Los empresarios invitados a la cita de Icare terminaban la comida donde despedirían a varios de sus directores. Un desfile de mozos recorrían cada una de las mesas. Francisco Silva, titular de la máxima institución empresarial, parado frente al estrado, se ajustó la corbata y echó un vistazo a su discurso. De pronto, toda la atención se concentró en la figura de Jorge Awad, el presidente de la Asociación de Bancos, quien no ocultaba su cara de sorpresa: en vez de postre, le traían nuevamente el plato principal. “Sabemos que a usted le gusta repetirse el plato”, bromeó Silva desde el estrado. La audiencia estalló en risas. Awad, muy sonriente, se sumó al estado de ánimo.

“La verdad es que hasta ahora nadie me ha llamado la atención o se ha molestado”, reconoce el poderoso ejecutivo, hoy a la cabeza de la Abif, a propósito de una entrevista que sacó ronchas en el comando de Evelyn Matthei: “Voté por Bachelet y me voy a repetir el plato”.

El, un democratacristiano con las cuotas al día durante 50 años, no evitó anunciar públicamente a su candidata…

El, un democratacristiano con las cuotas al día durante 50 años, no evitó anunciar públicamente a su candidata, y el reconocimiento, aparentemente muy lejos de generar incomodidad en su sector, terminó con una celebrada broma.

En su oficina, en un moderno edificio en el barrio más top de Vitacura —ubicado dos pisos más abajo del despacho de quien fuera su antecesor por dos décadas, Hernán Somerville, pero a quien nunca ve—, Jorge Awad se mueve a sus anchas. Como representante de una veintena de bancos, sumado a sus vínculos empresariales (fue presidente de Lan e Icare), además de sus puentes políticos (fue tesorero de la campaña de Eduardo Frei en 1993) está siempre al tanto de todo. Como un voluminoso pez, acostumbra a moverse en aguas profundas. Nada se le escapa.

—Evelyn Matthei quedó un poco sentida luego de oírlo decir que se repetirá el plato.
—Pero me saluda con el mismo aprecio que hemos tenido siempre. Antes trabajamos en un proyecto. Me repetí el plato de la confianza con ella, ¿ok?

—¿A Michelle Bachelet también la conocía de antes?
—Sí, desde que era Presidenta. Yo estaba en Lan y me tocó viajar un par de veces con ella. También tuvimos algunas reuniones. Siempre he admirado su empatía, su capacidad de escuchar y resolver.

Awad, quien en raras ocasiones da entrevistas aunque no esconde sus puntos de vista, no se complica en señalar que es necesaria una reforma tributaria “si se trata de llevar a cabo una reforma como la educacional. En ese sentido, ambas candidatas están de acuerdo”. Agrega: “Las dos tienen plena conciencia que si bien se trata de un gobierno de cuatro años, los programas deben ser a largo plazo; una lo llamará de competitividad, otra de Pacto Social, pero los temas estratégicos, como el energético o hídrico, no se resuelven en una sola administración y aquí ambas están proclives a que existan políticas de Estado”.
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—¿Cómo las ve frente a un eventual escenario adverso? Los economistas coinciden en que hay desaceleración.
—Más adverso que lo que le tocó a Michelle Bachelet en la crisis de 2008-2009, en que simultáneamente sacó la Reforma Previsional, difícil. En ese sentido hay que estar tranquilo, no existe ningún clima de nerviosismo.

Y para ‘empatar’, agrega:
—Ambas pueden crear equipos económicos serios, capaces de resolver problemas frente a una situación internacional. Por ejemplo, Nicolás Eyzaguirre estuvo también durante el gobierno de Ricardo Lagos y enfrentó situaciones muy complejas. Fueron los creadores del Balance Estructural. Y por lo tanto, en un nuevo escenario no lo transarán de ninguna manera.

—Matthei afirma que si Bachelet llega a La Moneda podría bajar el empleo, ya que no tendría la misma capacidad para generar trabajo que tiene su sector.
—Eso está dado por la contingencia global. Pero claro, todos somos mayores de edad y los períodos electorales producen exageración.

—Bachelet también dice lo suyo. Reclamó porque Piñera entregará las arcas con déficit estructural.
—Sí, pero por una buena razón: el crecimiento del empleo.

—En el sector empresarial llama la atención que, siendo éste de un gobierno de centroderecha, la inversión pública se haya focalizado en el gasto social y no en la agenda pro crecimiento, como ellos esperaban.
—Tal vez porque los proyectos que existían en minería e infraestructura se debilitaron por la judicialización y excesiva tramitación. En ese sentido, no puedo culpar al gobierno, sino que repensar en cómo debemos presentar los proyectos, que a lo mejor requieren de mayor profundización en aspectos que antes no se consideraban tan relevantes. Estamos frente a una nueva realidad.

—¿Existe molestia?
—No me cabe duda, porque hoy los proyectos tardan el doble. Partimos con Barrancones, han seguido varios más. No me atrevería a hablar de una tendencia, pero requiere de un replanteamiento.
“Hay temas que han quedado rezagados, como la reforma laboral y asuntos como el multi RUT y la flexibilidad. Se debiera dar un salto”, dice frente a un nuevo gobierno.

—¿Por qué cree que no se han dado estos pasos?
—Porque aún hay temas que perduran en el ámbito político y que provocan ‘chispazos’, como el binominal. Todavía estamos viendo si se llega a un acuerdo, si habrá o no una reforma; los esfuerzos se concentran ahí y no en otros aspectos más operativos. Y actúan como barreras en temas estructurales.

—¿Entonces se necesita un cambio en el binominal para dejar el paso libre a otro tipo de reformas prioritarias?
—Exactamente.

—¿Cree que en un eventual gobierno de Bachelet se produzca un desbloqueo?
—Lo único que puedo decir es que cada vez veo más cerca reformas políticas donde existan mayores grados de consenso.

—¿Qué garantías le da en ese sentido un posible mandato de Bachelet?
—Más que garantías, creo que el sistema político chileno está maduro para representar las ideas mayoritarias, las que pueden venir de la política tradicional y también de los movimientos sociales.

—Sí, pero concretamente, ¿qué grado de certeza tiene frente a Bachelet?
—O sea, es una persona que tiene la vocación de ser inclusiva y lo manifiesta a través de una Nueva Mayoría, donde está el Partido Comunista y ex dirigentes estudiantiles, como Camila Vallejo y Gabriel Boric. Más que hablar de una candidata, entiendo un Chile más inclusivo, que es muy distinto. Y aquí quien mejor sintoniza es ella.

—¿Matthei no?
—Me estás preguntando derechamente por una posición personal. Y a mí me gusta decir las cosas sin entrar en antagonismos o comparaciones.

—Porque Evelyn es economista, ex ministra del Trabajo, conectada con el tema laboral.
—En la vida de repente se requieren aptitudes y vocaciones más que formación.

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La calma se transforma cuando asume su rol como titular de la Abif. Se muestra crítico, en momentos en que la banca se encuentra entre las instituciones menos queridas por la gente.

Uno de los hitos de este año fue el de Banco Estado, duramente cuestionado por subir unilateralmente las comisiones de sus cuentas de ahorro (bastaba con que los clientes siguieran usando su libreta para consentir el alza). El Sernac Financiero se hizo parte y desde el Ministerio de Economía se anunció un cambio en las reglas del juego: de ahora en adelante sería necesario consentimiento expreso del cliente. Y el mensaje fue claro: terminar de una buena vez con los abusos.

Awad se indignó. Golpeó la mesa. “Se ha abusado de la palabra abuso”, reclamó. Y sus palabras incendiaron Twitter.
“Fue mi día de furia… Mis amigos me llamaban para preguntarme qué me había pasado, nadie entendía… pero me molestó que la Superintendencia eliminara la norma de consentimiento tácito a consentimiento expreso sin habernos advertido y, lo más grave, no se reemplazó por nada”.

—¿No hubo una conversación previa, por lo menos una advertencia?
—La Superintendencia publicó la norma en su sitio web y nosotros nos enteramos por el diario. Mi día de furia fue por eso. Porque de ser un tema de la Súper pasó al Ministerio de Economía, luego se convirtió en un asunto de regulación financiera para finalmente representar un tema de derechos del consumidor. ¡Con mayor razón requería una preparación! Y aún no existe una fórmula de reemplazo; hicimos nuestra sugerencia al ministro. Todavía lo están estudiando.

—¿Qué propusieron?
—Que el consentimiento expreso debe ser por un medio expedito, seguro y de alta conectividad. De lo contrario serían cientos de personas haciendo fila. Así que nuestra propuesta es que exista un sistema remoto, seguro, y que el consumidor esté obligado a contestar y actualizar su información.

—¿Primera vez que sufren un impasse así?
—O sea, de los tres años que llevo en el cargo, éste es el primero. De hecho, con la Superintendencia teníamos un sistema en que nos reuníamos cada dos meses, además de un par de reuniones anuales con los presidentes y los gerentes generales. Me sorprendió.

—En su famoso día de furia usted dijo una frase incendiaria: “Se ha abusado de la palabra abuso”.
—Así como se usó la palabra lucro, al extremo absurdo de afirmar que ninguna actividad lo justifica, de alguna manera se identificó al abuso con algunos productos financieros, como los créditos de consumo. Hay que tener cuidado, si estamos en una economía libre que aspira a consumidores empoderados y normas para ejercer cada vez más conductas de libre competencia, ésta no puede transformarse en un mercado en que los consumidores son infantiles y los empresarios abusadores.

Así como se usó la palabra lucro, al extremo absurdo de afirmar que ninguna actividad lo justifica, de alguna manera se identificó al abuso con algunos productos financieros, como los créditos de consumo.

—¿A qué se refiere con ‘infantiles’?
—En que hay que llevarlos de la mano, porque o si no se pueden caer. Entonces, viene la sobrerregulación, el sobrecuidado. Es un riesgo el paternalismo enfermizo y tratar al consumidor como quien cuida a un bebé; éste por definición es adulto, lo que tampoco justifica ningún tipo de conducta abusiva. Sentí que estábamos entrando a un proceso de fijación de precios, de contratos perpetuos, donde no puedes cambiar nada. Parecía que toda la capacidad y el derecho estaban del lado del consumidor. Felizmente mi reacción influyó en que la relación sea sobre bases reales y no sobre un Kidzania aplicado al mundo de los bancos.

—¿Se acrecienta el ‘riesgo Kidzania’ en año electoral?
—No, es algo que ya estaba. En el programa de gobierno de Piñera ya venía el Sernac Financiero. Entonces, más que una razón oportunista, creo que responde a una realidad global. En una nueva cultura de compra hace que la persona aspire a mayor satisfacción y transparencia.

—Pero circulan críticas duras hacia el sector que usted representa. ¿Reconoce que se cometen abusos?
—Hay un porcentaje, el 1 o 2 por ciento del total de créditos que se otorgan, que requiere más transparencia.

—Una de las principales críticas es por las altas tasas de interés que cobran los bancos.
—Porque hay personas que no debieran estar en el sistema bancario, que realmente no tienen historial de pago y la única forma de decir que no —porque de lo contrario sería una discriminación— es cobrar más alto.

—Tampoco se ha aprobado el proyecto que rebaja la máxima tasa convencional.
—Porque los parlamentarios se dan cuenta de que esta es una banca que funciona con costos reales y que le da la seguridad económica al país.

—Otra crítica es que muchos bancos también son dueños de las empresas de cobranza, ¿lo encuentra ético?
—No. Obvio que los bancos tienen un buen conocimiento del historial de pago de la gente, lo que permite una mayor presión. Pero eso no justifica en absoluto la extorsión. El peor negocio que puede hacer un banco es perder un cliente, por lo tanto siempre hará un esfuerzo por retenerlo, pero de ahí a poner condiciones que no estaban pactadas, eso claramente está mal.