Han intentado silenciarlo de varios sectores, sobre todo los de su lado que ven en José Miguel Insulza una posible carta presidencial. Así lo indican las últimas encuestas que lo sitúan entre los más fuertes de la Nueva Mayoría, cosa que a él le agrada bastante. “Me encanta que no me olviden”, dice. Por eso desde el Congreso algunos le han exigido que se remita sólo a su rol de agente nacional para la demanda marítima de Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya (que lo tiene de cabeza redactando la contramemoria chilena para presentarla a más tardar el 25 de julio), y no opine sobre política interna, ‘aprovechándose’ de su nuevo estatus. Una mordaza que por su tonelaje y peso político —por algo le dicen el Panzer—, el ex ministro de Interior de Ricardo Lagos no piensa colocarse. “Imposible, todos saben que soy deslenguado”, asegura. Por algo el año pasado apenas pisó tierra chilena —tras diez años como secretario general de la OEA—, afirmó estar dispuesto a ser candidato, para luego decir que había que arreglar la gobernabilidad del país. Más tarde, defendió y trató de estadista a Pablo Longueira, cuestionado por el intercambio de información sobre el royalty minero con SQM.

Sus palabras le generaron una ola de críticas por no ajustarse a los nuevos estándares que exige la sociedad, en especial por parte de los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado Osvaldo Andrade y Ricardo Lagos Weber, quienes señalaron que sus dichos dañaban al país. “Respeto sus opiniones, pero primero les pido que respeten las mías”, afirma el ex secretario de Estado que el día de la entrevista con CARAS había llegado hace pocas horas desde Washington, hasta donde acompañó a la Presidenta a la Cumbre de Seguridad Nuclear y, de paso, asistió a la Conferencia Anual de la Asociación Americana de derecho Internacional (Asadip), donde frente a jueces de La Haya, pidió respeto por los tratados internacionales, en clara alusión a la demanda de Bolivia por una salida al mar y sus reclamos por las aguas del río Silala.

—Por primera vez se ve a la Presidenta más proactiva, donde además respondió a Evo Morales que Chile contrademandará por el Silala, ¿está su sello ahí?

—No, de ninguna manera. Si ellos nos amenazan con quitar esas aguas que sirven para una cantidad de emprendimientos y de personas en Chile, nosotros vamos a reaccionar. Por lo general, los países de abajo son los que demandan a los de arriba porque no les dejan pasar el agua, pero en este caso es Bolivia, el país de arriba que afirma que no sabe cómo Chile se apropia de sus aguas, y es porque no la usan en nada. Nosotros tenemos quejas respecto de esta incertidumbre que se crea por las amenazas y palabras altisonantes, aunque aún no hemos decidido lo que haremos.

—¿No se trata entonces de un cambio de estrategia frente a una arremetida comunicacional exitosa de Evo Morales?

—No, ella habló porque le habían preguntado mucho. Hay una cosa importante de entender en este pleito con Bolivia y es que tenemos una política exterior de principios persistentes y predecibles que ha dado grandes satisfacciones al país, nos ha permitido solidificar nuestra presencia en el mundo, tener una economía abierta y contribuir al desarrollo de la paz internacional. Si empezamos a actuar como ellos, dejaríamos de ser lo que somos en la escena internacional.

—Sin embargo, a Evo le ha surtido efecto, logró que hasta Angela Merkel y el Papa Francisco se pronunciaran.

—¡Pero si en Alemania no salió ni en los diarios su visita!, y a Merkel debieron pasarle una minuta donde en el punto cinco decía: “Si le habla de mar, dígale que sería bueno que hubiera un diálogo con Chile”; lo mismo con Hollande, y aquí armaron una tremenda historia. El Papa como es más cercano debió extenderse, pero tampoco dijo mucho más. Bolivia ha desplegado una campaña, pero no ha conseguido nada, sin embargo, aquí todo se exagera, dramatiza y parten con que nos salgamos del Pacto de Bogotá.

—¿Por qué tanta resistencia a esa posibilidad? Así como vamos, siempre perderemos algo frente a alguna demanda.

—No podemos calificar de buena o mala una corte según como falla respecto de nosotros. Cuando hay problemas, lo mejor es atenerse a los principios y estos indican no retirarnos de los organismos internacionales. Además, ¿cuándo hemos perdido algo?

—A Perú se le concedió un triángulo exterior que en los últimos siglos había controlado Chile.

—Con Perú ganamos; claro, no nos dieron todo lo que pedíamos, pero recuerde que el tema principal es que ellos sostenían que los acuerdos sobre delimitación marítima eran sólo de tipo pesqueros, por tanto, no tenían valor de tratado y se debía trasar un nuevo límite basado en la Convención del mar, y eso no fue considerado. ¿Hasta cuándo la gente se traga el cuento de que perdimos? Y ahora lo que Bolivia busca es que pateemos el tablero, y ya hay parlamentarios que hablan de salirse de la Corte, ¡imagínese! Hay una paranoia peligrosa que nos puede conducir al aislamiento como ocurrió con el gobierno militar cuando decidió retirarse del Pacto Andino. ¿Eso queremos, acaso?

—Son muchos los temas que nos tienen crispados, por lo visto.

—Las pasiones que se producen por temas de política exterior son habituales más allá de los problemas políticos internos; aun así, creo que el clima está algo más tranquilo. Como se dice en jerga médica, está “estable dentro de su gravedad”.

insulza450-1

Asegura que las palabras sacan palabras. “Si se hubieran promulgado leyes inmediatas a los juicios por financiamiento irregular de campañas que se estaban realizando, la cosa se habría llevado con más calma. Muchos políticos creyeron que podían ganarle al otro por la vía de los tribunales. Se quedaron en la judilización, en tratar de meter preso al adversario, en vez de buscar alguna salida en común. Cuando el 2002 surgió el Caso Coimas o el Mop-Gate se decían cosas salvajes, pero no se cruzó el umbral de ruptura, que permitió ponernos de acuerdo y resolver el tema de manera razonable. Había un ánimo de arreglar las cosas”.

—¿No era una manera de protegerse también de las malas prácticas?

—No, había menos leyes que las dictamos nosotros mismos. Antes no existía forma alguna de controlar el gasto electoral.

—¿Por qué ahora no hubo ánimo de arreglar las cosas?

—Hay mayor antagonismo y la amistad cívica se practica menos. Muchos ven en el consenso una mala palabra, sin embargo, después de la reforma tributaria un 60 por ciento apoyó el consenso y apenas un 22, la calle. Esta última es una voz potente, más sentida que antes, y eso tiene que ver con los fenómenos sociales y culturales. Aun así, insisto que el clima ha mejorado un poco. Los juicios están en marcha, ya no hay escándalos en tribunales y aunque habrá gente condenada, serán menos que los acusados. Eso sí quedará la secuela de la desconfianza, con la posibilidad de que haya una baja votación.

—Difícil será recuperar la credibilidad en el mundo político.

—Esto demora. En la medida que éste empiece a actuar como corresponde y salgan nuevas leyes, se irá recuperando. La gente que ha sido manchada por estos escándalos debiera hacerse a un lado para que surjan nuevos nombres que no estén metidos en estos enredos.

—¿Por qué entonces defendió públicamente a Pablo Longueira?

—Me preguntaron por él y dije lo que pensaba, que era una persona que había prestado grandes servicios al país y actuado como hombre de Estado en momentos difíciles. Que alguien me diga si no fue correcto no aprovecharse del error de un partido que inscribió mal su lista, para ganar una elección. O en el caso Mop-Gate, en vez de ir donde el Presidente a pedirle la renuncia, optó por proponerle un camino de reforma profunda en una serie de prácticas del Estado entre las cuales están las compras gubernamentales, los contratos públicos, gastos reservados. Tiene derecho a que se le respete su presunción de inocencia hasta conocer sus declaraciones.

—Y que párrafos definitivos de la ley de Royalty Minero salieran del computador del ex gerente general de SQM Patricio Contesse, ¿no cambia su postura?

—Estoy esperando ver qué pasa con la formalización y con el juicio. Y lo que dije en esa entrevista (en La Segunda) no significaba que él no tuviera que enfrentar la justicia sino que esperar lo que ésta determine. No puede ser condenado antes por la prensa.

—¿Está de acuerdo en que se castigue con cárcel la filtración de antecedentes?

—No, soy partidario de la libertad de expresión. Si un funcionario filtra información, debe ser sancionado administrativamente, por último despedido, pero jamás meterlo preso. Aquí están todos tan enojados que si el otro hace algo, lo primero que quiere es mandarlo a la cárcel.

—En esa misma entrevista en La Segunda usted señaló que no era problema que un político se reuniera con un empresario. ¿No ve un problema ético ahí?

—Hoy sí, porque existe la ley del lobby, pero cuando ocurrieron estos hechos no estaba la norma. Si un empresario llamaba a un ministro, éste lo recibía, como a mucha gente, que no significa que haya sido inmoral, impropio o incorrecto.

—Se presume que muchas de esas reuniones dieron pie a leyes negociadas, como la de pesca, por ejemplo.

—Cómo quieren que se haga política si no es conversando, ésta requiere de un diálogo permanente. Y esa ley que menciona, pasó por todo un proceso y comisiones; no fue producto de un iluminado. El procedimiento legislativo es largo y complejo, entonces quien crea que se hará política sin hablar, se equivoca. El tema es garantizar que todos tengan acceso a la conversación.

—Osvaldo Andrade y Ricardo Lagos Weber dijeron que su defensa a Longueira dañó al país y era no entender los nuevos estándares con el que deben manejarse los políticos.

—Respeto su opinión y les pido respeten la mía. Creo que la gente entendió el problema que yo estaba planteando. ¿Acaso querían que no dijera nada? Ellos no me han dicho una palabra.

—Hay quienes lo ven con cierto aire de superioridad, ¿se siente un intocable?

—No, jamás. Nunca he pretendido tener la verdad, no creo en las dictaduras. Me hablan mucho en la calle y me va bien fíjese. Aún no he recibido insultos intolerables.

El Panzer eso sí hace una distinción entre los políticos tradicionales y los que dicen ejercer una nueva forma de hacer política, ubicándose él en el equipo de los ‘viejos estandartes’. Y lo explica: “Internet y las redes sociales han hecho una ciudadanía más opinante, que nos llevan a ejercer la política de manera distinta que hace 20 años y que cambió la vida de los partidos. En lo personal, no me gusta la vía del Twitter; como los cargos duran cuatro años, muchos caen en la tentación del inmediatismo y reaccionan a corto plazo. Hay que buscar alguna forma de mantener la racionalidad, que esa avalancha de información que reciben, la procesen, discutan y conviertan en algo constructivo”.

Asegura no sentirse amenazado por las nuevas generaciones. “En Estados Unidos, de los candidatos que quedan está la señora Clinton que ya está en los 60 y algo, Bernie Sanders tiene 75 y Trump no menos de 65. Entonces no creo en esa cosa generacional; ese cuento de que tienen que ser todos jóvenes parece que no es tal. En Chile los nombres que suenan son del pasado. Además, los mayores de edad tienden a votar más, por lo que hay que tener más respeto por los viejos que viven más tiempo. Yo me dedicaré a la política hasta que me dé la gana. Hoy la preocupación no es la edad, sino que unos y otros sepamos interpretar los fenómenos nuevos”.

insulza450-2

—¿Coincide con Camilo Escalona entonces en que la crisis de credibilidad hará reflotar a los de antaño?

—Hay un buen recuerdo de los años anteriores y, frente a la incertidumbre, se tiende a mirar al pasado. Para uno es halagador, aunque preferiría que hubieran más rostros nuevos y que uno de los mayores sea elegido presidente. Es preocupante sí que nos demos vuelta en las mismas personas.

—¿No han respondido las nuevas generaciones?

—No han respondido o no se les han abierto los espacios. Tal vez hay una especie de sacralización de los antiguos nombres. Ahora, tampoco hay que exagerar. Esto es una profesión, me hago la ilusión de que la gente optará por los que han dedicado una vida a esto. ¡¿Por qué pescar a uno que viene de la calle y no sabemos qué tontera va a hacer?! Un señor de 27 años no se las sabe todas en materia de política y de gobierno. Por eso, más allá de si es joven o viejo, mujer u hombre, hay que buscar al mejor que sepa resolver los problemas del país.

—¿Usted por ejemplo?

—Me encanta que me nombren, me gusta que no me olviden.

—¿Este es su momento?

—Depende de cómo se den las cosas. En política no hay que hacer planes tan a futuro, aunque más de alguien no le gustará que lo diga.

—¿Por qué lo tienen con mordaza e intentan callarlo?

—Imposible, saben que soy deslenguado. No creo haber hecho tantos enemigos, y si tengo, son de tan poca monta que no me acuerdo de ellos. Algunos intentan sacarme por secretaría, pero no le doy importancia. Eso sí, en la lógica de la política democrática los adversarios están siempre en el partido de uno.