Nada más lejos del recargado look de Cristina Fernández y de la verborrea casi bélica de Hugo Chávez, que José Pepe Mujica, el mandatario uruguayo que, a sus 76 años, cultiva un estilo de sobriedad extrema, no tiene cuenta bancaria ni tarjetas de créditos y dona el 80 por ciento de su sueldo para vivir con sólo 1.200 dólares al mes. Con eso alcanza, ha dicho, si la mayoría de los uruguayos se las arregla con menos… “La verdadera libertad está en consumir poco”, agrega.

Tiene aire de abuelo bonachón, una larga historia política y de cárcel, una mujer —Lucía Topolansky— que también dona buena parte de su salario y una perra —Manuela— que no ostenta raza ni pedigrí.

Es la singularidad uruguaya en persona.

Y su estilo, mencionado generosamente en la prensa mundial, llena páginas y páginas en un mundo en que lo de él no tiene parangón.

¿Un mandatario que vive en una sencilla casa, propiedad de su mujer, que conduzca su escarabajo 1987 y que declare tener tres campitos, tres tractores y tres autos viejos?

¿Un mandatario que cree que plantando 150 hectáreas de marihuana bastará para legalizar la producción y venta y con eso termine con el círculo de delincuencia que rodea la droga?

Con un corazón rojo —formado desde sus años como guerrillero y fundador del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros—, Mujica levanta polémica y seduce a muchos. En él nada hay de hiperproducción de estilo ni de enfrentamiento contra “el imperio”, sino pura simpleza. Lo común es verlo con unos desgastados jeans y un chaleco simplón. Y, más allá de las formas, cosecha simpatía por esa sapiencia de setentón que lo lleva a tener un discurso cargado de sentido común.

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Estuvo 13 años preso por cuestiones políticas. Por eso, cuando algún periodista le comentó hace años las probabilidades que tenía de llegar a ser jefe de Estado, Mujica respondió escéptico: “Es tan difícil como el silbido de un cerdo”. Pero el puerco silbó fuerte y Pepe se convirtió en el peculiar Primer Mandatario de una nación de poco más de tres millones de habitantes que sorprende no sólo por su influencia en el mundo del fútbol o por ser los mayores consumidores de carne del planeta (casi 95 kilos anuales per cápita), sino por la capacidad que ha tenido de superar los traumas del pasado y enfrentar con originalidad los dilemas del futuro.

Su patrimonio asciende a unos 215 mil dólares, sumando sus campos, tractores y autos viejos. “Pobres son los que creen que yo soy pobre. Tengo pocas cosas, es cierto, las mínimas, pero sólo para poder ser rico. Si tuviera muchas tendría que ocuparme de ellas. La verdadera libertad está en consumir poco”, ha dicho Mujica a quienes se sorprenden de su desapego a lo material que lo llevó a ser catalogado como “el presidente más pobre del mundo”, por el diario español El Mundo.

Especial en sus decisiones, hace poco ofreció el palacio de gobierno como refugio para que los indigentes capearan el frío invernal…