Su nombre suena como una posible carta —de las varias que se barajan— para integrar el gabinete de Sebastián Piñera. Las apuestas lo ubican en las carteras de Hacienda o Economía, pero él, con su estilo informal, a ratos relajado, se lo toma con calma.

“Creo que esta vez el Presidente dedicará un tiempo (antes de decidir). Para la conformación de su anterior gobierno fue muy criticado por poner a demasiados tecnócratas y muy pocos políticos, a muchos egresados de la Universidad Católica y pocos de la Universidad de Chile, en fin, a muchos hombres y pocas mujeres… Pero, como él mismo reconoce, ha aprendido y no puede empezar su mandato cometiendo los mismos errores”, dice este economista de la Universidad de Chile, MBA de la Universidad de Chicago, director de varias empresas, socio y director ejecutivo de Econsult, consejero de Políticas Públicas de LyD y coordinador en el comando de Chile Vamos. Con el llamado “factor económico” instalado como un aspecto decisivo en el resultado de la centroderecha (y que le permitió ser reelecta por segunda vez en una década, con la votación más alta de la historia desde 1993), para José Ramón Valente esto se debe a que ni Piñera es el mismo que en su versión 1.0. ni su propuesta de desarrollo se centra sólo en un proyecto winner.

“Apostamos no sólo crecimiento o lucas, sino que a un desarrollo más humano”, admite, al tiempo que añade que el contundente triunfo (de casi diez puntos con Alejandro Guillier) “nos da un sustento moral mucho más potente para llevar a cabo el proyecto de reencauzar a Chile al camino correcto”. Según Valente, los chilenos aprendieron la lección. “El 2013 nos prometieron que en 4 años podíamos obtener una serie de cosas, pero sin crecimiento cualquier promesa resulta vacía, falsa… Si Chile ha tenido un gran activo que se perdió en los últimos años es la responsabilidad fiscal. Y nosotros apelamos a retomar el rumbo, con un crecimiento que permita allegar recursos para el Estado y para el sector privado, con mejores empleos, mejor calidad de vida y accesos a bienes materiales. Eso le hizo sentido a la gente y su decisión fue contundente”.

—¿Cuánto influyó también la campaña de ‘Chilezuela’ en el apoyo que recibió Piñera?

—En lo personal, creo que un gobierno de Guillier no nos habría llevado a Venezuela en 4 años, pero sí pudo haber sido el comienzo de aquí a 15 o 20 años. No sólo eso, el economista agrega que con esta elección el país también decidió qué proyecto ideológico debiera pasar a la historia como un paréntesis: si los 4 años de Michelle Bachelet o los 30 años que antecedieron su mandato. Y optaron por dejar a Bachelet en el paréntesis…

“Este no es sólo el triunfo de Piñera, sino que el de un Chile que quiere un consenso, que ha podido transitar desde un gobierno DC a uno socialista, a uno de centro-derecha, manteniendo ciertas bases para que el país siga adelante”.

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—Algunos creen que esta elección fue simplemente el triunfo de la economía.

—Decirlo así puede sonar peyorativo… Si los chilenos aprendieron una lección es que la economía es un medio para lograr un fin; mejores empleos, más oportunidades para sus hijos, mejor calidad de vida, espacios comunes y vida al aire libre de calidad. Con un crecimiento de 1.4 por ciento este año —y de 1.8 acumulado a lo largo de estos cuatro, lo más bajo de las últimas décadas— nos alejamos de ese desarrollo. De hecho, un dato preocupante es que entre 2013 y 2015, según el Banco Mundial, Chile aumentó el número de pobres. Nos descarrilamos.

—Para Carlos Peña es el triunfo irrefutable del modelo versus la tesis del malestar que guió al gobierno de Bachelet.

—No me gusta este estereotipo del capitalismo, de un ser egoísta, individualista, que sólo le importa su propio bienestar. Eso cambió y hoy se puede compatibilizar una economía dinámica, que crece, con la preocupación por el medio ambiente, por la vida en comunidad y que la sociedad funcione bien. Y esto también va para la elite: no se saca nada con vivir en casas muy lindas pero con rejas de 7 metros, acumular bienes cuando en el país hay pobreza. El Chile moderno que me encanta no es un ghetto donde todos se conocen, sino uno inclusivo donde todos tienen acceso a los mismos bienes, en mayor o en menor medida.

—¿Una economía más social? ¿Esa será entonces la diferencia de Sebastián Piñera con su primer mandato?

—El anterior Piñera era ‘de vamos a hacer rápido lo que no se ha hecho antes’, concretar en 10 días lo que no se hizo en 10 años, el gobierno de los mejores, con mucho ímpetu… El Piñera de hoy está por un gobierno de todos y para todos, que mejorará las cosas de a poco y que devolverá la posibilidad de progresar, pero que no promete que todo se vaya a lograr en 4 años, sino dentro de 8 u 12 años.

—Algo que cuadra con la idea de que se pretende instalar un largo período de gobiernos de centro-derecha…

—O ir alternando, por ejemplo, con un gobierno socialdemócrata; lo claro es que las distintas visiones pueden convivir bajo un piso de acuerdos en común, para que el país no se juegue la vida en cada elección sino que apueste por cambios marginales de rumbo. Hacia allá debiéramos ir. Un país distinto a los proyectos ideológicos polarizados de los ’60. Uno donde vivir en una realidad desarrollada signifique poder salir a la calle y que no te asalten, un buen servicio de transporte público, mejores áreas verdes, no sólo un cheque más grande a fin de mes. Por eso votó la gente. Por condiciones de vida integrales, no sólo por el proyecto winner.

—Piñera buscó sumar a la DC a su campaña, ¿usted como miembro del equipo económico está abierto a integrar a expertos de esa sensibilidad al gobierno?

—No soy el llamado a decirlo, pero el ánimo de Piñera ha sido siempre incorporar a gente adyacente a su pensamiento. En el área económica hay muchos profesionales, por ejemplo, de Ciudadanos y de la propia DC, extremadamente bien preparados: Alejandro Jadresic, Patricio Arrau, René Cortázar, Alejandro Foxley, José de Gregorio. Si ellos están dispuestos a sumarse a un proyecto más amplio, en mi opinión, serán muy bienvenidos.