa es una realidad. Varios jefes de Estado, entre ellos, el presidente chino, han expresado su preocupación y, naturalmente que uno quisiera que las relaciones internacionales, especialmente en situaciones donde existe tanto riesgo de confrontación, se llevaran con la mayor calma y tranquilidad posible. No conozco casos en la historia en que medidas de esa naturaleza hayan sido anunciadas antes…

—¿Cómo ha sido la gestión de Trump para la diplomacia norteamericana? ¿Cómo ha sido su relación con América Latina y qué visión tiene él de Chile?

—Hoy existe una gran discusión en Washington: ¿Es esta situación tensa y crispada que estamos viviendo un fenómeno momentáneo y singular vinculado con la figura de Trump? ¿O estamos viviendo un cambio de fondo en la manera en que EE.UU se relaciona con el resto del mundo? Y ¿cómo afecta esto a América Latina? Es que junto con lo que está pasando en el gobierno de Trump, hay un cuadro de normalidad en EE.UU, porque la burocracia procede y funciona de acuerdo a la normalidad histórica que ha existido. Por lo tanto, no veo, por ahora, que existan cuadros de transformación en la relación de EE.UU. con América Latina. Un ejemplo es que todos los países de América Latina resistieron una eventual amenaza militar hacia Venezuela. Eso es inaceptable.

—¿Qué le parece que haya tantos militares con altos cargos en la Casa Blanca?

—Ha habido militares antes, como en la época de Reagan que tuvieron gran importancia; el presidente Bush tuvo nada menos que a Collin Powell como secretario de Estado, por lo tanto no es novedad. Lo que es inédito es el número de generales y de marines instalados en la Casa Blanca y el rol fundamental que ellos tienen en la definición de la geopolítica norteamericana y la política exterior.

—¿Podría ser un gobierno militarizado?

—Por haber estado presente en el ejercicio rimpact, visitado west point y muchas academias militares, navales y aéreas estadounidenses, sé de los niveles de preparación intelectual y capacidad de comprensión del mundo que tienen sus militares. Algunos poseen un nivel de conocimiento superior a los que tienen los directores de centros de estudios de las universidades. El jefe del Consejo Nacional de Seguridad y el secretario de Defensa tienen un amplio conocimiento de América latina y de Chile.