El 16 de octubre del año pasado, Josefa Errázuriz Guilisasti (61) tuvo que irse de la Municipalidad de Providencia. La alcaldesa no argumentó un resfrío ni razones personales y prefirió pedir un día administrativo y decir la verdad para explicar su ausencia: estaba demasiado triste. Era el primer aniversario de la muerte de su marido, Lorenzo Brugnoli, que falleció después de una operación de próstata que era relativamente sencilla. “No volvió de la anestesia, así de brutal”. Sucedió en la recta final de la campaña municipal de 2012 y su viuda, cinco días después, estaba nuevamente en las calles pidiendo votos. Pero luego del triunfo, de la toma de posesión, de la Navidad y Año Nuevo, del trabajo intenso de los primeros meses, Josefa Errázuriz quiso conmemorar el año de su partida y, simplemente, llorar: “Ese día fue espantoso”, relata esta tarde de septiembre en su oficina del Palacio Falabella.

La muerte de Lorenzo fue sorpresiva, afirma: “Cuando me llamó el doctor pensé que me iba a decir que tenía un cáncer y eso ya me complicaba. Pero cuando me contó que tenía un paro, que lo habían tenido que revivir, pregunté cuánto rato y me contaron que 16 minutos. No había ninguna posibilidad de que viviera normalmente. Entonces dije, desenchúfenlo. Me daba cuenta de que era muy injusto para él”. Y reflexiona: “Debe ser un consuelo tonto, pero a veces tengo la certeza de que Lorenzo pensó: ‘Va a tener tanto que hacer la Pepa, que no importa’. Y obvio que importa”.

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Un puntal fuerte ha sido su familia. Sus dos hijos —de su matrimonio anterior, porque con Brugnoli no tuvo— y su nieta Rafaela, que cuando la visita en su oficina se sienta en su sillón, como la jefa. También ha sido importante la compañía de sus hermanos. Este año se reencontró con el mayor de los hombres, Octavio, que en marzo regresó de su misión en Nueva York, como embajador de Chile ante la ONU del gobierno de Sebastián Piñera. Los cuatro Errázuriz Guilisasti se reunieron después de mucho tiempo en el acto de reinauguración del Palacio Schacht de Providencia y la alcaldesa, saliéndose del protocolo, les hizo un sentido homenaje. 

—Su hermano es de derecha.

—Siempre hemos pensado distinto. Me podrá decir que no le gusta esto y yo podré  responderle que no me gusta lo otro, pero de eso no pasa. Cuando estamos juntos prima la familia. Venimos de una tremendamente republicana: mi madre —Virginia Guilisasti— era presidenta del Partido Liberal y, sin embargo, iba a tomar pisco sour con Salvador Allende que, según ella, hacía los mejores de Chile. 

—Usted, ¿conoció a Allende?

—Me acuerdo haber ido con ella a la casa de Guardia Vieja. Yo era chica y me daban un jugo malo, de sobre. Cuando veo a Maya Fernández —actual diputada por su distrito—, le digo: “Tu abuelo me daba jugo de sobre”. Recuerdo a mi mamá señalándole a Allende que estaba haciendo estupideces y Allende le respondía: “Virginia, no te pongas momia recalcitrante”. Y ahí terminaban la discusión y eran felices tomando pisco sour

—¿Ha sentido que el poder la ha cambiado en estos dos años?

—El poder no me ha hecho cambiar. Uno debe tener siempre las dos patitas muy puestas en la tierra. El poder como llega, puede irse. 

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 —Su elección fue emblemática. ¿Siente tener más enemigos que otros alcaldes?

—Hay muchos ojos puestos sobre nosotros, muchos, pero no he pensado que eso signifique tener enemigos. Sin embargo, efectivamente, hay mucha gente que está pendiente de lo que nos pasa. En Providencia hubo un cambio notorio: 16 años de una gestión, de un hombre, y de repente llega una mujer con un estilo muy distinto. 

—Entre los funcionarios, ¿quedan muchos viudos de Cristián Labbé?

—Yo creo que hay gente leal a Labbé y que quizá lo vea, se junte con él, etcétera, pero eso me tiene muy sin cuidado. Para mí Labbé es pasado.

—¿Se ha encontrado con él?

—Hemos estado dos veces bajo el mismo techo: una vez en el hotel Sheraton y otra en el Club de la Unión del centro. Pero no me encontré con él. Ahora, si llegara a suceder, lo voy a saludar.

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—Los partidos parecen estar calentando motores para la municipal 2016.

—Yo creo que la carrera se anticipó más de la cuenta, pero no puedo hacerme la loca. Sin duda hay muchos nombres dando vueltas y lo voy a decir sin rodeos: voy a ir a la reelección, porque me lo han pedido. En el primer período puedes echar las bases de muchas cosas y, si tienes un segundo mandato, logras fortalecer las raíces. 

—¿Está dispuesta a medirse en primarias?

—Yo voy a pelear mi reelección en Providencia y, si hay que ir a primarias, voy a primarias. Si hay que ir a secundaria, voy a secundaria. Si hay que ir a la elección, voy a la elección. 

—Suenan muchos nombres en la Alianza: Luciano Cruz-Coke, Cecilia Morel, el propio Labbé, su hijo José, su señora Bárbara Coombs, militante de la UDI…

—Hay muchos nombres, pero no tengo miedo.

—¿No le complica una nueva medición de fuerzas con Labbé?

—No. Lo único que pido es campaña limpia y que hablemos con verdad y respeto. Yo no inventé a un personaje para ser alcaldesa, es la misma Pepa. La misma Pepa tiene que volver a hacer el trabajo. Hacerlo muy bien en la gestión y después hacer una buena campaña. Tengo mi tarjetita BIP! acá en mi cartera y, si no me va bien, no me va bien, y a otra cosa mariposa.  

—Resulta bastante evidente que la Alianza intentará, quizá por un asunto simbólico, poner todas sus fuerzas en recuperar Providencia.

—Yo eso lo tengo claro desde el primer día y tienen todo el derecho, pero las cifras están con nosotros: en Providencia la derecha ya no es mayoría. La comuna cambió y quedó demostrado en la elección de diputados, donde la votación de los candidatos progresistas fue más alta por 5 mil o 5 mil 100 votos en relación a los de la Alianza. También en la primera vuelta presidencial. Entonces, resulta un mito pensar que ganamos la municipal porque se haya levantado una campaña sólo por que no querían que estuviera una figura. 

—El concejal PPD Rodrigo García-Márquez dijo que ve difícil su reelección. 

—Yo no la veo difícil, pero hay que hacer una buena gestión, sin duda.

Los reclamos en el ítem de aseo han ido en aumento: de 5 en 2011 a 32 en 2012 —durante la época de Labbé— a 117 en 2013. Hay vecinos desilusionados. Algunos le escriben o tocan el timbre de su casa, porque el hogar de Errázuriz está a pocas cuadras del municipio y es conocido.“Yo voté por usted, pero ¿sabe? Mi calle está sucia”, le reclaman a la alcaldesa.

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—¿Y qué ha pasado con la basura?

—El contrato de la recolección de los residuos domiciliarios es el mismo, pero Providencia cambió: cuando se firmó hace cinco años, la comuna tenía 80 mil habitantes y 600 mil de población flotante a diario. Hoy tiene, de acuerdo al Censo, 130 mil habitantes y 1 millón 800 de población flotante. Y esos son vecinos que también saturan los papeleros, que también usan tus calles… Hicimos mejoras para lo que resta de 2014 —hay más y mejores camiones— pero a partir del 2015 el sistema cambiará absolutamente. Habrá recolección diaria y tendremos una distribución de los sectores distinta.

—Pero aparte del problema de la recolección de basura de las casas está el de barrido de las calles y los papeleros.

—Ese problema lo estamos estudiando, porque también es un contrato de antes y tenemos que mejorarlo. Yo les encuentro razón a los vecinos: tengo que preocuparme cómo ponerle atajo y lograr una comuna limpia.

—En la mantención de las áreas verdes también ha habido problemas.

—Lo que nos falta en Chile es planificación urbana. Y en la comuna las áreas eran más bien ornamentales, el pasto era un pasto ornamental. Y nosotros hemos cambiado el concepto: hacer uso y abuso de los espacios públicos porque, entre otras cosas, eso ayuda a la seguridad. Yo digo, por favor, no me pongan pasto trébol, pónganme chépica de cancha de fútbol, porque los niños juegan. Chile cambió. ¿Cuándo antes se hacía un cumpleaños de niño en un parque? Jamás. ¿O los vecinos de Pedro de Valdivia Norte que ahora usan su plaza para almorzar fuera? Los espacios públicos son nuestros y no de la delincuencia, pero para eso tenemos que poner el pasto adecuado y hacer la inversión correspondiente.

—La gente se fija en pequeños detalles, como que no hay agua en los bebederos de Pocuro, donde corren muchos vecinos.

—Tienen toda la razón de alegar. Y eso sucede fundamentalmente por mantención. Cuando llegué hicimos una auditoría interna en términos de gestión y nos quedaron claras algunas cosas, como que los contratos de mantención son fundamentales. Entonces, por ejemplo, las piletas estaban mal tenidas, pero porque a la empresa a cargo no le estábamos aplicando todo el rigor de la ley en términos de cumplimiento. Y nos hemos puesto firmes. La multa era muy esporádica. Yo no quiero pasar sacando multas, pero necesito que ellos me cumplan. En eso hemos estado trabajando. 

—Otro asunto es el de la delincuencia. A usted misma le entraron a robar a su casa a mediados de agosto.

—La delincuencia en Providencia ha bajado, las personas víctimas de delito han bajado. Sin embargo, la percepción de inseguridad está. Y no voy a tapar el sol con un dedo: tengo que preocuparme de esa percepción de inseguridad. Muchos de los lanzazos, de los robos con violencia, son por la llegada del Costanera Center. En ese sector las cifras se dispararon.

—Usted quiere una nueva comisaría para Providencia.

—En eso estamos. Eso es un sueño, no quiero ni contarlo para que sea realidad. Lo que Providencia tiene es una comisaría, la de Miguel Claro, que cuenta con 337 carabineros para un millón 800 mil personas diarias, incluida Plaza Italia. Es materialmente imposible. Tengo que encontrar el terreno, pero no es fácil y tendremos que trabajar para ello. También por un nuevo consultorio…

—¿Y el asunto de la congestión? Hay horas en que no se puede transitar por algunas calles de la comuna.

—El año pasado una encuesta determinó que la primera prioridad de los vecinos de Providencia era la congestión y, en segundo término, la seguridad. Obviamente el transporte tiene que apuntar hacia la sustentabilidad y a desincentivar el uso del auto. ¡Tenemos 2.5 autos por habitante de Providencia! Eso es impactante. 

—Ustedes lanzaron una campaña para que los ciclistas usen las calles y no las veredas, que son de los peatones. Parece un poco suicida…

—Porque los automovilistas sienten que la calzada es sólo de ellos. Entonces, por eso estamos llevando adelante iniciativas como zonas 30, que disminuirán la velocidad de autos en calles de flujo intermedio para que las bicicletas puedan transitar con mayor libertad. Además, más ciclovías, como las que estamos construyendo en Ricardo Lyon y pretendemos hacer en Lota y en Luis Thayer Ojeda. 

—Usted, ¿anda en bicicleta por Providencia?

—Vamos a ser francos, la ciclovía sólo el domingo. Porque yo, por principio, por la vereda no voy a andar: son de los peatones. Pero además le tengo terror a la calle. 

—Hace poco atropellaron a una adolescente que usaba la ciclovía en Los Leones con Pocuro y la niña murió.

—Tenemos dos casos de este tipo, uno en 2013 y otro en 2014. Por eso estamos haciendo educación en ciclovías, señalética y, sobre todo, demarcar de mejor manera los cruces de calzada. 

—Por lo que puede apreciarse en las calles, ¿ahora existen más indigentes en Providencia?

—Tenemos 70 personas en este minuto en situación de calle en la comuna. Es un tema que estamos trabajando en conjunto con los organismos de asistencia sociales, ministerios, nuestros propios departamentos de asistencia social, Carabineros, vecinos de Providencia. Ellos son territoriales, vuelven a un mismo lugar. Tú puedes convidarlos a que se vayan a una hospedería, por ejemplo, pero si regresan es difícil. 

—Da la sensación de que con Labbé no había tanta gente viviendo en la calle.

—Tengo la impresión de que los tomaban y los iban a dejar a otra comuna. Punto. Es lo que nos han contado ellos mismos. Yo creo que ese no es el camino, sino que tratar de buscarles una solución definitiva para que no vuelvan.

—Era un método…

—Violento, por decirlo de alguna manera. Nosotros estamos realizando un trabajo que ha dado resultado: tuvimos 90 en algún momento y hay 20 que ya no están. Pero es un trabajo lento. 

—¿Ellos inciden en la inseguridad de la comuna?

—Algunos sí y con ellos somos más duros. No le digo que vayan a matar a alguien, pero cometen pequeños hurtos y con ellos hay que tener una mano distinta. El delito es el delito.

—En otro orden de cosas, a fines de 2013 se escucharon muchos reclamos porque no hubo festejo de Navidad, que era tan emblemático frente al Palacio Falabella.

—Festejo navideño hubo. Con el estacionamiento subterráneo que estamos haciendo alrededor del municipio no se pudo hacer el pesebre y tuvimos que armarlo al frente. Lo que no se hizo fue la iluminación de Pedro de Valdivia, porque el concejo consideró que era un costo muy alto. Pero uno aprende de las cosas. El año pasado nos pilló la licitación y este año la hicimos en marzo y los precios son muy distintos, por lo que este 2014 habrá nuevamente luces en la avenida y, para que resulte inclusivo, en otras zonas de Providencia. 

Ha perdido la mayoría en el Concejo Municipal. El representante PPD, Rodrigo García Márquez, no siempre le da sus votos, como al comienzo. “En principio no, pero ojo: soy independiente y soy muy de pensar que ‘a cada día su propio afán’. Acá la independencia te permite conversar con todos los concejales y hay temas para los cuales funciona la transversalidad y no la no política”. 

—Pero a veces le hace falta su voto, alguna vez le habrá complicado.

—Por supuesto, si tú quieres que todos tus proyectos vayan adelante. Pero esa es la democracia. Además, nunca partí de la base de que tenía al concejo ganado. 

—También ha habido bajas: varios de sus colaboradores que arrancaron con usted en diciembre de 2012 ya no están en Providencia.

—Yo soy con los colaboradores como con los hijos: si ellos tienen una oportunidad, en algún momento vuelan y eso es la realidad. Pero claro, también hubo personas a las que me las había traído yo a Providencia, que simplemente no dieron el ancho.

—Todavía hay casas antiguas que se echan abajo para construir enormes edificios.

—El plan regulador 2007 fue muy violento para Providencia. Y por eso quiero este año uno nuevo. Hay una etapa el 2014 y otra en 2015. No es que estemos por parar la ciudad ni el crecimiento. Yo no puedo ser egoísta. Hay gente que considera que Providencia es la mejor comuna para vivir, porque nos convertimos en el centro. Tienes todo cerca caminando. Pero hay que hacerlo con armonía con las casas que hay. Yo misma vivo en un conjunto de casas del año 86. La plaza Ambrosio del Río era el patio de mis hijos. Actualmente tengo 14 pisos a un lado y 12 pisos al otro. Chao, se acabó el sol, es impresionante.

—Además del comodato del Teatro Oriente y del nuevo plan regulador para el barrio Las Flores, una de las cosas que todo el mundo le reconoce, incluso sus críticos, es que ha mantenido controlado el problema de las tomas y desalojos en los liceos de Providencia.

—Diálogo, diálogo y más diálogo. Esa es la fórmula.

—Usted es una acérrima defensora del diálogo y de la consulta ciudadana y, justamente, algunos de sus opositores señalan que se tomó 2013 para conversar, instalarse y se hizo bastante poco.

—La instalación no se demoró y me siento orgullosa de lo que hemos hecho. Lo que digo es que aquí debemos hacer una gestión muchísimo más efectiva en términos de mayor inversión. Creo que en 2014 vamos a duplicar la inversión de 2013.

—¿Estima que en estos casi dos años lo podría haber hecho mejor?

—Todo es perfectible, parto de esa base. Y lo que pretendo es dejar de ser reactivos para empezar a ser proactivos. 

—¿Alguna vez se ha arrepentido de haberse metido en esto?

—No, yo estoy fascinada.